GLENN COOPER: La Biblioteca de los Muertos

GLENN COOPER: La Biblioteca de los Muertos

LITERATURA

 

 

 

 

 

 

Decepción es la tópica palabra para este tópico best-seller del que esperaba mucho más. No más en el sentido de que me transformara la existencia, sino en cuanto al simple y sencillo placer por el que se apuesta por un best-seller, una lectura entretenida, que te atrape y aligere de otras más trascendentes.

Apuesto menos de lo que debería por este tipo de best-sellers, aunque me gusta hacerlo entre varias lecturas más exigentes como paréntesis ocasional. La decepción viene de la propia novela en sí y el hacer de Glenn Cooper, que no logra subyugar ni atrapar salvo en contados momentos, pero sobre todo por la sinopsis, que leo por defecto en todos los libros y que tendré que dejar de hacerlo, porque en este caso desvela todas las claves que deberían sorprenderte de la novela. Una lamentable sinopsis que se carga buena parte (por ser generosos, porque se lo carga casi todo), del encanto y atractivo que podría tener la novela. Alucinante. La epidemia de los trailers cinematográficos indiscretos, que básicamente te cuentan toda la película, extendiéndose también a la literatura. Si leen esta crítica, ahórrense la sinopsis, porque si no…

Prometía mucho como best-seller y, tras leer la sinopsis, parecía ideal para pasar el rato y, quizá, mucho más, pero sólo tiene lugares comunes y tópicos en sucesión tras un interesante planteamiento y determinados giros que, como dije, te desvelan en el mencionado resumen… Se lee bien, con facilidad, eso sí, pero no apasiona en ningún momento ni tiene la más mínima atmósfera que te atrape, subyugue o haga verdaderamente atractivo el relato.

Es una historia que sólo tiene el planteamiento, de ahí que hábilmente Cooper recurra a la fragmentación temporal, saltos constantes atrás y adelante en el tiempo para ocultar el secreto central del relato. Una estructura para dar sensación de enjundia en lo que se descubre absolutamente vacuo. Sin ese desorden ordenado tendríamos la nada y una historia que se va desvaneciendo en el aburrimiento. La idea de planteamiento y poco más.

Los saltos temporales permiten la aparición de figuras históricas vinculadas al relato, desde algunos secundarios a otros de primera línea como Churchill o Harry Truman.

Lo más destacado de la novela son los saltos al pasado, al siglo VIII y al XIII, cuanto más pasado mejor. Son los momentos de mayor impacto y donde la narración alcanza las cotas más seductoras e imprevistas. En ese pasado cabe destacar al personaje de Josephus, donde el relato se hace menos cínico y la violencia más seca y brutal. Es en esa fase donde algunos han querido compararlo con “El nombre de la rosa” de Umberto Eco, pero claro, es una comparación casi obscena… En 1947 también tenemos algunos buenos momentos, como esa expedición arqueológica que descubre una biblioteca…

 

 

 

En cambio, toda la trama de thriller que acontece en el presente es desesperantemente tópica e incluso aburrida. No evita ni un lugar común, desde el protagonista a punto de jubilarse (no es broma), a la parejita de policías con mentor y alumna, por poner algún ejemplo… Un protagonista que es el manido héroe crepuscular, cercano a la jubilación, cínico, experto, brillante, algo alcohólico, atractivo y que vivió tiempos mejores, que investiga el caso con una jovencita novata, sin experiencia, competente, atractiva, seria, ordenada, disciplinada… los clásicos roles contrapuestos…

Es evidente hacia donde se pretende el arco dramático desde el mismo inicio, una vez unidos un héroe borde y desastrado con una chica formal y pulcra.

Los olores están muy vinculados, al menos al inicio, con el protagonista, sobre todo en lo que respecta a las mujeres, lo que lo dota de un halo primario que luego desaparece sin dar mucha explicación.

La novela está repleta, tiene delito, de situaciones y resoluciones poco elaboradas y creíbles, inverosímiles (huidas, encuentros…), de coincidencias forzadas, que ni siquiera con el soporte literario para hacerlas más convincentes resultan pasables…

Cooper se recrea con naturalidad en este mundo hipertecnificado en el que vivimos para cuestionarlo, un mundo del que somos en extremo dependientes, que castra nuestro anonimato y privacidad, que se ejerce de forma coercitiva desde el estado, pero que en definitiva no ha cambiado tanto con el paso de los siglos… Más técnica, pocos cambios. No se usa mal la tecnología en el relato, ciertamente. Un mundo moderno, con la más avanzada tecnología, que permite acumular cantidades ingentes de información en un reducido espacio, localizar a cualquier persona casi en cualquier punto del planeta… pero que al final se acaba sustentando en lo antiguo, en lo físico, para dar sentido a ese mundo virtual, para darle credibilidad. Es la función de la Biblioteca.

Creemos a pies juntillas lo que dicen los ordenadores, son la nueva fe, pero una manipulación en ellos nos puede llevar a la perdición, a la destrucción.

Hay ciertos aspectos que podrían resultar interesantes de haber conseguido Cooper un texto más atractivo, por lo que pasan sin pena ni gloria como elementos anecdóticos. Por ejemplo, deja en muchas ocasiones escenas no resultas, como sugeridas, que contrastan con otras sumamente explícitas. En otro contraste se vincula la felicidad extrema con la muerte inminente en ciertos momentos de la narración.

La esencia de la trama, del planteamiento, pretende o parece querer llevarnos a una reflexión sobre el destino, la predestinación, el libre albedrío, pero finalmente poco de esto hay…

La biblioteca de los muertos”, primer libro de una trilogía que completan “El libro de las almas” y “El fin de los escribas”, no es un libro que recomendaría, hay muchos otros más atractivos de todo estilo y condición. Yo, desde luego, terminaré la trilogía, pero sí advierto y recomiendo no leer la sinopsis de ninguno.

 

sambo

Leave a reply