Crítica GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA (1986) -Parte 1/2-

Crítica GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA (1986) -Parte 1/2-

JOHN CARPENTER




 

 

Traigo aquí uno de esos semiclásicos ochenteros o películas de culto, o no sé muy bien qué, reivindicada con posterioridad, que fracasó en taquilla y sólo recuperó la inversión con la llegada al video.

Una surrealista mezcolanza que desde la nostalgia ha despertado el cariño de los fans del cine de entretenimiento de los 80, encontrando en su aparente desastre y desfasado despiporre, una parodia brillante que mezcla géneros con un descaro y un espíritu lúdico que representaba a la perfección el cine de aquella época.

 

 

Porque sí, “Golpe en la pequeña China” es un desastre en apariencia, pero un desastre voluntario y consciente, un delirante viaje autoconsciente que la convierte en una rara avis cinematográfica de la que su director, el gran John Carpenter, estaba realmente orgulloso.

El cine de acción, de artes marciales, el fantástico, el oriental, la comedia… en una orgía delirante.

 

 

 

Todo es delirante, empezando por la trama. Una banda que rapta chicas, especialmente con los ojos verdes, que son las deseadas por un pérfido ser demoniaco de increíbles poderes que busca su carnalidad, Lo Pan (James Hong), que cuenta 2000 años, mientras ordena a sus súbditos hacer y deshacer, que también tienen increíbles superpoderes, ocultos en las interioridades del barrio chino de San Francisco. Sólo un grupo de valientes, un anciano oriental, otro joven enamorado al que le han raptado la novia de ojos verdes y una reportera intrépida y pesada, comandados por un fanfarrón camionero, se opondrá a todo ello… ¿Cómo os quedáis?

 

 

 

 

 

 

 

La película se inicia reivindicando la magia, la brujería, los fantasmas y los espíritus de la mano de Victor Wong, que interpreta a Egg Shen, el guía espiritual de los buenos, ante un descreído abogado, en base a unos diálogos ridículos que pretenden ensalzar la figura heroica de Jack Burton. Una escena impuesta por el estudio, que quedó desconcertado ante la incompetencia que demostraba el protagonista. Un pegote absurdo que no aporta nada y al que se le ve el cartón, pero que cuando se aprecia con distancia resulta un elemento irónico más que sumar a la fiesta.

 

 

El ritmo es incesante, el gran propósito de Carpenter, que pretende desde el absurdo y lo delirante hacer pasar hora y media de entretenimiento al espectador, honrando al gran artesano clásico que siempre ha sido. Admirador irredento de Howard Hawks. La aparición de los “Señores de la muerte”, esa banda de chinos con look modernista ochentero, cazadores de bellas jóvenes de ojos verdes, nos introduce en la aventura.

 

 

Es cierto que estos chinos son unos secuestradores algo raros, cambiando de objetivo repentinamente. La preferencia por los ojos verdes. También es cierto que la novia de Wang, con esos ojos verdes, da algo de mal rollo en su exotismo.

 

 

 

 

Hay ciertos aspectos extraños y en cierta forma incongruentes con lo que veremos después. Carpenter hará un plano a la cazadora de Wang, que dice “Dragon of the black pool”, nombre de su restaurante, antes de verse incapaz de reaccionar cuando el coche de los chinos se abalance hacia él y Jack.

 

 

 

Tanto Wang como la chica rubia que iba a recoger a una amiga que estuvo a punto de ser secuestrada, parecen conocer cosas sobre el mundo extraño en el que nos vamos a sumergir. De hecho, todo el mundo parece saber de qué habla y lo que ocurre menos Jack, nuestro guía en la aventura, el personaje con el que se identifica el espectador y a través del cual descubriremos todo. Un popurrí de información, una confusa y poco consistente mitología, algo absurda. A saber: Secuestros de chicas para venderlas, si son con los ojos verdes son más caras; tipos con súperpoderes; un brujo de 2000 años que quiere recuperar su carnalidad; una chica de ojos verdes para acabar con una maldición y dominar el mundo… Que digo yo que encontrar una chica de ojos verdes tampoco es que sea el reto más difícil del mundo, no son unicornios…

 

 

 

 

 

 

 

Los diálogos son tronchantes y a menudo absurdos. A la mención de una persona o lugar le sucede una grandilocuente explicación que deja perplejo. Las explicaciones filosóficas de los chinos más veteranos son absolutamente delirantes.

¿No será un cuento chino?

 

 

En ese grupo de héroes encontramos la típica camaradería hawksiana, algo que no es del todo intrascendente habida cuenta de la admiración que Carpenter profesaba a Hawks. La relación entre Gracie y Jack está inspirada en “Luna nueva” (1940) y “La fiera de mi niña” (1938), con sus rápidos diálogos y réplicas. Siempre Hawks.

 

 

 

 

Golpe en la pequeña China” entra en esa tendencia que se puso de moda en los 80 de tintes fantásticos dentro de la cotidianeidad, que tuvo uno de sus grandes éxitos en “El chico de oro” (Michael Ritchie, 1986). Más fantásticos de la época: “Indiana Jones y el templo maldito” (Steven Spielberg, 1984), «Cazafantasmas» (Ivan Reitman, 1984), «Dentro del laberinto» (Jim Henson, 1986), «Terroríficamente muertos” (Sam Raimi, 1987), “Conan, el bárbaro” (John Milius, 1982), “Big” (Penny Marshall, 1988), “Gremlins” (Joe Dante, 1984), “Las aventuras del Barón Münchausen” (Terry Gilliam, 1988), “Lady Halcón” (Richard Donner, 1985), “Willow” (Ron Howard, 1988), “Bitelchús” (Tim Burton, 1988), “La princesa prometida” (Rob Reiner, 1987)…

 

 

 

 

El no héroe.

Y todo gira alrededor de Jack Burton, el supuesto héroe, mal llamado antihéroe, que no es héroe ni es nada. Es nuestro fanfarrón, torpe y egocéntrico guía en ese mundo desquiciado e imposible, de reglas absolutamente propias. Él será nuestro guía, es el personaje con el que se identifica el público, que descubre ese universo desquiciado lleno de brujos y magias al mismo tiempo que Jack. Un hombre que parece no enterarse de nada, mientras todos a su alrededor parecen conocer absolutamente todo de ese mundo oculto en el barrio chino de San Francisco.

 

Ya su presentación es significativa. Un charlatán camionero y radiofónico que divaga en reflexiones absurdas de camino a ejecutar su encargo. Un tipo alegre, carismático, engreído, dicharachero, egocéntrico, simpático, bien integrado con su entorno y con la comunidad china. La ambientación del mercado donde se desenvuelve Burton es acertada, lo mismo que la tormenta que allí acontece. Esto queda escenificado y personificado en su amistosa y desconfiada relación con Wang Chi (Dennis Dun), un joven y romántico chino que hace 5 años que no ve a su novia… y que seguirá sin hacerlo porque la secuestrarán nada más llegar a América. Burton acompaña a Wang al aeropuerto para asegurarse de que le paga una apuesta, confirmando una honda confianza y amistad.

 

 

 

 

 

 

Es profundamente superficial, por eso no creará ni generará vínculos con nadie, más allá de una buena relación y cierta complicidad. Sólo le importa su camión.

Kurt Russell nos deleita con una fantástica interpretación llena de autoparodia, donde su Jack Burton actúa como un héroe, tiene pose de héroe y es más chulo y engreído que un ocho, además de aspirante a ligón, pero luego nada de esto se confirma, es pura pose, porque el pobre no puede ser más inútil. Quizá por ello sorprende que ganara la apuesta a Wang al inicio de la película, pero sin ella no hubiéramos llegado a su demostración de incompetencia. Es el gran detalle y punto creativo de la película, uno de esos aspectos que la han hecho de culto y especial.

 

 

Es el polo opuesto del héroe de serial spielbergiano, de un Indiana Jones de la vida.

Jack Burton es un no héroe, no confundir con un antihéroe. Un antihéroe es un héroe al fin y al cabo, que cumple con su misión con competencia, que tiene el mismo papel del héroe, pero sus principios y valores serán cuestionables cuando no profundamente intolerables (Ethan Edwards en “Centauros del desierto» de John Ford en 1956); donde sus métodos son injustos o sencillamente inadecuados, alejados de la moral y virtud que adornan al héroe (es algo que se estila mucho entre los protagonistas modernos en las cintas de peripecias, acción o aventuras); o incluso cuando sus rasgos físicos se alejan del modelo clásico, usando el esperpento o la monstruosidad (Shrek, por ejemplo); personas normales en funciones de personas excepcionales, o sea, los héroes. El antihéroe tiene gran tradición incluso en la literatura clásica de todo género.

 

 

 

 

Jack Burton, como digo, tiene la pose de un héroe, se cree un héroe, actúa como un héroe, pero no es un héroe en absoluto. Siempre llegará tarde a los sitios, sus planes resultan desastrosos, debe ser salvado más veces de las que es salvador, en acción es profundamente incompetente, y sólo parece solvente huyendo o salvando la vida in extremis. Aunque tiene muy buenos reflejos (esa botella cazada al vuelo en la primera escena, salvando a Wang de ser embestido por el coche de los chinos en su huida…). Su éxito se debe a la ayuda de sus compañeros u ocasionales actos de azar o fortuna.

 

Una figura no muy utilizada, pero que ya aparecía en películas clásicas, sin citar referencias literarias.

Un hombre que lo mismo se quiere ir que se ofrece voluntario para precipitarse hacia donde sea sin pedir explicación alguna, que pide explicaciones urgentes porque no entiende nada o se enfrasca en cualquier aventura inconscientemente… con la única obsesión de encontrar su camión.

 

 

-En el aeropuerto, la guapa Gracie Law, interpretada por Kim Cattrall, famosa por su papel en la serie “Sexo en Nueva York”, se le resistirá a Burton en sus coqueteos, y posteriormente, en su intento de valerosa defensa a las féminas desvalidas, nuestro héroe recibirá una lección de los secuestradores. El personaje de Cattrall también es hawksiano, una mujer que no va pidiendo ayuda, típico en estas películas, sino que tiene iniciativa propia.

 

 

-En el callejón, ante la tremenda pelea de bandas, una auténtica guerra, se limitará a mirar y sujetar su cuchillo, absolutamente superado, antes de huir a la carrera junto a su amigo Wang.

 

-En su visita a “El tigre blanco”, Jack se pondrá en plan “Clark Kent”, pero también imitando al Bogart de «El sueño eterno» (1946), también hawksiana, con unas gafas para pasar desapercibido, haciéndose el tonto en ese prostíbulo para acceder a la chica de Wang. No tardará en despertar sospechas y, por supuesto, no logrará su objetivo.

 

 

 

-En el último tercio es donde más se aprecia la incompetencia del bueno de Jack y descubrimos en Wang al verdadero héroe de la función. Ese aparentemente inofensivo chico chino comienza a repartir tortas como panes a todo el que se le pone por delante, lo que es una verdadera sorpresa, ya que procuraba mantenerse a resguardo de Jack, como para no ofender su ego. Mientras, a Jack no le saldrá nada a derechas, y al mismo tiempo que Wang liquida villanos recurriendo a las artes marciales, Jack intenta disparar, sin éxito, su ametralladora, a la que no le ha quitado el seguro…

 

 

Eddie Lee (Donald Li): ¿Es la primera vez que matas a alguien?

Jack: ¡Qué va!

-Es verdad que a Wang luego se le resistirán unas chicas, pero acto seguido se resarcirá acabando con toda una tropa de karatekas dando unos saltos mortales que dejan anonadado… Mientras esto sucede, Jack intenta sacar torpemente su cuchillo, el cual lleva constantemente en la boca sin que le sirva para nada. Por supuesto, perderá el cuchillo él solo, para descubrir al vovler que Wang se ocupó de todo… Como de costumbre llegando tarde y torpemente.

-Cuando todo parece dispuesto para la huida definitiva, Jack dará unas órdenes, tranquilizando sobre lo que van a encontrar… por supuesto no tendrá razón y se enfrentará cara a cara con un nutrido grupo de villanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llega un momento en el que no entiendes por qué cuentan con Jack para todo, por qué narices lo respetan tanto si ha quedado contrastado que es el más inútil del grupo. Sin contar con su incontinencia verbal. Hay momentos donde ni él mismo se toma en serio, por ejemplo cuando le elogian por su involuntaria huida en silla de ruedas derribando villanos.

 

 

 

Wang: Bien hecho, Jack.

Jack: Ehhh… sí… sí…

Wang: ¿Estás dispuesto?

Jack: Yo nací dispuesto.

Jack se vendrá arriba en el último tercio, haciendo suyas frases de su amigo Wang, por ejemplo sobre la policía: “… tienen cosas más importantes que hacer”.

-El clímax es impagable, con un Jack sublimando sus actos ridículos, y confirmando uno de los mejores puntos de la película al convertirlo en ese héroe paródico. Gracie perderá y recuperará la consciencia sin sentido ni motivo alguno. Los buenos irrumpiendo en la boda de Lo Pan para interrumpirla. Un nutrido grupo de chinos dando carreras y poniendo cara de malos a la cámara para defender la ceremonia. Wang dando unos brincos aún más grandes de los vistos hasta ese momento. Y Jack quedando inutilizado por su propia incompetencia (disparando al techo y quedado inconsciente por los cascotes que le caen en la cabeza justo antes de entrar en combate). Luego le quitarán la metralleta y tendrá que ser salvado por Egg Shen (Victor Wong). Al menos tendrá una especie de redención matando a un lento vigilante con su cuchillo, que en la parte final sí tendrá actividad, aunque le costará sacarse el cuerpo muerto del cadáver de encima. Luego será Gracie la que lo salve del monstruo que lo sorprende por detrás. Jack encara el final con los labios pintados tras recibir un beso (el piensa en lo que piensa) de Gracie. Su trascendente discurso con esos labios pintados tiene que despertaros la sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tengo una navaja”.

Jack: ¿Sabes lo que suele decir Jack Burton en un momento como este?

Trueno: ¿Quién?

Jack: ¡Jack Burton! ¡Yo!

Jack siempre dice “¿pero qué pasa?

 

No hace falta decir que en su enfrentamiento con Trueno (Carter Wong) no durará ni tres segundos, pero Wang saldrá al rescate.

 

El final es otra gran broma. Jack lanzando su mítico cuchillo y fallando estrepitosamente, pero cogiendo el lanzamiento al vuelo que el villano realiza para clavárselo en su segunda oportunidad en la cabeza. Es decir, el villano con el que no pudo nadie muerto por ese héroe de pacotilla y su cuchillo de adorno. Se ve que lo de hacerse carne fue un fallo táctico del malo. Una forma de redención…

 

 

 

 

Su reencuentro con su camión, su gesto chulo y escéptico ladeando la cabeza y sonriendo como rasgo de identidad, su actitud de sobrado, definen a un personaje iconográfico de los 80.

 

 

 

 

Y por ello debía tener un final en consonancia, un final sorprendente, atípico, rechazando a la entregada chica una vez ya ha conseguido a su amado camión, huyendo de la estabilidad y sus besos para seguir con su independencia simbolizada en dicho camión.

 

 

 

 

Carpenter definió a Jack Burton como un perdedor que cree, erróneamente, que es un líder. Lo dicho.

 

Lee aquí la Última Parte de la crítica.

sambo

There is 1 comment on this post
  1. Anónimo
    octubre 04, 2016, 12:09 pm

    "Un tipo alegre, carismático, engreído, dicharachero, egocéntrico, simpático"

    Y encima se dedica al negocio del transporte. Y además su amigo el pardillo luego resulta que es poco menos que un superhéroe. Si es que sólo le falta un compañero Wookie y que su camión supere en cinco puntos la velocidad de la luz 🙂

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