QUENTIN TARANTINO
5/5
Amistad tarantiniana
Uno de los puntos que más me han gustado del film, a título personal, es la relación de amistad y camaradería entre los dos protagonistas. Adoro los films sobre la amistad, pero Tarantino no había logrado una relación con tanto encanto y acierto como esta en anteriores títulos. Una bella historia de amistad, de las más conseguidas del director.
Una relación laboral que es mera excusa para entregarse a esa amistad, para pasar tiempo juntos. Los vemos consolarse, darse ánimos, apoyo, defenderse…
–Debes ser un buen amigo.
–Lo intento.
…
–Eres un buen amigo, Cliff.
–Lo intento.





Una relación laboral que amenaza con romperse por las circunstancias, y que es simbólica, ya que está ligada a esa muerte de un tiempo, una época, una manera de entender el cine, que también estaba terminando con la década de los 60.
“Cuando llegas al final del camino con un amigo que es más que un hermano y poco menos que una esposa, agarrarse una tremenda borrachera es la única forma de decirse adiós”.
Hay en Rick esa necesidad, que casi cree no merecer. Es entrañable su ofrecimiento, casi tímido, a Cliff para ver F.B.I. juntos tomando algo y cenando. Él necesita de ese reconocimiento que su amigo le da de manera sincera, necesita reconfortar su ego, pero no por vanidad, sino por inseguridad. Cliff, a su vez, ofrece y recibe esa amistad sin matices ni dobleces, agradecido a su amigo por todo lo que le proporciona. Una amistad sincera.
En clave Tarantino
Uno de los aspectos más curiosos del film y que, seguramente, es de los que más ha decepcionado a sus fans, es la ausencia de violencia, en concreto, en cómo maneja las circunstancias para insinuar una violencia que no llega. Tarantino aquí juega con sus propias reglas y fórmulas, que amenazaban con hacerse rutinarias y previsibles, para coger al espectador con el pie cambiado.
En ese flashback donde se supone que Cliff mata a su mujer, Tarantino lo resuelve con una elipsis, llevando la contraria a lo previsible en su cine…
En el Rancho Spahn la violencia es breve, llega cuando menos te lo esperas. El entorno parece amable, pero poco a poco se va enrareciendo. Unos hippies majetes pero de extraño comportamiento… que, en realidad, dicen la verdad en todo, tan sólo inseguros por su propia actividad parasitaria… Todo va resultando inquietante, especialmente porque nos situamos en el punto de vista de Cliff, que finalmente ve frustrados sus prejuicios al encontrar al dueño, George, tal y como le dijeron que lo encontraría. Un George (Bruce Dern) que parece atontado, además de ciego, pero luego se muestra muy lúcido en sus réplicas… Una escena que se va haciendo cada vez más tensa, que parece presagiar violencia, donde todo resulta raro y sospechoso, para que Tarantino juegue a llevarse la contraria a sí mismo.






“El hawaiano viejo viene para acá”.
La violencia llega cuando todo parece haberse resuelto, cuando menos se espera. Una violencia breve, un par de puñetazos estilizados a cámara lenta. Y cuando se plantea un posible duelo con el tal Tex que alargue el momento placentero para los fans del Tarantino más sangriento… Cliff ya se ha ido… Siempre imprevisible…



Es fantástica la manera en la que Tarantino resalta objetos que luego serán importantes: el lanzallamas, la comida para el perro, los zapatos…

¡Madre mía! Lo que le gustan los andares a Tarantino… Vemos a todos los personajes andando, a cámara lenta o no, con el plano centrado en sus pies o sus piernas. Sobre todo en sus pies, fetiche del director, a los que da especial protagonismo, hasta el punto que bien podrían tener alguna nominación. Pies en los que se centra al bajarse de un coche, que descansan en una cama entre ronquidos (Tate), que se apoyan en el cristal de un coche (la hippie de Brad Pitt), que enseñan su sucia planta sobre la butaca de un cine (Tate)…
Todos andan, andan mucho. Los vemos pasear para deleite del director con profusión.












Utiliza las angulaciones con acierto, como en esa salida del restaurante donde Al Pacino ha dado una cura de humildad y ha explicado la realidad a Rick. Lo coge en ligero contrapicado en su emoción de ojos vidriosos, en el bajón, con un espléndido DiCaprio, para luego subir la cámara cuando se marchan de allí y nuestro protagonista se recomponga en ademanes de pura ira.


También las panorámicas vinculan, sobre todo a los protagonistas, como en la llegada de Charles Manson a la casa de los Polanski, o esa grúa que lleva de la piscina de Rick a la salida de los Polanski de fiesta…


Con los montajes paralelos también vincula, por ejemplo cuando muestra las cosas de Rick y Cliff en su soledad cotidiana, insertando planos de sus decoraciones y objetos… Y vincula al trío protagonista, cuando se ponen en marcha por la mañana, con una feliz Sharon, un centrado Cliff y un Rick hecho polvo… O en ese atardecer, donde vemos a varios personajes, Sharon saliendo del cine, Cliff recogiendo a Rick, Jim Stacy en su moto…


En un montaje paralelo largo pasaremos de la creación del trabajo con Rick Dalton a su resultado final con Sharon Tate, en lo que es un nuevo vínculo entre ambos que podemos añadir a los citados anteriormente. Un DiCaprio soberbio en su frustración profesional, su enfado, por no dar la talla en lo que considera su responsabilidad.






Como suele ser habitual en sus narraciones, Tarantino parte su historia en fragmentos, divisiones temporales con las que se juega. Tres fechas se fijarán. Y dentro de ellas tendremos flashback ocasionales rememorando algún trabajo pasado (rodajes y ensayos de Rick; el supuesto asesinato de Cliff a su mujer…). De hecho, el flashback con el supuesto asesinato de la mujer de Cliff, será dentro de otro flashback en el que se nos muestra por qué éste fue despedido del rodaje de “El avispón verde”. También fracciona las descripciones, por ejemplo de las casas de los protagonistas, ya explicado, pero también lo hará en esa donde viven los hippies en el rancho donde se rodaban Westerns, con ratas agonizantes incluidas.
Tenemos habituales chicos Tarantino como Michael Madsen o Kurt Russell, y alguno más que saldrá en la versión extendida.


El último tercio, el que han salvado los acérrimos del Tarantino más violento, plantea una curiosa narrativa, distinta a la del resto del film. Está narrada con una voz over, dando engañosa sensación documental. Tarantino presenta esa parte final como si fuera rigurosa, documentada y realista en su recreación, poniendo lugares y fechas que se corresponden con la realidad histórica en ciertos aspectos: Tate y sus amigos acudiendo a “El Coyote” a cenar a las 19. Rick y Cliff cenan en “Casa Vega” a las 20:32. Tate y sus amigos llegando a casa a las 22. Rick y Cliff haciendo lo propio a las 23:46. Una amiga de Tate se va a fumar y a la cama a las 23 horas. Sobre las 0:00 los hippies llegan con su coche a Cielo Drive… Cliff saca el perro, Rick hace margaritas, Cliff se fuma el cigarro con ácido…


Pero de repente, con la llegada de los “hippies”, esa voz over que pretendía un tono documentalista, que además es redundante, ya que cuenta cosas que vemos, desaparece discretamente… y comienza la invención pura y dura. De esta forma Tarantino va manejando los resortes narrativos intentando desconcertar al espectador.
Por supuesto, los fans tendrán su dosis de violencia desfasada, breve, pero satisfactoria, donde ajusta cuentas con aquellos que atacan al arte.
5/5



