Crítica: PACIFIC RIM (2013) -Parte 2/3-

Crítica: PACIFIC RIM (2013) -Parte 2/3-

GUILLERMO DEL TORO

El artesano autor.
Del Toro tiene rasgos perfectamente reconocibles, un toque
autoral, y aunque no pueda considerársele un autor mayúsculo tiene sus
constantes que logran que su cine tenga un estilo propio bien definido. Así su
gran labor artesanal, su gran virtud, siempre tendrá esos detalles estéticos y
conceptuales que dan un toque personal y que en ocasiones, como la actual, trascienden
el mero entretenimiento, aunque esa sea la esencia de la película. Esa labor
artesanal queda magníficamente ejemplificada en su talento para las
presentaciones, perfectas para este tipo de cintas. Ya vimos cómo lo hizo con
los dos hermanos y su preparación para el primer combate y lo volveremos a ver
con la chica oriental del paraguas, Mako Mori (Rinko Kikuchi). De igual forma será
brillante la presentación del mundo Jaeger, de lo que queda de él, los cuatro
que restan, las miradas desafiantes, las rivalidades, los gestos chulescos y
varoniles marcando territorio, la naturalidad, como ese cochecito que casi
atropella a Raleigh, las explicaciones técnicas sobre los Jaeger, su presencia…

 

Del Toro sabe lo que hace, comenté varias presentaciones
muy notables desde lo visual, hará lo propio con otros personajes, por ejemplo el que interpreta Ron Perlman, Hannibal Chau, al cual dotará de peculiaridades
en el vestuario y su look para hacerlo carismático, al estilo Leone o
Tarantino, sus gafas, sus zapatos, el ojo perdido… le dan el sello especial.
-Uno de esos rasgos de autor, tic de tono que siempre
encontramos en el cine de del Toro, lo tenemos en los momentos de humor, aquí lo
tendremos a dos bandas aunque se unificarán. Los dos científicos que discuten
sobre sus teorías, el doctor Gottlieb (Burn Gorman) y el doctor Geiszler
(Charlie Day), también hay rivalidad en la ciencia, y toda la trama con
Hannibal Chau (Ron Perlman), donde además podremos disfrutar de la aportación
de Santiago Segura.

 

-Otro de los rasgos habituales del cine de del Toro, este a
nivel estético, es la utilización de lo orgánico, en muchas ocasiones junto a
lo metálico, aquí veremos cerebros, viscosidades y entrañas Kaijus de colores
divertidos para aburrir, algo que recuerda a la estética de sus “Hellboy” (2004
y 2008), estilo cómic. Esto está muy bien mostrado durante toda la cinta.
Veremos restos Kaijus en ciudades, el primitivismo mezclándose también con la
modernidad.

 

-En general, como comento, no hay grandes rasgos de autor
reseñables, ni estilísticos, algo bastante habitual y lógico en cintas de este
tipo, aunque estará presente en la trama la comunicación entre dos mundos y la
unión entre realidad y fantasía que vertebra buena parte de las historias de
Guillermo del Toro, en realidad de todas.

 

La frecuencia de los ataques ha aumentado con lo que el plan
a seguir será lanzar una bomba a la brecha. Llegados a este punto el espectador
ya se habría preguntado por qué demonios no lo habían hecho antes, ir a la raíz
del problema si estaba localizada, sería el plan lógico, y no 12 años después,
aunque la explicación llegará pronto, ya se intentó y fue un fracaso, nada
puede atravesarla…salvo los Kaijus. El caso es que ahora que podemos ver en
primera persona los sucesos tendrán a bien acometer de nuevo el plan.
Además del plan del ataque a la brecha otro de los
científicos plantea una opción alternativa, usar un cerebro Kaiju para que
apliquen la misma técnica que fusiona las mentes de los pilotos de Jaeger, para así poder
conocerlos mejor, ver de donde provienen y descubrir sus secretos.
La misión militar para bombardear la brecha nos remite de
forma directa a Star Wars, como explicaré más adelante. 

Hay que comentar que Rinko Kikuchi no hace una
interpretación memorable precisamente, pero la forma que tiene de mirar al
protagonista deja pocas dudas, lo mira como si fuera a entregarse a él allí
mismo y en ese preciso momento… si se lo pidiera. Ella busca un compañero y
venganza, pero parece ser que nuestro protagonista no se adecúa a sus
exigencias.
El dibujo de los personajes va quedando definido, el duro
pero en el fondo sensible Mariscal, el díscolo e imprevisible protagonista, que
tiene en esa imprevisibilidad su mayor defecto y su mayor virtud y al que se
le ve más maduro y hecho, más matizado en el entusiasmo que le vimos en la
primera secuencia.

Esta fase la dedicara del Toro a desarrollar las relaciones
de los personajes y sus rivalidades, por ejemplo entre el protagonista y el
piloto chulito Chuck Hansen (Robert Kazinsky), incluyendo vaciles y
enfrentamientos con el Mariscal y la relación entre Mako y Raleigh, que
aligerará esta parte cuando les veamos enfrentarse en combate de artes
marciales. Una evidente pausa narrativa en la acción que en realidad es todo lo
contrario. Del mismo modo se sugiere una misteriosa relación entre la joven Mako
y el Mariscal. Además del Toro ira dejando cebos, como la sangre que le sale de
la nariz al Mariscal y que insinúa un pasado como piloto de Jaegers. Ella
quiere combatir y se da a valer, pero él, que se lo había prometido, no está
por la labor de dejarla. Ella demuestra ser un copiloto competente para
Raleigh, aunque no piensa que él dé el perfil adecuado. Para Raleigh primará la
meritocracia, y a pesar de los traumas infantiles, de su valoración negativa y
de que lo venza en el combate, apostará por la chica. 

No es obediencia, señor Becket, es respeto”.
Charlie Hunnam, que es posible que de aquí se lance al
estrellato, luce músculo cada vez que puede, lo veremos ponerse la camiseta en
multitud de ocasiones. Este actor tiene tics parecidos a Matt Damon. También
tiene un toque a Mark Wahlberg.

 

Todos estos conflictos irán evolucionando con buen ritmo
narrativo y sin que en ningún momento baje el interés a pesar de que no se
entre en el meollo de las escenas espectaculares. Las relaciones y
conflictos amenizan la historia con fluidez, con combates como el mencionado
entre Mako y Raleigh o la merecida paliza que nuestro protagonista le da al
chulito Hansen (Robert Kazinsky). Buenas y contundentes peleas. 

 

Del Toro utiliza numerosos recursos narrativos para
desarrollar su historia y mantener su carácter global, el más evidente es el
uso de los noticiarios y elementos documentales para informarnos al mismo
tiempo que a los personajes de distintos sucesos. Así también usará el montaje
muy sincopado con “las derivas”, de donde se rescata mucha información con
flashes.
El conflicto científico se resolverá con uno de ellos
experimentando por su cuenta con «la deriva» a un Kaiju, concretamente el
dicharachero Geiszler, lo que desembocará en una subtrama que explicará el por
qué no se logra introducir nada en “La Brecha”.
Resulta extraño que Raleigh no conozca a su compañero hasta
el momento cumbre, sobre todo por la necesidad de una buena compatibilidad que
deben tener los pilotos… licencias dramáticas.

Uno de los mayores defectos, a priori, que pueden achacarse a
la cinta, es la falta de concreción en las motivaciones de esos bicharracos,
los Kaijus, del mismo modo que no sabemos muy bien por qué no salen más y más a
menudo. No se explica por qué tienen ese afán destructivo si es que hay un
motivo, sería un defecto en la historia, aunque por otra parte puede acabar
convertido en virtud, huyendo de cualquier coartada o explicación, depurando el
enfrentamiento, centrándose en un suceso excepcional para el que no hay
explicación sin más.

Raleigh y Mako se probarán, harán “la deriva” pero algo
saldrá mal. Licencias oníricas nos llevarán a un recuerdo traumático de la
chica, cuando perdió a su familia en un ataque Kaiju y fue rescatada por el
Mariscal.
La búsqueda de un cerebro Kaiju de Geiszler nos presenta a Hannibal
Chau
, nombre que recoge por ser el cartaginés Hannibal su personaje favorito.

 

El gran aliciente de “Pacific Rim” son sus espectaculares
escenas de acción, lo que más recuerda y recordará la gente, pero es necesario
destacar que ahí no acaba la cosa. Del Toro no sólo demuestra su talento en los
momentos espectaculares, que por supuesto son muy notables, sino también en los
íntimos, uno de los mejores ejemplos lo tenemos en la conversación que
mantienen Raleigh y el Mariscal Stacker, cuando el segundo marca distancia y
corta las confianzas de su subordinado. Casi sentimos como el personaje se
agiganta, incluso a través de los encuadres, empequeñeciendo a nuestro
protagonista. Todo ello se rubricará con unas gigantescas puertas cerrándose como
imagen simbólica de lo anterior, de esa distancia que no debe cruzarse, que
debe mantenerse, de ese blindaje que pretende el Mariscal.

 

Pasada la hora de metraje comienza a lanzarse el que será el
duelo final entre Jaegers y Kaijus. La espectacularidad parece volver a hacerse
con las riendas, la batalla a coger forma. Todo aumenta el ritmo, la frecuencia
de los ataques y el número de Kaijus que los protagonizan, ahora dos a la vez. 

Así tendremos una de las escenas más espectaculares, y brillantes,
del último cine espectáculo, la batalla marítima entre Kaijus y Jaegers,
larguísima y sacándole todo el partido a todos los elementos posibles, con
ingenio, efectos especiales virtuosos, destrucción por todos lados, sensación
de imprevisibilidad y amenaza, épica y la filosofía de dar un poco más siempre
en cada situación… Un auténtico goce y una orgía de destrucción que ejemplifica
con meridiana claridad la diferencia entre una buena película de acción de una
mala con similares elementos, la diferencia que hay entre “Pacific Rim” y
Transformers” (Michael Bay, 2007) y sus secuelas. Los Kaijus serán momentáneos
vencedores, pero falta la intervención de nuestro protagonista y su copiloto.

 

El mayor problema que plantea esta escena lo tenemos en la
primera parte de la misma, en la victoria de los Kaijus sobre los dos primeros
Jaeger. Resulta absurdo que teniendo a merced al Jaeger del chulito y su padre,
tras acabar con los otros dos, el Kaiju no acabe con él, hay un respeto reverencial
en ese momento que deja perplejo. Es evidente que uno de los Jaeger no será
destruido porque tendrá que lleva la bomba a “La Brecha”, cuestiones
narrativas, pero resulta muy forzado la forma de hacerlo, no consumándose su
derrota completa. Tampoco queda muy claro que querían hacer los Hansen con la bengala, ¿asustar al bicho?

sambo

There are 8 comments on this post
  1. noviembre 05, 2013, 12:03 am

    Ron Perlman…le sigo tras impresionarme en El Nombre de la Rosa.
    La japo no derá buena, pero las imágenes q has elegido me la hacen muy atractiva.
    Y tgo muchas ganas de ver la batalla final. Mucha luz y agua y "mostruos" y sangre sudor y lágrimas. Yeah!!

    Mola sensei!!

    Graaaciaaas!!!!

    Bss

    • noviembre 05, 2013, 8:34 am

      Un rostro inolvidable, me marcó en EN BUSCA DEL FUEGO, su cara de primitivo total.

      Merece la pena, es un gran espectáculo.

      Besos.

  2. noviembre 05, 2013, 6:36 pm

    Ya tenía ganas de que comentaras esta peli…

    A ver si me dices como puedo leer la primera parte, que no se encontrarla… xDxD

    Un saludo.

  3. Merce
    noviembre 06, 2013, 7:51 pm

    La batalla final es alucinante, con sus fallos, como bien dices, pero alucinante….jejejeje

    Tampoco es de mis favoritas, de este estilo me gustó más Transformers 😉

  4. noviembre 07, 2013, 11:54 am

    Merce, no me digas que te gusta Transformers!! Lee las críticas, sobre todo la segunda jajaja

  5. Merce
    noviembre 07, 2013, 7:29 pm

    Jajajajaja…pues sí, me gustó!!
    No es que sea mi película favorita, pero me lo pasé bien.
    Ya sabes que yo no "exprimo" tanto las películas…eso te lo dejo a ti….jajajaj
    Muaks!! 😀

  6. noviembre 08, 2013, 9:14 am

    Si me encanta que te gusten esas películas, cualquier película pero léelas, que quizà te rías jaja

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