DEPREDADOR (1987)

DEPREDADOR (1987)

JOHN McTIERNAN

 

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Clásico ochentero, de esos que, a la larga, dan mala fama a esta década, una de las peores de la historia del cine, y no porque la cinta sea mala, sino porque las comparaciones, y más hablando de clásicos, son odiosas.

Es una aceptable película, entretenida, que juega con habilidad y acierto con ingredientes de otros clásicos algo anteriores (léase Alien o Rambo), así como con los tópicos y estereotipos de la época en su género.

Alien, el Octavo Pasajero” (Ridley Scott, 1979), fue un clásico revolucionario que, por supuesto, tenía sus referentes clásicos, pero impulsaba un género y una estética que posteriormente ha tenido infinidad de seguidores, una influencia brutal. Por su parte, “Acorralado” (Ted Kotcheff, 1982), fue otro tremendo éxito que dio para muchas secuelas, versiones truchas e imitaciones.

Depredador” rinde tributo a las dos con una brillante fusión. Tenemos al alien venido de otro mundo, el “monstruo”, poderoso y violento, salvaje, casi inabordable e imbatible, que se dispone a acabar, uno a uno, con los miembros de la “tripulación”, en este caso comando militar. Y lo hace en un entorno opresivo, sin que apenas se le atisbe, pudiendo estar en cualquier parte… Y tenemos la selva, ambientación salvaje y natural, como aquel bosque en el que se oculta un John Rambo, interpretado por Sylvester Stallone, en el que, gracias a su ingenio y capacidad, logra sobrevivir ante el acoso de sus perseguidores poniendo trampas, cebos y reclamos, como vemos al bicho y al propio Schwarzenegger en esta cinta de John McTiernan (hasta el look de Billy es muy Rambo).

 

 

Así, uniendo dos ideas de dos cintas de culto y de gran éxito en la época, se forja otro pequeño clásico, muy inferior, al menos a la obra de Ridley Scott, pero eficaz, que fue un gran éxito y conserva un gran número de fans y buena reputación. No es mucho más que eso, y eso es mucho. Una cinta efectiva y hábil, muy lograda.

Siempre me sorprendió la devoción de algunos por esta película. Entiendo que se entretuvieran, incluso que con el tiempo la nostalgia prendiera cierto entusiasmo emotivo más allá de la calidad real, pero la sobrevaloración que de este título hacen algunos me deja perplejo.

No me entiendan mal, “Depredador” es una película estupenda, entretenida, eficaz, correcta, con sus cosillas que aparentan ser originales aunque no lo sean tanto al mezclar aspectos de éxitos que estaban en boga en aquellos años, algo que siempre es buena idea si se hace bien, como es el caso, pero ir más allá es injusto.

La dirección de McTiernan es competente y efectiva. Una buena atmósfera que nos introduce de lleno en la selva, con planos donde la vegetación esconde a los personajes, oculta el entorno a la par que lo define, da sensación de vulnerabilidad y transmite una gran claustrofobia y amenaza.

 

 

 

Por lo demás, aquí tenemos machos muy machos que presumen de machos, algo que ¿qué quieren que les diga?, se agradece en estos tiempos mojigatos e inquisitoriales, surrealistas, absurdos y, en ocasiones, nauseabundos.

 

 

Aquí todos exhiben testosterona, como mandan los cánones del género, sobre todo en ambiente militarista, con Arnold Schwarzenegger liderando el grupo junto a su inseparable puro. Y es que en estas películas hay que poner pose de macho, incluso si no te va.

En el cine de acción ochentero tenías que ponerte camisetas o camisas de manga corta para que se vieran bien los bíceps, porque si no la cosa no funcionaba. ¿Cómo iban a saber  lo machote que eras entonces? Era el auge de los gimnasios y el sudor. En estas películas siempre hace mucho calor y se suda muchísimo. Años muy calurosos antes del calentamiento global.

Ahí tenemos a Carl Weathers, que con su camisa de manga corta parece la versión afroamericana y musculada de Homer Simpson. Ellos se saludan como se saludan los machotes, con choques de mano para marcar brazo, hacer fuerza y realizar algún comentario vacilón o “hater”, como se dice ahora, que eso también es muy de machote.

Son tíos de verdad, de esos que pueden enfrentarse a una bestia parda cazadora y asesina venida de otro planeta con su modernísima tecnología y brutal físico. De los que mascan tabaco, se pintan sus caras con pinturas de camuflaje belicoso y exhiben sus portentosos reflejos… Sueltan chistes sexuales sin venir a cuento; se afeitan a pelo en un helicóptero, algo muy adecuado para el momento; matan escorpiones en la espalda de compañeros sin despeinarse… Cosas de verdaderos machotes. Camaradería varonil.

Era un buen soldado.

Era mi amigo.

 

 

Nuestro héroe es el señor Schwarzenegger con su inseparable puro, un hombre a unos bíceps pegado, que interpreta a Dutch. Luego tenemos a un chistoso Hawkins (Shane Black), a un tipo que se afeita constantemente llamado Mac (Bill Duke), un ex soldado ahora más funcionario y algo mentiroso llamado Dillon (Carl Weathers), un rastreador con pinta de Rambo llamado Billy (Sonny Landham), un mascador compulsivo de tabaco llamado Blain (Jesse Ventura) y a Poncho (Richard Chaves)…

Es necesario reseñar, que el buen machote ochentero siempre recitará cada pocos minutos una gran y tajante frase llena de testosterona, contundente, categórica, y que es indispensable que suelte un chascarrillo antes o después de matar a alguien, como para quitar trascendencia al asunto y hacerlo más guay.

No te muevas”. “Tac Tac”.

No tengo tiempo para sangrar”. Sí, más machos que los machos.

Somos un equipo de rescate, no unos asesinos”. “Antes se podía confiar en ti”.

Eres una auténtica belleza”.

 

 

Toda la primera parte del film juega al despiste. Una especie de engaño con una aparente misión militar de rescate donde se termina con un campamento destruido en medio de la selva durante la primera media hora, antes del encuentro con el Depredador, excusa para tenernos entretenidos e intrigados, ya que vimos a una nave espacial dejar algo y se nos va sugiriendo la presencia de la criaturita con esos planos de su mirada calorífica.

El bicho.

La idea de la criatura, el villano de la función, es lo más inspirado del film. Un camaleón intergaláctico belicoso, un replicador, camuflador, que se confunde con su entorno, un E. T. rastafari, la Whoopi Goldberg de otro planeta, con garras, armas sofisticadas, visión infrarroja, fuerza brutal, velocidad supersónica, omnipresencia, sangre verde fosforita… pero que muestra ciertas debilidades, ya que lo hieren, cazan y localizan…

Él, unido a la mitología de la selva, de la jungla, es el gran aliciente de una cinta con buena atmósfera. La mítica de la selva, salvaje, desordenada, incomprensible… casi como esa criatura.

En esos árboles hay algo”.

Un vínculo entre criatura y selva bien expuesto y plasmado, tanto en imágenes como en ciertos comentarios. La primera aparición del Predator será así, confundido en la selva, transparente, integrado en el entorno. Los efectos especiales, en general muy buenos, a veces cantan, pero no es algo significativo.

La selva se lo llevó”. “Cambiaba de color. Como un camaleón”.

 

 

McTiernan lleva con rigor la puesta en escena. Observen ese momento aparentemente insustancial y de poca importancia en el que Billy (Sonny Landham), el rastreador al que desde el principio la cosa le huele mal, mira hacia el vacío tras terminar en el campamento y, al irse, la cámara se eleva por la selva sin aparente objetivo para fundir el plano repentinamente con la mirada infrarroja de la criatura. De esa sencilla manera acentúa este mencionado vínculo entre la selva y el bicho sanguinario.

Un plano que repetirá poco después, resaltando la inquietud de Billy junto a Dutch (Arnold Schwarzenegger), mirando atentos a la selva, con un contraplano de esa selva sin que veamos nada, para fundirse en un abrupto corte, de nuevo, con la mirada infrarroja del bichejo.

Por ello es tan eficaz ese plano, una vez el equipo se pone a buscar el cuerpo de Hawkins (Shane Black), donde cada uno con su arma aparece rodeado y casi oculto por esa selva que los encierra y atrapa, que sube por un árbol siguiendo el rastro de la sangre hasta el cuerpo colgado, como si hubiera sido la selva la que ha hecho aquello ciertamente. Una fusión visual realmente brillante.

Utiliza la jungla”.

 

 

La consecuencia es clara. Ese plano donde vemos a los protagonistas durante un largo minuto bombardeando a la selva, precisamente, esa aparente nada que parece serlo todo… una vez cae otro miembro del equipo…

De hecho, el mejor plano de la película es ese donde vemos caer al agua al invisible Predator persiguiendo a Dutch en segundo plano, apareciendo de la nada… Una mala pécora ese bicho, que incluso cuando se siente morir intentará acabar con el héroe…

Se define al final algo así como la tesis del film, que parece tenerla. La civilización, el orden, las armas, contra la naturaleza salvaje, caótica… La pretendida mentalidad cerebral contra la ilógica visceral. Supervivencia contra caza… Y eso que ese mundo salvaje es aún más evolucionado y tecnológico que el nuestro, en lo que parece una contradicción.

 

 

 

 

 

El Depredador caza, caza por placer, por deporte, por lo que se dice. Y, para ello, ejecuta su labor con las armas de la selva. Trampas, trucos, camuflaje… un jabalí (elemento animal de nuevo), para distraer… Dutch sólo podrá batirse con él cuando renuncie a todo para adaptarse y fundirse también con esa naturaleza salvaje, abandonando todo atisbo civilizado.

Así también se camuflará con barro para impedir ser localizado por la mirada calorífica e infrarroja de la criatura, pondrá trampas, cebos y reclamos… demostrando que además de musculoso es un tipo listo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegado el final, el camuflaje desaparecerá (averiado en la criatura, limpiado con agua en Dutch), para dar lugar al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Un gran enfrentamiento donde luce el ingenio del protagonista, que volverá a dar caza al cazador, que se salvará porque es complicado matarlo y porque querrá morir matando…

Una criatura que cada vez se va mostrando más, conforme supone una amenaza mayor, pero que encuentra su eficacia dramática, una vez más, en que casi no la veamos. Por eso me sobra esa escena en la que lo vemos curándose las heridas, aunque acaba siendo necesaria para mostrar algo más de su mitología, su afición por el “coleccionismo”…

Ahí fuera hay algo que nos está esperando… y no es un hombre”.

 

 

 

 

 

 

Vamos a morir todos”. Memorable frase que se hizo mítica, aunque creo que se la relacionaba más con Rambo que con Predator, si bien esta segunda, como expliqué, le debe mucho a la primera.

El mayor problemilla que tiene el bicho es que tiene enfrente a Schwarzenegger, que tampoco es humano. Mira al resto de sus compañeros como pensando: “cosas de humanos”.

Si sangra podemos matarlo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las muertes son crueles y no se escatima en gore, con brazos cercenados, cuerpos despellejados o entrañas desperdigadas. Curiosamente, la de Billy será una muerte en off, aunque se rajará el pecho él mismo un poco para que quede claro que también es muy machote. Mac se volverá un poco loco; Dillon buscará redimirse, pero el final será el mismo para todos… Al pobre Dillon (Carl Weathers), el bicho le arranca un brazo de un disparo… luego intentará hacer lo propio con Schwarzenegger, pero claro, el brazo de “Chuache” es otro nivel…

Además, nuestro protagonista es muy afortunado, sus caídas nunca son peligrosas o preocupantes, como bien corresponde a un héroe de acción, por ejemplo al agua… y cuando peor se le ponen las cosas logra llegar a un lugar lleno de barro que le permite camuflarse, si bien esto puede justificarse al estar al lado del agua de la que acaba de salir. Así se inicia el último tercio del film. El duelo. Un buen suspense y una gran preparación para esa lucha final.

Y es que, finalmente, “Depredador” se descubre como un típico mecanismo de acción de los que se hacían en la época, más lujoso, con algunos rasgos de ingenio y detalles más brillantes que la media del género, con ingredientes sabrosos al sumar Ciencia Ficción y toques de terror, pero con muchos de sus defectos y clichés más tópicos y típicos, desde la dirección al guión… cosa que no tiene por qué ser negativa, incluso, a menudo, todo lo contrario.

 

 

Ese plano general en picado en el ataque al campamento donde vemos a un malote detrás de Schwarzenegger en plan sigiloso, tomándose su tiempo para matar a nuestro héroe, y que así éste pueda volverse, ensartarle y decir su chascarrillo… “No te muevas”.

 

 

En esa misma línea. ¿Por qué la chica latina no mata a Schwarzenegger de nuevo por la espalda? Se acerca sigilosa (pero no tanto), y espera a estar justo detrás para amartillar el arma y así favorecer la reacción de nuestro “testosterónico” militar… Entran unos tipos matando a todo el mundo y ella se nos pone delicada… Esas coincidencias y artificios de puesta en escena me saturan y desquician.

No es que la cinta esté mal rodada, en absoluto, todo lo contrario, tiene buenos momentos y planos, logra una aceptable atmósfera en la selva, pero abundan, sobre todo en ese ataque al campamento, esos insufribles planos dentro de las escenas de acción (muy típico de los 80), en los que se abusa del montaje, donde uno tipo dispara a no se sabe dónde y otros mueren abatidos en el plano siguiente no se sabe en qué lugar…

 

 

Depredador”, además, es una película que, dentro de su ambiente y estética militarista, quiere quedar bien. Su filosofía militar es bondadosa: “Somos un equipo de rescate, no unos asesinos”. Su reparto es ecléctico, tenemos de varias razas. Además hay una chica superviviente e inocente, a la que se protege y salva. Figura inocente en el centro de todas esas batallas, a la que los soldados acaban liberando y la criatura obviando por no ser una combatiente… Ese personaje femenino parece tener también cierto vínculo extraño con esa criatura. Se llama Anna (Elpidia Carrillo).

Dos curiosidades. Shane Black, que interpreta a Hawkins, la primera víctima del grupo, que cae cuando persigue a la chica por la selva, el que suelta chistecitos sexuales sin venir a cuento… ese… es el director de una entrega de la saga, “Predator” (2018).

 

 

 

Por otro lado, nuestro amigo Jean-Claude Van Damme fue seleccionado para interpretar al Predator, al que daría la agilidad y movilidad de un ninja. El problema es que Van Damme era muy bajo, por lo que al lado del imponente grupo de militares protagonista quedaría poco intimidante. Además el traje le daba mucho calor, lo que le provocó algún desvanecimiento. Tampoco le gustaba la idea al actor belga de no salir en pantalla sin el traje, vamos, que no le molaba que no se le viera el rostro… Por todo ello fue despedido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su sustituto fue Kevin Peter Hall, que es también el piloto del helicóptero que los lleva a la selva, al que no se le ve la cara tampoco.

Un gran clásico ochentero, muy eficaz y entretenido, que hoy día se ve con el mismo atractivo que entonces.

 

 

 

sambo

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