ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD (2019) -Parte 1/3-

ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD (2019) -Parte 1/3-

QUENTIN TARANTINO

 

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las críticas de algunos a esta nueva película de Tarantino confirman o demuestran la falta de comprensión de su obra, de la obra de los autores en general, por parte de parte del público medio. Son críticas lógicas. La gente va a pasar el rato, a ser posible confirmando ciertas expectativas o confiando en que esas expectativas se queden cortas. Y cuando visitan obras de artistas con un estilo personal, esto se acentúa, porque quieren ver saciados esos elementos más superficiales de ese estilo, os más reconocibles para cualquiera, o sea.

El caso es que Tarantino siempre, desde su primer film, ha sido un cineasta nostálgico, pero en general planteaba su nostalgia con vigor, sin tono nostálgico. Nostalgia desde el concepto, desde la reivindicación de aquello a lo que tiene nostalgia, pero en general, y con excepciones, sin hacerla explícita. Nostalgia vigoréxica.

Con esta cinta, como ya lo hizo con «Jackie Brown» (1997), pero también con casi todas las anteriores, en forma o fondo, expone esa nostalgia de una manera más explícita desde lo estilístico. No es sólo una cuestión intelectual o conceptual, como en anteriores títulos, sino también sensitiva, quizá porque es uno de sus trabajos más sentidos, que le tocan más personalmente. Más maduros.

Obviamente, el público medio, lo último que entiende, lo último que piensa o sobre lo que reflexiona, es que Tarantino sea un cineasta nostálgico, así que cuando se encuentran con una cinta donde la violencia y las ocurrencias abruptas no aparecen, se decepciona, la tachan de aburrida o de la menos tarantiniana de su obra… Es lógico. Pero ni cierto ni correcto.

Si creéis que «Reservoir Dogs» (1992) o «Pulp Fiction» (1994) son películas menos nostálgicas que esta, verdaderamente vais despistadísimos. Los vestuarios, los entornos, los géneros, las referencias… todo remite a un pasado que el director idealiza, pero su nostalgia está focalizada de un modo original, personal. Aquí, como hizo en cierta medida en «Jackie Brown«, desnuda todo eso de parafernalias, entre otras cosas porque es su obra más sentida.

Porque la gran innovación de Tarantino al cine, o una de ellas, en esta época moderna, es una mirada nostálgica que no lo parece. La nostalgia en Tarantino, siempre presente, es salvaje, vigorosa, vehemente, como si fuera una ilusión, la ilusión de un descubrimiento. Una reivindicación de la nostalgia, el rescate del pasado, de todo aquello que le enamoró de pequeño, para mezclarlo, agitarlo y lanzarlo con toda la fuerza y la rabia de lo novedoso al mundo.

Es, sin duda, su película más íntima y personal.

Corría además Tarantino el riesgo de la previsibilidad. De ver reducido su cine a una fórmula, patentada por él, bien es cierto, complaciente con lo que espera su público, pero vulgar, reiterativa, superficial, donde su autenticidad y esencia se sustituiría por los ademanes que el público espera. Eso ocurría ya en “Django desencadenado” y “Los odiosos ocho”, donde todo iba gestando el clímax violento y sangriento que saciara a los que iban a ver el aspecto superficial de su cine, que tomaron como modelo el éxito de “Kill Bill”. Esto es algo que a Almodóvar le lleva pasando tiempo también, como si tuviera que dejar claro, en algún momento, que la película es suya con algún toque “transgresor” o “castizo”…

A tiempo ha rectificado Tarantino con este enorme film. Capaz de jugar con su propia fórmula para negarla y sorprender, aunque sea para decepcionar a algunos… Y eso que mantiene esos toques característicos suyos… de otra manera.

Contar una época

Tarantino no nos cuenta una historia, porque en realidad no la hay, sino una época y un sentimiento. Nos muestra su amor al cine y a esa época, nos cuenta por qué y nos enseña la pasión de aquellos que la encarnaban… Pero también reflexiona sobre el final de esa época y se venga artísticamente… No es Hollywood, es Cineland o, mejor, TarantinoLand.

Nos presenta una ciudad que huele a cine, que respira cine, que come en cine. Todo son spaghettis, bélicos, Westerns, policíacos…

Tarantino cita tres fechas concretas y todas ellas en 1969. Un año simbólico, de final de una época, el final del clásico y su transición que situaríamos en ese año, precisamente. 8 de febrero de 1969; domingo 9 de febrero de 1969; seis meses después, el 8 de agosto de 1969.

Y en esos años va surgimiento esa “contracultura”, que en muchos casos pretendía dilapidarlo todo, ir contra todo. Se menciona Vietnam, comunistas muertos y se utilizan demagogias simplonas de supuesta rebeldía hippie…

Vemos esos programas cinematográficos que hablaban sobre las interioridades de las películas y series de la época, así como de sus nombres, famosos y anónimos, sus pequeños secretos, como ese que vemos en blanco y negro dedicado a Rick Dalton y su doble, Cliff Booth

 

 

Vemos ensayos, con Rick utilizando un lanzallamas, también preparando rodajes, con Rick aprendiendo el texto; las esperas, con Cliff luchando con Bruce Lee o Rick reflexionando con una niña o la estrella de la serie que va a rodar; rodajes, como el de “Lancer”, esa serie Western… Los peculiares rodajes italianos con todos los actores hablando idiomas distintos…

 

 

 

 

Los pasos por vestuario, las instrucciones del director, el maquillaje… Menciones a las proyecciones caseras en 16mm y 35mm…

Son innumerables los cines y restaurantes que aparecen en la película en el retrato de un espíritu, una ciudad y una forma de entender la vida.

El Coyote”, “Taco Bell”, “Musso & Frank Grill”, “Chili John’s”, “The Supply Sergeant”, los Cines Westwood, el Bruin and Villages Theater, donde Sharon ve su película, el Aquarius Theater, el Pandora’s Box, el Cinerama Dome, el “Pussycat Theatre”, que era un clásico del cine erótico, de hecho vemos un estreno de cine porno en el film; “Vogue Theatre”, “Vine Theatre”, el “New Beverly Cinema”, el “Teatro Chino”, el Paramount Drive-In, el Van-Nuys Drive-In (donde Cliff tiene su caravana), el Pacific’s Cinerama Theatre

 

 

Es por ello que casi en cada escena, en muchas ocasiones abriendo los planos, muestra carteles de películas, anuncios de series televisivas o lugares de moda, que estaban íntimamente ligados al cine.

Por supuesto se trata de un mundo de fumadores y porretas, todos fuman como carreteros… o casi todos. Ese anuncio final de Red Apple es otra sana transgresión a estos tiempos puritanos y políticamente correctos. Un mundo de sobacos peludos y pies sucios…

 

 

La victoria del arte

Tarantino amaba, ama y amará el cine por encima de casi todas las cosas (supongo que la familia estará antes). Y esta película con aliento a testamento, la más madura y decididamente nostálgica, es una oda vigorosa a esa expresión. Una manifestación radical de amor que se revuelve contra aquello que lo amenaza o toca… Quien dice cine, dice televisión, arte audiovisual.

Le van a venir a contar a Tarantino en referencia a esos antagonistas hippies, que es el arte lo que genera violencia, no el toque en la cabeza de los perturbados, cuando él, que ha visto de todo, sabe que el arte lo que genera es inspiración y arte. El cine y el arte le hicieron a él director de cine, no asesino psicópata.

Y en esto la mirada inocente, infantil, ingenua, es esencial. Los tres protagonistas con los que Tarantino muestra su amor, están ligados a elementos inocentes o ingenuos.

Demuéstraselo a esa puta niña. Demuéstraselo a Jim Stacy”.

Y digo actor, no actriz, porque la palabra actriz es absurda”.

Rick Dalton tendrá su vínculo con la inocencia con esa niña con la que trabaja en el piloto de la serie donde ha sido contratado para hacer de villano. La pureza de la mirada de esa niña redicha le inspira y además sirve de colchón a la tesis de Tarantino. Profesionalidad, interés… ilusión. Diálogos que revelan una pasión y amor por el cine fuera de toda duda, ese que se crea en ese mismo estudio, confesión del propio Tarantino.

 

 

El de Cliff Booth será con esa chica hippie que no es mayor de edad aún, que le fascina en un principio. Pero es una inocencia pervertida, como descubrirá al poco tiempo, con ese componente sexual inicial y su entorno en el Rancho Spahn… El verdadero vínculo con la inocencia de Cliff es su perra, Brandy.

Hippie: Está claro que no soy muy joven para follarte, pero tú sí eres muy viejo para follarme a mí.

Cliff: Para lo que soy muy mayor es para ir a prisión por follar.

 

 

El de Sharon Tate será ella misma. Ella es la pureza y la inocencia. El retrato que hace Tarantino de Tate es casi frívolo, pero en realidad es cariñoso. La muestra feliz, inocente, ingenua… Por eso tendrá otro vínculo, el del bebé que llevará en su interior. Era ella la que debía dar a luz a la inocencia. Tarantino se lo permitirá hacer… Por cierto, me encantan los looks que saca Margot Robbie en la película, en especial el que viste de camino al cine para ver su peli con esas botas y minifalda blancas.

Como curiosidad, hay que decir que en pantalla aparece la verdadera Sharon Tate, en un tributo y homenaje en su honor bien merecido, única excepción.

 

 

Mirada

Esa idea de mirada, de mirada pura, inocente, incluso ingenua, que es capaz de fascinarse, es la que Tarantino trata de hacernos entender, porque es con la que él veía todos aquellos títulos, con la que él vive el cine. El disfrute del visionado. Vemos a mucha gente viendo cosas, películas, series, en el cine, en la televisión. ¡Como ahora! Cliff y Rick en casa del segundo, a Cliff también en su casa en solitario, a Tate en el cine (esas gafas enmarcando sus fascinados e ilusionados ojos), a Pacino en su casa con su proyector y mirando la televisión, hasta a los hippies, que se organizan para ver FBI…

 

 

Ven esas obras con entusiasmo y ganas, comentándolas, reivindicando a los secundarios o extras que participan, como hace el personaje de DiCaprio cuando ve su serie con su amigo…

Por esa fascinación, ese placer que provocaban, ese entretenimiento ante el que se siente en deuda, Tarantino no acepta manipulaciones, ni que se usen para justificar la propia demencia (hippies asesinos).

Una declaración de amor al cine, pero no como algo global o general, abstracto, sino a todo lo que contiene, humano y material, ese arte. Su mirada es honda, aunque aparente frivolidad. Todo ello queda de manifiesto en escenas tan espléndidas como esa en la que junta al actor en declive y a la niña principiante, que no es en absoluto gratuita, sino toda una tesis. La emoción de DiCaprio al identificarse con el protagonista de la novela de vaqueros que está leyendo (ficción literaria-vida-cine, el poder del arte), ese tipo que fue el mejor, pero ahora está lejos de serlo, conmueve, sobre todo al contrastarla con esa niña.

 

Es el triunfo de un actor en un momento clave para él. Íntimamente esencial. Cuando cree que su carrera va hacia abajo, que está en declive, cuando el olvido amenaza, cuando nadie lo considera como antes, pero él se reivindica más allá del estrellato, haciéndolo bien, simplemente. Elogiado por el profesional, el director, y por la inocencia, la niña, lo que dota de absoluta pureza a ese arte. Rick Dalton valorará la opinión del profesional, pero se emocionará con la de la niña, regocijándose en un momento sublime de intimidad, aunque no sea un producto estrella (un piloto de una serie donde hace de villano). Es la escenificación del amor a ese arte, a esa profesión. Respeto casi sacramental de Tarantino a la profesionalidad.

Dentro de 15 años lo vivirás”. “Has improvisado una triple aliteración”.

 

 

Un Tarantino que se muestra casi amoroso, comprensivo, reivindicador de esos talentos que los demás olvidan, con grandes trabajos en proyectos poco valorados o sobresalientes, pero que para él cuentan, como demostró con Travolta, Pam Grier, Robert Forster, David Carradine

Tarantino nos muestra los diversos roles de aquel Hollywood, de esa gente que creaba y disfrutaba haciendo aquello que el director adora. Y de una realidad nos cuenta una idealizada película.

Le da protagonismo a tres de esos roles especialmente. Representantes de esa profesión que adora. La estrella en declive, la estrella pujante y el especialista.

 

 

Rick Dalton es la estrella en declive. Un exitoso actor televisivo que intentó triunfar en el cine. Está en un momento crítico de su carrera, intentando subsistir y no perder su reputación… El representante que interpreta Pacino le advertirá de cómo las cadenas lo están utilizando, encasillándole, usándole, manejando ese prestigio para dar caché a su producto, pero convirtiéndole en un estereotipo, en el villano al que matar o apalear en una pelea al final del capítulo en cuestión…

Es una estrella que tuvo gran éxito, vive allí, en Cielo Drive, tiene al bueno de Pitt a sueldo, se codea con lo más granado aunque su estatus no sea ni lo que fue ni el de una superestrella.

Lo que el público ve es a Bingo Martin zurrándole la badana a Jake Cahill”. “Al suelo tu carrera como actor principal. ¿O quieres ir a Roma a protagonizar Westerns y ganar esas putas peleas?

El Spaghetti Western será una salida digna, como lo fue para muchos actores que veían languidecer o peligrar su carrera. Grandes trabajos en muchas ocasiones, algunas veces lo era también la película, otras había estupendas encarnaciones… muchas veces olvidadas, pero reivindicadas por Tarantino.

Ya es oficial, chico. Soy una vieja gloria”. “¡Qué son películas italoamericanas! ¡Ese es el puto problema!”.

No llores delante de los mexicanos”. “¡Qué más da que llore en público, nadie se acuerda de quién cojones soy!”.

 

 

La soledad de Rick es más lujosa que la de Cliff. Ensaya en su mansión, entre margaritas, con su grabador-reproductor. Un lugar que Tarantino, como hará con la caravana de Cliff, nos mostrará con diversos insertos que se pasean por las paredes, mucho más ególatras en el caso de Rick, para que veamos su entorno.

Leonardo DiCaprio está soberbio, como de costumbre. Observad sus cambios de tono, su infinidad de registros. Es él el que de verdad hace una interpretación, el que actúa, el que tiene un personaje de cambia, evoluciona y tiene arco, mostrado todo con una expresividad extraordinaria. Mirad esa escena donde sale de su reunión con Pacino completamente devastado, con los ojos húmedos, rompiendo en llanto… De ahí pasará a la ira y la frustración para, una vez charla con su amigo Pitt, matizar sus quejas y llegar al entusiasmo por tener a los Polanski de vecinos…

 

 

Rick Dalton es nervioso, inseguro, vulnerable, inestable, sensible, cambia de humor con rapidez, un retrato muy fiel al que dan muchos actores. No termina de estar seguro de nada, necesita confiar en la gente, es de emociones extremas…

Observad ese tic nervioso cuando está inseguro, aparece un par de veces, por ejemplo cuando tiene que decirle a Cliff que no podrá seguir pagándole…

 

 

Cliff Booth es el especialista. También demuestra Tarantino su amor a los especialistas, auténticos profesionales, que se la jugaban de verdad. Los honra en el personaje de Cliff Booth. Lo seguirá hasta su casa de una manera profundamente simbólica. Parece que no pasa nada en toda esa secuencia, en esa descripción del pequeño mundo del personaje, pero hay mucho más. Ellos son el sostén y la base, cimientos para que las estrellas luzcan de verdad, para que la magia sea posible. La parte trasera del estrellato. ¿Y cómo lo muestra Tarantino? Colocando su vivienda, una discreta y humilde caravana, en la parte trasera de un luminoso cine, que está proyectando una película de Sinatra y Welch

Y observad cómo lo rueda. Una grúa que se eleva sobre ese cine, la luz del proyector que glorifica todo e inunda el encuadre… y luego un plano del coche de Cliff, en la parte trasera, en la oscuridad, llegando a la humilde caravana (con una moto y unas pesas fuera que al menos nadie roba). Una caravana que Tarantino describirá casi con devoción, observando y acariciando las paredes, posters, muñecos, cómics, guías televisivas y objetos que allí hay, con la televisión encendida, que luego verá en soledad. Alejado de la “élite”, un elemento tangencial… y auténtico.

 

 

Puedes hacer con él lo que te dé la gana. ¡Joder, tíralo desde un edificio! ¿Vale? Préndele fuego, atropéllalo con un puto Lincoln…”.

Cliff vive una vida modesta y discreta, feliz con su perro y su trabajo junto a su amigo actor. Un tipo estable y tranquilo… casi siempre. Tiene un pequeño coche y una caravana que cuida su perra. Birras, comida con su perra, cigarros, pistolas, tele…Es, además, un tipo práctico. Siempre está dispuesto a ayudar a Rick y a trabajar si se diera ocasión en lo que le gusta, especialista… Es estoico, asumiendo su situación con naturalidad cuando su amigo le dice que no podrá seguir pagándole…

 

 

 

Rick, soy tu chófer, tío. Tu chico para todo. No me quejo en absoluto. Me gusta llevarte por ahí, me gusta hacer chapuzas y cuidar de tu casa de Hollywood Hills cuando no estás, pero hace tiempo que no me gano la vida como especialista y, según yo lo veo, ir a Roma a protagonizar películas no parece un destino peor que la muerte como tú dices que es”.

Un tipo tranquilo pero con un pasado problemático. Sabemos que dentro de esa aparente calma bulle alguien capaz de violencia. Es su fanfarronería y afición por la camorra lo que le lleva a meterse con Bruce Lee y terminar peleando con él, lo que terminará con el despido de su trabajo en “El avispón verde” como especialista de Rick, que se lo había conseguido.

Normal”. “Es un puñetero héroe de guerra”.

Brad Pitt ha sido muy elogiado por su papel, ganando infinidad de premios, y los que le quedan, si bien no hace otra cosa que su tipo de personaje prototípico: el chulito sobrado. El gran mérito de su personaje hay que dárselo a Tarantino y su creación, ya que Cliff Booth es realmente encantador. Pitt está correcto, como tantas veces, pero lo que enamora se debe en gran parte a lo escrito por Tarantino, porque interpretativamente Pitt hace lo de siempre, hace de él, el papel, el rol, el rango en el que se encuentra más cómodo. No necesita arco dramático durante la narración, es siempre el mismo. Este papel se sale poco de los realizados en la saga Ocean’s, Thelma & Louise, Entrevista con el vampiro, Leyendas de Pasión, Seven, La Sombra del Diablo, El club de la lucha, Spy Game, Troya, Sr. y Sra. Smith, Corazones de Acero, incluso en roles tan elogiados, incluso por mí, como el de Snatch. Cerdos y diamantes… donde, con matices, unas veces más amenazador, otras más ingenuo, otras más chulesco o duro, se mueve en un rango cómodo, de gestualidad sobria, contenida, limitada. El chulito sobrado. Os dejo primeros planos, que podéis contrastar con el rango infinito de DiCaprio. No nos engañemos, este papel DiCaprio lo hubiera sacado sin muchos problemas, pero es más complicado pensar que Pitt lograra clavar el de Leo

 

 

 

Sharon Tate es la estrella en ciernes. Su retrato es frívolo, ella es feliz, sin más. Es la pureza inocente. Ella se dedica a disfrutar de su vida, de ese éxito que va creciendo, de su lujo, de su creativa pareja, de sus fiestas. Sharon Tate baila. Y sonríe. Es el retrato del hedonismo, de la felicidad plena haciendo lo que haces, lo que te gusta. Una vida plácida y artística, junto a Roman Polanski.

También su casa será retratada, también habrá posters egocéntricos, como egocéntrica es su visita al cine a ver su película, su satisfacción ante las risas y aplausos de la gente. Flipa y se regocija con los aplausos y las risas de la gente en sus escenas. Es un egocentrismo encantador, de quién aún no es una estrella, pero comienza a tener éxito, esa satisfacción por lo logrado, sincera, auténtica, genuina, que aún no es cínica.

 

 

Liga a estos personajes con algunos vínculos visuales: En montaje paralelo se centra en ellos, del programa donde aparecen Rick y Cliff a Sharon con Roman. Dos parejas, el declive y el inicio. El amor y la ilusión por una profesión que Tarantino adora y respeta.

Esa escalera de caracol, que vemos en el avión para llegar a Sharon y luego en la recreación de la película de Rick, “Los 14 puños de McCluskey”.

 

 

Veremos descender por una calle de Cielo Drive tanto al coche de Cliff como al de los Polanski haciendo el mismo recorrido inicial (contrastará con el de los hippies, siniestro), uno camino a su casa, supurando libertad, los otros a una fiesta, supurando felicidad.

 

 

También veremos a Sharon y a Cliff recoger a hippies o similares, que hacen autostop.

 

 

Rick Dalton en el papel de McQueen en “La Gran Evasión” (John Sturges, 1963) marchándose dándonos la espalda-plano de Sharon Tate andando dándonos la espalda por la calle. Un McQueen al que vimos en una escena anterior, en una fiesta. Porque Rick Dalton una vez fue como Sharon Tate

Cliff verá llegar a Charles Manson a la casa de los Polanski, al que también verá Sharon. Otro vínculo lo tenemos con Bruce Lee, a quien vemos pelear con Cliff y ensayar con Sharon.

 

 

Amor al cine que, obligadamente, debía recrear la gestación de escenas. Es sensacional esa primera, de Western, con un enorme DiCaprio. Es la escena que le vimos ensayar en casa al inicio del film. Observen la seguridad inicial de villano recio de cinta del oeste. Su gestualidad controlada y paso firme, sus ademanes y gestos relajados… Una seguridad inicial que poco a poco va tambaleándose, derrumbándose progresivamente con las dudas y los errores, hasta hacerlo sobreactuar, donde la gestualidad se exagera cada vez más y el lenguaje corporal es cada vez más rígido y artificial… Una maravilla del actor…

 

 

¡Te bebiste ocho!” “¡Deja de beber ahora mismo! ¿Vale? ¡Prométetelo a ti mismo!”. “Demuéstraselo a esa puta niña. Demuéstraselo a Jim Stacy (Johnny Madrid)”.

Y el arte volverá a funcionar en la vida, como en escenas anteriores, aunque esta vida sea ficcionada, con Rick Dalton aplicando su lanzallamas de “Los 14 puños de McCluskey” a una hippie con aspiraciones asesinas.

Tarantino termina su obra con una ficción, como en “Malditos Bastardos” (2009), aplicando su arte y creatividad para dejar las cosas como le gustarían, como deberían ser, como deberían haber sido.

Y una verja que abre la encantadora Sharon Tate, repleta de vida. Una idealizada realidad, función artística, donde aquel sueño de Rick quizá se cumpla y ruede con Polanski en ese mejorado y estupendo universo paralelo tarantiniano que pudo ser… en Hollywood.

Porque el arte no es inspirador de muerte, sino canalizador de la vida.

 

 

El tumor

Tarantino identifica a los hippies con un tumor, con parásitos, con virus. Una metástasis que fue eliminando, de la mano de Vietnam, la magia, incluso la inocencia, la maravilla artística y profesional, enfundados en forma de “contracultura” que todo lo cuestionaba con un proceder parasitario, vírico.

 

 

 

 

Observad esa presentación. Tiene varias capas de significación. Un retrato contundente y despiadado. Presenta a un grupo de chicas distorsionadas, difuminadas, rezongando entre la basura, buscando comida o algo que llevarse, las sobras de otros. Las presenta, como tantos otros planos de la película, ante un mural cinematográfico, porque el cine, ya sabéis, todo lo ocupa en esa ciudad tarantiniana. Un cartel que las minimiza, dejando patente el puesto de cada uno, el cine imponente sobre las hippies que buscan, minimizadas, en la basura. Pero el cartel es de un Western. Y es que esas chicas ocupan un rancho, otrora activo, donde se grababan Westerns, en el cual se han asentado y colonizado, fagocitándolo. La visita de Pitt y su actitud despierta la reflexión sobre ese mundo parasitario, vírico, tumoral, que amenaza con extenderse, comerse, ocupar y sustituir a aquel otro que existía… Un estudio abandonado en contraste con el estudio activo donde trabaja Rick.

 

 

Unos planos que parecen a escala de la propia concepción y reflexión de Tarantino acerca de esa época y ese movimiento.

¡Malditos hippies hijos de puta!”.

¿Charlie no está?” “¡Joder! Quería que Cliff conociera a Charlie”. “Vaya… le vas a gustar a Charlie”.

 

 

 

 

Repentinamente, Tarantino comienza a usar una voz over para narrar la última parte del film. ¿Por qué hace eso? Con este recurso, así como el hincapié en concretar las horas y los lugares por los que se mueven los personajes, plantea una falsa sensación documental, sobre todo cuando a grandes rasgos la descripción es precisa sobre lo que aconteció la trágica noche del asesinato de Sharon Tate y sus amigos en la residencia de los Polanski. Un «rigor» que sólo se refiere a los tres protagonistas, los héroes del director: Rick, Cliff y Sharon. Dos inventados, uno real.

 

 

Pero en vez de ser riguroso durante toda esta parte final, comienza a introducir divergencias con “la versión oficial”, sobre todo en lo concerniente a esos “putos hippies”, que el director identifica con tumores. Se plantea así un duelo entre la comunidad del cine y la hippie. Entre lo que Tarantino ama y esa contracultura sesentera/setentera que pretendía exterminar todo aquello. Aquí los Manson deciden finalmente matar a todos los que están allí por una ocurrencia repentina, más allá de la orden que citan de Manson, circunscrita a la casa de los Polanski. Ellos deciden hacerla extensiva a esa comunidad cinematográfica “que los ha enseñado a matar”.

Un absurdo e injustificado acto de venganza que se sacan de la manga porque son unos fanáticos ideologizados, psicopáticos.

De hecho, en esta parte final, vuelve a mostrarlos sin individualizar. La oscuridad los cubre, sus rostros no se ven en buena parte de su paseo hacia las casas de los protagonistas.

Mi idea es que matemos a la gente que nos enseño a matar”. “La gente a la que una generación vimos matar cuando éramos niños vive aquí, rodeada de un lujo de cojones. Propongo joderlos, cortarles la polla y hacer que se la traguen”.

 

 

Es aquí, con este discurso, donde Tarantino se muestra, da su visión, subtexto e idea en este duelo. Esos añadidos o pequeños cambios (la chica que se da el discursito para convencerse…). Con estos añadidos en las motivaciones de los hippies, Tarantino además justifica que entren en la casa de Rick primero y no en la de Sharon Tate.

¡Putos hippies! Habéis entrado a fumar porros en esta calle oscura, ¿eh?” “Sucios hippies de mierda”.

Unos putos hippies pirados han entrado en mi casa”.

Sois de verdad, ¿no?

Cliff: ¿Eres?

Tex: Soy el diablo y he venido a hacer la obra del diablo.

Cliff: No, era algo más chorra. Algo tipo… Rex.

 

 

Tarantino, a través de su obra y libertad creativa, como ya hizo con Hitler en “Malditos Bastardos”, se venga y desprecia, a la par que destroza y aniquila, a aquellos que mezclan arte con la psicopatía, que justifican su violencia y actitudes con lo visto en la televisión y el cine, o lo leído en un libro. Algo de lo que le acusaron a él y ante lo que se rebeló.

Sharon Tate: Pero… ¿estáis todos bien?

Rick Dalton: Bueno… Los putos hippies no. Eso te lo garantizo.

 

Porque, querido amigos, no es baladí ese eco con el uso del lanzallamas que DiCaprio utiliza para exterminar nazis en la ficción y hippies en la “vida real” que inventa… ¡Me encanta su sutil mala leche!

Los agresores eran unos hippies hijos de puta”. “Dichosas bandas de hippies de mierda…”. “Sucios hippies de mierda”.

Así ajusta cuentas Tarantino con aquellos que atacan el arte que él adora.

La carta de amor de Tarantino al cine lo abarca todo o, desde luego, buena parte de ese mundo cinematográfico y televisivo, de aquella época que iba a cambiar, donde el clásico daría paso a otra cosa.

 

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

There are 2 comments on this post
  1. abril 14, 2020, 11:36 am

    Aunque en el equipo no somos especialmente fans de Tarantino, sí que le reconocemos que es un gran creador de cine, y esta, nos quedó totalmente en el tintero. Habrá que esperar, y más después de vuestra disertación, a que alguna plataforma la ponga en su catálogo.

    • sambo
      abril 14, 2020, 1:10 pm

      Espero que os guste, pero a muchos que sí son fans no les ha convencido por salirse de ciertos patrones que tenían previstos…

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