EL PUZLE

EL PUZLE

RELATO

 

 

 

 

 

Detuvo el coche en un lugar alejado. Era una noche cálida, tranquila y despejada. Sólo tenía que esperar unos minutos para que la plaza quedara desierta. Por fin iba a terminar su puzle.

 

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No se dio cuenta hasta que casi se tropezó con ellas. No hacía mucho que aquel barrendero había iniciado su jornada de trabajo, pero una vez se ponía el walkman se aislaba completamente del mundo. La ciudad iba amaneciendo, y ya se escuchaba el sordo transitar de los más madrugadores y los primeros coches. Las dos cajas eran alargadas y exactamente iguales. Una paralela a la otra. En el mismo centro de la plaza.

En las primeras noticias hablaban de yonquis, tanto para la víctima como para el verdugo, de ajustes de cuentas, de mafias, pero no tardaron en relacionarlo con el caso que aconteció 30 años antes. Todo era exactamente igual, si bien la vez anterior eran cuatro cajas que contenían dos manos y dos pies cercenados, mientras que en esta ocasión había dos piernas.

Tanto aquellas manos como estas piernas estaban en un estado perfecto y correspondían a cuerpos que habían muerto poco antes de ser encontrados.

 

………………….

 

Al sereno le llamaron inmediatamente la atención aquellas cuatro pequeñas cajas colocadas dibujando un cuadrado, separadas unas de otras un paso, con perfecta precisión geométrica. Eran extrañas, muy llamativas y horteras. Muchas hojas amarillentas se agrupaban a su alrededor. A la luz de los faroles, con las sombras proyectadas y el gran cartel de “Muerte de un ciclista” enmarcándolo todo, la escena resultaba bastante lúgubre.

Aquel descubrimiento fue todo un acontecimiento en la época. Se escribieron infinidad de artículos y se desarrollaron todo tipo de hipótesis. Suscitó el interés de todos los estamentos y la prensa siguió el caso durante meses. Incluso se le puso nombre, “Las manos de Orlac”, y quedó como uno de los hechos más extraños y truculentos en el imaginario colectivo durante muchos años.

 

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Había sido la noche más fría de aquel 2015. Aún no había salido el sol. Ver el vaho que producía su aliento le relajaba. Era como correr en la niebla. Estaba haciendo el mismo recorrido que todos los días. Ya había entrado en calor y le lloriqueaban los ojos, que le dieron una visión algo enturbiada y difuminada de la gran caja que descansaba húmeda en la solitaria plaza.

Esa tercera aparición de una caja en el centro de aquella plaza cambió todo lo que se había dicho y escrito sobre el caso… Pasó de ser una historia de misterio de infinitas hipótesis a algo absurdo y sin sentido. Una especie de broma macabra.

Nadie pensó que los pies, manos y piernas encontrados en los casos anteriores pudieran corresponder a la misma persona. Era algo constatado por pura lógica. Eran cadáveres recientes encontrados con 30 años de diferencia. Ahora había ocurrido lo mismo. Ese torso era de una persona que había fallecido pocas horas antes del hallazgo, pero las pruebas de ADN que se realizaron contradecían todo lo que se daba por sentado.

La aparición de la nueva caja llevó a uno de los investigadores a interesarse por los casos anteriores. Afortunadamente pudo conseguir muestras que se habían conservado contra todo pronóstico. Todas las partes de aquel cuerpo cercenado correspondían, sin atisbo de duda, a la misma persona.

Obviamente esto era imposible. Un absurdo, un error de la ciencia que, quizá por contaminación o deterioro, había dado unos resultados sin sentido. ¿Cómo podía ser si no? Se repitieron pruebas, se hicieron todo tipo de experimentos, metódicos estudios y comprobaciones. Todos los resultados dieron el mismo diagnóstico.

Por supuesto no se encontró una correspondencia que pudiera identificar a ese cuerpo que había sido encontrado casi por completo. Un varón que debía rondar el 1’85 de altura. Era como si esa persona nunca hubiera existido. O quizá existió hacía demasiado.

 

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Hoy.

Su puzle era una cuestión de honor. Aquel tipo le había amargado la vida. Era una venganza plena de justicia, usando sus armas. Avanzó hasta el centro de la plaza y depositó la pequeña caja circular que contenía la cabeza de melena blanca de ese hombre que nacería en unas pocas horas.

Miró la escena y dibujó una sonrisa nostálgica. Tras unos breves segundos se fue por donde había venido. Se montó en el coche y, tras respirar hondo con satisfacción, arrancó. Aquel Delorean desapareció en la noche estrellada.

 

sambo

There is 1 comment on this post
  1. Magüi
    noviembre 28, 2022, 2:33 pm

    Como siempre , me dejas sin aliento

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