Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Parte 2/4-

Crítica: LA INVENCIÓN DE HUGO (2011) -Parte 2/4-

MARTIN SCORSESE





Todo tiene un porqué en “Hugo”, nada es baladí y, por el
contrario, sí es muy simbólico. El hecho de que Hugo viva en una estación dentro de un reloj no es gratuito. La estación representa su estatismo, está en
“stand by” tras la muerte de su padre, el destino le impulsará a salir de su
cascarón para dar cuerda a su vida y a la de los que le rodean. Se siente a salvo
en su estatismo y siente miedo al salir de la coraza, pero un destino poderoso
le impulsa. El reloj cumple las veces de corazón, todos los personajes tendrán
relación de una forma u otra con relojes, son la vida y hay que darles cuerda.
Estatismo vital por tanto.
El misterio.
Como en toda buena película infantil que se precie debe
haber un misterio, un secreto, una aventura. Aquí ya está planteada, ¿qué es
esa libreta?, ¿por qué la persigue con ansia Hugo?, ¿por qué afectó tanto a
Papá Georges”?
En la vuelta de Hugo veremos cómo vuelve a recorrer el
pasillo de las estatuas pero al fondo intuiremos una leve lámpara de resplandor
dorado. Una esperanza. El París que nos presenta Scorsese es espectacular
visualmente.
Llegan las primeras respuestas con el flashback donde Hugo
recuerda a su padre y entendemos así su obsesión por la libreta, en el fondo
Hugo es otro personaje obsesivo más en la filmografía de Scorsese. Dicho flashback será
precedido por el sonido de un proyector, sonido que cesará cuando el flashback
termine. Scorsese nos dice que el cine es la vida, es la memoria, es la
conservación. Puro amor al cine. Maravilloso momento.
El cine como memoria.
Aquí encaramos otro de los temas clásicos de Scorsese el conflicto entre realidad y ficción, como la ficción influye en la vida o como
sólo podemos vivir una vida a través de la ficción. Si el protagonista de “Toro
salvaje
” (1980) sólo es admisible en sociedad, es un psicótico de cuidado,
dedicándose al boxeo, un mundo ajeno al “real” que admite su anomalía, o los
protagonistas de “El rey de la comedia” (1982) o “New York, New York” (1977)
sólo están cómodos y dan prevalencia a su trabajo, artístico, sobre su vida
personal, o el de “Taxi Driver” tiene su mirada perturbada o el
de “Shutter Island” prefiere inventarse una realidad para soportar su dolor… aquí Hugo tendrá en el cine su evasión, y el cine, el arte, lo artesanal, será
la vida misma, redentora al final del propio “Papá Georges” y los que le
quieren.
El cine no es sólo un entretenimiento para Scorsese, es
salvador, beatífico, es la memoria de nuestros maestros, sin la memoria estamos
perdidos, es evasión, es una forma de conservar lo bueno y es vida. El amor de
Scorsese por el cine es incondicional.
Jude Law es el padre de Hugo, un relojero, un artesano que
enseñó su oficio a nuestro protagonista. Veremos por primera vez al autómata y
se nos explicará en el flashback de donde procede. Entenderemos así la obsesión
de Hugo y su objetivo.
Padre e hijo trabajarán y soñarán para sobrellevar la muerte
de la madre de Hugo, esta circunstancia la iremos conociendo conforme se
desarrolle la película. También usarán el cine como evasión, por supuesto.
La familia, otro de los temas indispensables en Scorsese, su
falta o su dependencia, aquí estará especialmente presente. La orfandad,
Isabelle acogida por la familia de los Méliès, Hugo y la pérdida de sus padres,
su búsqueda de un mensaje de su progenitor, el policía encarcelador de chavales
huérfanos que también lo fue a su vez… La familia, en un italoamericano como
Scorsese y con sus historias sobre la mafia en la memoria, siempre
indispensable.
Magníficos planos del padre rodeado de relojes. La vida en
curso. El corazón del autómata es otra complicación, el padre de Hugo lo
definirá como un misterio y este responderá que eso le hace feliz seguro. Una
vez más el misterio presente como impulso vital, la necesidad de intrigarse, de
la curiosidad como cuerda vital.
Las ensoñaciones o recuerdos serán mostrados por Scorsese
con los bordes del encuadre difuminados, la idea de magia siempre sobrevuela la
cinta, tanto en el aspecto visual como en los efectos de sonido.
La muerte del padre está tratada con toda la concisión del
mundo, con sequedad y dureza, especialmente cuando el tío Claude (Ray Winstone),
se lo comunica a Hugo. Como comenté todos los personajes tendrán su vinculación
con relojes, el tío Claude es el encargado de poner en hora los de la estación,
trabajo que enseñara a Hugo y además robará uno de bolsillo de la casa de éste.
Hablará del tiempo “Tiempo. Tiempo es… 60 segundos en un minuto, 60 minutos en
una hora. El tiempo lo es todo
.” Esta última frase se dirá frente a la tumba
del padre de Hugo. El tiempo no es nada si no das cuerda a tu reloj.
Continúa la vida en la estación. Hugo observándola y
buscando el momento de poder robar algún croissant humeante y apetecible,
mientras la rutina cotidiana y las historias que Scorsese presentó siguen su
curso, el quiosquero que sigue sin poder acercarse a la dueña del café sin que
su perro le ataque, la florista con sus flores y la pierna del policía, su
rasgo distintivo, vigilante. Este personaje también tendrá su reloj, que sacará
y oiremos de forma contundente en una simpática escena donde Hugo se oculta de
él tras una farola, homenaje a los clásicos del humor mudo. Los travelling de
acercamiento ansioso de Scorsese son míticos, todos recordaréis en muchas de sus
películas como transmite la urgencia al acercar la cámara velozmente a un
teléfono que suena, en esta secuencia tendremos uno acercándose a los
croissants que roba Hugo.

Estas historias, que son aparentes digresiones, tendrán todo
el sentido del mundo y formarán un conjunto perfecto al final de la película.
Un gran fresco redimido.

Una de estas historias que evoluciona poco a poco es la de amor entre el policía y su pierna atrofiada y la florista. Ella
perdió a su hermano en la guerra, él se siente acomplejado por su pierna y
canaliza su frustración con una meticulosa dedicación a su trabajo,
especialmente meticulosa en lo que a los huérfanos se refiere, que le recuerdan
un pasado doloroso. Dos personajes sumidos en el dolor.
Tras la crueldad de “Papá Georges”, Isabelle (Chloë Grace
Moretz
) ayudará y dará esperanza a Hugo, y aliviará el susto al creer éste que su
libreta había sido quemada. Ella está fascinada por los libros y las aventuras,
pero no ha vivido ninguna y tiene ganas de hacerlo, así comprendemos por qué
bajó a la calle a interesarse por Hugo y por qué lo ayuda ahora, está viviendo
la primera aventura real de su vida. Isabelle no parará de darnos referencias
literarias, ella no ha visto nunca una película, su padrino, “Papá Georges”, no
le deja, tiene algo en contra de ellas, pero no para de leer cultivando su
aventurera, entusiasta y fantástica imaginación.
Hay un aire a Dickens, además la cinta cuenta con la
presencia de Ben Kingsley, que ya hizo de Fagin en la adaptación de Polanski a
Oliver Twist” (2005).
Sidney Carlton, el protagonista de “Historia de dos ciudades”, Heathcliff, el de “Cumbres borrascosas”, “El país de nunca jamás“,
La isla del tesoro”, “Oz”, “David Copperfield“… serán algunas de las referencias
que Isabelle nos irá dejando.
Una buena amalgama de referencias para esta adaptación de la
novela gráfica de Brian Selznick.

 

En la librería a la que Isabelle lleva a Hugo tendremos el
placer de ver a Christopher Lee (Monsieur Labisse), el dueño de la misma.
La influencia del arte, su evocación en la vida, está
representado en el personaje de Isabelle, sus lecturas crearon su carácter y
espíritu y es lo que la impulsa, lo que le da cuerda.
Robin Hood era el libro que padre e hijo leían juntos, una
nueva referencia cultural, por supuesto nada gratuita, Hugo será la pieza
básica en ese engranaje de los seres que le rodean, dará sentido a sus vidas
con generosidad, pero a cambio robará algunas herramientas y croissants. La escena en
la librería se cerrará con un picado total tras la mención al padre, como si lo
observara desde el cielo. Esta idea no es gratuita ya que Hugo busca un mensaje
de su padre en el autómata. Como siempre en Scorsese la idea religiosa estará
presente.
El examen del dueño de la juguetería, “Papá Georges”, a Hugo
para que repare el ratoncito que rompió me produce mucha emoción, la forma en
que está rodado, el acto de la creación artesanal, el mimo de los planos en
contrapicado dando importancia a las miradas y al acto de reparación en sí crean
un momento hipnótico y conmovedor.
Scorsese utiliza en varias ocasiones recursos visuales, como
el ratón reparado o las hojas de la caja que esconde la mujer de Georges, “Mamá
Jeanne
”, que parecen cobrar vida, para unir, vincular, una vez más, la
fantasía, la ficción en la vida misma, en la supuesta realidad. Es por ello que
lo que cobra vida en esos recursos visuales (ratón, dibujos…) son trabajos
artísticos o artesanales.
El colorido de la cinta, sobre todo en la estación de trenes
de aspecto bohemio, especialmente en esos músicos que tocan en el café, remite
a pinturas de Toulouse Lautrec por ejemplo.
Hugo pasó el examen y trabajará para “Papá Georges”, que le
enseñará magia y trucos de cartas ante la atenta y fascinada mirada del chico. Durante el trabajo Scorsese nos sorprende con una sensibilidad y sutileza para el mundo
infantil que nadie pensó tendría, así una mirada curiosa y disimulada es cazada por “Papá Georges” mientras hace uno de sus trucos de magia, en la escena
siguiente veremos cómo éste enseña a Hugo esos trucos. El vínculo entre ellos
se ha estrechado. El arte, la magia, los sueños, el cine…
Las miradas siguen, como durante toda la película, y ahora
nos muestran el creciente enamoramiento de los chavales, sutil y sin subrayado,
miradas furtivas y embobadas, creciendo el amor, como va creciendo el autómata
de Hugo.
Es el nacimiento, el respeto y la importancia de los
orígenes, en todo. Como Méliès es el origen de la historia del cine, su
nacimiento. Esa es la esencia de la película y del homenaje.
La música es otra maravilla. Es de Howard
Shore
.
Una vez el trabajo parece concluido el autómata sigue sin
funcionar, falta la pieza clave, la llave en forma de corazón. El corazón, la esencia
del arte. Scorsese sigue de forma maestra enlazando sus conceptos en ese
vínculo y confrontación de la ficción y la realidad. El interior repleto de
mecanismos de un reloj para que funcione, la necesidad de darle cuerda, la
importancia de cada pieza, llevado a la vida, cada
persona como una pieza importante para que el mundo funcione y el corazón como
la llave para darle sentido a todo.
Falta el corazón, el alma, necesario e indispensable en toda
creación artística y, por supuesto, en la vida.
Un mensaje simbólico y codificado de Scorsese realmente
bello.

 

 

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. marzo 01, 2012, 7:23 pm

    "El París que nos presenta Scorsese es espectacular visualmente" Completamente de acuerdo!

    Buenas.. Para mi también fue muy mágico el momento en que Hugo repara el ratón y como , dándole cuerda,cobra vida de una manera mágica y encantadora.
    El juego de las miradas,en cada,momento es excepcional.La intensa mirada azul de Hugo,para mi, es una de la parte más bella y enamoradiza de la cinta.
    Mirada que tiene mucha fuerza, coraje al afrontar la vida solo,entre los relojes que tanta vida le dan..
    Mirada dulce e indefensa, asustadiza cuando ve al policía, cuando no arregla al autómata, desesperante.. Unos ojos azules capaz de expresar infinidad de cosas.

    También concuerdo contigo en lo del color,para mi muy francés, muy bonito.

    Estaría comentando cada minuto de esta película,para mi mágica y llena de sueños.

    Gracias por deleitarnos con estas criticas.

    un besote

  2. marzo 01, 2012, 8:39 pm

    Muchas gracias Luna. Sí visualmente es espectacular y transmite muy bien la magia de la historia, todo funciona y emociona sin ñoñerías.

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