GREEN BOOK (2018) -Última Parte-

GREEN BOOK (2018) -Última Parte-

PETER FARRELLY

 

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Farrelly (sí, uno de los hermanos que hizo “Algo pasa con Mary” y múltiples comedias desfasadas de ese tipo), se esmera en el retrato de ambos personajes y sus diferencias. Tony es desaliñado y despreocupado, no para de comer a lo largo de toda la película, casi siempre comida basura de la que suele tener algo que decir: espaguetis, hamburguesas, perritos calientes con los que hace apuestas, pollo frito…

Bien mostrado el encuentro entre ambos personajes, dando preeminencia al retrato de Shirley (ya que en la introducción se dedicó al de Tony), sentado en un trono en posición de superioridad ante Tony. Los planos se hacen más cercanos a ambos cuando se definen las labores que debería acometer Tony en su trabajo para Shirley, llegando a un plano de igualdad (ambos en pie) cuando Tony rechace su ofrecimiento y se debatan las condiciones.

 

 

Volveremos a ver a Shirley en posición de superioridad cuando dos mafiosos hagan una oferta laboral en mitad del camino a Tony. Shirley siente el desamparo y procura mejorar su oferta ante el temor de que Tony lo abandone, así como le pide disculpas por los problemas causados… gesto que de alguna forma hace rectificar las posibles intenciones del conductor. Es donde descubrimos que el pianista también habla italiano… Una posición de superioridad en las escaleras que escenifica su dignidad.

 

 

 

Ambos personajes irán concienciándose en su viaje por América de las tropelías raciales que se comenten. Uno viéndose reflejado como causante de esas tropelías, que debe redimirse; el otro consciente, pero ajeno en su afortunada burbuja de talento que le permite escapar de ese infierno que ve en otros. De hecho, esa gira que es proposición expresa de Shirley, tiene algo de flagelación, de redención necesaria para él. Así la película está salpicada de pequeños incidentes racistas que van haciéndoles madurar. Por desgracia, todos estos momentos no dejan de ser muy obvios y manidos ya.

 

 

El racismo no negociable que obliga a mear aparte, aunque seas la figura principal del espectáculo. La falsa condescendencia y aceptación. Del sometimiento al tratamiento circense… de muy buenas maneras. El racismo en la tienda de ropa, donde se niegan a atenderle, de nuevo con modales correctos… Cuando se paran ante un campo de algodón y los trabajadores negros…

 

 

 

 

 

Shirley irá mostrando un orgullo personal cada vez más acusado, según aumente su concienciación. Lo mismo que Tony irá teniendo comportamientos opuestos a su racismo inicial. Si en un principio tiraba vasos usados por negros y volvía al coche para coger su cartera en señal de desconfianza por Shirley, si en un principio sus amigos y esposa desconfiaban de su tolerancia, terminará defendiendo a Shirley de los ataques racistas, de los policiales, en su contrato con el piano Stanway y se mostrará solidario ante el ultraje en el recinto donde debía dar un concierto, pero no le dejaban cenar junto al resto de comensales…

 

 

Si en un principio acepta determinados ultrajes, tener que hospedarse en hoteles destinados exclusivamente a afroamericanos, asumiendo la segregación, poco a poco irá mostrando su rebeldía y orgullo, negándose a mear en la barraca cochambrosa destinada a ese menester en uno de sus conciertos y, finalmente, a tocar por no permitirle cenar en el lugar donde ofrecerá el espectáculo. Incluso su gesto y forma de tocar se irán crispando. El definitivo gesto de orgullo.

 

 

 

 

Es, efectivamente, como verbaliza Shirley, el tratamiento de mono de circo. El disfrute de blancos con el talento de negros. Pero una vez termina el espectáculo son rebajados a una consideración de mero animal de compañía… en el mejor de los casos. Una hipocresía sublimada. Aplausos y rechazos.

Queda muy bien plasmado en el último concierto frustrado, con esa decoración cristiana, con la Sagrada Familia, un Belén, los Reyes Magos… y el rechazo racista que contradice todos esos valores en Nochebuena.

 

 

 

 

 

Y ese absurdo anhelo de intentar ser aceptado por quien te odia sin sentido. Ese simbólico maquillaje donde se tapan las heridas de la paliza recibida ante un espejo para salir a tocar, que escenifica la necesaria fachada en un contexto mezquino e hipócrita.

En la parte final, con la catarsis bajo el inclemente tiempo, Tony saca ese racismo no reconocido cuando un policía lo llama “medio negro”, momento definitivo en su maduración, tras el que recibirá una lección de dignidad de Shirley, Bobby Kennedy mediante, que ha visto y vivido esos desplantes toda su vida.

 

 

 

Tony aprenderá los sufrimientos y pesares que deben padecer los de la raza de su amigo. Aprenderá a tolerar. La importancia de la integridad y la honestidad. Sus argumentos son a menudo superficiales, lanzados desde la ignorancia, pero en otros momentos son eficaces por su sencillez.

Shirley, por su parte, se abrirá a la vida, a la conciencia, a involucrarse, a no dejarse someter ni a ampararse en su burbuja de éxito. Se mostrará, probará cosas nuevas y dejará a un lado su engreimiento y estiramiento gracias al pollo frito…

Es fantástico el momento con el pollo frito. Cómo Shirley cede en comer con las manos pese a todos sus reparos, mientras que Tony deberá volver sobre sus pasos con el coche por lanzar la bebida por la ventana sin el menor escrúpulo…

¿Qué hacemos con los huesos?

 

 

 

El momento liberador final será musical, evidentemente. Un momento extraordinario con Shirley subiendo al escenario para demostrar su virtuosismo y terminar participando en una jam sesión de Jazz junto al resto de la banda que allí toca. Disfrutando de eso que decía temer, aunque quitando el vaso de whisky del piano (ese estereotipo de afroamericano músico)… De la rigidez clásica a la liberación jazzística. Un gran momento musical. Simbólico en su evolución.

 

 

Al final de este viaje de madurez veremos las consecuencias. Ahí se volverán a cambiar los roles, cuando ya no sean un empleado y un patrono, sino dos amigos de vuelta a casa, donde Shirley relevará a Tony en la conducción para llegar a tiempo. El tipo que tiraba vasos a la basura porque fueron usados por negros, invitará a uno a sentarse en su mesa para que coma y beba a gusto como amigo; y el otro bajará de su solitario trono para compartir la Nochebuena entre tipos blancos (algunos racistas o medio despistados) que le recibirán como a uno más… Dos hombres que volvieron a sus quehaceres y conservaron su amistad hasta 2013, falleciendo ambos con meses de diferencia (Tony en enero y Shirley en abril de 2013).

No lo llames así”. “Gracias a usted por ayudarlo con esas cartas”.

 

 

Farrelly huye el maniqueísmo, no muestra a todos los policías como malvados racistas, como vemos al final, ni a sus personajes como estereotipos de una pieza… Aunque ni dejan de ser estereotipos ni se renuncia a un buen número de clichés en el film.

Objetos

Farrelly vertebra la cinta entorno a una serie de objetos que le sirven para definir a sus personajes.

-El principal es el que da nombre al film. Ese Green Book, el libro verde sobre recintos adecuados para negros en los sitios más racistas donde tendrían problemas para hospedarse o entrar. “Viajando siendo negro”… Es el que define el contexto de la película.

 

 

-Los vasos que tira a la basura Tony definen su prejuicio racista antes de conocer a Shirley. Vasos que recuperará su mujer, bastión del sentido común.

 

 

-El coche que los llevará de gira, un coche azul, como la rebeca que lleva la mujer, adalid de la concordia y tolerancia. De hecho en ese coche azul se forjará la amistad.

 

 

-La botella de Cutty Sark define a Shirley, una muestra de distinción, que además disfruta en soledad, lo que vuelve a escenificar ese carácter solitario y altanero. Observad la primera vez que le vemos tomándosela, desde el punto de vista de Tony, desde las alturas, en el balcón, en soledad, contrastado con los coqueteos con dos chicas de sus dos compañeros músicos  en el patio de abajo… Como conclusión a su evolución, veremos a Shirley compartiendo botella con Tony posteriormente, algo que no se le pasaba por la cabeza al inicio.

 

 

-Por supuesto, las cartas que Tony escribe a su mujer (Linda Cardellini). Cartas toscas, como él, que con la ayuda de Shirley se irán refinando y convertirán en un éxito, emocionarán a su mujer y fascinarán a todo su entorno. Allí, dentro de su dificultoso estilo y más allá de la ayuda de Shirley, se mostrará sincero con respecto a su acompañante, ante el que se deshará en elogios en sus escritos.

¡Shakespeare está en casa!

 

 

-La roca verde, que escenifica las divergencias morales de los protagonistas, sirve también como punto de equilibrio entre ambos. Tony la cogerá del suelo y se la quedará, aunque es evidente que se debió caer del cajón donde se encontraban las demás para ser vendidas. Shirley le obligará a devolverla o pagarla. Tony fingirá devolverla, pero aunque parezca que Shirley acepta el gesto, finalmente le hará reconocer que todavía la lleva consigo… entre bromas. Al fin y al cabo es un objeto que, se supone, da suerte…

Una piedra que termina convertida en obsequio y fundamento de la reunión final de los amigos en Nochebuena.

 

 

-Fuera de los objetos, podemos incluir uno de los aspectos más interesantes del film. El uso de la comida. De hecho, en las cartas mencionará de manera constante la comida, como un mantra.

Tony se pasará comiendo toda la película, pero su relación con esa comida define muy bien su pensar interno.

Veremos a Tony comer pasta en su casa, junto a familia y amigos. Es la comida de la camaradería, de su entorno más íntimo, italoamericano… O pizza a lo bruto en la intimidad de su habitación de hotel. Lo veremos comer hamburguesas y perritos calientes, comida muy americana, para poder sacarse unos dólares compitiendo, ya que va apurado de dinero…

 

 

Lo veremos ante otra comida, pero aparte, sin tocarla, ya que no es comensal, cuando los mafiosos le propongan ser chico para todo. Algo que rechazará…

 

 

Durante el viaje, Tony comerá en sucesivas ocasiones. La primera será el sándwich que su mujer le preparó a él y al músico. Tras unas discrepancias con su jefe, y como gesto de disconformidad o lejanía hacia él, se comerá el sándwich que debía entregarle a Shirley.

 

 

El pollo frito del Kentucky Fried Chicken y su arraigo, sirve para la camaradería con Shirley, habida cuenta de la universalidad del pollo como comida. El pulcro y esnob pianista viéndose apelado a comer pollo frito grasiento con las manos, a pringarse los dedos… que disfrutará como un enano.

 

 

 

Miradas

En miradas vamos apreciando la sutil comprensión que el personaje de Tony adquiere de Shirley. Miradas valorativas de momentos pequeños que recorren la película y definen un desarrollo.

La mirada de Tony a Shirley mientras el segundo toma su botella de Cutty Sark en soledad en su balcón.

Otra mirada, en este caso admirada, de Tony hacia Shirley, concretamente hacia su talento como pianista.

La soledad, la admiración.

 

 

La mirada sorprendida y fascinada de Tony a Shirley al ver sus contactos o al verle tocar en el garito de Jazz… Las de ambos al ver a los trabajadores negros en los campos de algodón. La de Shirley, perpleja, con cada ocurrencia de Tony. O la agradecida cuando se mantiene fiel a él…

 

 

Una bonita historia, bien resuelta, de manera muy eficaz, sustentada por el gran trabajo de los actores y el dinamismo de sus encontronazos, sentido del humor y ligereza. Aunque ya la hayamos visto mil veces. Aunque sea una colección de clichés. Y buena música. Un Viggo Mortensen muy acertado en este rol más cómico, y un espléndido Mahershala Ali (sus buenas exhibiciones al piano se deben a la ayuda de Kris Bowers, que compuso la partitura y duplicó al actor, que recibió clases durante tres meses, por otra parte, para su gran actuación) en una interpretación mucho más meritoria de la que tuvo en “Moonlight” (Barry Jenkins, 2016).

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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