EL LADRÓN DE CADÁVERES (1945) -Última Parte-

EL LADRÓN DE CADÁVERES (1945) -Última Parte-

ROBERT WISE

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es muy interesante la relación clandestina de MacFarlane con la que parece su ama de llaves. Una relación secreta de la que parece avergonzarse y gozar. No queda clara su naturaleza. ¿Es su mujer o simplemente su amante? La escena íntima en su habitación, presentada con el fuego en una chimenea y una airada reacción con el carbón, marca a la perfección el tono del momento: Ira y pasión. Finalmente sabremos que es su mujer, de la que se avergüenza, por eso la hace pasar por su criada, ya que le recuerda unos tiempos de los que se arrepiente y le perturban.

Es la mujer, Meg Cameron (Edith Atwater), la que contará toda la secreta historia a Fettes, el honesto alumno de MacFarlane, para que se aleje de “la tormenta” (en un guiño respecto al clímax final).

 

 

 

El contraste con MacFarlane lo pone su aprendiz, el personaje positivo de la película, Donald Fettes (Russell Wade). Este personaje tendrá conflictos morales y dramáticos, sumido en una espiral de la que parece no saber salir por lealtad a su corrompido mentor. MacFarlane se negará en primera instancia a realizar la operación a la niña, que nunca antes se hizo, porque le quitaría tiempo en la enseñanza.

La película se ambienta en Edimburgo, en 1831. Retrata una actividad que se daba mucho en la época y que ha pasado a nuestros días con ese mítico aliento terrorífico, la de los ladrones de cuerpos que se los suministraban a los científicos y médicos para que pudieran hacer sus investigaciones y prácticas. Sólo hay que recordar “Frankenstein”. Buen material para la literatura romántica y gótica.

No tardará el doctor en confesar la procedencia de los cadáveres con los que trabaja y de lamentarse porque con los de los pobres no tiene suficiente material. Es un conflicto moral interesante ante la imposibilidad de contar con cuerpos para las necesarias investigaciones científicas. Un conflicto especialmente escabroso en la época y que se extendió hasta hace bien poco. Son truculentas, pero en cierta medida comprensibles, las actitudes del médico, MacFarlane, ya que lo de donar el cuerpo a la ciencia no se estilaba mucho…

 

 

Es fascinante el uso que hace Wise de la carroza, una siniestra carroza que irá aterrorizándonos según avance la narración con sólo escuchar el casco de los caballos, aunque inicialmente la cosa no parezca para tanto e, incluso, su cochero, inquietante, se nos presente amable.

No sé qué tienen las carrozas que tan bien funcionan en los relatos góticos. Merece la pena recordar la excepcional cinta muda sueca “La carreta fantasma” (Victor Sjöström, 1921), para los muy cinéfilos.

Robert Wise, un talentoso artesano

Wise fue un extraordinario director que tocó todos los palos, pero en los géneros más estéticos sobresalía sobremanera.

-La estética expresionista es un primor en la película. La manera que tiene Wise de usarla, de jugar con las elipsis de todo tipo, visuales o temporales, es magistral. Sombras que insinúan o presagian muertes, que acuchillan los encuadres para enfatizar la amenaza, que nos embriagan con su sabor… Así, con sombras y convirtiendo a Karloff en una tétrica silueta, se escenificará el ajusticiamiento del perrito que vela a su dueño difunto, en una extraordinaria y cruel escena. Observen con el desprecio con el que patea al perro (en off), para quitarlo de encima de la tumba y poder cavar para sacar el cadáver que allí descansa.

La noche, su estética única, su lirismo visual, bellísimo y sugerente siempre, que hacen del género de terror el más poético, es otra de las protagonistas de la película.

 

 

El asesinato de Gray a manos de MacFarlane es puro expresionismo. Una pelea cruda y violenta con sombras rasgando el encuadre y el simbólico gato (muerte) como espectador en primera fila. La aparición de MacFarlane en esta escena es expresionista al máximo, haciéndose visible cuando Gray va a prender una vela. Una pelea que parece realizada con dobles.

 

 

-El género de terror fue el que vio crecer al director, donde demostró una cantidad de recursos excepcionales. Ahí tenemos su manera de generar inquietud con elementos sencillos, usando el sonido y la fotografía de forma magistral para sus objetivos. El sonido de los cascos de los caballos presagiando la aparición de la carroza dirigida por Karloff es un detalle de auténtico maestro, por ejemplo.

El regreso de la mujer pantera” (1944), “A game of death” (1945) o “La mansión encantada” (1963), bastante posterior, son ejemplos de su buen hacer en el género. El Cine Negro también se benefició de su talento, inolvidables son títulos como “Marcado por el odio” (1956) o “Nadie puede vencerme” (1949). Además dejó clásico en otros géneros, con mención especial para la ciencia ficción. “Sonrisas y lágrimas” (1965); “West side story” (1961); “Quiero vivir” (1958), que le dio el Oscar a Susan Hayward; “La amenaza de Andrómeda” (1971); “Ultimátum a la Tierra” (1951) o la primera película de “Star Trek” (1979) son algunos ejemplos.

 

 

-El manejo de las angulaciones, soberbio, para crear inquietud, sensación de amenaza o extrañeza, es uno de los grandes recursos usados por el director. Serán numerosos los picados y los contrapicados durante la narración. En las clases de MacFarlane también podemos apreciarlas.

 

 

-Del mismo modo, la profundidad de foco, utilizando las distancias y las apariciones repentinas, la división de los encuadres con elementos del decorado, funcionan a la perfección en un género como el terror, y en manos de Wise se sublima. Una profundidad de foco y uso de los decorados que le sirven a Wise para generar suspense o remarcar diferencias entre personajes.

 

 

-El lenguaje es clásico completamente. Con planos generales de situación mostrando las estancias con claridad y luego recurriendo al plano medio o los planos-contraplanos para desarrollar las conversaciones. Es extraordinario cómo está mostrado el ambiente en el restaurante donde MacFarlane y Gray charlan por primera vez junto a Fettes.

 

 

-Se usan también elementos del decorado para enfatizar esa atmósfera asfixiante, truculenta, terrorífica, como los esqueletos en las clases de MacFarlane. Telarañas, la noche, las sombras, las calles silenciosas con las canciones de la chica solitaria rellenándolas…

La presentación de la casa de Gray, precedida con toda esa atmósfera y un sustito con el caballo, es excelente desde lo visual, antesala de la citada y magistral muerte de la chica cantante.

 

 

 

 

 

 

 

-La crueldad es uno de los rasgos distintivos del film, contraponiendo situaciones en algunos casos, pero siempre desde la sutileza y la sugerencia. Ya comenté cómo mató Gray al perro que velaba el cadáver de su amo, con una crueldad truculenta. Habrá otro momento de crueldad, en este caso psicológica, cuando vemos a unos niños jugando tras la solitaria niña inválida, Georgina (Sharyn Moffett). Es un momento tan sencillo como magistral, tan duro como emocionante, que supondrá el impulso definitivo para acceder a la operación a pesar del sufrimiento que conllevará.

 

 

Es otra idea de guión genial, que sea el sonido de los cascos del caballo de Gray lo que impulse a la niña a levantarse. Una niña que va mejorando tras la operación, pero que aún no logra andar. Un sonido que produce pavor durante la narración es la gran ilusión de la pequeña niña. Un contraste digno de genio. Un momento profundamente emotivo.

 

 

-El manejo del sonido es sencillamente sublime. Especial hincapié al mencionado de los cascos del caballo de Gray golpeando en el asfalto húmedo.

La decisión de operar a la cría obliga a MacFarlane a pedir más muestras necesarias para la misión, más cadáveres, con lo que su vínculo con Gray amenaza con eternizarse. No logra quitárselo de encima. Descubrimos que en un hecho del pasado está su temor a dedicarse a la medicina, prefiriendo la carrera docente.

Hay algunos defectos, como los excesos musicales, demasiado estruendosos, ocasionales, como en el primer encuentro entre MacFarlane y Gray.

 

 

Un clímax gótico y romántico

Como si no pudiera estar sin él, al matar a Gray, en MacFarlane se produce una especie de fusión, terminando como poseído por el espíritu de aquel, como si fuera algo de lo que no pudiera separarse. Caerá así en la locura para un clímax vibrante de puro expresionismo y aliento gótico y romántico.

Vuelven elementos vistos a lo largo de la narración: una muerte, los llantos en un bar por el ser perdido, un cementerio, un cadáver… Así la tempestad arreciará para escenificar la locura de MacFarlane.

Logra Wise aquí una extraordinaria sensación de fatalidad, donde se masca la tragedia en una atmósfera tan frenética, desquiciada y enfermiza como fascinante. Una locura que llevará a la última transformación de MacFarlane, de médico a cadáver, en una cruel ironía.

 

 

La parte visual en este final es igual de fascinante e impecable que el resto del film. Una tormenta que deja unos extraordinarios cuadros y paisajes románticos donde el individuo acaba destruido por su propia naturaleza simbolizada por dicha tempestad. Ecos de siniestras voces, paisajes escarpados, la lluvia incesante, un caballo desbocado, la visión del cadáver de Gray, una mente perturbada… La noche.

La cita final de Hipócrates viene muy a cuento: “A fuerza de errores el hombre se esfuerza y adelanta, a fuerza de tragedias aprende. Todos los caminos del aprendizaje nacen en la oscuridad y salen hacia la luz”.

 

 

 

 

 

Estamos ante una verdadera joya. Una serie B de verdadera calidad, con una espléndida dirección, unas interpretaciones realmente conseguidas, especialmente la de Boris Karloff, y unos personajes de gran profundidad, llenos de grises, donde nadie es puro ni completamente bueno. Una cinta ética y moral, como buena parte de las del género, con una atmósfera y estética subyugante y perfecta. Una obra que vuelve a tratar sobre los excesos de la ciencia y sobre los engaños a los demás que acaban siendo a uno mismo. Karloff y su sonrisa que congela el rostro está gigantesco, y Henry Daniell resulta imponente en su rol.

 

 

Una historia basada en hechos reales, como comenté al inicio, típicos de la época, que además funcionó bien en taquilla. Bien lo merece. No se la pierda.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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