LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA (1971)

LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA (1971)

ROBERT WISE

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interesantísimo film basado en la novela de Michael Crichton, muy bien narrado, con momentos francamente inquietantes, intrigantes y perturbadores, sobre todo en la primera parte del film. Una verosímil historia de Ciencia Ficción con una buena base científica. Es una pena que la narración vaya de más a menos, pero el resultado global es más que aceptable gracias al buen hacer de Robert Wise.

Estamos ante un pequeño clásico que siempre merece ser reivindicado, aunque muchos lo olviden. No es “Alien, el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979), aunque haya un bichejo asesino venido del espacio exterior. No hay terror, pero si elementos inquietantes, no hay violencia, sólo investigación científica. Por todo ello merece la pena.

La historia se desarrollará durante cuatro días, iniciándose el 5 de febrero de 1951, en la base de las Fuerzas aéreas de Vanderberg, California. Y una ciudad fantasma. Misión Scoop.

También pasaremos por la Sala de localizaciones en la Casa Blanca. Y por Nevada, donde acudirán los científicos a investigar en las caras y secretas instalaciones Wildfire…

 

 

Es un comienzo sensacional porque el espectador ve sucesos intrigantes y extraños, pero no sabe qué ocurre a ciencia cierta al ir administrándose la información poco a poco, atrapándolo sin consideración alguna. Una ciudad donde sólo parece haber buitres…

Cambiaremos el punto de vista, marchándonos del lugar a la base, para la entrada de un pequeño comando en la ciudad, entrada relatada y escuchada desde la base, ocultándonos lo que ocurre. Extraños y numerosos muertos, cuerpos desperdigados por todos lados… y algo que los ataca… Ocultarnos lo que ocurre en la ciudad, relatándolo con audio, genera más inquietud sobre lo que implica ese misterioso lugar.

 

 

 

 

Un punto de vista que volverá a cambiar cuando el avión pase a observar lo ocurrido. Siempre desde la lejanía. Imposible no verse seducido por esos sucesos y no querer saber más.

Es un inicio fascinante que alcanza su clímax cuando los protagonistas llegan al lugar del suceso. Estupendo e intrigante comienzo donde vamos descubriendo, ahora de primera mano, lo que allí hay e intentando saber qué ocurrió. Un reguero de cadáveres, personas muertas en extrañas circunstancias, muertes aparentemente repentinas o instantáneas… y otras no tanto.

 

 

Wise, además, suma elementos, como ese reflejo ocasional que aparece en el cielo, la ausencia de sangre, esa sangre que se coagula en los cuerpos, los militares que vimos al inicio encontrados allí muertos y dos supervivientes, un bebé y un anciano.

Hipótesis del hombre extraño que todavía no aceptamos”.

 

 

 

 

 

 

Lo que más brilla, además de su sugerente y sugestiva narración y tempo, es la dirección de Wise. La fragmentación en el encuadre para marca el suspense y la inquietud es un recurso brillante y muy bien utilizado en este inicio del film. También usa la pantalla partida en la investigación y expedición por el lugar, un recurso muy setentero, si bien bastante gratuito, aunque ahorra en montaje y pretende da más fluidez. También las usará en el lugar donde los científicos quedan confinados, para mostrar sus desvelos.

 

 

 

 

Wise planifica encuadres con mucho oxígeno en uno de los lados, por ejemplo en el avión donde vemos a un solitario Jerem Stone… Usa enlaces visuales, como los descensos cuando entramos en ese lugar subterráneo donde se desarrollará la segunda parte del film.

 

 

 

 

 

 

Se regodea en el funcionamiento tecnológico del lugar, se detiene con ensimismamiento, fascinación y mimo en los artilugios y su uso, aspecto este que recuerda al inicio de “Star Trek” (1979), la primera película sobre la afamada serie que él dirigió. La calmada contemplación del funcionamiento de máquinas manejadas por hombres.

 

 

 

 

 

Es fascinante e intrigante el uso del zoom de las cámaras, con mucho tiento y mimo, nada hortera o desfasado, para detectar a la microscópica criatura (una sustancia simple e imparable), que se encuentra en algún lugar de un objeto encontrado. Lograr el interés del espectador con este minimalismo es muy complicado y siempre me ha fascinado, como he comentado en otros muchos análisis, algunos dentro del género de terror  (El Sexto Sentido, Al Final de la Escalera…).

 

 

 

El guión, acertado y muy detallista, que se beneficia de la novela de Crichton, utiliza también una breve estructura de reclutamiento para el equipo científico protagonista. Dr. Jeremy Stone (Arthur Hill), Dr. Charles Dutton (David Wayne), Dr. Mark Hall (James Olson), Dra. Ruth Leavitt (Kate Reid).  Hay, en cambio, un exceso de verborrea científica, pero la manera en que se desarrolla la investigación es interesante. La forma de transmisión, el tamaño, su alimentación (a través del plástico)… de ese organismo extraterrestre. Se insinúa el posible uso del organismo como arma química…

 

 

Extraña que no haya contagio a los que vemos investigando por el helicóptero siniestrado… Tampoco se entienden esas dificultades para la comunicación que se observan en ocasiones, sobre todo en la parte final, más allá de facilitar momentos dramáticos.

Es divertido ver esos gestos machistas del científico propasándose con la científico… que son recibidos como bromas. Esto ahora sería denunciado por diversas asociaciones, ya saben.

 

 

El segundo día nos lleva al Comité del Senado que trata las ciencias espaciales. 14 de abril de 1971.

Un laboratorio aislado o lunar para estudiar organismos o sustancias extraterrestres y posiblemente contaminantes… El tercer día nos muestra más escenas cotidianas en ese nuevo y extraño entorno. Sus desayunos y píldoras, así como la continuación de sus preparativos.

 

 

El último día, el cuarto, llegaremos a las conclusiones de la investigación y a la urgencia del peligro. Tendremos un emocionante clímax en esta cinta que denuncia y advierte sobre los juegos biológicos perpetrados por los gobiernos y sus peligros. Una siembra de nubes por aviones con ioduro de plata será la solución.

La segunda parte del film nos encerrará y la estética también cambiará, pasando a ser todo un poco kitsch. Un giro narrativo que, si bien mantiene el interés, baja ostensiblemente el nivel respecto a la excelente primera parte. Todo más claustrofóbico, descriptivo, formalista, encerrados en un secreto lugar subterráneo al que descenderemos en ascensores, oculto en falsas fachadas en Nevada.

 

 

Todo allí tendrá un protocolo que se nos muestra con exhaustivo detallismo. El descenso, las llaves para evitar la explosión nuclear que elimine todo, las pruebas médicas y de limpieza… Todo más soso.

Es una oda al método científico, que con la aceptable base científica que tiene la novela de Crichton da verosimilitud al conjunto. Una obra que va de más a menos, con un soberbio inicio que recupera un tanto el pulso en el último tercio. Muy recomendable.

 

 

 

sambo

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