EL VICIO DEL PODER (2018) -Última Parte-

EL VICIO DEL PODER (2018) -Última Parte-

ADAM MCKAY

 

 

 

2/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Centrándonos en esos recursos de estilo que pretenden marcar el punto diferencial, puede que causen, a algunos, sorpresa o gracia en un principio (sobre todo si falta cierta cultura cinematográfica), lo que está bien, pero su falta de rigor y talento terminan por agotar, desconcertar o molestar al espectador más exigente.

A McKay le tenía 2 años viendo el cine de Scorsese al que pretende imitar, y luego habría que dedicarle otros 2 a explicárselo para que lo hiciera ligeramente bien. O el de Clint Eastwood. Incluso el de Oliver Stone. Recordar lo que Eastwood hizo con J. Edgar Hoover, la complejidad de su retrato con los claros y los oscuros… a pocos se les puede escapar donde hay calidad, talento y un trabajo bien hecho…

Ahí nos deja McKay esos planos fijos para que la voz over charle un rato sobre el tema o el rostro fijado, a lo Scorsese… encima con cierto tono documentalista, pero intencionadamente tendencioso.

 

 

El montaje, ya expliqué el uso del ideológico, también usa el paralelo o el flashback, como cuando Lynne (Amy Adams), al abroncar a su entonces novio, recuerda a su padre maltratando a su madre. Son estilos de montaje que gustan mucho a Oliver Stone. Funciona correctamente y cumple su propósito.

 

 

Travellings, como esos circulares que se usan en una escena de reunión sentados en una mesa. Podría pensarse que tienen un sentido, retratar una confabulación, ese círculo vicioso y viciado de poder, pero es un recurso que no vuelve a aparecer, definiéndose de nuevo la inconsistencia de la dirección y su inseguridad, recurriendo a subterfugios estilísticos para distraer y epatar al espectador. Puro esteticismo.

Desvaríos irónicos para enfatizar la idea del narrador y su voz over. La sátira, en suma.

 

 

El narrador, que se nos presenta a los 20 minutos, del que se nos hace pensar que es alguien importante e íntimamente relacionado con Cheney por esos supuestos conocimientos sobre él, que termina cayendo en el ridículo más absoluto. Y sí, ya os lo desvelo, no tiene nada que ver con Cheney. Es padre de familia deportista, sano y militar, todo lo contrario que nuestro protagonista (menos en lo de padre de familia, en lo que Cheney parece intachable).

Escenificaciones de las ideas del narrador o de los pensamientos ocultos de los personajes. A menudo como juicios de valor más o menos divertidos.

 

 

Juegos temporales y metalingüísticos, como ese falso final feliz., recurso similar al de “Man on the moon” (Milos Forman, 1999), por ejemplo, usado de manera irónica también.

Uno de los superpoderes especiales de Dick Cheney, era la habilidad de hacer pasar las ideas más salvajes y extremas por mesuradas y profesionales”.

 

 

Y tras más de dos horas, no sabemos nada de Dick Cheney, salvo que es muy malo. Un villano de James Bond, y poco más. Bueno, quizá los villanos de Bond son más puros, están mejor definidos y dibujados, y sus motivaciones se nos aparecen claras al menos.

Nos queda claro que consiguió ser una especie de dictador, que creó un régimen dictatorial con un gobierno en la sombra tras el de Bush. Galactus. Aquí se aprecia bien la inseguridad narrativa, o la incompetencia de McKay al respecto, con más claridad, ya que en ocasiones, con sus divagaciones, parece darse cuenta de que lleva un rato en el que no desprecia lo suficiente al sujeto (Cheney), como temeroso de que su retrato no quede lo suficientemente maniqueo (en justicia), incidiendo constantemente con la voz over para apostillar lo que no debe estar seguro de haber mostrado con las imágenes.

 

 

También sabemos que los jovenzuelos republicanos son borrachos, drogatas y estúpidos, se llamen Dick Chaney o George Bush Jr., porque nos lo deja claro McKay en sus presentaciones. Uno en Wyoming en 1963 (fecha en la que ponen “El Hombre del Rifle”, 1958-1963), otro como futuro candidato a presidente en 2001. Les queda algo puritano, pero si eres progre no cuenta.

 

 

 

Vamos, que es limitadote el muchacho, pero hizo lo que hizo y llegó a donde llegó por… no sé, eso no lo califican mucho. Fue secretario de defensa, director ejecutivo y consultor en empresas privadas, vicepresidente…

Le falta carisma, ese que parece tener su mujer cuando le sustituye. Es gris y nunca parece alterarse, aunque se le va viendo más suelto según medra en el poder. Es como una bestia o monstruo contenido, que se encerró en sí mismo tras el ultimátum de la que entonces era su novia. Su rasgo distintivo en este retrato del director es su tono gris, oscuro, su escalofriante frialdad, incluso en los ataques al corazón.

 

 

Cuidado con el hombre callado, porque mientras otros hablan, él observa, y mientras otros actúan, él planea. Y cuando, finalmente, descansan… Ataca”.

Luego está Donald Rumsfeld (Steve Carell), una especie de macarrilla dicharachero con traje, una cucaracha jovial, al que Cheney se acoplará en 1968.

 

 

 

Cheney (Christian Bale) era un vulgar estudiante, que logra lo que logra y se mete donde se mete no se sabe muy bien cómo. Expulsado de Yale, con una novia brillante, dedicado a poner cableado a su vuelta a Wyoming… Pendenciero, borracho, broncas, encarcelado… Sabemos también que es adicto a la bollería, que es muy mala y le dará problemas de corazón…

 

 

 

 

 

Sin principios. Él se hace republicano al escuchar las “inspiradoras” palabras de Donald Rumsfeld. Un Rumsfeld que es pura maldad.

 

 

McKay se ve obligado a “humanizar”, en cierta medida, al personaje por su comprensivo comportamiento hacia su hija lesbiana, renunciando a sus propósitos y ambiciones políticas (se intuye algo más de intolerancia en la madre). Los republicanos intolerantes.

 

 

Motivaciones… ¿Pretende llegar lejos para satisfacer a su mujer? ¿Su gran objetivo vital es satisfacer a su esposa, no decepcionarla y que se sienta orgullosa de sus logros? ¿Es simple vicio por el poder? ¿Cuándo lo adquirió, antes de llegar o después? ¿Para eso tanta maldad? ¿No le falta un poco de desarrollo y definición a esto? Porque muy clara la cosa no está…

Su llegada a la Casa Blanca es mostrada con una oscura silueta. El terror llegando al poder. Allí recuerda la primera vez que pisó el lugar, con el orgullo y el ego satisfecho mientras llama a su mujer para contárselo. Un flashback redundante.

 

 

Con Brad Pitt presente en la producción, la concepción parecía evidente. Lo mejor es el trabajo de Christian Bale, sin ninguna duda, que vuelve a estar espléndido y a optar al Oscar, esta vez como mejor actor principal. Además, algunos de los recursos mencionados logran su efecto humorístico. Amy Adams también está muy correcta en su rol, como Steve Carell.

La película no está teniendo mala prensa, cumplirá su función de entretener, divertir y/u ofender a los espectadores que gusten de este tipo de historias sin adentrarse en grandes profundidades, y todo a pesar de ser tremendamente deslavazada.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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