EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (2021) -Última Parte-

EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (2021) -Última Parte-

GUILLERMO DEL TORO

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del Toro destilado.

El Callejón de las Almas Perdidas” permite a Del Toro incluir muchos de sus temas y fetiches habituales, además de dejar determinados aspectos interesantes en su puesta en escena.

El primero que destaca es esa cámara baja con la que sigue durante casi toda la narración a Stan (Bradley Cooper). Una cámara baja que busca retratar a Stan como alguien de poca confianza, poco auténtico, que no va de frente, que oculta algo. Observad como la cámara lo sigue en esta primera parte (y buena parte de la película), desde abajo, casi a ras de suelo, elevándose ocasionalmente con intención significativa.

Del Toro mueve con fluidez la cámara, con grandes angulares y planos generales, flotantes.

 

 

También se usa el picado, claro, como contraste habitualmente, como ese que nos muestra al “Engendro” en su triste actuación matando gallinas vivas con los dientes (también acompañará la cámara baja en el interior del recinto).

Flota esa cámara, incluso en conversaciones, delatando la inestabilidad del personaje de Stan. Cuando proponga a Molly unos cambios en su número la cámara subirá y bajará ante ellos ligeramente.

 

 

 

En su nuevo entorno, más lujoso, urbano, nevado, la cámara seguirá baja siguiéndolo. De hecho, con Blanchett, la cámara subirá y bajará siguiéndola a ella. Un ejemplo claro lo tenemos en ese primer beso, en el que Del Toro hace elipsis, para sellar su pacto. Ella tiene el dominio.

 

 

Los relojes son uno de los grandes fetiches de Del Toro. Aparecen en su filmografía continuamente. Aquí no iba a ser menos. Un reloj paterno al que Stan se apega, definiendo una contradicción con la que vive atormentado. Es el recuerdo de su padre, ese padre al que quiso y al que odió, al que mató.

 

 

En la escena donde Pete demuestra sus dotes, Del Toro vinculará fuego y reloj, con algún detalle excelente, como cuando el sonido de las manecillas, que aparece ocasionalmente durante la película, suena al encenderse Stan un cigarro con una cerilla (fuego).

 

 

El objeto que el juez Kimball (Peter MacNeill) cede para el espectáculo de Stan será un reloj… redondo.

 

 

El círculo es otro elemento recurrente dentro de la película, al que Del Toro da un sentido especial. Incluso uno de los relojes, el mencionado en el espectáculo donde se pone a prueba a Stan, será redondo. Hay círculos por todos lados, y con una incidencia significativa en la trama.

En los caballitos y su cabalgar circular, propondrá Stan fugarse con él a Molly.

La noria enmarca en plano general a Stan cuando va a enterrar gallinas (y en otros momentos), justo antes de la venida de la policía.

 

 

La película se puntúa un par de veces. Para ello, Del Toro usa un fundido muy concreto, cerrando en un círculo el plano que pasa a negro. Lo hará cuando Stan proponga a Molly unos cambios en su número y cuando ambos se vayan de la feria.

La propia muerte de Pete está enmarcada en una elipsis que forma la gente a su alrededor, dando paso a otro fundido a negro, curiosamente…

 

 

 

 

Los círculos rodean la primera actuación que vemos de la pareja StanMolly. En el escenario, pero también después, enmarcando su discusión con el cristal de la puerta. En ese mismo vestuario veremos espejos redondos, que además retratan la falsedad (por ejemplo tras la relación de Stan con Blanchett).

Ezra, tiene que mantener el círculo”.

 

 

En la mansión de Ezra, Stan será recibido con algunos círculos… y un polígrafo… Stan tendrá un anillo, de vidente, claro…

Blanchett se refleja en varios espejos de su baño, retratando su falsedad, por supuesto, donde dos de ellos también son redondos.

En un vaso, redondo, por supuesto, Stan y Lillith Ritter sellarán su pacto, sellando a su vez la caída al abismo de Stan, que comienza a beber, cuando era algo que no hacía…

 

 

 

Finalmente, Stan, el estafador estafado, despojado de todo (incluso del reloj paterno que pretendía conservar), llegará a la irremediable fatalidad, al fetum clásico del Cine Negro. Abandonado, fracasado y perdido, consumido por el alcohol y sin donde caerse muerto, llegará a otra feria para convertirse en “engendro”, esa caída en los infiernos que no entendía. En esa idea, en esa estructura, tenemos el círculo que los engloba a todos. Una estructura circular donde Stan llega al sitio donde empezó, pero en una posición muy distinta…

Por supuesto, es sólo temporal. Sólo hasta que consigamos a un verdadero engendro”.

He nacido para ello”.

 

 

A lo largo de toda la película llueve o nieva. Las tormentas se suceden, acompañan a ese hombre que lleva a cuestas los traumas del pasado.

La lluvia no significa lo mismo que la nieve. Ahí se produce un cambio en Stan.

En la parte de la feria casi siempre llueve. La lluvia, una estupenda tempestad, recibe a Stan cuando es contratado en la feria. También aparece cuando Pete muestra su “acto” a Stan. Cuando Stan y Molly hablan de un posible futuro juntos, aparece de nuevo. O en los momentos en los que Stan se relaciona con el engendro, ya sea buscándolo, dándole un pitillo o llevándole con Clem a un centro religioso… Es decir, momentos que presagian el fatum…

Jesus Saves”.

 

 

La nieve aparece con la llegada a la ciudad. La vemos relacionada especialmente con Blanchett y, sobre todo, Ezra, el millonario putrefacto.

La nieve no para de caer fuera en contraste con la calidez (esos dorados) pretendida del despacho de Ritter. En la nieve, que lo cubre todo en el jardín de Ezra Grindle, Stan lanzará su cebo a su víctima.

Relojes y nieve estarán presentes en el gran número de Stan, donde Molly deberá hacerse pasar por muerta y donde todo se irá de las manos…

 

 

 

La nieve se ligará con el pasado, cuando se desvele cómo Stan provocó la muerte de su padre, desnudándolo en su enfermedad, dejándolo a la intemperie, con una nevada fuera, abriendo una ventana y quitándole las mantas, dejándolo morir cobardemente en su vulnerabilidad. Donde el reloj no fue un regalo, sino un robo a un muerto que Stan se otorga, como para seguir cargando con su culpa.

Yo siempre te he odiado”.

 

 

 

El uso del fuego, mencionado leit motiv, marca el tono y refiere ese pasado que persigue a Stan. Suele aparecer en sueños o recuerdos ocasionales. La influencia de Lynch es clara.

No sólo vemos fuego en ese recuerdo constante del pasado, la incineración del padre en la casa, sino que también aparece en otros momentos, como en la actuación de Zeena, cuando quema las tarjetas con las preguntas de los espectadores.

Stan siempre aparece ligado al fuego, ya sea en los flashbacks, con los cigarrillos o con planos como ese que nos lleva, tras una elipsis, a dos años después, donde la chisporroteante chimenea lo enmarca.

 

 

En la sesión de terapia a la que Stan accede a someterse con la Dra. Ritter, Del Toro enfatizará el cigarro durante sus revelaciones (especialmente en las menciones a la figura paterna). El fuego… Su anhelo de figura paterna, su rencor hacia su padre por dejarse arrebatar a su madre, que le fue infiel con un pianista… Vincula la muerte de Pete, su mentor, con la paterna. Sus figuras.

Nunca”.

La buena de Cate Blanchett, que encarna a la Doctora Lilith Ritter, también está ligada al fuego. Desde su misma presentación, cuando los objetos que se le vinculan en el número son una pistola y un mechero. Incluso proveerá de fuego a StanRitter quemará en su chimenea un papel donde Stan había comenzado a anotar datos para su truco…

 

 

Hay otros recursos, como esa elipsis temporal sin corte, en el autobús, el viaje, donde pasamos del día a la noche en un instante mientras Stan duerme hasta su llegada a la feria.

 

 

La siniestra atracción donde Stan se encuentra con el “engendro” fugado, nos recuerda a Dalí con esos innumerables ojos que observan atentos. Como en “Recuerda” (Alfred Hitchcock, 1945). Es el momento donde el “engendro” dirá su primera frase.

La idea del “engendro” entronca mucho con Del Toro, ese hombre-monstruo sometido.

 

 

 

Comenté al inicio el mimo y detalle con el que Del Toro se enfrentó al material. Y mencioné un aspecto concreto (los otros muchos matices los he ido desgranando): el del zapato. Cuando Stan salva la feria enfrentándose y manipulando al sheriff, comenta que los zapatos le dieron las claves del asunto, un zapato con alza… Bien, si observáis, en la entrevista que Stan tiene con Lilith, hay un fugaz plano en el que Stan se limpia su lujoso zapato, es un momento casi intrascendente, pero la psicóloga lleva la mirada a ese leve gesto. No hay comentario alguno, ni referencia posterior, no hay énfasis… pero Del Toro ha dado la clave de lo que ocurrirá en el futuro, aglutinando en ese gesto todo un mundo. Maravilloso.

 

 

En un momento dado, Del Toro se centra mucho en el guardaespaldas de Ezra Grindle, Anderson (Holt McCallany), pero no sabemos muy bien la razón. Se supone que con sus amenazas a Stan, sería un posible causante de complicaciones en el plan o el artífice de que saliera mal, pero más allá de volver a situarnos históricamente encendiendo una radio (ataque japonés a Pearl Harbor y mención a Churchill), no hace mucho más que morir…

El reparto es de relumbrón (aunque en algún caso parece que se dan escenas para que los amigos de Del Toro justifiquen su presencia), bastante acertado, en el que Cooper (magnífico en su último plano, con esa risa incontrolable y patética, consciente de la ironía calamitosa que fue su vida), lleva el peso de la narración.

 

 

El Callejón de las Almas Perdidas” de Del Toro es un buen film, de aliento clásico, reconocible dentro del universo del director mexicano, inferior a la anterior versión, pero satisfactoria en muchos puntos (en otros no tanto), que, desde luego, uno se alegra de que le hayan dado foco, porque ojalá el cine traiga más este tipo de películas, aunque sea a base de remakes.

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

 

sambo

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