Crítica: OPEN RANGE (2003)

Crítica: OPEN RANGE (2003)

KEVIN COSTNER

Maravilloso western de Kevin Costner, su mejor película, sin duda, hasta la fecha. Un western como los de antes, el mejor desde «Sin perdón» (Clint Eastwood, 1992). Cuatro vaqueros guían su ganado con libertad por las praderas del oeste, huyendo de problemas y de la vida pasada, totalmente conectados a la naturaleza. Ellos son vaqueros clásicos, creen en la libertad, la justicia, la honestidad, la amistad, pero los tiempos están cambiando y les darán de bruces en la ciudad fronteriza de Harmonville. La confrontación entre la corrupción y la libertad se hará inevitable.

El tempo, la fotografía, la música, de una belleza y emotividad sensacional, y la dirección de Costner son, simplemente, perfectos. Costner interpreta a su típico héroe atormentado y solitario, le acompaña un magnífico Robert Duvall. La confrontación de esos dos hombres contra un pasado que les persigue, pero al que se enfrentan por sus ideales y por los ideales que merecen la pena, es de una épica extraordinaria. Las imágenes de las enormes praderas, sus verdes, sus lluvias, su valor pictórico enmarcando a nuestros héroes y dándole un halo romántico, contrastan con las imágenes oscuras y más claustrofóbicas en la ciudad (la cárcel, la tensión en la taberna…).

El comienzo, con ese leve conflicto generacional que va definiendo a los personajes, está perfectamente narrado. La admiración de los más jóvenes hacia los personajes de Costner Duvall, su rebeldía, ante la que los más veteranos se ven identificados rememorando cómo eran, así como la evolución y aprendizaje mutuos, la influencia de la madurez y la experiencia, la importancia de los veteranos para los jóvenes, la transmisión de esos principios que defiende la película… son temas desarrollados con una magistral naturalidad. Esa confrontación entre libertad y naturaleza con civilización y ciudades, clásico conflicto en el western crepuscular, está expuesta especialmente a través del personaje de Costner y su aversión a los pueblos y ciudades, a los que procura evitar siempre.

El destino hará que no pueda eludir volver a un pueblo a ver qué le pasó a uno de sus compañeros de viaje, esto acabará desembocando en la confirmación de sus temores, no sólo por lo que representa esa civilización, sino por lo que saca de él, por la persona en la que se convierte, desenterrando lo peor, ese lado oscuro del que pretende huir y al que teme. El amigo del personaje de CostnerMose (Abraham Benrubi), representa en el pueblo esa libertad de la que hablo, la de los ganaderos ambulantes que pastorean con absoluta libertad, y que al llegar al pueblo, a Harmonville, es mal visto por los que quieren poner límite a eso, los grandes propietarios de terrenos.

La entrada en el pueblo es sensacional, un pueblo que está creándose, naciendo, despertando, mostrado con precisión, un nacimiento que a la vez supondrá la muerte de las reglas que han conocido y con las que han envejecido los dos forasteros que llegan a él. Un nacimiento y una muerte que, veremos, está basada de inicio en la corrupción y la ilegalidad, donde los emprendedores y ambiciosos tampoco querían límites, pero sólo a su propia codicia. Si bien el pasto libre era legal una nueva realidad estaba surgiendo. Charley (Costner) y Boss (Duvall), están en el tránsito hacia la inadaptación, camino de ser seres fuera de lugar, personajes característicos de Costner. El conflicto entre esos nuevos tiempos que surgen y el mundo de los ganaderos ambulantes queda retratado en la conversación entre los protagonistas con el sheriff y el propietario de las tierras donde pasta el ganado de Costner DuvallMose fue apalizado y encarcelado, una vez sacado de allí se dirigen a la casa del médico del pueblo para que atienda las heridas infligidas a éste. La vida de ese médico y «su mujer» hacen añorar un hogar a nuestros solitarios protagonistas.

Si bien Baxter (Michael Gambon), el propietario de las tierras, les deja ir en principio, sus intenciones son otras. Esto hará que se desencadenen los hechos, sus lacayos irán contra nuestros protagonistas. La elección de los vaqueros es clara, si bien pueden huir, prefieren hacer frente a la amenaza, por principios, por la defensa de ellos, por su libertad. Esa lucha evidentemente será dura, tendrán que entregar una parte de sí mismos, simbolizado en la muerte del perro, vínculo con la naturaleza.

Charley es un hombre atormentado, su pasado vuelve, un pasado que le asquea, un pasado que al volver le recuerda el hombre que fue y ante lo que busca redención, una redención que cree encontrar en su libre vagar por los pastos con Boss. Su lucha por algo justo le acabará redimiendo del todo, una vez que renuncie a la huida como solución. Tormentas y fenómenos climatológicos presagian lo que está por venir. Esa batalla es una lucha por los valores que definen a un país como Estados Unidos, es decir, libertad y propiedad privada. Los momentos de tensión e incluso suspense son excelentes también, como demuestra la secuencia del bar. La tormenta está rodada espléndidamente.

La sutileza en el trato que expone Costner en las relaciones es realmente ejemplar. Tanto la preciosa historia de amor, basada casi exclusivamente en miradas, que recuerda de alguna forma a otras como, por ejemplo, la que tiene Harrison Ford con Kelly McGillis en «Único testigo» (Peter Weir, 1985), así como la relación de amistad de Charley Boss, dos personas muy distintas, poco comunicativas, cascarrabias, sobre todo Charley, que llevan 10 años cabalgando juntos pero ninguno conoce el pasado del otro ni le importa, pero que se entienden y por encima de todo se quieren y respetan, son otros de los puntos fuertes del film.

Se agradece el cuidado de los detalles en los personajes, su incomodidad al «entrar en sociedad», la confrontación de sus rudos modales con las normas de cortesía o usos sociales… Costner se toma su tiempo y se nota el cariño con que rodó esta cinta. Los diálogos donde se van desarrollando los caracteres que hemos ido conociendo van mostrando unos personajes a los que es fácil coger afecto, el desarrollo de las mencionadas relaciones es de un gusto extraordinario, sus comportamientos, sus azoramientos, todo está realmente cuidado, una sutileza muy disfrutable y emotiva.

No sólo es reseñable el personaje de Costner, como ya mencioné, la madurez, el saber estar, la comprensión de la naturaleza humana del personaje de Duvall, un hombre baqueteado por la vida, son maravillosas, y su añoranza y profunda herida por la pérdida de su mujer le acaba dando una profundidad que ya se intuía en la maravillosa interpretación del magnífico actor. El de Annette Bening está igualmente cuidado en un rol más secundario. Esa mujer que espera paciente a que le llegue el amor, una romántica, una señorita que, como bien explica ella, ve cómo pasa el tiempo y a ella no le pasa nada, se encuentra que cuando le pasa y se enamora no es con el hombre que ella había pensado cuando era joven, pero que tiene la madurez para darse cuenta de que los príncipes azules no existen, sólo los buenos hombres, que ella sabe reconocer. La historia de amor de ambos es preciosa.

 

La forma de narrar de Costner va haciendo crecer la tensión paulatinamente, los atardeceres están perfectamente rodados, el amanecer antes de la batalla es increíble, así como la noche, y cada uno de estos momentos va adquiriendo nuevos matices conforme avanza la narración y la tensión aumenta. Lo genial de todo es que aún inmersos en momentos de tensión o preámbulo de ellos, la película está llena de detalles, unos bellos, otros emotivos, como la compra de la vajilla por Costner para suplir la que rompió en casa del médico, por ejemplo. Todos cuidados al máximo.

Todo nos lleva a un duelo, el clásico duelo del oeste donde nuestros dos protagonistas se enfrentarán a todo el entramado contratado por Baxter, y todo parece encaminado a un desenlace fatal. Ese último puro antes del duelo es maravilloso.

Mención aparte merece el citado duelo final. Posiblemente el mejor tiroteo jamás rodado, todo él es impresionante, magnífico, de un realismo sorprendente. Espectacular. Sólo por ese tiroteo final la película sería de obligada visión.

Las miradas cómplices después de dicho tiroteo entre Charley Boss o entre Charley Sue (Annette Bening) son una muestra más de la sutileza del film. Charley alcanza la redención con un acto que le hizo recordar lo peor de sí mismo y a través del amor, lo que le hará, tanto a él como a su amigo Boss, intentar adaptarse y establecerse en un lugar.

«Open range» está rodada al estilo clásico y demuestra la maestría y la cultura cinéfila de Costner en el western. Las influencias fordianas o hawksianas son evidentes. Muchos achacan eso como defecto, me parece absurdo. También se achaca como defecto la relación entre Costner Bening, cosa absurda también. El único punto achacable como defecto a la cinta es la excesiva explicitud en la última parte después del tiroteo en algunas de las conversaciones, entre Charley Sue especialmente, ya que rompe la sutileza de las relaciones que se había mantenido, por eso alguna, quizá, sobraría.

Todo lo demás es excelente, rodada con precisión y una belleza indiscutible. Llueve en la película de una forma preciosa y el uso de los fenómenos climatológicos como metáfora de sentimientos reprimidos, acumulación de tensión o presagio de un acontecimiento le dan más profundidad aún a una película de gran calado.

Las interpretaciones son magníficas en todos los casos, así como los aspectos técnicos, muchos mencionados anteriormente, a los que añadir el sonido que es algo espectacular, en una obra sencillamente soberbia. Maravillosa música de Michael Kamen y fotografía de J. Michael Muro.

Drama, amor, acción, suspense, una enorme historia de amistad y la mitología del western retratados a la perfección.

 

 

 

MrSambo92: 28 Abr de 2014 @ 11:05

sambo

There are 4 comments on this post
  1. abril 28, 2014, 2:28 pm

    La manía que le cogí a Costner desde Bailando con Lobos no es normal. Pero viendo esta pedazo de entrada y que sale el enorme Robert Duvall, hay que echarle un vistazo.

    • abril 28, 2014, 4:37 pm

      Pues me pasó algo parecido que a ti, querido amigo. BAILANDO CON LOBOS me parece tremendamente sobrevalorada, simplista. Tendré que revisarla en cualquier caso, pero no la trago. En cambio aquí Costner me enamoró. Merece la pena. Un saludo, crack.

  2. abril 28, 2014, 4:05 pm

    Desconocía la peli. Yo tb le tomé mucha manía a Costner, me alegro q haya hecho algo q le redima.
    Adoro a Duvall y la película parece de las q me gustan de verdad. Muchas gracias por descubrírmela.
    Tu post transmite mucha serenidad y atrae tanto q ojalá director y productora la conociera…
    Un beso Sambo!

    • abril 28, 2014, 4:39 pm

      Yo no sé si manía, pero BAILANDO CON LOBOS siempre me pareció sobrevalorada, luego vino la del CARTERO…, pero aquí hay que rendirse. Hermosa, intensa y sincera.

      Un beso Reina.

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