Crítica LA HABITACIÓN (ROOM) (2015) -Parte 1/2-

Crítica LA HABITACIÓN (ROOM) (2015) -Parte 1/2-

LENNY ABRAHAMSON



 

Cuando alguien se derrama plenamente, se vierte y vacía en otro, en alguien completamente vulnerable que es uno mismo, se entrega en todos los sentidos hasta la obsesión, hasta aceptar prescindir de la propia vida incluso… estamos ante la maternidad. Madre es ser guía y protección. Una entrega que se manifiesta de todas las formas posibles. Es derramar amor, enseñanzas, dulzura, sacrificio, conocimientos, lucha, desvelos… en un recipiente puro, desvalido, anhelante de todo, surgido de nosotros mismos, tan dependiente como independiente. Exprimirse para llenar un recipiente vacío que emprende un camino.

 

 

De esto habla “Room”, entre otras muchas cosas, del amor y de la maternidad en su misma esencia, en estado puro y sin ambages. El “viejo Nick” recordará al personaje interpretado por Brie Larson cómo y por qué tuvo ese hijo, de donde sale; su propio padre, abuelo de la criatura (William H. Macy), no podrá mirarlo a los ojos sabedor de su origen, sin lograr superar ni aceptar lo sucedido, rechazando a ese ser inocente… Pero su madre jamás dudará, jamás titubeará, lo dará todo por él a pesar del sufrimiento, de los hechos y de su propia inexperiencia e inmadurez. Toda madre es una heroína.

No olvides cómo lo conseguiste”.

 

 

 

Brie Larson, que felizmente ganará el Oscar por esta interpretación con un poco de suerte (ya ha conquistado el Bafta y el Globo de Oro, entre otros), está conduciendo su carrera de una manera tan brillante como coherente, en la que podemos rescatar determinados aspectos conceptuales que la dotan de un rigor extraordinario en sus proyectos más personales. Como ya ocurriera con la sensacional y majestuosa “Las vidas de Grace” (Destin Cretton, 2013), con la que la cinta que nos ocupa tiene bastantes puntos en común, Larson encarna un personaje que se enfrenta a la maternidad para reflexionar sobre sus dificultades y dolores, sobre sus miedos y anhelos, desde una perspectiva indirecta, fuera de lo convencional. Si en una era una madre sin hijos con miedo a tenerlos, en esta es una madre obligada que querrá a su hijo por encima de todo. Por eso en los títulos de crédito no se pone su nombre, sino «mamá«, como una abstracción de la maternidad.

 

Lenny Abrahamson nos regala la mejor película del año y la más notable de las nominadas, aunque su carácter pequeño, minimalista y poco comercial reduce mucho sus posibilidades en los Oscar, con la salvedad de la interpretación femenina para Larson. Meritorio es ya que esté entre las nominadas, con toda justicia. Lamentablemente poco más podemos esperar. Al menos este tipo de películas reciben sus nominaciones y, en ocasiones, se llevan premios creativos, al guión o en alguna interpretación, como ocurriera con “Her” (Spike Jonze, 2013) o “Whiplash” (Damien Chazelle, 2014), no así con “Nebraska” (Alexander Payne, 2013) o la maravillosa y antes citada “Las vidas de Grace”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Room” se divide en dos partes muy bien diferenciadas, de las cuales la primera ha recibido encendidos elogios como lo mejor que se ha visto en mucho tiempo. La segunda, menos llamativa, es igualmente notable y desarrolla la psicología de los personajes con sensibilidad y talento, muy intensa, pero desde el drama. Ese inicio es un thriller poderoso e impactante, minimalista y tenso, escabroso y duro, claustrofóbico, con momentos de un suspense extraordinario, abarcando la primera hora. El último tercio es un drama psicológico que tiene el gran mérito de mantener la cinta en pie con el riesgo que ello supone al cambiar de tono y de género, llevando la película de las emociones fuertes al sosiego.

 

 

Se estructura la cinta a través de pequeños nacimientos o renacimientos, progresiones, como escenificaciones de partos. Precisamente en el inicio la voz de Jack (Jacob Tremblay), el niño protagonista, nos presenta la película y su situación, su despertar mañanero como un nacimiento, una salida del vientre materno en el día de su quinto cumpleaños. El siguiente renacimiento será cuando la madre desvele a Jack la causa del encierro y le dé una escueta explicación del mundo, del mundo exterior que le es ajeno y desconocido. El siguiente paso será físico, cuando salga de la habitación, como en un parto ficticio. El último lo tendremos cuando el chico deba asimilar ese nuevo mundo y adaptarse a él, cuando lo acepte y disfrute. En todos ellos sentirá el impacto y reaccionará ante él de distintas maneras. Abrahamson acierta convirtiéndonos en ese niño, haciéndonos descubrir todo a la vez que él, poniendo su mirada constantemente en su punto de vista.

 

 

 

 

Jack tendrá varios momentos de crisis que gestionará como buenamente pueda, de formas distintas, con la adaptación clásica de los niños, según vaya recibiendo revelaciones y asistiendo a esos drásticos cambios en su mundo. Es un “pequeño salvaje” y un “hombre de la caverna” platónico a la vez. Jack sería la personificación de un personaje spielbergiano que sale de la caverna platónica, el niño salvaje que comienza un viaje iniciático desde una tardía y distinta salida. Una especie de “caverna platónica” minimalista y realista filtrada por Spielberg  y Hitchcock a la vez.

El punto de vista infantil, nuestro punto de vista.

Abrahamson nos convierte también en niños spielbergianos, en niños de la caverna y pequeños salvajes situándonos en el punto de vista de Jack. Niños más viciados y pervertidos, que intuimos lo que ocurre, pero que al colocarnos en el punto de vista de Jack nos obliga a ir descubriendo la situación al mismo ritmo que él. Además Jack irá puntuando la narración con pequeños y lúcidos discursos sobre su visión del mundo, en otra maravillosa muestra de lo bien retratada que está la psicología infantil en la película.

 

 

Toda la primera parte es claustrofóbica, asfixiante, tensa y a la vez entrañable, intensa dramática y emocionalmente, con momentos emotivos y conmovedoras y otros de un suspense extraordinario. Una primera hora soberbia.

 

 

 

El retrato del encierro y su cotidiana y placentera rutina es magnífico y desconcertante. ¿Qué ocurre? ¿Por qué están encerrados? ¿Es voluntario o involuntario? ¿Se trata de algún trauma o algún peligro? ¿Ha ocurrido algo fuera que los obliga a ese encierro? Una exposición que se irá tornando truculenta, oscura.

 

 

 

 

Deporte, apariencia de felicidad, una tarta de cumpleaños, cariños, diversión, un poco de televisión, nanas nocturnas para dormir… pero se insinúan carencias, como velas para la tarta, cosas que se deben pedir a un tal Nick, lo que va haciendo la narración intrigante, sin que entendamos por qué están encerrados ni quién es ese Nick que se supone les proporciona lo que consumen y necesitan, la comida, la electricidad…

 

 

 

 

Cuando la calefacción deje de funcionar la extrañeza y la inquietud aumentan, desconcertando al espectador ignorante de lo que sucede fuera de esa habitación. Cuando el tal Nick prescinda de las vitaminas el enfrentamiento violento llega con la madre.

 

 

 

Todo esto se muestra mezclando el punto de vista objetivo con el punto de vista subjetivo de Jack, con el que se nos vincula. Así vamos descubriendo a ese misterioso personaje que sólo aparece en las noches -quizá sea el tal “viejo Nick” (Sean Bridgers)-, desde el punto de vista de Jack, encerrado en su armario que le sirve de microdormitorio. Primero le oiremos trayendo la comprar y manteniendo silenciosas relaciones sexuales con la madre. En la segunda noche saldremos fugazmente del armario del crío para ver el rostro desenfocado de Nick en la cama de la madre. Será cuando le traiga el coche teledirigido de regalo. En la tercera aparición por fin veremos plenamente el rostro de ese hombre, primero a través del armario bajo el punto de vista de Jack y, una vez visto, desde fuera, cuando manifieste que lleva 6 meses en paro. En esta tercera aparición del hombre hay un acercamiento donde él pretende invitar a un caramelo a ese chico que se esconde en el armario, pero su madre lo impedirá con otro “caramelo”, el del sexo.

 

 

 

 

Nick se va descubriendo como alguien irascible, violento y frío. Veremos moretones en la madre tras tener encontronazos con él, por ejemplo cuando Jack sale una noche de su armario a explorar y despierta al tal Nick. Es ahí cuando el personaje interpretado por Brie Larson se ve en la obligación de movilizarse para intentar escapar. Abrirá los ojos a su hijo e ideará un plan, que dejará unos momentos de suspense, tensión y dramatismo de primer orden, con la sensación de que para salvar a su hijo es posible que no vuelva a verlo, que tendrá que sacrificarse, quedarse y, quizá, morir en esa habitación.

 

 

El primer plan fallará, fingir una fiebre para que su captor se lleve al niño al hospital y que allí éste pida ayuda. Con todo, esa primera tentativa le servirá para idear la segunda, desesperada, donde lo que fingirá será la muerte del niño. Fingir, actuar, para sobrevivir. Lo enrollará en una alfombra, en otros insoportables momentos de suspense, hará prometer al psicópata que no mirará el cadáver y logrará que saque el paquete de la habitación para llevarlo a un bosque en furgoneta, momento que el niño debería aprovechar para desenrollarse y saltar para pedir ayuda.

 

 

 

El momento en el que el psicópata Nick se para y duda en su camino, nada más salir de la habitación (el primer momento donde salimos de ella a los tres cuartos de hora), es terrorífico. Lo mismo ocurre cuando el niño huye y es capturado de nuevo por el villano, al que le atenazarán el miedo y los nervios y lo soltará ante la presión de un ciudadano que le interpela extrañado…

Soberbias escenas de suspense que serían el clímax deseado de cualquier thriller de la máxima calidad.

 

 

 

 

 

 

La agente de policía que atiende a Jack muestra una comprensión y sensibilidad extraordinarias, una empatía e inteligencia de la que carece su compañero y por la que logrará sacar la vital información del chico, mucho más relajado en el coche, un lugar cerrado y pequeño. Así llegaremos al emotivo reencuentro con la madre, liberada gracias a las pequeñas pistas de Jack de manera rápida y competente.

 

 

Estilo coherente y sobrio.

Para retratar ese punto de vista del niño, Abrahamson utiliza distintos recursos estilísticos, de los cuales algunos me incomodan, aunque analizados tienen pleno sentido y están usados con rigor. No hay excesos estilísticos, pero como digo, en alguno podemos encontrar el único punto débil de la cinta, poco significativo.

 

 

 

 

-El primero que llama la atención son esos planos cortos o detalle que abundan en la habitación, por ejemplo al inicio de la cinta, resaltando ese minúsculo mundo, limitados a cuatro paredes, donde cada cosa resulta básica, importante, casi esencial.

 

 

 

-Los planos subjetivos desde el punto de vista de Jack son numerosos, tanto en la habitación como fuera de ella, con lo que vemos el mundo y sus descubrimientos a través de sus ojos, por ejemplo por las rendijas del armario en el que duerme, pero también en su mirada al cielo al salir de su encierro, en esa lluvia que golpea su rostro, en esa hoja seca que toca…

 

 

 

-Cuando Jack sale de la habitación destaca el recurso de las cámaras lentas, que me incomoda en su abuso, para retratar lo que siente ese niño, sobrepasado por la inmensidad del mundo que lo abotarga. Un mundo que parece ir a un ritmo excesivo para él, acostumbrado a la quietud y los estrictos límites de su habitación. Con todo, resulta un recurso excesivo y gratuito en algunas ocasiones, más como un subrayado emocional que como una exposición de punto de vista.

 

 

 

-Encuadres distorsionados, distraídos, poco definidos, que vuelven a mostrar el estado desconcertado, aturdido, desorientado, confundido… de Jack. También hay ciertos planos donde los barrotes de una escalera adquieren importancia, como si Jack se sintiera en otro tipo de cárcel tras ser liberado, psicológica, de la que poco a poco se evadirá.

 

 

 

-Hay una escena especialmente interesante. Un travelling de acercamiento a Jack mientras construye un lego, que se aleja cuando lo desmonta, con otro travelling entremedias que vaga por la solitaria casa. Es un plano simbólico sobre los altibajos psicológicos del suceso. Planos que escenifican que la madre, aunque fuera, aún no ha salido de aquella habitación.

 

 

 

Hay varios referentes usados de forma inteligente y que tienen perfecto sentido en la narración. Uno es “Dora, la exploradora”, que se vincula a Jack, al cual le gusta mucho, ya que subraya la imprescindible e inevitable curiosidad infantil. Otro es “El conde de Montecristo”, que subraya ese encierro involuntario y la aspiración de huida. La última referencia es “Alicia en el país de las maravillas”, una lectura infantil que impulsará a la madre a sincerarse con su hijo contándole la dura historia de su vida y la verdadera causa de su encierro.

 

 

 

Para todas las madres, especialmente la mía.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

There are 4 comments on this post
  1. febrero 25, 2016, 11:46 pm

    Esa sensibilidad tuya, Sambo…
    Q bonito canto a la maternidad. Emociona.
    Gracias. Como lectora de tus palabras. Y como madre.
    Tu análisis, estupendo, como siempre son. Observación, detalles. Aunq me temo q es una película difícil, leyéndote me dan muchas ganas d verla…
    Preciosa dedicatoria.
    Un beso a tu madre, q orgullo tenerte como hijo. Y q satisfacción de ver el gran hijo q eres.
    Un beso y un abrazo.

    • febrero 26, 2016, 12:36 am

      Gracias a ti, Reina. Me alegra que lo valores así.

      Sí, es una gran película 🙂

      BESOS.

  2. febrero 26, 2016, 3:29 pm

    una cinta donde el amor de madre se convierte en el arma mas efectiva para superar malos momentos,la dinámica entre Brie Larson y su pequeño protagonista Jacob Tremblay (cuyo desempeño merecía ser nominado como mejor actor principal por los premios Oscar) logran sumergir al espectador en ese mundo tan simple y pequeño pero a la vez una perspectiva para comprender la situación que se encuentran madre e hijo, la preparación de Larson para ser la madre heroica fue desde encerrarse en un pequeño cuarto para saber la sensación de encierro y estudiar sobre los efectos del abuso sexual en las personas, una cinta para mirar y analizar cada minuto pero mas importante nos enseña el valor que tiene ese ser maravilloso que cada dia nos apoya para ser personas de bien,para finalizar se puede interpretar a la habitación como el reflejo de desesperación sin perder la esperanza,te deseo mucho éxito amigo Sambo y que dios te cuide.

    • febrero 26, 2016, 9:45 pm

      Gracias por tu aporte, amigo Kelvis. Me alegra que te gustara la película. Un abrazo.

Leave a reply