JOSEPH KOSINSKI
3/5
Es el mainstream nominado. Película muy cara que buscaba petarlo en taquilla. Ahora hay cuotas. La ampliación a 10 nominadas ha sido lo peor que le ha sentado a los Oscar (ya se hacía también en otras épocas), porque haber cedido a ideologías, tendencias y políticas conlleva ciertas servidumbres. La película es tan convencional como entretenida y ocupa la parte reservada a destacar a esos taquillazos a los que casi nunca se suele reivindicar o valorar su calidad por esa extraña idea de que lo exitoso no es bueno y viceversa…
Al no estar los musicales de otros años, las secuelas de “Wicked” (John M. Chu, 2024) o “Avatar” (James Cameron, 2009) o joyas absolutas como “Top Gun: Maverick” (2022), la afortunada ha sido esta cinta de John Kosinski, de lo cual me alegro.
Un John Kosinski que como en “Top Gun: Maverick” (2022) o “Héroes en el Infierno” (2017), toca el tema generacional y utiliza las figuras de mentor y alumno, joven y maduro. Incluso en “Tron: Legacy” (2010), donde sumamos la idea de legado, que también está en la estupenda “Oblivion” (2013), por ejemplo. Un director más que interesante, un artesano muy competente.
El punto fuerte, por supuesto, son las carreras, que están magníficamente rodadas. Kosinski se está descubriendo como un auténtico maestro del blockbuster de calidad, o de películas de calidad accesibles para un público amplio, además de ser un director notabilísimo de escenas de acción.
Planos subjetivos, panorámicas de 90 o 180 grados desde el coche, posicionamientos de cámara espectaculares, planos aéreos, posicionados en la cabina, en las ruedas, picados, flotantes… Kosinski da en estas escenas el do de pecho, pero sin necesidad de alardes ni recursos gratuitos (algún montaje curiosón sí usa). Por lo demás, tenemos un estilo muy sobrio e invisible, sin complicarse la vida, con los cortes precisos y haciendo que el ritmo sea ágil. Estilo muy clásico y sin complicaciones, yendo a primeros planos cuando toca o abriendo cuadro cuando se necesita. Clásica superproducción de Hollywood, donde hay cosas que no fallan.
Hay también detalles de dirección más sutiles y muy acertados, como esa idea que se va repitiendo de mostrar a Joshua (Damson Idris) observando a Sonny cuando éste, aparentemente, no se da cuenta. Cuando corre en solitario, cuando hace los ejercicios de coordinación con las pelotas, cuando lo ve rezando ante el coche (Sonny es creyente). O esas distorsiones para mostrar la subjetividad del conductor, especialmente de Sonny tras su accidente.






Esos montajes más sincopados con los preparativos de las carreras por parte de los pilotos, especialmente de Sonny (Brad Pitt), recuerdan a los utilizados también por Kosinski en “Top Gun: Maverick” (2022).
También tendremos montajitos musicales, videocliperos, con cancioncita para los éxitos de Sonny tras el accidente de Joshua y la recuperación de este último. Montaje musical y paralelo. Más tópicos.
Los insertos suelen ser acertados. Como ese sobre el alerón con la trama del diseño supuestamente ilegal. Cuando se descubre que los documentos que lo denunciaban era falsos y vuelven al coche rediseñado, Kosinski monta un plano del alerón, aspecto clave de la mejora.
Intentando encontrar algo más allá de lo obvio o convencional, la película parece plantearse como una metáfora del periplo vital. Al menos de cómo la concibe el protagonista, Sonny Hayes. Una carrera hacia delante, donde puede haber paradas técnicas, pero nunca permanentes. Una carrera vital constante. Con todo lo que conlleva, con lo que se va dejando atrás.



“Te pasas la vida empezado de cero”. Desde luego, Sonny Hayes es un incomprendido…
“Entonces, ¿por qué es?”.
Ojo, estamos ante el mayor éxito de taquilla de Brad Pitt.
La película no logra salir de los tópicos que suelen darse en este género. Esto no es malo si diera algo más, pero no lo da. ¿Es mala película entonces? No. Tiene torpezas, un guión algo torpe, tópico y estereotipado, pero los ingredientes clásicos con los que juega funcionan bien gracias a los personajes contrastados, el trabajo de los actores y las apañadas situaciones, que no defraudan, aunque estén muy vistas. Es decir, una superproducción correcta y disfrutable en líneas generales.
Tenemos el jefe-mecenas-millonario-amigo, Javier Bardem, reclutador que busca el talento de Pitt, que es un veterano de vuelta de todo, pero que nunca logró ser aquello que prometía, surgiéndole una nueva oportunidad. ¿No os suenan estos personajes y situaciones?
Bardem interpreta a Rubén, jefe de la escudería en crisis, APXGP, que en una situación desesperada busca la ayuda de su amigo Sonny. Por supuesto, Sonny se negará de inicio, como siempre en estas películas, para terminar aceptando y permitiendo a la película continuar…

Personaje individualista
Sonny Hayes es un típico personaje de Brad Pitt. El chulo sobrado. El grueso de su filmografía se basa en este personaje.
“¿Cantar en una boyband?”. “Yo nunca insinúo nada”.
Sonny es un mercenario del motor (incluso fue taxista), aunque en realidad aparenta ser un cínico para camuflar su romanticismo. Compite para sí mismo, ganar sus batallas internas, pequeñas o grandes victorias personales, más allá de lo mediático o la consideración de los demás. Por eso vive en una carrera vital, yendo siempre hacia delante, donde esas paradas técnicas, como si fueran un paso por boxes, no buscan trascender, sólo vencer sus límites y encontrar un momento soñado.



Sonny usa una serie de muletas, muy característico de los deportistas. El sonido de olas para dormir, la carta que se guarda en el bolsillo (cuando salga a correr sin ella tendrá un accidente, ojo), su reloj, la pelota con la que juguetea, calcetines de distinto color… Sus rutinas, donde una foto del padre actúa como ritual emocional, a la vez que la pesadilla de su accidente en España, en sus inicios en la Fórmula 1, lo perturban aún en su madurez. Tres décadas después vuelve a tener la oportunidad de volver a la Fórmula 1. También le gusta el juego…



Es lógico que, con este planteamiento vital, su casa sea una caravana. Allí nos lo presentan, haciendo unos ejercicios para activar los músculos, haciendo sus rutinas y dándole a una comida paupérrima. Un solitario muy profesional.


Son las 24 horas de Daytona, donde recuperará el primer puesto que sus compañeros perdieron hasta caer al séptimo. Conseguirá su cheque de 5000 dólares por la victoria y buscará nuevos horizontes ante las peticiones de continuar y repetir… Es una buena presentación de la filosofía del personaje.
“He dicho que me gusta ser directo, pero a mí, de los demás prefiero elogios, adulación, admiración al héroe o mentiras puras y duras”.
Se hizo jugador profesional y su vida sentimental y pasada ha sido problemática. Sonny viene de vuelta de todo en su carrera hacia delante y se la sudará todo lo que tiene que ver con la imagen, las apariencias y el mundo mediático, como demuestra en su primera rueda de prensa en el Reino Unido.
“Un lobo solitario”. “La Fórmula 1 es un deporte de equipo. Siempre lo ha sido. Y quizá por eso fracasaste”.



En la segunda carrera, sacrificará su resultado mediante artimañas continuas para que su compañero logre el décimo puesto y con él un punto para el equipo. En Monza hará puro trabajo de equipo.
“Sólo eres décimo, ¿por qué sonríes tanto?”.
Como en la escena de la playa de “Top Gun: Maverick”, aquí Sonny irá fortaleciendo los lazos de todo el equipo, que poco a poco se añaden a sus entrenamientos (esas salidas a correr por el circuito).
–En que vive en una furgo…
–Libertad total.
No sabemos hasta qué punto la generosidad de Sonny cediendo el primer puesto del equipo a Joshua en la partida de póker tiene que ver con altruismo puro o con el hecho de enterarse de que el chico perdió a su padre a los 13 años, como le pasó a él.



La competitividad
Según llega a APXGP, Sonny se exigirá un tiempo mínimo como prueba, que superará. Desde el inicio compite consigo mismo. Acto seguido le saldrá otro competidor, su propio compañero, temeroso de perder su puesto, pero lo cierto es que es una competencia que sólo está en la cabeza del joven. Sonny está en otro mundo.
“… sólo está este coche y sólo está… nuestro futuro”. “Pierde el primer puesto y te mato”.
“¿Aún te apasiona?”. “Agacha la cabeza y conduce”.
“¿Qué estás haciendo aquí, Sonny?”.
“Tienes que aprender que nadie nos adelanta sin plantar cara”.
En Hungría, y en honor a su individualismo, decidirá él la táctica, por encima de los técnicos, directores y jefes. Montará una artimaña poco deportiva tras un pinchazo, destrozando alerones y haciendo salir el safety car continuamente.
–No podemos ganar.
–Si no lo intentamos, no.
Sonny se pondrá obsesivamente con las simulaciones, aspecto tecnológico que no frecuentaba. Y logrará mejoras que aprovechará Joshua, que va mejorando sin necesidad de que le den lecciones, sólo observando el modelo.
“Dame los mismos reglajes”.
De esta manera, ambos pilotos van demostrando su ambición, uno para lograr mejoras efectivas, otro para hacerse un futuro y mejorar como piloto.
Sonny se maneja mejor con retos. Apuesta con un periodista (al que paga tras perder) y acepta el desafío de Kate. Cuando logre un punto para el equipo, Kate (Kerry Condon) diseñará la petición de Sonny.
“Lento es suave, suave es rápido”.
APXGP será despreciada por el resto de escuderías, especialmente Ferrari. ¿Qué mejor motivación? La Fórmula 1, un grupo de fanfarrones.
“Paciencia”. “No escucha”.



La vocación
Para Sonny, pilotar es su esencia vital. Algo vocacional. Es, básicamente, la causa por la que vive.
–¿A qué hora ha llegado?
–Antes que yo… y antes que tú.
Sonny es solitario y profesional, obsesivo con su profesión, detallista, además de intuitivo y talentoso. Esas sensaciones especiales, casi artísticas, que todo el que ha competido o ha tenido cierto talento para una actividad, especialmente deportiva, ha sentido.
“Vuelo”. “Está volando”. Ese momento buscado.
“Todo esto es ruido”.
“Unos fracasados de mierda. Sentimentales. Y arruinados”.
Sonny no entiende su vida sin la velocidad, pero tampoco sin el objetivo de sentir ese momento de éxtasis, que aquí lo identifican con volar. Cuando llega, hace que todo merezca la pena.
–Necesito esto.
–Nadie pilota eternamente. Ni siquiera tú.
Sonny no siente la presión de otros, ya que sólo pasa facturas consigo mismo. Esas rencillas y demás le son ajenas.
“No pasa nada, te veo ahí fuera”. “No importa, te preocupa que sea más rápido. Hola, soy Sonny”.

La obsesión que vemos en Sonny por mejorar, del mismo modo que va moldeando a su compañero, es otra muestra de su pasión por ese mundo. Por todo lo que tiene ese mundo. De alguna forma él no logrará los mayores éxitos, pero sí pequeñas victorias, casi más complicadas que las obvias, pero además dejará su semilla en Joshua, que quizá sí logre esos otros éxitos.
Es interesante la visualización del accidente por parte de Sonny. Es en Las Vegas, tras el sexo con Kate. Fue el punto clave de su vida. Se visualiza en formato video, con interferencias y fundidos a negro, en forma de pesadilla. La carrera truncada de Sonny, pero que no terminó con su pasión, con lo que era vocacional.

Parte del discurso que Sonny le da a Kate al despertar de esa pesadilla, me remite al de Paul Newman a su novia en “El Buscavidas” (Robert Rossen, 1961). En ambos casos se lo dicen a una chica. Un discurso con el que me identifico muchísimo, como algunos sabréis. Sentir esos momentos, que se sienten, cuando compites, cuando algo se te da bien. Por eso es tan emocionante esa vuelta final hacia la victoria en Abu Dabi. En fin, lo que sucede en Las Vegas…
El accidente pudo dejarlo paralítico o incluso matarlo, dejó graves secuelas en su cuerpo, que son reprochadas por Rubén y excusa para despedirlo. Nada de eso paró a Sonny, ni en aquella ocasión ni en el nuevo accidente que vemos. La pasión. La vocación. El único sentido de la vida.
Obviamente, la oferta de ese oscuro y aparentemente frívolo directivo a Sonny, Peter Banning (Tobias Menzies), tipo tan listo como mezquino, va contra toda la esencia vital y vocacional del protagonista. Un papel ridículo con esos gestos forzados de disimulo que causan vergüenza ajena.
“… así que volví a pilotar. No importaba el coche ni el circuito ni que me viera nadie. Porque cuando estaba al volante estaba bien. A veces… pasa poco, pero… a veces hay un momento en el coche en que todo se queda en silencio, mi corazón late más despacio, hay paz, puedo verlo todo y nadie, nadie puede tocarme. Cada vez que subo al monoplaza persigo ese momento. No sé si volveré a encontrarlo, pero, ¡por Dios, qué ganas tengo! ¡Qué ganas! Porque en ese momento… Vuelo”.
“Ganamos”. “Sí, ganamos”. “Somos los mejores del mundo”.
Sonny seguirá su carrera, pasando de la Fórmula 1 a la Baja 1000. La esencia del piloto. La vocación es soledad.



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3/5




