Crítica: SPOTLIGHT (2015) -Parte 1/2-

Crítica: SPOTLIGHT (2015) -Parte 1/2-

THOMAS MCCARTHY




 

 

Hay un aspecto sutil que me pareció especialmente interesante en esta fría y detallista película, y es que en su aséptica ausencia de sentimentalismo, en la mayoría de las conversaciones que vemos, nunca van al grano de inmediato, siempre hay varias frases de cortesía antes, cierta digresión respetuosa, sencillas apelaciones personales, sin profundidad, pero presentes, lo que normaliza y humaniza, hace tangible, el trabajo periodístico que tan exhaustivamente retrata la cinta, ese que se nos escapa en los medios, y que matiza la robótica sensación general.

 

 

 

Esa desesperada huida del sentimentalismo queda verbalizada en el relato que el personaje interpretado por Michael Keaton hace de su entrevista con un amigo suyo que recibió abusos. Nosotros vimos dicha entrevista, pero lo que cuenta Keaton es que su amigo se derrumbó y rompió a llorar, algo que no vimos, que se nos omitió, precisamente.

 

 

 

 

La tradición del cine periodístico ha dejado muchas obras maestras, unas para retratar la mezquindad despiadada y sin escrúpulos de la profesión, otras para hacer un retrato más global, otras como mero subterfugio para exponer una realidad social y otras para homenajear una dedicación imprescindible y necesaria en toda democracia que se precie. La prensa libre.

Spotlight” correspondería a esta última tendencia, la reivindicación y utilidad del periodismo como pilar indispensable de la sociedad para desmantelar y denunciar los desmanes sociales, políticos o de cualquier tipo.

 

 

Son muchas las películas que han reivindicado la profesión periodística, y muchas de ellas grandes obras cinematográficas, imperecederas. “Yo creo en ti” (Henry Hathaway, 1947), “La mujer del año” (George Stevens, 1942), “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976), “El cuarto poder” (Richard Brooks, 1952), “Corredor sin retorno” (Samuel Fuller, 1963, “Mientras Nueva York duerme” (Fritz Lang, 1956), “Philomena” (Stephen Frears, 2013), “Buenas noches y buena suerte” (George Clooney, 2005), “El desafío: Frost contra Nixon” (Ron Howard, 2008), “El dilema” (Michael Mann, 1999)…

 

 

 

Otras, en cambio, han puesto su mirada en sus defectos, en sus mezquindades, en su lado negativo, morboso, frívolo, despiadado y sin escrúpulos. “El ojo público” (Howard Franklin, 1992), “Trágica información” (Phil Karlson, 1952), “Sed de escándalo” (Mervyn LeRoy, 1931), “Nightcrawler” (Dan Gilroy, 2014), “Network (Un mundo implacable)” (Sidney Lumet, 1976), “Más dura será la caída” (Mark Robson, 1956), “Juan Nadie” (Frank Capra, 1941), “Chantaje en Broadway” (Alexander MacKendrick, 1957), “La dolce vita” (Federico Fellini, 1960), “El gran carnaval” (Billy Wilder, 1951), “Luna nueva” (Howard Hawks, 1940), “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941)…

También merecen reconocimiento las dedicadas al periodismo de guerra, del estilo de las estupendas “El año que vivimos peligrosamente” (Peter Weir, 1983) o “Los gritos del silencio” (Roland Joffé, 1984).

 

Una película muy detallista y concienzuda esta «Spotlight«, que tiene en muchas de sus virtudes también sus peores defectos, esa distancia pretendida para no caer en demagogias o mensajes equívocos, ni en sentimentalismos, que la acaba haciendo excesivamente fría. Lo interesante es la historia en sí, porque Thomas McCarthy no logra hacer apasionante la película. Hay frescura porque la historia es atractiva y las conversaciones no se eternizan, pero todo se mantiene demasiado lineal, sin la garra y emoción necesarias.

 

 

Los amagos e insinuaciones acerca de los sentimientos de los personajes resultan vacuos, no aportan nada porque carecen de desarrollo, parecen pegotes repentinos, indecisos, a medio camino. Si la idea era limitarse a “la historia” se debería haber prescindido de esas insinuaciones o elementos personales que se esbozan vaga y ocasionalmente, porque al incluirlos hacen perder coherencia y tampoco logran conmover debido a la global frialdad y concepción de la cinta, a la distancia marcada de inicio en la propuesta. Un difícil equilibrio en un tema tan escabroso y delicado.

 

 

 

Es en ese detallismo donde están las grandes virtudes del film, la precisión y exhaustividad con las que están mostrados los desarrollos de las investigaciones del caso. Investigación profunda, caminos cerrados que obligan a ir hacia atrás y buscar otros nuevos, errores, rectificaciones…

 

 

 

 

Spotlight” es una narración casi documentalista, fría y aséptica, del magnífico trabajo periodístico ganador del Pulitzer, desde finales de 2001 hasta entrado el 2002, que destapó toda la trama pederasta acontecida en Boston con la condescendencia y ocultación de la mismísima Iglesia Católica, del equipo “Spotlight” del periódico Boston Globe, una sección sobre casos de investigación. Basada, por supuesto, en hechos reales.

Una obra que reivindica la profesión periodística, pero que tiene su problema en el exceso de distancia buscado, lo que hace su narración tremendamente fría, contada como si fuera un prospecto.

 

 

Estilo invisible e inocuo.

Esta frialdad y asepsia también se manifiesta en un estilo muy documental, sin apenas dramatismo ni elementos cinematográficos o de puesta en escena reseñables. Todo es rígido, vertebrado en conversaciones, una fotografía neutra, movimientos de cámara y encuadres muy objetivos en un pretendido estilo invisible. Hay, con todo, ciertos aspectos interesantes en su puesta en escena, que en general es académica, convencional, fría y objetiva.

 

 

 

-La primera escena es muy interesante y define el modus operandi que nuestros protagonistas irán descubriendo. Una escena en una comisaría donde el director coloca varios personajes inocentes, cándidos, limpios… Estos son el joven policía y unos niños que han sido víctimas de abusos. Nada se explicita. Se entiende todo con los mínimos elementos.

 

 

 

Un asunto que se resuelve clandestinamente, incluyendo la presencia del asistente del fiscal, que pide discreción a la policía ante los medios y donde un cardenal realiza un sutil chantaje emocional reivindicando los beneficios de la iglesia a la comunidad. Pelillos a la mar.

Planos de unos niños, un cura hablando, otro, el abusador, al que vemos fugazmente… No hace falta más. Sacerdotes con bula. Unos sacerdotes que pasan de ser una imagen positiva a algo turbio, cuervos a la espera de sus víctimas para cometer tropelías protegidos tras su alzacuello y lo que representan.

 

 

Policía 1: Va a ser difícil mantener a los periódicos alejados de la acusación.

Policía 2: ¿Qué acusación?

El plano final de la escena es magnífico. Una panorámica sigue a los sacerdotes que salen de la comisaría, pero se queda con el joven policía, tras otra panorámica que muestra como se marcha el coche con los religiosos en su interior, manteniéndose a distancia de éstos.

 

 

 

 

-Los travellings traseros, siguiendo la espalda de personajes, es un recurso que aparece en la cinta en varias ocasiones. Lo vemos al inicio en la comisaría, siguiendo a un policía; también en la redacción del periódico, tras la escena donde despiden a un periodista que se jubila, siguiendo a Sacha (Rachel McAdams) y Matt (Brian d’Arcy James). Siguiendo a Baron en la Gala Católica de Caridad. A Matt buscando la casa donde se aloja a curas pederastas…

 

 

 

De esa forma se muestran los entornos, junto con los planos generales. Una dirección tremendamente sobria que busca en su asepsia, en los tonos y la fotografía neutra, en esa frialdad de la que no logra deshacerse, ejemplificar una filosofía o código moral acerca de lo que debe ser el periodismo.

 

 

 

 

También habrá travellings de otros tipos, sobre todo siguiendo a personajes mientras pasean y dialogan, frontales. Planos largos y escenas resueltas en un solo plano, como la conversación telefónica de Rezendes con el psiquiatra en su casa, con la cámara acercándose sutilmente. Hay uno desde un teléfono cuando el psiquiatra consultado y experto en la materia da unos datos, un travelling o zoom de retroceso desde el teléfono a plano general. Un psicoterapeuta ex sacerdote que fue amante de una monja.

 

 

Sólo el 50% son célibes, el 6% pederastas, aproximadamente 90 están en Boston…

 

Otra conversación telefónica entre Rezendes y el psicoterapeuta termina de forma intrigante, cuando este último parece cortar repentinamente la comunicación cuando llaman a la puerta del periodista y tras advertirle de que irán a por él a causa de su investigación… pero esto no lleva a nada.

 

 

 

-Planos generales, semidocumentales en muchos casos, que muestran la redacción y ejecutan escenas completas, como cuando vemos vagar por allí a un curioso Mike Rezendes (Mark Ruffalo) al inicio. Planos generales de situación, que no siempre inician la escena, por ejemplo en la reunión entre Baron (Liev Schreiber) y Walter “Robby (Michael Keaton), que lidera al equipo de “Spotlight«, donde debatirán el nuevo método de trabajo y lo contrastarán con el antiguo.

 

 

 

-Uno de los rasgos de estilo que más llaman la atención, quizá el único, es el uso del montaje paralelo, que aparece en varias ocasiones durante el film. En distintos momentos el director toma la decisión de recurrir al montaje paralelo, insertando una secuencia en medio de otra que está aconteciendo, sin que quede clara la línea temporal, aunque es de entender que suceden al mismo tiempo. No hay tanto un sentido simbólico o conceptual como meramente narrativo.

 

Cuando Rezendes (Mark Ruffalo) vaya a hablar con el abogado Garabedian (Stanley Tucci), lo veremos llegar y esperar, para irnos a la primera entrevista entre «Robby» (Michael Keaton) y Sacha (Rachel McAdams) con Macleish (Billy Crudup), y luego volver a Rezendes y su entrevista con el mencionado Garabedian por fin.

 

 

 

 

Hay otro montaje interesante, con dos escenas distintas donde se habla del caso en entornos lúdicos, en un partido de béisbol, donde su jefe, Bradlee (John Slattery), amenaza a Rezendes con suspender el caso, y con “Robby” jugando al golf con su amigo abogado, Jim Sullivan (Jamey Sheridan), que se ocupó de un asunto de pederastia sobre el padre Barret y el Cardenal Law (Len Cariou), del cual recibe la callada por respuesta. En este caso no se trata de un montaje paralelo, sino lineal, pero que tiene en la peculiaridad del juego su principal interés y paralelismo. En la escena del golf iremos de planos generales a cortos, en el estilo clásico y sobrio de la película.

 

 

Las dos entrevistas a víctimas de abusos se harán en montaje paralelo. Un travelling desde la espalda, rasgo ya resaltado, seguirá a Sacha hasta su entrada en el bar donde tendrá lugar la entrevista con un chaval tímido e inseguro. Esta escena se irá desarrollando en planos cada vez más cortos. Sacha planteará una interesante reflexión sobre el lenguaje: Ser lo más claro posible, no recurrir a eufemismos, no rebajar la crudeza ni suavizar las cosas. Un duro relato sobre las contradicciones y complejos inevitables de un niño gay manipulado por su guía que supuestamente le apoya y comprende, el primero que le dijo que todo estaba bien y era normal… un sacerdote… La consecuencia: problemas psicológicos, alcoholismo… Por desgracia esta conversación se divide en dos tramos, esta escena citada y una poco después en una conversación telefónica, una escisión de guión absurda, ya que podría haberse ejecutado toda junta… Se intuye un poco cuidado y disimulado intento de dar dinamismo.

 

 

 

 

 

Por otro lado tenemos a Rezendes reunido con Garabedian y otra víctima de abuso a la que el abogado defiende. La sobriedad también predomina en esta escena, en estricto plano y contraplano, con ausencia de música (aunque las notas de Howard Shore en las transiciones son estupendas), que sólo se utiliza en transiciones, para no insinuar cualquier tipo de sentimentalismo. Estilo documental de entrevista. Hay un añadido dramático, ese inserto del brazo de la víctima que muestra señales de pinchazos, explicando su duro pasado.

 

 

 

Es uno de los afortunados… Todavía está vivo”.

En ambas escenas los planos generales sólo se usan por necesidad de la puesta en escena (la entrada de un camarero, algún personaje…).

De la fiesta de la Gala Católica de Caridad a la entrevista en un restaurante entre Rezendes y Garabedian, de una a la otra y vuelta en otro montaje paralelo.

 

 

Del juicio al que asiste Rezendes a la reunión de “Robby”, Sacha y Matt en su despacho en “Spotlight”.

 

De Rezendes persiguiendo los documentos públicos por los juzgados a la entrevista de “Robby” con los miembros de la escuela a la que perteneció él mismo, su amigo abusado y el cura que lo hizo.

 

 

 

 

 

También hay varios montajes dinámicos que funcionan a modo de transición, siguiendo el trabajo de búsqueda de documentos o con los periodistas callejeando buscando testimonios. Uno de estos montajes dinámicos siguiendo a distintos miembros de “Spotlight” es usado irónicamente al ser adornado con un villancico navideño, es la época… Veremos a Rezendes escuchar a unos niños cantores, que cantan dicho villancico, en el coro de la iglesia a la vez que escribe la historia.

 

 

 

-El tratamiento visual al personaje de Marty Baron, que interpreta Liev Schreiber, es otro de los sutiles y escasos recursos estilísticos que deja la película. Su presencia es casi una deidad, un espíritu que maneja los hilos de ese equipo que sacará a la luz un asunto turbio y bochornoso, denigrante e inmoral, terrible y vomitivo.

 

 

 

Uno de los planos que más me gustan es un travelling que sigue a “Robby” y Bradlee (John Slattery), con Baron al fondo del pasillo, casi invisible pero presente, allí sentado, trabajando, el jefe de ambos.

Serán muchos los planos donde lo veremos al fondo del encuadre, en plano general, en su despacho, como el sostén de toda esa redacción. Casi no se le ve, pero ahí está. Hay un plano especialmente llamativo desde el punto de vista visual. Baron en una cafetería tras un cristal que refleja la salida de los feligreses de una iglesia a la que él mirará atento. De nuevo la figura beatífica que llega a hacer justicia y exponer la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

There are 2 comments on this post
  1. enero 17, 2016, 2:25 pm

    Quizá ña frialdad es para dar mayor veracidad. No decantarse descaradamente por los "buenos" para q el peso de la maña acción denunciada quede más en evidencia…
    No se…
    Me gustasn las pelis de periodistas y de tu lista he visto un buen puñado!!
    Cómo pasa el tiempo!!! Keaton…
    Gracias por traerla, esperando la 2/2!!
    Bss

    • enero 17, 2016, 6:06 pm

      Los hechos deben desgarrarte, una de los periodistas lo expone así incluso, cuando dice a una víctima que no use eufemismos… Que un hecho así te deje frío, se preocupe de lo analítico sin más, le resta fuerza. No creo que TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE sea una película a la que le falte veracidad, por ejemplo.

      Besos!

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