EL BUZO

EL BUZO

RELATO

 

 

 

 

 

No os he hablado de mi padre. Resulta que fue un héroe. Y un aburrido.

Lo cierto es que yo apenas lo conocía en aquellos años, pero pinta de héroe ni tenía ni ha tenido nunca. Ojo, que dicen que fue un héroe de verdad, de los que salvan el mundo, no de esos sobre los que se exagera. Cierto es que no llevaba capa, pero sí un traje especial con su máscara y todo… Por lo que dijeron, incluso algún súper poder debía tener…

Os tendréis que fiar de mi relato, porque como casi todas las historias depende de quién la cuente. Como no recuerdo casi nada de lo sucedido en aquellas fechas, tuve que lidiar con un montón de contradicciones entre los relatos de mi padre, de mi madre, de los organismos oficiales, de los que decían saberlo todo porque pasaban por allí y de lo que investigué por mí cuenta…

Cuando empecé a escuchar las historias, yo quería que todo el mundo tuviera razón menos mi padre. Como lo veía poco porque siempre estaba trabajando, sólo me quedaba idealizarlo para compensar, pero él se esforzaba en desmitificarlo todo… Cuando estaba en casa procuraba descansar. Alguna vez me dedicaba algo de atención o un breve juego. Mi madre me dijo que el día que salvó el mundo pasó mucho rato mirándome mientras dormía, en silencio. Él dice que no se acuerda de semejante cosa, pero que, de ser cierto, sería “por si acaso”.

Mi inconsciencia me ayudó a no tener que pensar mucho sobre su elección entre su responsabilidad laboral y la familiar, ya que él decidió ser héroe, que, de alguna forma, es ser padre de todos. A mí eso me importaba poco, pero con el tiempo fue la actitud de mi madre la que me llevó a muchas reflexiones. Ella nunca le reprochó nada. Tampoco le pidió que no lo hiciera. Era una concepción del deber que ahora casi nadie entiende.

Mi padre se hizo famosillo como buzo, aunque era ingeniero. ¡Imaginad! ¡Mi padre era un buzo que iba en una misión mega importante a vida o muerte con la que iba a salvar el mundo! ¡Y lo salvó! Flipé durante años, creando en mi cabeza mil historias e imágenes donde había villanos y pulpos de los que se desharía con arpones y su agilidad sin igual en mar abierto. Era un gesto de amor por mi parte, dotar a mi padre de todo aquello que no tenía.

Sí recuerdo que fue una época de vaivenes. Para mi padre aquella central era casi como un hijo. Fue allí, como tantos, a encontrar un trabajo único que, además, le permitiría tener un piso ¡en dos años! Eso era un lujo, lo normal es que en ciudades como Kiev se tardara en conseguir uno al menos veinte. Llegó cuando aún no estaba ni acabada. Él ayudó a hacerlo. Cuando todo estalló estuvimos de casa en casa, lo más lejos posible de la radiación. ¡Vivimos hasta en un barco! Algo que me pareció lógico teniendo en cuenta que crecí creyendo que mi padre era buzo.

Luego, según me iban contado cosas, debía esforzarme un poco más para decorar aquello, porque si bien ellos le daban gran importancia, la verdad es que glamur tenía poco. Siendo sincero, a mí, eso de meterse en una piscina para vaciarla en traje de buzo y con dos tipos que te ayudaran, me parecía una soberana tontería y, desde luego, nada heroico. Eso lo podía hacer cualquiera a pelo.

Para mayor desgracia, resultó que el agua sólo les llegaba por las rodillas. Vamos, ¡que ni se sumergió el tío! Aquello era frustrante por convencional. Honestamente, me gustaba más la versión que contaban los demás. Y, por encima de todas, las que me inventaba yo.

Lo que sí me encantó es cuando mi padre murió. Sí, mi padre murió, y aquello me pareció maravilloso. Nadie tenía un padre muerto que jugara con él. La verdad es que después de volver de aquella aventura lo veía más a menudo y jugaba mucho más conmigo.

Eso estaba bien, pero parecía querer negarme la felicidad. De un héroe que salvó al mundo buceando valientemente, un mártir, en realidad, sacrificado, miembro del “escuadrón de la muerte” que acabó muriendo por la radiación del agua, me tenía que quedar con que “sólo hacía su trabajo, que era su turno y sólo él sabía dónde estaban las válvulas de evacuación del agua de las piscinas burbujeantes…”. Y encima sus trajes de buzo sólo eran postureo para protegerles del agua que les llegaba a las rodillas y no evitó el “bronceado radiactivo”. Un bochorno…

A mi padre le gustaba contar la experiencia, salir del olvido y el anonimato general, aunque fuera en familia, pero siempre le quitaba la importancia a todo negando la grandilocuencia de las noticias. “Si el núcleo del reactor se derretía y entraba en contacto con el agua de las dichosas piscinas que estaban en la parte inferior para enfriarlo, provocaría explosiones de vapor que supondrían una catástrofe casi incontrolable con toneladas de material radiactivo saliendo a la atmósfera y poniendo en peligro a toda Europa y, en el peor de los casos, el mundo”. Él decía que eso no era así en absoluto… Mi madre decía que ese día tuvo que afeitarle debido al temblor de sus manos.

Pasados los egocéntricos efluvios infantiles, creo más la versión de mi padre. Ni fue un acto de sacrificio, ni fue buzo, ni murió… Y eso que últimamente, una vez renacido, le han dado un montón de medallas, condecoraciones y reconocimientos… Pero lo que fue decepción infantil se convirtió en orgullo adulto… Aunque me siguen gustando más las versiones impresas.

 

sambo

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