GIBSON CONTRA FENDER Ep. 5. Por Nanook The Eskimo

GIBSON CONTRA FENDER Ep. 5. Por Nanook The Eskimo

MÚSICA

 

 

 

Habíamos dejado el capítulo anterior con una nota sostenida por Hendrix en su Stratocaster… ¿o era Clapton en su SG psicodélica pintada por un grupo de artistas que se hacían llamar The Fool?

El caso es que ya había estridencia. Existía la distorsión, no sólo a causa de rajar conos de amplificador. Había pedales de efectos  y los avances tecnológicos habían hecho que los discos pudieran grabarse en la ingente cantidad de OCHO pistas (¡!).

Empiezan a terminarse los 60 y los chicos esos que tocaban con todo el mundo, esos tales Jimmy Page y John Paul Jones, montaban una banda nueva. El primero venía de ser el titular de los Yardbirds, aunque alternando con el bajo hasta que Chris Dreja le dijo que mejor se dedicaba él al bajo, que Jimmy era mejor guitarrista, máxime cuando se unió un tal Jeff Beck a la banda, que de repente se vio con una doble guitarra solista. Esta formación no le gustaba a Page, que quiso dejar la banda y recomendó que se quedaran con Beck, que estaba pasando una mala racha y al que le venía muy bien el dinero que se podía sacar de ahí. Jeff, chico agradecido, regaló a Page una guitarra: una Fender Telecaster en un color llamado Botswana Brown de 1958. No perdáis de vista ese instrumento.

La banda de Jimmy Page fue bautizada de manera provisional como The New Yardbirds, aunque, según dice la leyenda, Keith Moon, el mítico batería de The Who que fue candidato al puesto cuando las cosas con Roger Daltrey no iban todo lo bien que debieran, sostenía que quería crear un sonido más pesado que un zepelín de plomo. Un Lead Zeppelin. A Page le gustó el concepto, pero cambió la grafía para que se pronunciase igual a ambos lados del Atlántico. Estaba Jonesy (John Paul Jones) y estaba él. También estaba un chico rubio que cantaba en Band of Joy, un grupo de pub como había mil, pero con una presencia y forma de cantar realmente especiales. Su nombre era Robert Plant y se unió al proyecto de Jones y Page sin pensarlo; de hecho, fue él quien recomendó ofrecer el puesto de batería a un músico que tocaba en una banda llamada Hobstweedle. Aparte de su gusto exquisito y su forma de tocar enormemente musical, se caracterizaba por un pie derecho con una velocidad que vaciaba de sentido al concepto de dobles bombos tan de moda por entonces, y una pegada que provocaba que los solos de batería fueran guardados para los casos de apagón, pues, en ausencia de micrófonos y amplis, su fuerza le permitía ser oído aún sin amplificar. Resulta curioso que Jimmy Page sea un hombre asociado a Gibson, no en vano la Les Paul era su herramienta principal en directo junto con la 1275 de doble mástil, el superior de 12 cuerdas y el inferior con las habituales 6. En la primera época de Zeppelin solía emplear una Telecaster decorada con un motivo de dragón, animal que luego incluiría también en su atuendo de directo, y hay quien sostiene que la patada en la cara que constituye Communication Breakdown del Led Zeppelin I se cimenta sobre el rugido de una Telecaster.

 

 

Al otro lado del Charco, Alvin Lee seguía siendo el más rápido con sus Ten Years After, sacando chispas a las cuerdas de su Gibson 335, mientras que Elvis seguía siendo el Rey, aunque esta vez tenía a la guitarra a James Burton, usuario habitual de una Telecaster con estampado rosa de Cachemira, el mítico Pink Paisley con el que se le ve en, por ejemplo, «Aloha Hawaii» del hombre de Tupelo.

 

 

Por esta misma época, concretamente 1967, Gibson halló un eminente usuario. Un chico de Tijuana afincado en California sacaba de una Gibson SG con pastillas P90 un sonido bastante inusual. Estaba cargado de frecuencias medias, con un sustain infinito y realizaba una fusión de percusiones latinas, cortesía del pequeño gigante Chepito Areas, con rock y jazz. Carlos Santana es su nombre, y seguro que habéis oído hablar de él.

No podría continuar hablando de esta época del rock americano centrado en guitarras, menos aún en guitarras Gibson y pastillas P90, sin mencionar al enorme Leslie West, cuyo hit “Mississippi Queen”, con su banda Mountain, sigue siendo el sonido distorsionado al que los humanos solamente podemos aspirar.

En el lado más Fender de las cosas, es época de cambios. Las Stratocaster  en 1968 ven cambiada la forma de su pala. La pala, sí, esa parte superior donde se suelen alojar las clavijas de afinación. El nuevo diseño era mucho más largo y, opinión personal, bastante más feo. Podrían correr ríos de tinta sobre qué motivó ese cambio. Podíamos argumentar cuestiones como que las cuerdas iban más rectas desde la clavija a la cejuela, y eso redundaba en mayor estabilidad en la afinación, o un motivo puramente físico: a más madera en la pala, el sonido tendría más cuerpo. No nos engañemos, CBS, ya sabéis, el propietario de Fender, siguiendo su criterio poco romántico y mucho más crematístico, quería palas más grandes porque permitían alojar un logotipo mucho más grande, sin más romanticismo. Resulta de justicia señalar que la fábrica de Fender de esta época tuvo un problema con las piezas que les servían como base o bastidor a sus pastillas, debiendo solucionarlo usando unas piezas más finas y de un color y material distintos. La nueva pieza tuvo un efecto demoledor. Las guitarras con esas pastillas sonaban mucho mejor. Hay rumores de que la icónica Stratocaster negra de David Gilmour de Pink Floyd, instrumento ese cuya historia merece post aparte, originalmente contaba con tres pastillas de fondo gris, por lo que no debería extrañaros que una conversación de guitarristas frikis sobre una Strato con Greybottoms fuera algo realmente animado.

Pese a tratarse de una época en la que Fender no hacía sus mejores instrumentos, las Stratocaster de pala grande de 1968 son un referente gracias a gente como Jimi Hendrix, Richie Blackmore de Deep Purple o, desde los 80, el sueco de relampagueante digitación Yngwie Malmsteen.

Tampoco estuvieron muy quietos en Gibson, pues desde 1966 estuvieron dándole vueltas a la idea de reintroducir la Flying V, ya sabes, su “guitarra flecha”, en el mercado, dándole un perfil un poco más civilizado o standard. En 1967 empezó su comercialización con una reubicación del Jack de conexión al amplificador y el uso de un puente fijo común, sin pasar las cuerdas a través del cuerpo como se hacía en 1958, o, en algunos casos, el intento de Gibson de tener un puente con palanca: el Maestro Tremolo.

 

 

La guerra de ventas en esta época cae del lado de las Les Paul, SG y 335, pues Fender bajó alarmantemente sus ingresos desde el asunto de la compra por CBS, por percibirse sus instrumentos desde entonces como de peor calidad que los construidos con anterioridad a dicha operación. Tal es así que las Stratocaster eran poco menos que repudiadas, lo que llevó a gente como Stevie Ray Vaughan o Eric Clapton a conseguir Stratocasters perfectamente funcionales a precios irrisorios en las tiendas de empeños. Clapton, de hecho, compró un lote de 5 ó 6 Stratocaster a un precio ridículo en su época final de Cream, y empezó a combinar mástiles y cuerpos hasta dar con un mástil de arce y un cuerpo de color sunburst de dos tonos que bautizó como Brownie, pero eso ocurrió en los 70 y será convenientemente glosado.

 

 

 

Lee aquí la 1ª entrega.

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sambo

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