JIM THOMPSON: 1280 Almas

JIM THOMPSON: 1280 Almas

LITERATURA

 

 

 

 

 

Estamos ante la que, posiblemente, sea la obra maestra, al menos la más prestigiosa, de uno de los grandes talentos de la literatura americana moderna, Jim Thompson.

Un libro que deja sin aliento. Tan fascinante como repulsivo. Una novela negra que deja seco e impactado por la escalofriante descripción que el autor hace del protagonista, Nick Corey, un personaje que no dejará indiferente a nadie.

En la obra encontramos todas las grandes constantes del autor: personajes al límite de la locura o la psicopatía, cuando no sumidos de lleno en éstas, de doble personalidad, que esconden un monstruo bajo una aparentemente amable y agradable apariencia, perdedores, seres mezquinos, aprovechados… Sus obras tienen una atmósfera sombría, asfixiante, sin contemplaciones, viciada, aterradora… Entornos y personajes corrompidos, enfangados de mezquindad, podridos, como podemos ver en buena parte de su obra: “El asesino burlón” (1954), “El asesino dentro de mí” (1952), “Noche salvaje” (1953)…

Los viajes por los mundos de Thompson son siempre frenéticos, desquiciados, pegajosos, llenos de alcohol, violencia, sangre y mucho de sí mismo. La autenticidad y sinceridad de la prosa de Thompson arrebata, es una expiación literaria, un desahogo interior, un maltrato auto infligido en tinta…

1280 Almas”, título que se refiere al número de habitantes de un imaginario pueblo sureño de los Estados Unidos, Potts Country, te atrapa desde el mismo inicio, un inicio casi de comedia, frívolo, sórdido, se que se va tornando cada vez más oscuro según avanza la narración. Thompson nos desnuda en primera persona a Nick Corey, un tonto muy listo. Ejemplo de lo peor y más mezquino del hombre. Un estudio asombroso sobre el poder y sus resortes, sobre cómo lograrlo, mantenerlo y manejarlo, que podría convertir, tranquilamente, a “1280 Almas” en “El Príncipe” (Maquiavelo), de la novela negra. Un novela que retrata una sociedad putrefacta.

Se nos presentará como alguien aparentemente sincero, humilde, consciente de sus limitaciones, dicho en alto y en secreto al lector, lo que provocará la radical sorpresa según vayamos escuchando sus historias y planes, sus manipulaciones y mentiras, y viendo sus maniobras, especialmente cuando las ejecute con precisión, frialdad y ningún escrúpulo… por inesperadas en alguien que parecía y se describía tan limitado e inocentón.

La descripción del personaje y el entorno que lo acoge es casi la de un infierno terrenal. Un pueblo aparentemente del montón, normal y corriente, que guarda en su seno todo tipo de vilezas. Temas y aspectos como el racismo; la violencia machista; la sordidez; la corrupción; el sexo; las violaciones; el rumor; la crítica social; la corrupción y denigración social; la envidia, manchando con rumores, con una simple insinuación, cualquier reputación honrada… aparecerán constantemente en la trama.

La novela funciona a la perfección como thriller, novela negra pura, pero, sobre todo, gracias a un increíble y maquiavélico humor. Un humor, un cinismo y una ironía tan terroríficos y extraordinarios que acaban siendo el rasgo diferencial y definitorio. La novela es tan espeluznante como hilarante.

Nick Corey es un personaje complejísimo y matizado. Sibilino, muy brillante, muy inteligente. Veremos cómo sus latiguillos y modus operandi del comienzo no son más que una actuación prediseñada, tendremos que replantearnos esos tic y actuaciones iniciales, acostumbrarnos a ellos, para que según avance la historia y se desenmascare por completo, como un ser absolutamente despiadado, lograr tener el perfecto retrato de un personaje excepcional.

Detalles como la tranquila gula del personaje, su placentero sueño imperturbable incluso en las peores situaciones, son de auténtico genio. Nada altera a Nick Corey, por atroz que sea el suceso o complicada la situación.

Una evolución magistral tanto en tono como en personaje, de la aparente ligereza de una comedia, quizá de tintes negros, a la novela negra más atroz, asfixiante y cínica, logrando un ambiente insoportable, irrespirable, despreciable, asqueroso, como el propio personaje protagonista. El cinismo al por mayor, que se transforma de simpático sentido del humor inicial a siniestro sarcasmo, donde cada vez que se utiliza, Thompson retrata el absoluto desprecio por el prójimo del personaje. Un humor que sirve de táctica, mecanismo de defensa que le permite simular lo que no es y luego regodearse en su inteligencia. Un enorme ego que no pude evitar pavonearse de sus macabros logros y estrategias.

Además, el retrato social que realiza Thompson es desolador. Corey quizá sea el peor, pero el resto del pueblo, con alguna excepción, es igualmente despreciable, capaces de cualquier cosa. Un pueblo que, al fin y al cabo, mantiene, sostiene y crea a ese personaje.

Cinismo, ironía, crueldad, necesidad de demostrar y sentirse superior, provocador, manipulador de los sentimientos ajenos y de cualquier cosa que se le cruce… Hay cierto complejo de inferioridad en el bueno de Corey. Un cínico egocéntrico. Un psicópata, sociópata, cobarde. Un regalito imprescindible de la mejor literatura norteamericana.

Un autor mayúsculo, con una obra excepcional que ha dado para brillantes adaptaciones cinematográficas: “La huida” (Sam Peckinpah, 1972), “Los timadores” (Stephen Frears, 1990)… y que además no fue ajeno a los encantos del séptimo arte escribiendo guiones de películas tan memorables como “Senderos de gloria” (Stanley Kubrick, 1957)  o “Atraco perfecto” (Stanley Kubrick, 1956), por ejemplo.

Maestro de maestros. Imprescindible.

 

sambo

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