EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (2021) -Parte 1/2-

EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (2021) -Parte 1/2-

GUILLERMO DEL TORO

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando un hombre se cree sus propias mentiras, empieza a creer que tiene el poder y se queda cegado, porque ahora cree que todo es verdad”.

Cuatro de las diez nominadas a Mejor Película para los Oscars de este año son remakes o nuevas versiones de obras ya adaptadas. Esta es una de ellas. Basada en la novela de William Lindsay Gresham, tuvo una magnífica versión cinematográfica en 1947 dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por Tyron Power. Un particular y muy notable título de Cine Negro que bien merece reivindicación, incluso este homenaje de Guillermo del Toro, que seguro hará que muchos visiten la cinta clásica.

 

 

La historia de este siniestro y misterioso personaje, Stanton Carlisle, de pasado turbio, que llega a una feria y se dedica a medrar sin escrúpulos aprendiendo el oficio que le llevará a una previsible perdición, como responde a los códigos del Noir clásico, es enfermiza, extraña y pesadillesca, aunque en manos de Del Toro se queda un poco a medio camino de todo, salvo en el diseño de producción y la majestuosa ambientación y vestimenta de la que está dotada la película. Y es una lástima, ya que parecía un material muy adecuado para el director mexicano.

A la película, de deslumbrante look, le falta algo de alma. Y está innecesariamente alargada, como le pasa a tantos títulos actuales… Sí, es majestuosa, pausada y elegante, tiene una gran vestimenta, pero le falta algo de garra.

Siendo una obra muy rica en sus elementos, al conocedor del Cine Negro clásico podría parecerle previsible en su estructura circular y fatalista.

Sin desmerecer el trabajo de Del Toro, que desarrolla ciertos aspectos, o les da más importancia, su remake es inferior a la versión de Goulding, que cuenta lo mismo que el director mexicano, y bastante más, en 40 minutos menos.

 

 

Eso sí, Del Toro ha hecho un trabajo matizado, con muchísimo mimo y cariño, apasionado. No se entienden si no algunos detalles sencillamente magistrales (como lo del zapato que comentaré posteriormente).

Un personaje desagradable.

Bradley Cooper interpreta a Stanton Carlisle, un oscuro personaje de pasado siniestro que iremos conociendo a lo largo de la narración y en repetitivos flashes que no avanzan mucho. Un personaje desagradable, un trepa ambicioso sin sentimientos muy bien retratado por Del Toro desde lo visual desde el inicio, con los encuadres y recursos a su mano, con sencillez y clasicismo, como explicaré posteriormente.

Del Toro lo presenta ocultando un cadáver, que descubriremos de su padre, quemando aquella casa con el deseo de dejar eso atrás. Pero el pasado, psicológico, parece perseguirlo. El fuego será un leit motiv constante en el film.

 

 

Un pasado que Stan lleva a cuestas y que parece definirlo. El fuego y el sonido de las manecillas de ese reloj paterno, que es otro leit motiv recurrente. Lo relojes y Del Toro, ya sabéis.

El retrato que Del Toro hace de Stan es brillante. Un tipo poco claro, retorcido, de ahí que lo encuadre siempre con la cámara baja, saludando a la feria desde el reflejo en un cristal.

Stan parece un hombre que ha tocado fondo, pero es un tipo peligroso, una alimaña que busca alzarse. Un ambicioso sin escrúpulos que medrará a costa de quien sea. Un hombre misterioso en un lugar para el misterio. Iremos descubriendo su personalidad al mismo tiempo que nos adentramos en todos los recovecos de la feria, dos elementos íntimamente unidos. Stan y la feria. Es una estructura notable y utilizada ya en otros clásicos anteriores.

 

 

El hombre flexible, el forzudo (Ron Perlman), la “mujer araña”, el peludo, el “engendro”… la chica eléctrica, Molly, que representa la inocencia que Stan no tiene. Zeena, “la vidente” (Toni Collette), que también regenta una atractiva bañera… El baño sexual que da a Stan no es depurador, pero sí transformador.  Todos irán enseñando sus talentos a Stan. Talentos que aplicará posteriormente, primero embaucando al policía para salvar la feria, luego con su propio espectáculo hasta caer en el abismo…

 

 

 

 

Del Toro retrata la sensualidad del mundo de Zeena desde el principio. Plano corto a los pies de una deseosa Toni Collette, una carta del tarot de una mujer desnuda que vaticina lo que acontecerá…

Y es que el mundo de Zeena y Pete (David Strathairn) sí parece mágico en muchas ocasiones. Las deducciones de Pete con su guía parecen de otro mundo. Y el tarot de Zeena acierta sorprendentemente… Pura psicología.

 

 

En ese baño vemos una cicatriz en la espalda de Cooper (y alguna cosa más que se intuye). Zeena hará una oferta de trabajo que no podrá rechazar… Sus primeros pasos.

La doblez de Stan se retrata con el espejo, lo vemos reflejado en un espejo, circular, por supuesto, mientras se baña con Zeena

 

 

Él intentará hacerse con el libro que enseña “el acto” de Pete, o al menos leerlo. Una ambiciosa curiosidad.

La feria, ese lugar misterioso, oscuro, turbio, sórdido, un poco como ese Stan que llega buscando su cobijo y que encajará allí perfectamente.

A la gente de aquí no les importa quién eres, ni lo que has hecho”.

 

 

De alguna forma, cada personaje tiene relación con lo que es o será la vida de Stan, un elemento importante, eso que anhela o desea o aquello en lo que se terminará convirtiendo. Así, Molly (Rooney Mara) es la pureza, la inocencia y la ilusión de prosperar, de un cambio, un reinicio (ligada a lo inocente y juvenil, el chocolate, la lectura, el baile). Es una idealización imposible para él. De hecho, ese cambio lo encaminará junto a ella.

La primera conversación con ella se hará esperar. Primero será su mirar fascinando. A ella le dedica sus mejores intenciones, diseñará un nuevo número, con una silla y mejores efectos, la retratará en su cuaderno…

Tal vez pienses que soy especial, pero no lo soy”.

 

 

La primera vez que Stan proponga un futuro juntos a Molly será en los caballitos, un lugar simbólico y también circular… El lugar más inocente de la feria… Bailando…

Con ella comienza a dar los primeros pasos hacia su perdición, aunque no tendría que ser tal. Propondrá a la chica unos cambios en su número de electrocución, con más escenificación, efectismo, drama… Es decir, lo que será la base de su número futuro juntos…

Molly lo aceptará, aceptará irse con él, cuando demuestra sus habilidades salvando la feria ante la amenaza policial. Desde la inocencia…

Dos años más tarde”.

 

 

Molly es el corazón que le falta a Stan. Si os fijáis, una vez se vayan de la feria (y en ella), en la mayoría de las ocasiones la veremos de rojo. Vestidos rojos, abrigos rojos… En el primer número la vemos de negro, pero cuando Stan comience su relación comercial, siempre aparecerá con algún motivo rojo. Incluso sangre.

Me estoy muriendo aquí, Stan”. “… por mucho que la verdad duela, la necesito”.

También vestirá de rojo en la visita de sus viejos amigos o en la preparación el truco…

 

 

El rojo, como bien sabréis si leéis Cinemelodic, es uno de los colores indispensables del cine de Del Toro.

Pronto llamará a su pasado… comenzando a arrepentirse…

Bruno (Ron Perlman) es el protector de Molly, el protector de la pureza. Cuando él desaparezca de la narración, la pureza empezará a corromperse.

Willem Dafoe interpreta a Clem. Su personaje es enfermizo y siniestro, sin escrúpulos. Y siempre ligado a lo monstruoso. Lleva la atracción del “engendro”, gente que ha tocado fondo a la que usa para explotarla y usarla como espectáculo. En su carpa siempre andará rodeado de “fetos”. Es quien lleva la feria y quien dará trabajo a Stan.

Su destino será difuso, ya que algunas de sus pertenencias, como ese feto, Enoch, y la radio que el propio Stan le vendió, las encontrará Stan en la caseta de otro feriante, intercambiable en su mezquindad e inmundicia.

 

 

Clem (Willem Dafoe) es el opuesto de Molly. Es la corrupción pura, la falta de escrúpulos, la perversión y deshumanización. Un paso a evitar, un riesgo en el que Stan podría caer… Es por ello que Clem siempre aparece ligado a lo monstruoso, ya sea el “engendro” o esos fetos liderados por “Enoch”.

“… el que se parece a Chaplin…”. Aquí se sitúa la narración en el 39. Luego pasaremos al 41, con mención a Roosevelt.

Es Clem quien explicará a Stan cómo recluta y forma a los “engendros”, esas almas perdidas que han tocado fondo, sobre todo en postguerra. Clem convierte la feria en una banalización de una realidad horrenda, su parodia cruel y sin escrúpulos. Evasión para la plebe…

 

 

Zeena y Pete representan la esencia de la feria, el engaño. La sensualidad, la tentación, lo atractivo. Por eso Stan trabajará para ellos, aprenderá el oficio y se adentrará en el número más sofisticado creado por Pete para hacerlo suyo. Son ellos, Zeena y Pete, los que plantearán las más sensatas y lúcidas advertencias a Stan, por supuesto. Aprenderá de las enseñanzas de la pareja, pero sólo en lo funcional…

Son una advertencia, pero ambos forman una idea complementaria. Si bien Zeena es sincera y honesta cuando la cosa se complica (explica el truco a una mujer engañada en la función para calmarla), de manera que muestra tener en cuenta los peligros que la rodean, Pete sufre las consecuencias de haber ido demasiado lejos, en un intento de redención frustrado en el que sólo queda el olvido del alcohol. Pete es un pícaro borrachín absolutamente encantador… Zeena saldrá con habilidad y profesionalidad de los problemas que Pete le genera en las funciones, recurso del que Stan tomará nota también. Zeena volverá a advertirle con el tarot de los peligros que corre en su visita posterior (la fatalidad del Noir, ya sabéis)…

La gente está desesperada por decirte quienes son, desesperados por ser vistos”.

 

 

La Doctora Lilith Ritter es la tentación y la fatalidad. El vehículo que llevará tras todo lo anterior a Stan a la perdición. Dorado y negro son los colores vinculados de Blanchett. Una mujer rota y podrida, con cicatrices que le ha regalado “la vida”. Cicatrices que Stan besará (recordemos que él tenía una en la espalda).

“… pero no es usted tan difícil de leer como cree, señora”.

Y no mienta. Sabré si me está mintiendo”.

Con ella pactará, un pacto con el diablo. Pacto con una psicóloga que guarda muchos secretos y también sabe leer a las personas. Jugando con fuego, nunca mejor dicho. Ambos usarán sus trucos y recursos… Alianza de manipuladores.

Sé que no es buena. Y lo sé porque yo tampoco lo soy”.

 

 

Uno hará copia de la llave de los archivos privados de Ritter, la otra terminará robando el dinero y lanzándole a la policía…

 

 

 

Por último estaría el “engendro”, que sería la degradación absoluta, la definitiva caída en los infiernos tras pasar por los peldaños anteriores.

Hay una progresión relacionada con él. Primero lo observará entre fascinado y asqueado. Luego lo perseguirá y será agredido, antesala de su subida en la feria. Luego se acercará humanamente para darle un cigarrillo…

 

 

 

 

 

Cuando Bruno agrede a Stan por su relación con Molly, Del Toro montan planos que relacionan a Stan con «el engendro», con éste agarrándose con ira a las rejas, como queriendo defender a Stan, que se apiadó de él antes… El final es obvio y un tanto predecible para los amantes del Noir, el sentido de la fatalidad del género…

 

 

Stan parece un hombre traumatizado por un pasado que no supera, que lo acompleja. Se avergüenza de su padre y de la mediocridad en la que vivía. De alguna manera, ese complejo lo acompaña siempre, se rebela ante él con una ambición sin escrúpulos. De ahí que siempre lo acompañe la lluvia o la nieve.

Las menciones a su padre por parte de Pete perturban a Stan, que queda intrigado y fascinado por ser tan transparente…

De inicio parece un hombre silencioso, de pocas palabras, pero terminará convirtiéndose en un charlatán…

Siempre hay un padre”.

Con su espectáculo junto a Molly, todos los entornos cambian. Lujosos, nevados…

 

 

Todo lo que hace Stan lo lleva de cabeza a la perdición. No toma una buena decisión nunca, cegado por el ego y las tentaciones a las que no se resiste nunca. La mujer fatal, el dinero, el alcohol, el engaño… Es por ello que cuando retomemos la historia dos años más tarde todo ha cambiado. Su comportamiento con Molly es prepotente, altivo, irónico, con malos modos. Esa pelea con la pureza lo lleva a la prepotencia, recurriendo al juego de los fantasmas unido al mentalismo, algo que le advirtieron que no hiciera, que su mentor Pete le advirtió que no hiciera…

 

 

 

 

Esa primera secuencia es crucial, porque supone la sustitución de “la virgen por la puta”, de nuevo un clásico, en la dualidad rubia-morena. De la pureza y la inocencia a la tentación y la corrupción. De Ronney Mara a Cate Blanchett.

Otro punto crucial en este cambio, son los retratos. Stan dibuja a Molly porque dice que dibuja lo que tiene en la cabeza, aquello en lo que piensa. Posteriormente veremos un retrato de Lilith Ritter a medio terminar… Sera el momento donde Molly decide marcharse.

 

 

Stan tendrá un momento de debilidad ante Ritter, que ésta aprovechará, en su sesión terapéutica. Confesará cosas de su pasado rompiendo el hermetismo del que había hecho gala hasta ese momento.

Stan probará con el espiritismo, eso que le dijeron que evitara, y creerá que ha tenido un éxito con el juez Kimball (Peter MacNeill) y su esposa (Mary Steenburgen)… pero simplemente pone la semilla de una tragedia posterior. Ella matará a su marido y se suicidará buscando reunirse con su hijo, con ese espíritu que “vino a comunicarse”.

Eso le anima a retos más ambiciosos, como ese millonario oscuro, peligroso, sórdido y corrompido, Ezra Grindle (Richard Jenkins). Investigará su vida para sacarle los cuartos jugando con más fuego aún…

La verdad absoluta”.

 

 

Pasará la prueba del polígrafo, donde se la jugaba, por los pelos, usando su habilidad de pícaro y la información que le han suministrado y él mismo ha averiguado.  Una materialización espiritista…

Se confesará como una especie de violador pederasta, un viejo pervertido y putrefacto, un abismo de miseria moral en el que caerá Stan. Su plan saldrá mal, por supuesto… Asesinatos y fracaso. La fatalidad clásica del Noir, la perdición.

Stan, al final, cuando se reencuentra con Enoch, que mató a su madre al nacer, se identifica con él. Se ha convertido en Enoch. Cayendo en la absoluta deshumanización.

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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