ELLAS HABLAN (2022)

ELLAS HABLAN (2022)

SARAH POLLEY

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es otra cosa que una película de cuota. Son bastantes las películas que mejoran lo que ofrece “Ellas hablan”, que toca un tema que, particularmente, me causa cansancio.

No es que la película diga algo inconveniente, todo lo contrario. Reflexiones y sentencias, contantes y cansinas, lógicas. Y ese es el problema. Todo esto, a gente bien educada en valores normales de respeto al prójimo, de no hacer daño a nadie, sea hombre, mujer o animales, le suena a manido, obvio… No digo que innecesario, pero como lo sería el cine infantil, con el que entroncaría. Desde luego, al que le haga reflexionar, cambiar o le entretenga recibirá un gran regalo, pero no sé hasta qué punto se logrará eso con esta película y aquí. Además, si es necesario explicar ciertas cosas… en fin.

Ellas Hablan” es otra especie de alegoría, al estilo de algunas películas que se han estrenado este año, pero en torpe y en peor.

Quizá una película en países donde se vulneran derechos de verdad y de forma salvaje, sistemática, donde las discriminaciones y los castigos por tendencias son legales, aplaudidos y defendidos, pueda ser significativa, pueda ayudar a cambiar eso, tendría interés y drama, tensión, pero me da que la mirada hacia allí sólo pretendería condenar y castigar de nuevo a nuestra sociedad por “no aceptar” y blablá…

Claro que hay sucesos así, gente así, claro que hay que condenarlo y censurarlo, como no para de hacerse, como cualquier violencia o problemática, pero su censura y condena en esta sociedad lleva años ejerciéndose, una sociedad donde las mujeres y las minorías tiene sus derechos absolutamente amparados por igual… Por tanto, todo resulta obvio, redundante, infantil, por mucho dinero que dé.

Lo que sigue es un acto de imaginación femenina”.

Aquí tenemos una especie de variación del concepto y estructura de “Doce Hombres sin Piedad” (Sidney Lumet, 1957), guardando las distancias, claro, porque la de Lumet es una joya y esta… esta… pues no. “Doce Hombres sin Piedad” con el juicio hecho y una conclusión a determinar menos definida, pero con parámetros absurdamente obvios y condescendientes.

Puede que a veces el perdón se confunda con permiso”.

Ellas Hablan” trata de la maldad intrínseca del patriarcado y cómo deben responder las mujeres. El patriarcado establecido y las jerarquías de poder, donde los hombres también son víctimas y, por tanto, inocentes… Una maldad, la de los hombres, camuflada en Satán o fantasmas. Una colonia en este siglo, en 2010, pero que parece del XIX, donde los hombres se dedican a sedar con tranquilizantes para vacas, violar, pegar, machacar, maltratar, abusar… a las mujeres. Opresión masculina mezclada con fanatismo religioso para pasar los ratos libres entre sus quehaceres.

Unas mujeres y unas niñas sin formación, analfabetas, que no tienen derecho más que a hacer sus labores, cuidar a sus hijos y servir a sus maridos. Ojo, esto ha sido así mucho tiempo, y no por voluntad de la mujer. Y, ojo, sigue siendo así en muchos lugares. Y no conviene olvidarlo.

El debate que se vertebrará en la mencionada estructura a lo “Doce Hombres sin Piedad”, donde unas irán convenciendo a las más reticentes hasta lograr el consenso, más o menos, girará en torno a tres opciones. 1ª. Quedarse y hacer como si nada pasara, que todo siga igual.

 

 

2ª. Quedarse y luchar contra esa opresión para revocarla. Una rebelión. 3ª. Huir de allí a prosperar y cambiar en otro lugar.

La 2ª y 3ª opción serán las más votadas, afortunadamente, pero tendrán que decidir… Desempatar, que mira que era difícil empatar.

Escucharemos a todas las vertientes, desde las más conservadoras a las más radicales, en un sentido u otro… A las más reaccionarias y a las más moderadas y sensatas.

Elegirán, por supuesto, marcharse de allí y comenzar de nuevo buscando el sueño de la igualdad colectiva. Hacerlo supondrá abandonar a los hombres que aman, al monstruo del patriarcado, aunque no todos ellos son malos, es esa filosofía que se apoderó de ellos…

 

 

Uno de los más graves problemas de la película es que carece por completo de la más mínima tensión. Es puramente discursiva, despojada de suspense o intriga. La llegada de los hombres, o de alguno, pretende ser un elemento de incertidumbre, como la supuestamente amenazante presencia de Klass (el marido de Mariche interpretado por Eli Ham), el hombre que regresa, pero nada más lejos de la realidad, porque nada cambia en el tono ni el proceder de lo que vemos.

Así, en el debate, iremos introduciendo conceptos metafísicos y filosóficos, donde esas mujeres sin formación, según nos han explicado, se expresan como si salieran de una cátedra con un doctorado… o varios. Tendrán discusiones semánticas, teológicas, metafísicas y con sentencias solemnes, unas veces trascendentes, otras cargantes y cansinas, algunas pedantes, otras interesantes… en un aceptable texto.

Cuando nos liberemos tendremos que preguntarnos quiénes somos”. “¿No buscamos todos el poder?”.

A veces creo que la gente ríe para no llorar”.

Al menos Greta, una de las ancianas de la colonia, contará historias metafóricas sobre sus yeguas, Ruth y Cheryl, para hacerse entender, como guiño al populacho.

 

 

El perdón, el perdón hacia los hombres. ¿Lo merecen o no? Aunque no lo merezcan, ¿debe perdonarse? ¿El perdón como un gesto funcional o simbólico o resultado de la reflexión, la maduración y el tiempo, pero con el propósito? Si los hombres son víctimas y, por tanto, inocentes, ¿no merecerían el perdón? Esas cosas.

La libertad es buena. Es mejor que la esclavitud. El perdón es bueno. Es mejor que la venganza. Y la esperanza por lo desconocido es buena. Es mejor que el odio a lo conocido”.

Si me quedo me convertiré en una asesina”.

Es interesante el juego invertido que se hace del tranquilizante para vacas, el de los hombres para violar y el de Salomé para llevarse a su hijo que se opone a marcharse…

Ser fieles a su fe y su pensar. Se aferrarán argumentalmente a sus creencias, la mirada positiva y lo bueno. A la idea de protección a sus hijas. El pacifismo, la libertad, el perdón y la esperanza. Eso a pesar de los argumentos cargados de razón de las más conservadoras, temerosas o belicosas, como Salomé (Claire Foy) o Mariche (Jessie Buckley). Una canción de alabanza y comunión con Dios reafirmará a esa comunidad en su decisión al final del film.

 

 

La maldad masculina queda simbolizada en una cereza, en un hueso de cereza en la nariz de un niño, que marca la llegada de Klass

La esperanza, más allá de August (Ben Whishaw) y su formación a los chicos del futuro, la tenemos en las hijas del personaje que encarna McDormand, que se suman a la caravana que se marchará de la colonia abandonando las peticiones de su madre… y en la hija de Ona

Tu historia será diferente a la nuestra”.

 

 

Es ahí, en esa lectura que, más que reivindicar cambios, honra a las pioneras de los movimientos feministas, donde la película coge algo más de sentido, a pesar de estar ambientada en la actualidad.

El plano final, simbólico, con la caravana yendo a un lugar incierto pero libre, con una regia grúa, es un acierto. El paso definitivo contra el heteropatriarcado.

El “Daydream Believer” de The Monkees, que suena dos veces y canturrea August, es un tema simbólico que afianza esa idea de esperanza y cambio.

Hay un hombre bueno, un “aliade” que representa la nueva masculinidad que, aunque haya existido toda la vida, hoy día es nueva por lo que parece. Es un detalle. El bueno de August, un personaje realmente entrañable, lo pasa regular, siempre llorando o compungido, además de muy enamorado.

 

 

Un testigo mudo encargado de tomar la minuta, pero al que se irá incluyendo debido a su bondad, en cierta medida (ese círculo que forman las mujeres al final y dónde él participa, interrumpiéndose en su emoción). Un joven universitario, modesto, educado, humilde, maestro de escuela y muy unido a su madre, que era reivindicativa, fallecida, a la que tenía como principal referente. Enamoradísimo de Ona, a la que respeta porque es muy sensible.

Desearía poder enseñarte algo que no sepas”. “No era importante…”.

August no sólo recopilará las reflexiones femeninas, sino que hará constar con pinturas el presente y el futuro esperanzador junto a una lista con “lo bueno”.

Las escenas entre Ona (Rooney Mara) y August son de las más destacadas, especialmente esa a la luz de la Luna con el muchacho enseñando, aunque no hiciera falta, a guiarse por las estrellas. La Cruz del Sur, el puño y el pulgar. También las emociones de August son conmovedoras.

 

 

Pedirá en matrimonio a Ona, dispuesto a cuidar del hijo que lleva en su seno, aunque comprenderá que lo abandone, por supuesto.

¡Ona, siempre te amaré!”.

Él es la esperanza para la masculinidad al ser profesor. Desde la formación llegaría el cambio. Él mismo advierte del peligro que suponen ya los adolescentes de 13 y 14 años para las mujeres, reconducibles desde la formación. Él se quedará a ejercer contra el patriarcado. Tendrá instintos suicidas, pero, en principio, los superará para comprometerse a un reencuentro.

 

 

No hay mucho que decir sobre los rasgos estilísticos. Es una película muy plana en casi todo, por lo que sorprende su nominación más allá de rellanar la clásica cuota ideológica como se estila estos años.

Se rodea la narración desde una voz over a un no nacido, recurso que parece gratuito, aunque bienintencionado desde el concepto esperanzador que se pretende.

Tenemos picados para algunas escenas, consecuencias de violencia, mujeres en sus camas con las piernas magulladas, amoratadas o ensangrentadas. También es verdad que otros picados nada tienen que ver con eso… También hay desenfocados varios sin un sentido muy concreto, más allá, si me pongo poético, de la representación de un recuerdo a conservar…

 

 

También hay un cierto vínculo con la sangre, algo que quizá quiere entroncarse con cierta iconografía cristiana. Mujeres sangrando por la boca (Greta), sin dientes, por las agresiones; Nettie (August Winter), que sólo habla con los niños y ahora se llama Melvin, que nunca se sintió mujer, sangrando al abortar al hijo de su hermano; vaginas que sangran por los desvirgamientos, los abortos, las violaciones…

 

 

Hay un contraste entre los interiores y los exteriores. En los exteriores se transmite libertad, alegría, felicidad, con niños jugando; August y Autje (Kate Hallett) hablando de la universidad; enamorarse un poco como August y Ona, mirar a las estrellas para guiarse o escapar; el vínculo con el agua… En lo interiores ocurre todo lo contrario, transmiten opresión, dolor, violencia, miedo y conflicto, aunque también la catarsis necesaria. Los decorados vacíos imagino que también quieren ser expresivos.

Polley inserta ciertos flashbacks, en algunos casos redundantes, aunque se agradecen para salir de la monotonía estilística del debate principal.

 

 

McDormand, que tiene un papel casi testimonial como una radical reaccionaria que no entiende el cambio, sigue mirando al horizonte, como la dejé en “Nomadland” (Chloé Zhao, 2020).

Tenemos, eso sí, la serena mirada de Rooney Mara y el gran trabajo del resto del reparto, que es el gran punto fuerte de la película. Reparto que abarca todas las edades, desde las jovencitas a las más maduras, con Jessie Buckley y Claire Foy en dos de los papeles más potentes, con una Sheila McCarthy encantadora como Greta.

Basada en el libro de Miriam Toews y bajo la producción de Frances McDormand y Brad Pitt, “Ellas Hablan” es una película correctita y corrientita, discursiva, aleccionadora, obvia y simple, emotiva a veces, que me alegrará satisfaga o sirva a quienes necesiten de estas historias o logren consuelo, por supuesto, pero que no pasa de ser una cinta del montón.

La película está dedicada a la memoria de Carol Wong, que supervisaba el vestuario en la película.

 

 

 

 

sambo

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