IT (2017) -Parte 1/2-

IT (2017) -Parte 1/2-

ANDRÉS MUSCHIETTI

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me encantan las películas ambientadas en pueblecitos americanos, sobre todo cuando se narran a través de la mirada infantil o juvenil. Tienen algo universal y que toca la fibra de cualquiera. Por eso son clásicos “E.T. El extraterrestre”, “Los Goonies” (Richard Donner, 1985) o “Cuenta Conmigo” (Rob Reiner, 1986), por eso triunfó tanto en su cierto paralelismo “Verano Azul” o ahora lo hace “Stranger Things” en series.

Es una debilidad. Una baza que “It” de Andrés Muschietti juega con maestría. Una versión terrorífica de “Los Goonies”, el reverso de “E. T. El extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982). Mucho Goonies, E.T., Cuenta Conmigo y recurso de Casa Encantada… un fascinante popurrí.

 

 

 

El universo infantil, siempre ligado a la fascinación y el descubrimiento, por extensión al misterio y, claro, el terror. Un mundo infantil y adolescente que se presenta desde el mismo inicio, pero su luminosidad intrínseca está matizada por la lluvia, simbólica, que avanza lo que ocurrirá. Un mundo infantil con numerosas referencias ochenteras, como corresponde, ya que comenzamos la narración en octubre de 1988… y la retomaremos en junio de 1989 hasta septiembre. “Gremlins” (Joe Dante, 1984), “Bitechús” (Tim Burton, 1988), “Arma Letal 2“(Richard, Donner, 1989), The Cult, New Kids on the Block, el “Batman” (1989) de Tim Burton, “Pesadilla en Elm Street 5: El niño de los sueños” (Stephen Hopkins, 1989) o el Street Fighter… el Sida y su desconocimiento… Es divertido ver en la escena final el compromiso poco higiénico y algo temerario, un pacto de sangre hecho con un cristal que encuentran por ahí para volver en el caso de que reaparezca Pennywise.

 

 

Un universo infantil y preadolescente muy bien retratado y con todas las características que conocemos de memoria. Los miedos infantiles enfatizados con música, la complicidad entre hermanos, los juegos, los aterradores sótanos, el instituto, la pandilla, los abusones, el bullying, los complejos, las aventuras en bicicleta… las miradas, las primeras pulsiones sexuales, la atracción, los enamoramientos y las decepciones…

 

 

Infancia corrompida.

Lo más interesante es el subtexto que podemos desentrañar desde el retrato de cada uno de los chavales protagonistas, a los que se dedica tiempo, en relación a la trama terrorífica. Una historia de aceptación de la muerte y la pérdida con muchas reflexiones e ideas interesante. Es, además de unos Goonies terroríficos, el reverso tenebroso de “E.T. El extraterrestre”, porque aquí al siniestro payaso Pennywise también lo verán sólo los niños. Los miedos infantiles retratados en la risueña cara de un payaso, icono de apariencia inocente. Si “E.T. El extraterrestre” exploraba, reflexionaba y mostraba la pura esencia de la infancia en toda su amplitud desde su metáfora (sólo los niños ven a E.T., se nos oculta el rostro adulto hasta un momento concreto), aquí se hace lo propio con la perversión de la misma desde el universo adulto.

 

 

 

Es importante recalcarlo. Los adultos no ven al payaso ni sus escenas terroríficas. Cuando Mike llegue a repartir carne y vea la escena con la gente quemándose (sus padres), el hombre que aparece luego no verá nada. Cuando Stanley se pegue un susto en el despacho de su padre con el cuadro, sólo lo verá él. El globo rojo flotante en la biblioteca tan sólo lo ve Ben, aunque pasa ante varios adultos, así como las siguientes apariciones… El ensangrentado baño de Beverly no es apreciado por el padre, pero sí por sus amigos…

 

 

Un payaso que, evidentemente, representa el mal, que siempre está presente en momentos de maldad (las agresiones de los malotes a Ben o Mike).

Pero, ¿por qué sólo los niños pueden ver y sentir a Pennywise? ¿Cuál es el sentido de esto? ¿Hay alguna metáfora o idea oculta? Pues sí, claro.

  • Adultos.

Los adultos, en muchos casos, están apegados a la televisión, que sirve como anestesia, como opio, mecanismo de manipulación. Allí, contra toda lógica, observan un programa infantil, como vemos en casa de Richie con su oronda madre, en casa de Beverly o en la del malote Bowers (Nicholas Hamilton).

Entornos familiares como algo terrorífico. Billy manifestará que su casa se ha convertido en algo insoportable tras la ausencia de Georgie; el padre de Beverly terminará atacándola (sentado en un sofá rojo y con una camiseta interior del mismo color); la madre de Eddie lo alejará de sus amigos. Henry matará a su padre.

 

 

O indiferentes. Con ese pueblo que parece mirar para otro lado ante los sucesos, pasando de todo, como esas personas ante la paliza de Bowers a Ben desde su coche…

 

 

Están bajo el influjo de Pennywise, con esos programas de televisión, esos globos vinculadores. Son sus esbirros, los verdugos de ese símbolo con disfraz de payaso. Los distintos disfraces del mal: indiferencia, perversión, abusos, acosos, complejos…

Unos adultos que de distintas formas representan el mal. Con el globo rojo como símbolo. De hecho el color rojo tiene connotación negativa siempre. Veremos a dos personas mayores pasando indiferentes ante el abuso de los matones a Ben, en sus rostros se aprecian unos coloretes rojizos, antes de ver aparecer un globo rojo, precisamente, en la parte trasera del auto; la sangre en el baño de Beverly, que de nuevo es vinculada a su aterrador padre… De rojo sangre se tiñe la camiseta del padre de Bowers

 

 

Unos tonos rojizos en sus rostros que se repiten siniestramente. La gorda madre de Eddie, la madura pareja que pasa ante el agredido Ben, el padre de BeverlyHenry Bowers vestirá de rojo en la parte final del film, como los globos de Pennywise (ese que le guía hasta el cuchillo con el que ejecutará a su padre)… Unos retratos familiares terroríficos, ya que es ahí donde radican verdaderamente los miedos, con padres atormentados, obsesos o pederastas…

 

 

Todas las casas y los entornos familiares resultan siniestros, cuando no infernales (la casa de Beverly, donde además vemos un payaso de juguete). Lugares oscuros presididos por una televisión en la que siempre está el programa infantil hablando de cosas relacionadas con las que hacen los protagonistas. Escúchenla, por ahí tienen más claves (con voces distorsionadas y horripilantes).

 

 

 

El agua del retrete del baño va por el desagüe hasta el alcantarillado”. “El alcantarillado es un sitio divertido para jugar con tus amigos”. “Sólo hay que seguir el agua por el desagüe hasta que llega al alcantarillado”. “Cuando estéis con vuestros amigos en el alcantarillado podéis hacer el payaso”.

O en la casa de los Bowers: “Me encanta ver cosas flotar”. “Todos flotamos”. “Me ha gustado ver al payaso”… “Y tú también flotarás, Henry”. “Mátale”. “Mátalos a todos”.

 

 

El matón/abusón principal, Henry Bowers (Nicholas Hamilton), también tiene sus propios miedos. Vive atemorizado por su padre. Miedo que exorciza abusando de los demás y con pulsiones psicopáticas (se le ve capaz de matar, disparar a un gato…). Por tanto, todo se unifica en él, un entorno cotidiano tóxico, progenitor amenazante e indumentaria roja. Un Henry que enfrentará su miedo, vestido de rojo, en ese entorno infernal para acabar matando a su padre, haciendo efectiva algo así como la posesión maléfica que subyace en ese pueblo simbolizada en el payaso.

Miradle ahora, chicos. Nada como un poco de miedo para hacer que el que no es un hombre se derrumbe”.

 

 

Eddie también se enfrentará a su madre, que lo miente para que se crea enfermo y tenerlo controlado y cerca, acomplejada quizá por su físico y soledad.

 

 

 

Esos entornos harán que algunos caigan en las redes del payaso. La perversión adulta llevándoles a la perdición. Por eso aparece el payaso cuando Henry mata a su padre o Beverly golpea al suyo (protegiéndose). Aparece tras intensas manifestaciones de miedo y su reacción.

El mundo infantil destruido, pervertido, destrozado, queda escenificado en el santuario del payaso, donde vemos un buen número de objetos infantiles, restos de vidas perdidas de niños, macabro circo de supuestas risas inocentes, cuerpos flotantes…

 

 

 

 

 

 

  • Chicos.

Un grupo de marginados, de chavales normales, débiles, con problemas en casa, carne de cañón para los abusones. Son siete. Vemos a cuatro de ellos juntos, la pandilla clásica, mientras que los tres restantes se irán uniendo a ellos. Son maltratados por los abusones, que aparecen por todos lados para acosarlos… pero la evolución de esto, como en el subtexto, es excelente.

Si observáis, estos chicos están ligados a las ovejas, al ganado del matadero donde trabaja Mike. Seres sumisos, víctima de abusos, malos tratos y vejaciones, que se rebelarán en su evolución.

 

 

 

 

 

 

Son las víctimas, el objetivo de esa maldad enfundada en traje de payaso, de esa sociedad y mundo adulto completamente depravado o destruido.

-El protagonista, tartamudo, Billy (Jaeden Lieberher), que es quien perdió a su hermano en la primera escena y está obsesionado por encontrarlo. Está en conflicto con sus padres (al menos el padre), acerca de Georgie y su desaparición, que Billy aún no acepta. Se siente mal en casa, como culpable, se sugiere que su relación con sus padres ya no es igual. Su hermano desaparecido es su debilidad y miedo. Su encuentro con Pennywise estará vinculado a su miedo y al de su hermano, en el sótano que el pequeño temía, en un día de lluvia, como cuando desapareció. Una espeluznante escena.

 

 

No tartamudeará ante el decisivo momento de entrar en la “Casa del Pozo“. Él debe asumir la muerte de su hermano.

Si vienes conmigo, también flotarás”.

 

 

 

Richie (Finn Wolfhard) es el bromista y frívolo del grupo. Si os dais cuenta es el último en ver a Pennywise. Cuando todos entren en el baño ensangrentado de Beverly, confirmando que sólo los chavales ven lo relacionado al mortal payaso, él quedará fuera, vigilando, por lo que tampoco lo verá aún. Será por primera vez en la escena de las diapositivas, junto al resto de sus amigos, justo después de confesar que teme… a los payasos.

 

 

Eddie (Jack Dylan Grazer) es un chico aprensivo, hipocondríaco, con una madre controladora, sobreprotectora y vigilante que potencia sus inseguridades y miedos en los que todo es una amenaza contra su salud… Le miente y medica con placebos para que se crea enfermo y poder tenerlo cerca constantemente. En su encuentro con Pennywise lo atacará con su debilidad, su hipocondría, enfrentándolo a un ser purulento, leproso, decrépito, enfermizo, monstruoso.

Él debe asumir que no le pasa nada.

Flotarás aquí abajo. Todos flotamos aquí abajo”.

 

 

Stanley (Wyatt Oleff) es judío, lo que es otra particularidad que lo atormenta. Su padre, rabino, le presiona para su Bar Mitzvah y le critica por su falta de estudio. Es un problema identitario. Precisamente en ese entorno, en el despacho paterno, tendrá su contacto con Pennywise (aunque no aparece directamente). Le tiene pavor al cuadro colgado en la pared con una deforme y siniestra figura (que es la que se le aparece). Es un chico disciplinado y ordenado (muy simpático el detalle en el que todos tiran sus bicicletas pero el pone su palanca para dejarla de pie antes de ir a ayudar a Mike).

Él debe mentalizarse que su miedo es irracional y asumir su identidad.

 

 

 

Ben (Jeremy Ray Taylor) es el gordito del grupo (nunca falta uno), que, por supuesto, también es acosado por los matones. Acomplejado, solitario y sin amigos. Es nuevo, de ahí su soledad y que pase sus ratos libres en la biblioteca. Sus miedos son evidentes. Será con Beverly con quién hará buenas migas de inicio. Tiene más tetas que ella.

Él besará a Beverly y perderá su miedo a las relaciones sociales.

 

 

 

 

 

Mike (Chosen Jacobs) trabaja en un matadero. Es un chico sensible que lo lleva mal. La segunda aparición de Pennywise será con él. Truculenta (gente quemándose, en referencia a la muerte de sus padres) y con Pennywise de fondo, mientras entrega carne. Volverá a verlo mientras está siendo golpeado por los matones.

Se enfrentará a quien le pisotea.

 

 

 

 

Beverly (Sophia Lillis) es la última de la lista. La chica. Parece salida de “El Club de los Cinco” (John Hughes, 1985). Comprensiva, se unirá a los demás conforme avance la narración, como Mike. Tampoco tiene amigos y tiene fama de “guarrilla”… En su cuarto tiene un cuento de “El príncipe rana”, la historia de alguien al que ven como en realidad no es, como le ocurre a ella, con una fama y unos rumores inciertos. En realidad ella teme a su padre, a sus abusos, por eso se corta el pelo ante un espejo en el baño, para parecer un chico y resultar menos atractiva. Con eso la atacará Pennywise, con ese miedo y el de “hacerse mujer” cuando llega la menstruación, en la potente escena del baño de sangre, muy a lo “El Resplandor”, también de King… y de Kubrick. Por eso será desde el lavabo del baño el origen de su contacto con Pennywise, donde la vimos manifestar su miedo y dolor.

¿Pero no ves?

Se enfrentará a su padre.

 

 

 

Por ello el payaso Pennywise sólo ataca a los niños, fortaleciéndose con sus miedos, los recalcados en la mención anterior a cada uno de los protagonistas. Por eso los que desaparecen son niños, los más vulnerables, por ello hay toque de queda (7 p.m).

Es importante en la relación de los chavales la escena en la lagunilla donde se bañan. Es su segundo encuentro conjunto, pero el primero para hacer algo en camaradería (aunque falta Mike, que aún no se ha unido). El agua es el elemento vertebral y esencial. Purificadora, redentora. Es la comunión del grupo que sella su amistad y donde pueden ser ellos mismos. Es aquí cuando vemos furtivas miradas de adolescentes, incipientes enamoramientos y atracciones sexuales con esa perturbadora chica, Beverly.

 

 

Es muy bonito ese pequeño triángulo amoroso entre Beverly, Billy y Ben. Esa carta anónima y su enredo son encantadores.

Observen, pues, la evolución desde el subtexto y cómo convergen todas las historias e ideas. Pennywise se alimenta de los miedos de los chicos utilizando las debilidades de los adultos, pero se debilita con su unión. Esto queda claro en la terrorífica escena en la “Casa del Pozo“. Bien, ahora recuerden la escena en la que Mike se une al grupo: los matones tienen atemorizados a todos los chicos del grupo, sin excepción. Les vemos meterse con los cuatro colegas al inicio, dar una paliza a Ben y atemorizar a Mike (Beverly recibió su propio acoso femenino)… Cuando los tres matones agredan a Mike, será rescatado por nuestro grupo de amigos con el lanzamiento de una piedra. En ese momento están juntos, unidos, y se muestran valerosos, iniciando una guerra de piedras al ritmo de Metallica, imponiéndose y amedrentándolos al ser mayoría… ¿Ven? De nuevo unidos debilitando el mal…

Se consolida en esa escena de las pedradas el grupo, “El Club de los Perdedores”, con un simbólico tren que escenifica su evolución.

 

 

 

Es por ello que Pennywise los atacará en conjunto en la escena de las diapositivas, lo que motivará, de nuevo desde la unión, la reacción del grupo. Enfrentar sus miedos para redimirse. Ese es el sentido de la escena de la Casa del Pozo. Puramente metafórica, donde Pennywise intenta separarlos. Y en cada estancia se dedicará al terror de cada chico: el tuberculoso con Eddie, los payasos con Richie y las menciones a Georgie con Billy, pero será vulnerable una vez se unan.

Entrar en esta casa… me resulta… más fácil que entrar en la mía”.

 

 

Es una escena que, con sus defectos, deja imágenes muy potentes y da todas esas claves, además de suponer la división del grupo… Todos volverán a sus rutinas, para peor, pero con el poso de lo ocurrido que volverá a unirlos. Un agosto con el grupo separado y enfadado, debilitado en apariencia, pero experimentado. Mike ya mata en el matadero, Stanley culmina el Bar Mitzvah, Billy y Beverly sufren su soledad, como Ben en la biblioteca… pero siempre con la consciencia de que si ellos no hacen algo nadie lo hará en ese entorno que prefiere mirar para otro lado.

 

 

 

Muchos de ellos se terminarán enfrentando a sus padres (Bowers, Eddie, Beverly) y a su maldad subyacente o explícita. Una catarsis en la que se quitan complejos, inseguridades y miedos, con la que se rebelan ante ese mundo adulto opresivo, amenazante, castrador y pernicioso.

Beverly se enfrenta a su padre, Eddie reniega de sus imprescindibles medicinas y se enfrenta también a su madre, Mike lleva la pistola que le atormentaba en el matadero para enfrentarse al payaso, como Richie, a pesar de su miedo a ellos. Mike se enfrentará a Henry Bowers.

Es la razón de ser del clímax, donde se remata esta idea con los que quedan: Stanley será atacado por la mujer del cuadro y rescatado por los amigos… y Billy se enfrentará a Georgie en su catarsis definitiva, donde matará a su “hermano”, a ese lastre que lo martirizaba.

 

 

Es raro que en su unión el payaso siga tan fortalecido, es de suponer, por tanto, que el centro neurálgico en el que se encuentra lo nutre. El hecho es que no cederán a la tentación y lucharán juntos en una orgía de enfrentamientos a sus propios miedos ante los que reaccionarán valerosos (Eddie ante el vómito del tuberculoso, Stanley ante la mujer del cuadro, Beverly ante la figura de su padre…).

Así se vence a esta reflexión sobre el miedo, el miedo como una ficción o ilusión mental que se puede superar, que es inofensivo si no se cede ante él pero que te consume si lo alimentas.

 

 

sambo

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