IT (2017) -Última Parte-

IT (2017) -Última Parte-

ANDRÉS MUSCHIETTI

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablemos de política.

Toda esta idea y subtexto es fácil unirla a cierta concepción política crítica con aquellos 80 liderados por Reagan (estamos en el año 89, King ambienta estos hechos en 1957-58), un presidente que hubiera vuelto a salir elegido de haber podido presentarse por tercera vez por aplastante mayoría, pero que desde ciertos sectores, muchos revisionistas, critican por haber gestado una sociedad hipócrita, puritana, falsa.

Esa es la sociedad que muestra Muschietti en esta adaptación, haciendo un eco con la era Trump, imagino (un recurso que no falla, ya saben). Una sociedad que da la espalda al horror, que en los juegos con los encuadres y los segundos planos, notable recurso de dirección, pretende focalizar esa idea en la que la sociedad pervierte y se pudre por dentro, viviendo en la apariencia (los miedos que recrea Pennywise), definiéndose una sociedad indiferente o temerosa (a menudo infundadamente, también en referencia a la política ochentera, imagino), que se esconde, que muestra una cosa de cara a los demás, pero es otra en la intimidad, que ese fingimiento se paga en lo cotidiano y doméstico, que termina por ser putrefacto e infecto…

27 años después se retomará la historia, aunque ya Reagan no esté. Le tocaba a Obama, que se supone sólo padecerá las consecuencias de aquello…

Ya saben, clave política, que siempre suele ir en la misma dirección y que a menudo se filtra en estas historias.

 

 

 

Estilo.

Muschietti se enfrentaba a un reto complicado narrativamente al tener que plasmar en imágenes el guión de Chase Palmer, Cary Joji Fukunaga y Gary Dauberman. Una trama poco fluida, inconexa, vertebrada y construida en base a set pieces para formar todo un conjunto. Y sale del paso acertadamente. Consciente de esta dificultad que le obliga a una narración tan fragmentada, con historias muy diversas y donde se reiteran planteamientos, esas set pieces debían ser muy efectivas. Logra Muschietti que en casi cada escena haya un elemento siniestro, inquietante, de tensión u horror, que mantiene al espectador interesando y atento en todo momento, lo que aligera, entretiene y da gran ritmo a la película, la mantiene en pie con vigor, consiguiendo secuencias satisfactorias e impactantes.

 

 

Ecos y cebos. Esos globos en el dormitorio del protagonista y la mención al flotar: “Quieres que flote, ¿no?”, referida al barquito de papel. Origen del trauma. El miedo de Georgie (Jackson Robert Scott) en el sótano, rememorado luego por Billy en una escena posterior… Bromas metalingüísticas, como esa música en apariencia extradiegética que descubrimos no lo es.

 

 

 

Es muy interesante cómo va creando vínculos visuales, bien como elemento narrativo, bien como encadenamientos y relaciones simbólicas o bien como recurso de sustento dramático. Observad cómo va vinculando a los jóvenes protagonizas. Ben en la biblioteca viendo cómo pasan los cuatro amigos en sus bicicletas camino del alcantarillado; unos matones que antes atemorizaron a ese grupo de amigos y ahora lo harán con Ben; al huir de ellos, Ben se encontrará con los cuatro amigos, que lo curarán de sus heridas en el callejón donde Mike vio a Pennywise y la gente quemándose, con medicinas que comprarán en una tienda donde se encuentran con Beverly, que ya vimos cómo conoció al herido Ben, que los ayudará a sacar dichas medicinas.

 

 

Juega bien con los encuadres y el fuera de campo Muschietti, como en el despacho de la sinagoga donde Stanley interactúa con el cuadro de la siniestra figura que le da miedo. Ese mismo recurso, que siempre está vinculado a las apariciones directas o indirectas del payaso y el terror, lo vemos en la escena donde a Eddie se le aparece, ante una terrorífica casa, ese ser purulento, o en el cuarto de baño cuando Beverly escucha voces en el lavabo…

 

 

 

Destaca el juego con el segundo plano, que tiene carácter metafórico, como expliqué anteriormente (esa aparición de Georgie en el clímax). Con ello logra evitar los impactos burdos y sorpresivos buscando el respingo, ya que avisa del mismo, generando tensión, en muchas ocasiones.

Logra acertadas atmósferas en las set pieces. Desde las dedicadas a cada uno de los chavales en sus encuentros con Pennywise a las apariciones de éste en conjunto, como en la estupenda escena de las diapositivas o en la “Casa del Pozo”. Y, sobre todo, la secuencia inicial, con una conseguidísima atmósfera, cebos que tendrán su eco, la impactante aparición de Pennywise en la alcantarilla, su voz, su comportamiento casi histérico y el salvaje ataque.

 

 

Su cámara fluye con agilidad, como en esas secuencias iniciales en el instituto. Grandes picados, muy eficaces, como el de la primera secuencia en la lluvia y esa mano que sale de la alcantarilla. Enfáticos travellings de acercamiento para relatos personales o importantes. Se usan también planos subjetivos para lograr gran impacto, frente a Pennywise, que aparece tras globos, por ejemplo. Eficaces.

 

 

 

El hermano de Billy convertido en sombra, el lado pervertido de aquel que fue, en perfectas metáforas e imágenes que anteceden a la escena del sótano donde Billy se encuentra con Pennywise.

 

 

 

 

Enlaces visuales, en montaje ideológico, como esa puerta que se abre en el matadero enlazada a la del instituto para la salida de los protagonistas, carne de cañón de abusones. Una puerta que se cierra tras Stanley después de recibir el susto con el cuadro, otra que se abre con los amigos buscando comida… Otro más: de la sangre de Beverly en el baño a un dibujo suyo descolorido por culpa de una gotera, en rojo… Esa gotera es producto de la lluvia que cae, que sirve además de eco para el encuentro entre Billy y Pennywise en el sótano, aquel que temía su hermano, que desapareció, precisamente, en un día de lluvia. Magnífico.

 

 

Los efectos de sonidos y elementos inquietantes siempre tienen sentido referidos a esos sucesos pasados. Una explosión en la herrería de Derry en 1908. 102 muertos, 88 niños. Una cabeza en un árbol, muchos calcinados… de ahí a las personas quemadas que ve Mike en la carnicería (que podrían ser sus padres), los huevos ardiendo que ve Ben en la biblioteca, el cuerpo descabezado andando y persiguiendo a Ben… todo se relaciona con la documentación que vamos viendo de aquel suceso. La musiquita que avanza las apariciones. El circo que provocó aquello… el payaso y los globos… Hechos truculentos que acontecen cada 27 años.

 

 

Sobran ciertos subrayados. Un ejemplo: En la habitación de Ben, que está empapelada, hay una pintura, un documento que retrata el acto de firma de la constitución de Derry, una pintura en la que se ve un payaso entre los personajes, nuestro payaso… Bien, sobra el plano corto sobre su rostro para que lo veamos.

 

 

 

 

Los comportamientos absurdos e incoherentes, muy dados en los títulos de terror juvenil (y no tan juvenil), aquí no faltan. Unos chicos muertos de miedo que tienen más moral que el Alcoyano. Bien, que decidan superar esos miedos es lógico y parte de la evolución dramática de la trama y la narración, pero sus comportamientos resultan absurdos y poco creíbles, con miedos de quita y pon… Se separan del grupo temerariamente, se distraen sin avisar al resto con cualquier ruido o llamada que debería espantarlos y alejarlos de su origen, se acercan a sitios poco recomendables en soledad y absurdamente… Paradigmática es la escena en la “Casa del Pozo”, que entiendo tiene la labor de hacerles comprender el poder de su unión, que ya debería haber quedado claro antes como expliqué (la escena de la batalla de piedras). Es fallida por su arbitrariedad. La cosa es que los poderes del payaso también son variables, menguantes y fortalecidos sin ton ni son, donde no se entiende bien por qué unas veces ataca para matar y otras no, por qué se detiene o avanza… Hay lógica en el sentido de que ese poder mengüe cuando el grupo se une, pero no siempre se respeta.

 

 

Además, hay reglas internas también arbitrarias, puertas que no se abren que sí lo hacen cuando peor están las cosas sin explicación alguna, por ejemplo.

No escarmentarán, porque en el clímax ocurrirá lo mismo, en ese santuario oculto de Pennywise donde van a rescatar a Beverly. Se vuelven a separar para enfrentarse, una vez más, a sus miedos… y superarlos en esta ocasión.

 

 

 

 

Es decir, el planteamiento de la evolución dramática es correcto, su ejecución, la naturalidad y coherencia con la que se plasma, fallida en ocasiones. Porque el tema del miedo y la imposibilidad del payaso de matar si no se le teme es irregular en esa escenificación.

Han omitido en esta adaptación la orgía que el grupo mantiene como metáfora del paso a una vida adulta, dejando atrás la infancia. No molestó mucho a Stephen King, que lo vio comprensible en estos tiempos.

 

 

Aun con muchos tópicos clásicos del terror, con sus trucos torticeros y efectistas, en general Muschietti hace un buen trabajo, deja imágenes potentes y no cae en el efectismo brusco y repentino, sino que prepara y avisa con un buen manejo de los tempos y la atmósfera, sin por ello evitar el impacto.

Buena adaptación del libro de Stephen King, aunque se obvie la orgía del grupo protagonista, y estupenda película la que factura Muschietti. Ahora queda esperar a la secuela, la otra mitad que queda por adaptar del libro, que llegará en 2019.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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