DENIS VILLENEUVE

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Quien controla la especia lo controla todo”.

Tres años después, Villeneuve estrena la segunda parte de su mainstream de autor con las mismas constantes, virtudes y defectos. “Dune: Parte 2” sigue los mismos patrones que su predecesora en todos los sentidos. Pocas novedades tenemos por aquí como, por otra parte, es lógico. Los fans de la primera entrega y de la obra de Frank Herbert seguirán gozando a la espera de que la cosa continúe. A los que les dejó indiferente la primera entrega, no van a encontrar excesivas razones para un cambio drástico, claro.

Quizá esta secuela es algo más entretenida que la anterior. Mantiene todos los aspectos de su antecesora, incluidos los defectos, pero da un poco más de espectáculo y alarga las secuencias de acción un tanto, lo que hace algo más amena la experiencia.

Si la primera entrega era una película política sin dejar de ser religiosa, esta segunda es una película religiosa sin dejar de ser política. Los vínculos de ambos conceptos y el desarrollo y gestación de los mitos, los elegidos, las religiones y sus usos políticos, son los temas esenciales de estas entregas de “Dune”. En esta segunda parte de “Dune” tenemos una reflexión sobre la fe, su gestación y sus caminos, sobre la religión y su creación, sobre los manejos políticos y cómo se mezclan con esos conceptos religiosos.

“La represión sólo hace aflorar las religiones”.

–Es un psicópata.

–Eso es irrelevante. La cuestión es si podemos controlarlo. Y eso es lo que pretendo averiguar.

El conflicto político entre familias, la figura del elegido, el contraste entre tecnología y mundo natural como una crítica anticapitalista… son temas que ya aparecían en la primera entrega, como analicé, pero que aquí se siguen desarrollando con bastante acierto.

“Has luchado bien, atreides”. “Somos harkonnen”.

La familia es un tema complejo en Dune. Además de los conflictos de Paul con su madre, la caída de toda la casa atreides, la muerte del padre de Paul que vimos en la primera entrega, también asistiremos a otros conflictos y relaciones familiares. Florence Pugh interpreta a la hija del emperador, la Princesa Irulan. El emperador está interpretado por Christopher Walken. Ella es una chica inteligente y lúcida, que dará consejos tácticos a un padre que parece conocer bien. Ella tiene la intuición de que Paul sigue vivo. Un emperador en shock y una hija impactada. Paul, a su vez, conocerá su verdadero origen… Se descubrirá que Jessica es hija del Barón Vladimir Harkonnen (Stellan Skarsgard).

 

 

“Abuelo”. “Muere como un animal”.

El tema del conflicto entre lo industrial y lo natural como crítica anticapitalista en esta secuela ya está más diluido. No es que desaparezcan las trifulcas entre harkonnens, atreides y fremens, pero ahora la prioridad son otros temas más existenciales. El conflicto en esta segunda entrega se hace más espiritual.

Digamos que el conflicto político y el mensaje anticapitalista pasa a ser un conflicto religioso y sobre la intolerancia, donde los fremen son perseguidos como lo pudieron ser los antiguos cristianos en su momento, ocultándose en catacumbas y demás… Estamos en el año 10191.

“Cuando nuestros recursos son limitados, el miedo es todo lo que tenemos”.

Con todo, el concepto estilístico y estético se mantiene. Lo agreste y natural se vincula a los “buenos”. Lo tecnológico y artificial con los malos. Y los tonos cálidos contra los fríos. Tengo que recordar que los atreides contaban con la tecnología, ciertamente, pero los tonos de su mundo eran cálidos y tenían presencia de la naturaleza. Era la familia integradora.

 

 

De hecho, habrá mucha estética judeocristiana y árabe en la película. Los harkonnen conquistarán el norte que pertenecía a los fremen, pero acabarán rindiendo pleitesía al emperador y luego… La paulatina conversión de Paul Atreides en un mito, acarreará consecuencias políticas también.

En la primera parte asistimos al aniquilamiento y extinción de la casa de los atreides. Todos eliminados… o casi. Esto conlleva un nuevo orden de poder.

“El fin de la Casa de los atreides”.

“Mi padre siempre se ha guiado por el cálculo del poder”.

Lo carnal y lo espiritual se personifican en dos mujeres para Paul. Lo carnal con Chani (Zendaya) y lo espiritual con su madre (Rebecca Ferguson).

 

 

En este sentido tan espiritual que tiene esta segunda parte, es interesante el tema del agua… El agua es esencial para los fremen, obviamente, ya que viven en el desierto, un contraste absoluto.

El agua de los muertos recuperada y almacenada. Un nuevo comenzar. 38 millones de decalitros en miles de sitios iguales… Una idea poética.

“Nunca desperdicies tu agua. Ni siquiera por los muertos”.

Se exprimirá a las víctimas, enemigos o amigos, para extraerles el agua. Pura supervivencia.

El Agua de Vida, procedente de los gusanos de arena, usada para los ritos. Paul beberá esa agua y verá a su hermana, que le dará un mensaje, ante una orilla, con lo que tienen estas de simbólicas (muerte, renacimiento, cambio, inicio, fin).

“Tienes que beber el Agua de Vida. Se abrirá tu mente… y verás”.

 

 

Los pesares del elegido.

Si en la primera parte se abría la posibilidad de que Paul Atraides fuera el Kwisatz Haderach, el elegido, y tendríamos las señales que confirmarían tal hecho ante la seguridad de más de una y de dos personas importantes, en esta segunda se desarrolla la forma en la que gestiona el elegido esa posibilidad y cómo influye ese hecho en la comunidad que lo acoge, una comunidad, los fremen, que, de hecho, lo están esperando.

“El profeta conocerá los caminos del desierto”.

Paul se enfrenta a la idea de poder ser o no ser el elegido. Incluso, más bien, de tener que actuar como el elegido o no, independientemente de que lo sea. Y más aún, gestionar el hecho de que muchos lo vean como ese elegido, ese Mesías, y otros como un falso profeta.

 

 

No será bien recibido, o se le recibirá con dudas, escepticismo. Es algo lógico, una revelación así requiere mucha aceptación, pero hay otros aspectos. Y es que las creencias, a menudo, sólo tienen sentido como creencia, como potencia, no como acto, como realidad ejecutada. Es casi una contradicción, donde la creencia en algo fantástico, improbable, da sentido a la vida, pero no se termina de asumir que un día aquello llegue. Parece que se convierte en mundano. Como si nuestra vulgaridad vulgarizara el hecho. Así, aunque algunos lo ven realmente como el elegido, con Stilgar (Javier Bardem) a la cabeza, dispuesto a responder ante él, otros se oponen, en una calma tensa.

En la comunidad fremen y sus distintas tribus, habrá disparidad de opiniones, unas más proclives a la llegada del Kwisatz Haderach y otras menos. Paul deberá demostrar su valía e ir superando pruebas para conseguir adeptos a su causa. Paul, de alguna forma, utiliza su figura en un sentido político, enmascarado en lo religioso, pero en cierto sentido tendrá que reflexionar sobre su propia naturaleza.

La última de sus pruebas será domar un gusano de arena. Lo hará con el más grande jamás visto, claro.

 

 

Creyentes, ateos… Los creyentes irán recibiendo cada vez más argumentos a su favor. Paul/Muad’Dib Usul/Kwisatz Haderach/Lisan al-Gaib (tiene más nombres que un actor venezolano) hará una travesía por el desierto, al estilo de Jesucristo… o Moisés. Un desierto simbólico, que atravesará con el baile, ese paseo arrítmico para evitar a los gusanos en las arenas.

Los no creyentes deberán ir dando pasos hacia la fe, que suponemos quieren, ante las demostraciones y los cumplimientos de las profecías. ¿Cómo negar? O ¿Por qué negarse?

A su vez, habrá una desmitificación de su persona, buscando explicaciones lógicas a los acontecimientos, al cumplimiento de las escrituras, si bien eso no las niega, aunque no sean de un origen “mágico” o “milagroso”…

“¡Álzate!”. “Hay un camino angosto”.

Este conflicto de Paul con su doble o triple naturaleza, se escenifica también en la relación con su madre. Si bien Paul niega ser “el elegido”, su madre lo promocionará, haciendo campaña a su favor por todos los lugares. Incentivará el fervor religioso en las zonas sureñas, donde la fe es fuerte. Habrá conflicto madre-hijo, sobre todo porque Jessica se transforma, transmutando en Reverenda Madre y heredando los recuerdos de su antecesora.

“Propagad la palabra”.

Quiera o no, Paul se irá convirtiendo en una figura mítica. Y eso acarrea consecuencias. Miedo y enfrentamiento, a la vez que fidelidades absolutas. Paul sentirá el vértigo de todo esto, de convertirse en un referente y un líder.

“Me da igual lo que creas. Yo sí creo”.

Quedará convertido en una figura mesiánica, con la ambivalencia que eso provoca en él. Resucitará de entre los muertos con las lágrimas de Chani (está loquita por él, y no acepta bromitas con su chico), las lágrimas de la “primavera del desierto”. Sí, Chani también tiene varios nombres: Chani/Primavera del Desierto/Sijaya… Paul tendrá que rendirse a la evidencia.

 

 

Convertido en “el elegido”, asumiendo su papel, retando a sus fieles o dudosos, aceptado por todos para seguir con fidelidad a la batalla. De esa forma la fe condiciona el futuro político.

Cuando venza a sus enemigos, veremos al Paul más político, el que diseña un futuro colocando piezas, incluso la de su matrimonio en contra de sus sentimientos, asumiendo la unión con la hija del emperador, Irulan, para la desolación y los celos de Zendaya…

Así, Paul logrará postrar al emperador, que besará su anillo (así como la Reverenda Madre también será sometida), y que la producción de especia siga… Es el comienzo de una Guerra Santa donde las Grandes Casas están a la expectativa, resistiéndose a ese nuevo emperador. La fusión total de la religión y la política.

“Comienza la Guerra Santa”.

 

 

Son muchos los elementos espirituales, místicos o religiosos, como ya vimos en la anterior entrega. Por ejemplo, con la presencia de las Bene Gesserit. Todo estará rodeado de signos, señales y profecías. Las visiones y los sueños tendrán un lugar esencial en la narración. Sueños de guerra, de muerte, de futuro. Visiones que traen designios anunciados… Veremos a la hermana futura de Paul, Alia Atreides, interpretada por Anya Taylor- Joy.

Toda esta saga “Dune” es, básicamente, esteticista. La imaginería es estupenda en esa especie de aspiración pictoricista. Los naranjas son la base en el planeta Arrakis. La escena con los fremen atacando a sus enemigos “flotadores” al inicio del film es buen ejemplo.

Las líneas rectas y lo geométrico en los decorados, sobre todo los que contienen a los villanos, es marca de estilo de la película.

 

 

Villeneuve, como ya he explicado en otras ocasiones, gusta del minimalismo estético, del monocromatismo, especialmente apagados, que a menudo sirven de pantalla de fondo y entorno a los personajes, como vimos en la anterior entrega o en “La Llegada” (2016). Los exteriores aparecen saturadísimos en tonos anaranjados, amarillos, blanquecinos…

El naranja del entorno y el negro de las víctimas marca la estética pictórica del enfrentamiento entre fremen y harkonnen del inicio de la película.

 

 

Una estética nazi la de los harkonnen. En los entornos harkonnen los tonos serán blancos y negros, como ya vimos en la anterior entrega. La presentación de Feyd-Rautha, calificado de psicópata, es buen ejemplo de esta estética. Una presentación donde el muchacho va muy en plan Joaquin Phoenix en “Gladiator” (Ridley Scott, 2000). Es casi una escena en blanco y negro. Un paripé con los rivales drogados (los tres últimos de la Casa de los atreides), menos uno, al que mata sin protección, aunque protegido por guardaespaldas. Es justo reconocer que es buen luchador… Tendrá la promesa de ser emperador si apacigua Arrakis, acaba con los fremen y con Paul…

Uno de los grandes placeres que deja el estilo de Villeneuve en su épica película, es el uso del plano general. Se echan de menos películas donde se usen los planos generales, se vea toda la acción, y no queden esclavos del primer plano del actor de turno.

El buscado contraste entre épica e intimismo no está del todo logrado, algo descompensado, pero es un buen intento.

 

 

La estética orgánica se traslada también a lo tecnológico, en el aspecto de las naves y los trajes (la versión de Lynch era mucho más orgánica realmente, característico del director).

Hay momentos de un depurado suspense, ocasional, como en la primera entrega. Un destacado ejemplo lo tenemos en la escena de acción con el ataque al vehículo enemigo y el disparo al vehículo volador con Zendaya y Chalamet como protagonistas. Donde Paul se ganará la aceptación del grupo por su valor y principios. Me gusta el sonido sordo de los disparos y las explosiones. La percusión sorda también de las señales para los gusanos de arena y la banda sonora en general son excelentes.

Las abstracciones se suceden. Figuras, siluetas, distorsiones, reflejos, desenfocados, cámaras lentas… le dan un toque épico, mítico, pero también ensimismado, new age, onírico. Lo de las visioncitas new age, las cámaras lentas y demás, lastran un poco el ritmo de esta ya pausada película de por sí. Siempre dentro de ese estilo enfático que puede fascinar o hipnotizar, del mismo modo que aburrir.

 

 

Su mitología sigue desarrollándose. Es rica, como bien saben los fans de las novelas de Herbert, con muchos elementos metafóricos, simbólicos y sugerentes, muchos de los cuales hemos ido comentando.

Esas víctimas entregadas en ofrenda a los gusanos de arena. Pasaremos por Arrakeen, capital del norte de Arrakis, por su depósito de especia, el Agua de Vida procedente de los gusanos de arena… Agua de Vida, que es el veneno de los gusanos, utilizado para ver… o morir. Reverenda madre… o morir… Cruzar el desierto… o morir… En esta película hay muchas cosas que son “… o morir”.

Madre e hijo sobrevivirán al Agua de Vida. Una Jessica convertida en Reverenda Madre, que tiene conversaciones con su hija no nacida. Madre e hija siniestras… Desiertos con gusanos gigantes, arañas, ciempiés grandes y pequeños, espíritus del desierto…

“Deseo y humillación. Es lo que le mueve”.

Las escenas de acción son destacadas y lucen especialmente gracias a los planos generales. Ya he comentado alguna relacionada con otros temas, pero el bombardeo sobre el refugio fremen tiene unos breves planos espectaculares.

 

 

 

 

La batalla con el ataque sorpresa fremen por todo flanco usando armamento atómico, cuerpo a cuerpo y usando los Shai-Hulud, los gusanos de arena… es espectacular. Además de los excelentes planos, los fremen vencerán a las tropas sardaukar, y Gurney Halleck (Josh Brolin) cumplirá venganza matando a Beast Rabban (Dave Bautista), muy loco y muy violento, que está fatal de lo suyo y va desquiciado.

“¿Por qué asume semejantes riesgos?”.

La emboscada de los fremen al convoy de Halleck, para el reencuentro de éste con Paul, está también muy bien rodada y con un gozoso uso de los planos generales. Halleck, sometido mientras recoge especia, será clave en la batalla que liderará Paul gracias a su conocimiento sobre el armamento atómico escondido.

La lucha de honor entre Paul y Feyd-Rautha, su primo, es otro gran momento de acción, aunque en clave minimalista, pero bien coreografiada. Sin música.

 

 

“Lucha o elige a tu paladín”. “Has luchado bien, atreides”.

“Dune 2”, y su predecesora, es película de caras con malos humos, serias y trascendidas, así que los actores cumplen sin problemas, si bien habrá que destacar al protagonista, el bueno de Timothée Chalamet, que en su lánguida y serena intensidad vuelve a destacar. Mencionaré también, porque no salió en la anterior, a Austin Butler, que hace un buen villano. Es el personaje que interpretó Sting en la de David Lynch. En el debe, quizá, Zendaya, que es chica de sempiterna cara de malas pulgas y morritos prietos, con lo que debería dar bien el pego aquí, pero que, por lo que sea, me resulta la menos creíble de todos.

Un buen trabajo, muy dedicado, con mimo, ensimismado, de ritmo pausado, a veces aletargado, pero que, desde luego, muestra distinción, lo que siempre es loable en estos tiempos.

 

 

 

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