JACQUES AUDIARD
3/5
Se busca referente feminista, LGTBI y demás desesperadamente. “Emilia Pérez” es un nuevo ejemplo de esa búsqueda hasta ahora bastante infructuosa. “Mujercitas” (Greta Gerwig, 2019), “Nomadland” (Chloé Zhao, 2020), “Historia de un Matrimonio” (Noah Baumbach, 2019), “Una Joven Prometedora” (Emerald Fennell, 2020), “Ellas Hablan” (Sarah Polley, 2022), “Barbie” (Greta Gerwig, 2023), “Pobres Criaturas” (Yorgos Lanthimos, 2023)…
Es fresca e impredecible, ciertamente, pero aunque su desfasada trama se encubre bien desde el artificio del musical, el conjunto se cae porque el foco se pierde y diluye. Quiere ser muchas cosas, abarcar demasiado y abanderar todo lo posible.
“Emilia Pérez” es una de tantas películas que se olvidará en poco tiempo. Correcta a lo más, con cierta dosis de excentricidad para hacerla particular, y dentro de una corriente de moda usada de manera ideológica para alzarse si le toca la lotería. Le tocó. Se fijaron en ella los que debían y ahí la tenemos. Lo que está ocurriendo con esta película, que es del montón, su alzado y caída, se estudiará con el tiempo.
Reivindicación trans, crítica a la violencia de los cárteres en México, narcotráfico, empoderamiento femenino, feminismo militante… “Emilia Pérez” va de un monstruo que es monstruo mientras es hombre, pero que se convierte en ser de luz con su cambio de sexo.
“Emilia Pérez” es una amalgama difícil de congeniar, donde pretende artificio y, a la vez, elementos realistas crudos en una trama delirante, casi sin sentido, llena de lagunas, por eso se antoja una decisión inteligente el uso del musical para sostener la credulidad del espectador, que ve la propuesta como alocada, pero con sentido desde la irrealidad que otorga el género.
Más allá de estos defectos, lo cierto es que se logra una buena cohesión a través de ciertos aspectos y temas que iré analizando.
El cambio. El pasado.
El concepto de cambio es una de las claves de la película, quizá la más importante. Cambio voluntario, obligado o que llega sin comerlo ni beberlo. De alguna manera, todos los personajes de la película se agarran al cambio, incluso aunque no lo busquen. Una vez están sumidos en ese proceso o el proceso se ha consumado, se aferrarán a él… con matices.
–Por supuesto, el cambio más obvio en la película es el de “Manitas” (Karla Sofía Gascón), que además será el motor de todos los demás cambios. “Manitas” es un jefazo de un cárter de la droga. Un hombre sádico, cruel, despiadado, que ha matado a muchísima gente y ordenado matar a aún más.
Su cambio será físico, un cambio de sexo, con el que llegarán todos los demás cambios. “Manitas” se convertirá en Emilia. Y de sádico asesino pasará a ser amorosa madre y ser de luz altruista. Es un cambio buscado y voluntario.

Habrá matices en “Manitas”/Emilia, cierta sensibilidad mientras es hombre que vemos con su familia, incluso con Rita, del mismo modo que se mostrará inflexible e iracunda con Jessi como mujer. Se humanizará al monstruo, se pondrán ciertos defectos al ser de luz…
Su relación con Rita es de interés mutuo, que luego se torna afectiva. Con Jessi es, quizá, más compleja… Y es que “Manitas” renacerá literalmente. Morirá para todos y renacerá como Emilia tras fundidos en negro.
Tendrá otro cambio Emilia, debiendo ejercer de “tía” con sus propios hijos para no descubrir su mascarada.
Con la creación de “La Lucecita” se producirá otro cambio, una exposición pública.
Emilia terminará la narración convertida en mito. El mito, para serlo, requiere de desconocimiento y/u olvido. Será una despedida musical, un himno.




–Rita (Zoe Saldaña), la abogada, sufrirá otro cambio, menos evidente, pero profundo también. Es un personaje interesante, bastante consciente del mundo que la rodea. Un mundo al que no se opone, sino que usará en su favor, pero terminará haciendo el bien con métodos no siempre claros ni limpios.
Rita es un camaleón. A Rita la define, de hecho, el cambio. Sobrevive gracias a su capacidad de adaptación. Si bien en un principio querrá hacer bien las cosas, procurando condenar a un hombre por asesinar a su esposa, cambiará cuando así se lo ordene su jefe, haciendo un brillante alegato para defender un suicidio.
El pacto con el diablo que parece firmar con “Manitas”, que valora su trabajo y la contrata, no hace sino expandir esa naturaleza adaptable de Rita.
El cambio le sobreviene a Rita. Se lamenta de su situación, pero jamás pensó por donde saldría la vida para llevarla por otro cauce. Podrá elegir, y elegirá esa vereda incierta.
En cierto sentido, parece que el cambio es justo lo que Rita esperaba, llegando a un punto en el que se siente cómoda. Rita estaba hecha para esa vida, comprendiéndolo sólo cuando está inmersa en ella.

Además, Rita es la más desconcertada. De alguna manera no termina de entender la profundidad de su cambio o el hecho de que ese cambio era justo lo que deseaba. Por eso cree que su trabajo con Emilia es un paso atrás o cuando le dicen que ha cambiado la vida de Emilia, lo entiende en el peor sentido en un principio.
–Jessi (Selena Gómez) es víctima o beneficiara de un cambio que le llega sin comerlo ni beberlo. Verá alterada toda su vida de la noche a la mañana por la secreta decisión de su marido. Todo lo que creía cierto y establecido se convertirá en la nada para tener que reinventarse zarandeada por las decisiones de otros… hasta un punto límite.
Se dejará llevar dentro de una vida que cree cómoda, en la que no le falta de nada, aunque diste de ser lo que ella buscaba o soñaba. Cambiará su vida dos veces, cuando tenga que ir a Suiza y en su regreso a México. Allí intentará coger las riendas de su vida.
Jessi sufrirá la pena y el duelo por la supuesta muerte de “Manitas” y de la vida tal y como la conocía, atrapada en una Suiza que aborrece…
Ya de regreso en México, Jessi cambiará su actitud según se vaya adaptando y tenga unas buenas folladas con su antiguo amante, donde ve poco a poco acercarse a cierta independencia. De la frustración a la felicidad.
En este proceso tendremos una conversación con confesiones involuntarias por parte de Jessi a Emilia.
La canción sobre “Quererse a sí misma” retrata a la perfección el cambio de Jessi, feliz en su independencia.

Otra persona cambiará en este proceso. Se llama Epifanía, y será el último interés amoroso de Emilia. Epifanía, junto a Rita, serán los dos pilares fundamentales de Emilia.
El cambio también está ligado a las sustituciones. “Manitas” sustituye su personalidad, pero también al padre de sus hijos por una “tía” (bien es cierto que veremos a una Emilia cada vez más “madre” de sus hijos). Jessi sustituirá a un hombre por otro. Rita lo hará en lo laboral… Hasta en pequeños gestos, como la nieve real de Suiza por una máquina de esquí en México para que jueguen los niños (y las trabajadoras).
El cambio será el tema principal de la canción que canten a dúo Rita y el doctor de Tel Aviv, que es mi favorito de la película. El cambio que produce el sexo en la vida, la perspectiva, la sociedad. El cambio físico que, en realidad, no puede cambiar un interior… El cambio físico y su posible vinculación con el interior…
“No puedo cambiar el alma”. “Siempre he sido dos. Mi verdadero yo y la bestia que me ha seguido como una sombra”.
“Estás cambiando la vida de la gente, Emilia. No solamente a ellos. A mí. A todos”.
“Me dijo que eres como su hermana. Que le cambiaste la vida”.
Audiard usará sucesivos fundidos en negro para los cambios de “Manitas” y Rita. La subjetividad del primero, mirándose su sexo como reconocimiento de su nuevo ser. Emilia Pérez. Hay más fundidos, que funcionan como signos de puntuación narrativos.
Y cuatro años después, coincidiendo con Rita en Londres, que goza del dinero conseguido…
“Me da gusto hablar español”.
El pasado y cómo se enfrenten a él será decisivo. La película parece premiar a aquella persona que se decide a romper con el pasado, sea cual sea la consecuencia. A aquellas que ceden a la tentación de acudir a él, por la causa que sea, se las condenará, como sucede con Jessi y Emilia.

Conforme se alejan del pasado se hacen felices, pero cuando se va renunciando a esa huida la situación se complica. Regresar al pasado, traerlo de vuelta o reconocerlo, especialmente en lo personal, atrae la tragedia.
Rita se entrega a la causa de Emilia, renunciando a la comodidad de su zona de confort, arriesgándose hasta límites insospechados, llegando a portar un arma y enfrentándose con delincuentes cara a cara.
Emilia, en cambio, recurrirá a las malas artes que conoce de su pasado para intentar atemorizar al novio de Jessi, imponer su voluntad a la que fue su mujer y quedarse con sus hijos. Incluso en su proyecto de “La Lucecita” se pondrá en contacto con antiguos asesinos presos del que era su mundo.
“Sé que tengo que dejar muchas cosas atrás, pero… no puedo hacer otra cosa”.
“Adiós, Rita”.
Jessi, por su parte, rompe con aquel pasado, pero luchará para conservar el dinero que le dejó “Manitas”, del mismo modo que muestra debilidad cuando entiende que “Manitas” es ahora Emilia.
La veremos adentrarse en la oscuridad cuando tenga que ir a Suiza…
El pasado comenzará a inmiscuirse en la vida de Emilia, a través de su amistad real con Rita, en la escena del mercado. Será Rita quién preguntará a Emilia si no piensa en el pasado, precisamente.
“¿No piensas, de vez en cuando, en todo lo que hizo ‘Manitas’?”.
“¡Son mis hijos!”.

Al pasado recurrirá Emilia cuando es secuestrada por Jessi y su amante (Édgar Ramírez), como digo. Allí confesará todo… recibiendo el perdón, de alguna manera, de Jessi. Preludio de la muerte. “Perdóname”.

Prisiones y liberaciones.
Eso del cambio y el pasado hay que ligarlo a la idea de prisión y su liberación. Las tres mujeres protagonistas, y alguna más después, son prisioneras de distintas maneras en la vida.
Rita es prisionera de la propia esencia de su país. Del machismo, del miedo, de los prejuicios. Su talento siempre aparece sometido y limitado por hombres o jefes que dictan sus pasos según les conviene, cambiando a voluntad, usándola en su beneficio.
El cambio vendrá de otro hombre amenazante, pero finalmente ese camino la llevará a la liberación por las sendas más extrañas y menos recomendables. Su llanto convirtiéndose en risa tras acabar con éxito su trabajo con “Manitas” escenifica bien todo esto, una liberación que surge de la tensión y el miedo del riesgo que tomó.
Emilia vive en la prisión de su sexo. Un hombre que ejerció de tal con toda su rabia mientras ocultaba o mantenía presa su verdadera naturaleza. Con firmeza y valentía decidirá liberarse de eso y dejar todo atrás.
“Yo sólo deseo ser ella”. Un buen tema sobre la vulnerabilidad de “Manitas”.
Es interesante que “Manitas” y Jessi tengan esa especie de vida itinerante, viviendo en autobuses y camiones, al aire libre, contrastando con sus prisiones psicológicas.
Jessi vive presa de su bienestar. Una vez muere “Manitas”, se la encerrará en una jaula de oro en la que sólo tendrá dinero y el alivio de sus hijos. Cuando regrese a México decidirá escapar de esa jaula con un antiguo amante.
A la buena de Selena Gómez no nos la presentarán hasta la media hora de película. Una mujer desarraigada que, en su fuero interno, parece querer volver a los Estados Unidos. Desarraigada.
Epifanía (Adriana Paz) también vivía en una prisión de maltratos, de la que la muerte y Emilia la rescatarán y liberarán.


Lee aquí la Última Parte del análisis.
3/5







