EL TITÁN DE LA NORMALIDAD

EL TITÁN DE LA NORMALIDAD

DEPORTES

 

 

 

 

 

 

 

Nunca fui un gran fan de Raúl González Blanco, ni me gustaba especialmente su juego. De hecho, el jugador canterano que me entusiasmaba era el regateador Alfonso, que desgraciadamente tuvo que salir del club y terminó, para mi desolación, en el Barcelona.

Me desesperaron, como a tantos, sus últimos años, su declive en la titularidad, que a muchos les invitó a llamarle “Baúl”, algo en lo que jamás caí por fortuna; las campañas mediáticas a su favor que tornaban en su contra con el tema de la Selección y Luis Aragonés; su capitanía poco boyante en cuando a éxitos deportivos… pero debajo de todo eso nunca languideció mi sincera y sentida admiración hacia él.

Muchos de estos aspectos han llevado a algunos a compararlo con Casillas, algo que me parece bastante injusto, aunque haya habido cosas cuestionables. Di Stéfano le echó pulsos al club, al entrenador y al presidente, pero no por ello el recuerdo de la afición madridista es negativo, todo lo contrario.

Raúl nunca se encamó con la prensa, que aunque actuaron a su favor en muchas ocasiones, nunca recibieron su beneplácito. Los medios le daban alergia y los quería más bien lejos. Que Raúl luchara por mantenerse en la titularidad era algo lícito y lógico, era cuestión de entrenadores y presidentes ponerle freno a esa situación, por lo que si no se hizo no tiene por qué ser achacable a él, debo remitirme al ejemplo de Di Stéfano de nuevo.

 

 

GLASGOW – May 15: Raul of Real Madrid celebrates winning the cup after the UEFA Champions League Final between Real Madrid and Bayer Leverkusen played at Hampden Park, in Glasgow, Scotland on May 15, 2002. Real Madrid won the match and cup 2-1. DIGITAL IMAGE. (Photo by Gary M. Prior/Getty Images)

 

 

Cuando le tocó chupar banquillo, en el año de Pellegrini, donde sólo fue titular en 13 partidos, no hubo ni una queja ni una palabra más alta que otra, y cuando Mourinho vino a confirmar que su situación sería similar, prefirió salir para seguir compitiendo unos años… Comprensible y lícito también… Lo más cuestionable de aquello fue que cobrara el contrato que le quedaba con el Real Madrid mientras jugaba en Alemania… Fue suya la decisión de irse, pero no perdonó un euro tras su contrato vitalicio con Calderón…

Como profesional fue intachable, esmerado y sacrificado, luchador incansable, un ejemplo tanto dentro como fuera del campo. Un caballero que jamás fue expulsado y se ganó el respeto de todo el mundo…

En definitiva, las comparaciones con el portero de Móstoles son más bien pocas, algo que da sentido a que no se llevaran especialmente bien. Aunque su capitanía no fue exitosa, su persona sí representaba a un verdadero capitán del club.

No, Raúl no ha sido nunca de mis jugadores favoritos, pero se ganó mi admiración y respeto, así como que se le rinda tributo y homenaje como una de las grandes leyendas del madridismo. Mi recuerdo hacia él siempre será bueno, entusiasta y agradecido. No soy capaz de recordarle de forma negativa porque en la balanza lo bueno gana con contundencia. Pensar en Raúl me despierta una sonrisa y me hace rememorar muchas gestas y momentos íntimos de gloria madridista.

No puedo obviar los inolvidables momentos que me hizo vivir. Esa Intercontinental contra el Vasco de Gama donde ni se me pasó por la cabeza ir a clase a pesar de que era por la mañana, saltándomelas a la torera y con orgullo, en lo que se confirmó una excelente decisión cuando asistimos a ese gol donde todos le pedíamos desesperadamente que tirara de una vez y él parecía volverse hacia la pantalla diciéndonos: “tranquilos, si lo voy a meter igual”. Aquella interminable carrera en París, perseguido por Djukic, para regatear a Cañizares y rubricar la victoria. Ese gol de pillo y golpeo en semifallo que abrió el camino a la Novena. Ese Camp Nou silencioso a su orden. Esa extrañeza al no verle aparecer para rematar algún balón suelto en el área por lo malacostumbrados que nos tenía… Tantos, tantos momentos inolvidables de uno de los grandes goleadores del mejor club de la historia, que nunca se perderán en el tiempo.

 

 

Siempre se ha comentado que Raúl no destacaba en nada, pero terminaba siendo el mejor en casi todo. Mucho menos dotado que los Figo, Ronaldo, Zidane y cía, lograba un rendimiento tan bueno o mejor que ellos y de manera más regular, absorbía la calidad de sus compañeros para engrandecerse él mismo, derramando su influjo por el resto del equipo. Raúl se diluía en el resto para mejorarlos, apareciendo siempre, nunca se escondía, pero nunca tenía la necesidad de ser la estrella.

Raúl era un jugador muy normal, no tenía una cualidad especialmente destacada, aunque tampoco era mediocre en nada. No era especialmente técnico, pero marcó goles y ejecutó jugadas que se han grabado a fuego en el imaginario madridista; no sobresalía como rematador, pero metió goles con todas las partes de su cuerpo y sus “cucharas” se convirtieron en un clásico; ni destacó como regateador, pero López aún le está buscando y el “aguanís” lleva su firma; no era muy rápido, pero siempre llegaba antes que nadie en el área para meter la puntera o lo que hiciera falta, y en la eterna carrera por todo el campo en la Octava, nadie pudo cogerle; ni era corpulento, pero costaba arrebatarle el balón; ni hábil, pero sí el más listo…

Raúl es un hecho casi imposible, casi incomprensible, sólo asumible desde la certeza de que, como Nadal, era un superdotado mental. Es ahí donde Raúl sobresalía muy por encima de los demás.

Sería reduccionista limitar sus virtudes a esto. Todas ellas, todo su talento, que indiscutiblemente tenía, se potenciaban por su gran inteligencia, su profesionalidad, su concentración y atención en el campo, su sacrificio en cada partido… Un virtuoso mental, un esmerado profesional que devino en leyenda.

Sólo así se puede lograr superar la única lesión importante que tuvo sin operarse, recuperándose en tiempo récord.

Fue un jugador que nació ya maduro, que jamás fue un niño, como sí le sucedió a su compañero del Calderón; que de aquellos goles cantados que marró en su debut en Zaragoza a su gol ante el que había sido su equipo a la jornada siguiente, el Atlético, tornó en indiscutible veterano. Nacido para la batalla… como Conan.

Un periplo futbolístico con forma circular, como los balones a los que trató tan bien y con los que nos dio tantos éxitos, siendo en Zaragoza, lugar de su debut, donde le vimos marcar por última vez con la camiseta madridista.

Desde esa normalidad, terminar siendo una leyenda del mejor club del mundo, su segundo máximo goleador y una de las puntas de lanza de la tercera etapa más gloriosa del club, dice mucho de la personalidad y el carácter de Raúl.

En estas circunstancias se me olvida fácilmente lo cuestionable en casi todos los casos, y con Raúl es así. En mi recuerdo, con esos grandes momentos que nos dio, el sentimiento que me inunda es el de entusiasmo y euforia, el de alegría. Por eso, por ser el primer jugador, la primera leyenda madridista, del que he asistido a toda su carrera deportiva, desde que empezó hasta que terminó, con plena consciencia y asistiendo a todos los partidos, sólo me queda decirle: Muchas gracias, Raúl González Blanco.

 

 

sambo

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