JAMES JOYCE: Dublineses

JAMES JOYCE: Dublineses

LITERATURA

 

 

 

 

 

Uno de los grandes de las letras universales de todos los tiempos, maestro de maestros y autor de inapelable influencia, James Joyce sufre en los últimos tiempos una desagradable tendencia que se ha ido extendiendo entre la pseudo intelectualidad, obstinada en despreciar o ridiculizar al autor en el trasero de una de sus obras más famosas, su “Ulises”, obra complejísima y para muchos ininteligible, obra que, efectivamente, “tiene tela”, obviando y pretiriendo su indiscutible calidad literaria, la abrumadora influencia de ese libro y de toda su obra en general y reduciendo el legado del autor a un minimalista absurdo. Los menos conocedores de su obra se dejan llevar y así se genera una leyenda negra injusta, aunque poco consistente.

Uno de los máximos exponentes del modernismo anglosajón, Joyce es, sin duda, un maestro de maestros, uno de los autores más influyentes y con más repercusión de su época y de todos los tiempos. Jorge Luis Borges, Beckett, T. S. Eliot, Anthony Burgess, Thomas Wolfe, John Dos Passos, Guillermo Cabrera Infante (gran traductor de la obra de Joyce al español), Vargas Llosa, William Faulkner, Philip K. Dick, Umberto Eco, Scott Fitzgerald, Hemingway… se han visto influidos o fascinados por Joyce. En algunos casos de forma evidente en su obra.

Yo me he decidido a traeros aquí “Dublineses”, una auténtica obra maestra, que debería redimir al autor ante los más miedosos y reticentes a encarar sus escritos. Un libro que tardó en estrenarse por problemas de censura, donde se le acusaba de insinuar homosexualidad en un personaje del relato “Un encuentro” y de traicionar a su patria con sus textos. Quizá por esto no fue un éxito, precisamente, tras su publicación.

Dublineses” lo componen 15 relatos, pero a la vez es un volumen con una particular unidad como fresco y retrato de Dublín y su sociedad, completando una obra de orfebrería literaria excelsa.

Las Hermanas: Nos cuenta la historia de un muchacho y su actitud ante la muerte de un sacerdote, mentor suyo.

Un encuentro: Dos amigos faltan a clase para vivir una aventura por Dublín, que los llevará al puerto y a encontrarse con un desconocido.

Arabia: Un joven enamorado de la hermana de un amigo suyo, sueña con ir a la feria para comprarle un regalo.

Eveline: Un joven duda entre escapar con su enamorado a Argentina o asumir sus responsabilidades en Dublín.

Después de la carrera: Una serie de universitarios, con distintas situaciones económicas, disfrutan de la vida tras una carrera de carros.

Dos galanes: Nos cuenta la historia de dos timadores y su vida en el hampa, proyectando engañar a una doncella para que robe a su jefe.

La casa de huéspedes: La señora Mooney reconvendrá a uno de sus huéspedes por sus relaciones con su hija, instándolos a casarse.

Una nubecilla: Dos amigos se reúnen y en su conversación saldrán a la luz los anhelos de uno de ellos por lo que pudo ser y no fue reflejados en el otro, asumiendo que vive una vida que no le satisface.

Duplicados: Amargado por su trabajo, Farrington ahoga sus penas entre juegas y borracheras, dilapidando su poco dinero en cualquier tasca. Su familia pagará las consecuencias.

Polvo y ceniza: La encantadora señorita María va a celebrar Halloween con su hijo adoptivo y su familia, aunque perderá una tarta que llevaba con mucho cariño por el camino.

Un triste caso: Un extravagante y solitario hombre vive una historia de amor que se ve truncada por su propia decisión. Años después se enterará de su muerte y los recuerdos volverán para replantear cosas.

Efemérides en el comité: Una serie de activistas políticos irlandeses hablan sobre la situación de su país, sobre la independencia y sobre Charles Stewart Parnell.

Una madre: La señora Kearney logra introducir en sociedad a su hija gracias a su talento como pianista. Desgraciadamente todo se viciará por culpa de un contrato y unos conciertos.

A mayor gracia de Dios: Los amigos del señor Kernan intentan reconducir su actitud e introducirle en el catolicismo cuando ven que no lleva buena vereda, una vez se ha herido en un bar víctima de los efluvios alcohólicos.

Los muertos: El baile anual de las hermanas Morkan es uno de los más prestigiosos acontecimientos sociales de Dublín. Allí acuden familiares y conocidos. Entre ellos Gabriel Conroy y su mujer. Al final de la noche, la esposa de Conroy se verá afectada por una melodía que escucha al piano, que le traerá a la memoria un amor de juventud truncado por la muerte del chico. Este relato, el más largo del libro, fue el que John Huston llevó al cine en 1987 en “Dublineses (Los muertos)”. Considerado por muchos uno de los relatos cortos/cuentos, mejor escritos.

La genialidad de esta novela es que hay una progresión generacional en los relatos, que no tienen nada que ver, pero van desarrollando un universo pleno de la vida dublinesa, que nos llevará a pasear por sus calles y conocer sus costumbres y características más acentuadas, mientras los protagonistas van de la infancia a la edad madura. Los relatos iniciales versarán sobre chavales, críos, y sus miradas fascinadas y desconcertadas ante lo que les rodea (“Las hermanas”, “Un encuentro”…). Luego llegará la adolescencia con sus incipientes impulsos sexuales (“Arabia”), la vigorosa juventud antes de las responsabilidades (“Arabia”, “Eveline”, “Después de la carrera”…), el paso anterior a las mismas, para llegar al mundo adulto y maduro con sus amarguras y sinsabores (“Un triste caso”, “A mayor gracia de Dios”, “Los muertos”…).

 

 

 

Un fresco completo de la sociedad y moral dublinesas. En este gigantesco fresco, Joyce va de lo pequeño a lo más grande, desde la exposición de las peculiaridades características de la edad, el egoísmo infantil, el misterio de la muerte («Las hermanas«), hasta las características comunes de las gentes irlandesas en Dublín, los elementos característicos de esa sociedad y sus costumbres, con los borrachos pendencieros, el gusto por el alcohol, la religión…

La religión es un aspecto importantísimo en la obra, aparece en casi todos los relatos de forma directa o tangencial, pero siempre presente. La estricta moral, vinculada a la religión en muchas ocasiones, no siempre, el matrimonio, el puritanismo, el sentimiento de culpa, la hipocresía, el sentido del deber y del honor, son elementos ligados a esa sociedad que retrata perfectamente JoyceA mayor gracia de Dios«, «La casa de huéspedes«). Una sociedad que cree en los principios católicos y los interpreta como la manera más lógica, ordenada y satisfactoria de comportamiento, por eso la verdadera amistad buscará en “A mayor gracia de Dios” la vuelta del señor Kernan a la iglesia, porque creen que es el mejor camino hacia la redención. Es el texto con más contenido religioso. La que es “reserva de Europa”…

Los retratos de Joyce siempre son profundos, nunca se regodean en un costumbrismo amable, indagando también en los aspectos más oscuros o negativos de sus personajes, de cualquier edad, y de esa sociedad. Incluso en la infancia, donde retrata su afán curioso, sus ansias de aventura, pero también sus pequeñas mezquindades y egoísmos. En la adolescencia, donde no se omiten los sufrimientos por amor, las pequeñas locuras y la sensación de ridículo («Arabia«).

Vagaremos por las calles dublinesas, unas calles que primero recogerán los juegos infantiles, luego adolescentes amores ocultos y espías y, finalmente, pendencias y maquinaciones adultas; por el puerto pesquero, por las tascas, por los oscuros pasadizos, por casas humildes y lujosas… Las reuniones con parroquianos gastándose lo poco que se tiene en convidar, los bares como punto de reunión y los viajes de unos a otros, algo universal («Duplicados«)… Entornos clandestinos también, que contrastan con la mayoría, como en “Dos galanes” o “Efemérides en el comité”.

Joyce, un virtuoso, maneja el lenguaje a la perfección, adaptándose a las edades de sus narradores con naturalidad, desde ingenuas descripciones infantiles («Un encuentro«) a profundos pensamientos introspectivos («Los muertos«). Unos brillantes cambios de estilo que van de lo cálido e íntimo en unos casos a lo aséptico y meramente descriptivo en otros; del más escueto al más lírico. Reiteraciones descriptivas que definen personajes, descripciones donde se vuelve a fusionar fondo y forma, fundiendo el carácter de un personaje con el estilo, como ese tono de “golosina” que sigue a María, la protagonista de “Polvo y ceniza”, o la sobriedad y estoicismo, cualidades que también tiene el protagonista de “Un triste caso”. En “Efemérides en el comité”, utiliza la particular jerga del grupo de protagonistas, característica del lugar, ya que el diálogo es mucho más abundante. También merece estudio su uso de los diminutivos («Polvo y ceniza«).

Me fascinan las descripciones en Joyce, tanto psicológicas como físicas, porque nunca son idealizadas ni se refugian en el tópico preciosista, son naturalistas y nada complacientes, porque si uno es feo, es feo, y los feos son legión.

Estructuralmente hay aspectos curiosos en los relatos, por ejemplo al inicio, situando la escena una vez comenzado dicho relato, dando explicación al confuso inicio. Comienzos con una anécdota o detalle desconcertante y concreto, que posteriormente adquiere su sentido al situar la escena.

Los cambios, que parecen no existir en la infancia y que se multiplican al crecer, que se empiezan a percibir en la adolescencia, en el coqueteo con la adultez. El paso del tiempo que deja atrás abandonados y olvidados amigos. La idea de sacrificio, de renuncia, de responsabilidad, ligadas a Irlanda. El paso a la edad adulta y el vértigo que da, el miedo a la felicidad, el apego al pasado y los duelos de responsabilidades en la juventud (la pasada y la porvenir), son más temas expuestos en “Dublineses” («Eveline«). La añoranza por la vida que fue («Los muertos«, «Duplicados«, «Una nubecilla«).

Sí, el paso del tiempo, su fugacidad, es, posiblemente, el tema esencial y vertebral de la obra.

La soledad, a todas las edades, es también una de las claves más destacadas de la obra. Soledad de muchos tipos. Soledad en el matrimonio, soledad con nuestros secretos y pasado, soledades rodeados de gente («Un triste caso«, «Los muertos«)…

La familia, un lugar de conflicto, en el que desahogar frustraciones («Duplicados«) o de acogida, donde sentirse a salvo («Polvo y ceniza«, «Los muertos«…). Problemas domésticos explícitos o sugeridos. Una familia de carácter protector, estricta, seria a menudo, poco flexible, controladora incluso («Una madre«, «La casa de huéspedes«)… Quizá rasgos individuales de carácter que se extrapolan a la familia, como las madres de esos relatos que hacen difícil el entendimiento.

La difícil conjunción de derechos, falta de mano izquierda, seriedad, compromiso y laxitud («Una madre«)…

La renuncia, que aparece en un buen número de relatos, a la vida que fue («Duplicados«, «Una nubecilla«), al amor («Eveline«), a la emoción («Un triste caso«)… Una renuncia a la emoción que es una renuncia a la vida, voluntaria en numerosas ocasiones.

La muerte es el otro pilar de la obra, muerte escenificada de muchas formas, con muchas metáforas, apareciendo reiteradamente, “convirtiéndose en recuerdo”, “desterrándola del festín de la vida”… En “Las hermanas”, “Un triste caso” o “Los muertos”, la muerte tiene una importancia esencial.

Ese paso a la edad adulta, los últimos estertores de libertad, de frivolidad, de carreras, fiesta y dinero, de goce, de hedonismo sin freno y frenesí, el lado lúdico de esa juventud a la que le queda poco antes de sucumbir a las responsabilidades, de despreocupación, el anhelo de aquella vida o lo que no se vivió cuando tocaba, los sueños rotos, la insatisfacción vital, también aparecen en la obra, en relatos como “Después de la carrera” (26 años) o “Una nubecilla”.

El paulatino cansancio y hastío conforme nos adentramos en la edad adulta (31 años), la necesidad de alejarse del frenético ritmo juvenil, de otra vida, de asentarse, dejar de lado la inmadurez y las correrías con los amigos, plantearse un compromiso («Dos galanes«, «Eveline«)… La decepción, las injusticias, la pose, la juventud perdida y la infravaloración de uno mismo; la asunción de responsabilidades cuando la madurez no es una cualidad («Una nubecilla«, «Duplicados«)…

De la vida desocupada, despreocupada, a la búsqueda de otra cosa, una vida ordenada, un compromiso, para luego añorar la juventud perdida cuando los planes no salen bien o no sacian las expectativas.

Se tocan todos los espectros sociales, o buena parte, desde las clases adineradas o los distintos orígenes («Después de la carrera«) al mundo del hampa («Dos galanes«), con sus manipulaciones, engaños, decepciones y pérdidas; o del lujo («Los muertos«)… La vida pendenciera, el alcohol, las broncas y los accidentes, la amargura y la frustración vital y laboral, odiadas responsabilidades ahogadas en licores y pagadas por las familias («Duplicados«).

La amargura, el mordisco del tormento y la culpa por lo que se tuvo y se perdió: una vida, un amor…

La educación perdida, la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor que sostienen varios personajes, la juventud vista desde la madurez, un juventud egoísta y despistada, o que se hace la despistada («Polvo y ceniza«).

No omite el tema político irlandés el bueno de Joyce, la conciencia de identidad propia y sus reivindicaciones («Los muertos«, «Efemérides en el comité«), con encendidos recuerdos a Charles Stewart Parnell. Nacionalismo, Irlanda, Inglaterra… La desconfianza, los distintos bandos y opiniones, el conflicto, la hipocresía que deriva de aquello. Los límites del fanatismo («Los muertos«)…

Subyace la preponderancia de los estamentos y la rebeldía que provocan («Una madre«, «Efemérides en el comité«).

Joyce gusta de los finales inconclusos, sugerentes, que dejen en el espectador ganas de saber más, de pensar en esa vida que se nos interrumpe. También de las estampas ocasionales, cotidianas, costumbristas, abiertas, de nuevo inconclusas. En ocasiones recurre a narraciones de estilo impresionista, como “Después de la carrera”, acorde con la temática, fusionando fondo y forma.

Hay un juego de espejos durante toda la obra, pequeños guiños o sugerencias que fácilmente pueden remitir a otros relatos, aunque no tengan nada que ver. Una calle, un nombre, un trabajo, una situación, una circunstancia, que crea una extraña cohesión. Como ha comentado algún crítico, los títulos del primer y el último cuento podrían intercambiarse sin que afectara al sentido de las obras.

A su vez en algunos relatos se juega con esa idea de espejo, espejo distorsionado, donde el éxito se contrapone a la mediocridad, la riqueza a la pobreza, el puritanismo a la inmoralidad, la vida que quisimos a la que tenemos, los sueños a la realidad («Una nubecilla«). La cerebral frialdad, la intelectualidad, seducida por las artes amatorias («Un triste caso«).

Un obra realista, naturalista incluso, casi fría, directa, y que retrata una sociedad que se consume a sí misma, devorada por su falta de iniciativa, que la frustra y ahoga en alcohol en consecuencia.

Todas estas circunstancias dan a “Dublineses” un sentido tono nostálgico, oscuro, pesimista, incluso negativo, donde estamos condenados a que la vida nos decepcione, nunca nos sacie, nos frustre y abandone, obligándonos a mirarla siempre desde lejos y girando la cabeza hacia atrás.

 

 

sambo

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