Crítica: EL VIRGINIANO (1946)

Crítica: EL VIRGINIANO (1946)

STUART GILMORE

Película tremendamente fallida, pretenciosa e insulsa. Un
western sin fuerza, anodino e insípido, mal estructurado, acelerado y
atropellado.
Tuvo bastante éxito esta cinta dirigida por Stuart Gilmore,
remake a su vez de la que rodó Victor Fleming en 1929 y que inspiró una serie
de televisión del mismo nombre y con los mismos personajes en los 60. Una cinta
con ínfulas que cae en el absurdo.

 

La historia trata el dilema de nuestro protagonista
al ver que tiene que detener a su mejor amigo por trabajar con un ladrón de
ganado llamado Trampas, con lo que supondría esa detención.
El Virginiano es Joel McCrea, un actor con una cara de bueno
que no puede con ella, de esos que en el colegio repartía su bocadillo entre
todos sus amigos y cargaba con las culpas de los demás con profundo estoicismo.
Ese tipo de persona que llama a los timadores y al que pedirías un favor, un
Flanders de la vida. De hecho McCrea era así en la vida real, un tipo tranquilo
y honesto que jamás dio un espectáculo y se mantuvo fiel a su única esposa toda
su vida, con la que estuvo casi 60 años casado. Un clásico del western, que es
la perfecta personificación del hombre íntegro y honesto.

 

Aquí el conflicto entre legalidad, justicia, pena de muerte
y demás es tan confuso, mal desarrollado, mal resuelto… que la reflexión
resulta contradictoria y antigua. Un conflicto que no profundiza en ninguno de
los temas que propone resolviéndolos con superficialidad, limitación intelectual y
prisas. La única justificación para las decisiones del héroe es que sea un
personaje de su tiempo, anticuado en la actualidad, pero la forma de tratarlo y
resolverlo es tremendamente vulgar y torpe. No desarrolla ninguno de los
conflictos, algunos complejos, que plantea, temas difíciles que surgen, de
grandes pretensiones que no son más que puro fogueo e ínfulas que no llevan a
nada.

 

Da la sensación de que la historia ha sido escrita por
varias personas distintas sin saber lo que escribieron el resto de compañeros. Y
eso que adapta una novela, la de Owen Wister. El Virginiano, (Joel McCrea),
tiene que perseguir a una banda de cuatreros entre los que está su mejor amigo.
Una vez capturado deberá decidir si aplica la justicia vigente.
Trampas es el villano ladrón de ganado, que tiene en su
vestuario su rasgo más característico, vestido completamente de negro, como
buen villano que es, si bien es cierto que con el rostro de Brian Donlevy no
hacía falta mucho más. Por supuesto nuestro héroe, “El Virginiano” vestirá de
colores claros. Trampas es un villano pequeñito de muy malas pulgas.
Molly Wood (Barbara Britton) es la chica de la función, una
chica insatisfecha que huye de la alta sociedad, del este, en busca de
aventuras y que acaba encontrándose de forma fortuita con nuestro virginiano… Trabajará
de profesora y vestirá siempre de azul. Pone el punto romántico a la narración.
En la parte final vestirá de rojo y de blanco, colores de la pasión y la pureza.

 

Sonny Tufts interpreta a Steve Andrews, el amigo del Virginiano que se alía con Trampas y es el desencadenante del gran conflicto
interno del protagonista, un hombre bueno y simpático que eligió un mal camino.
Ciertamente es un personaje con gran dignidad ante lo que le va a ocurrir.
La dirección es esquemática y convencional, académica y sin
muchas complicaciones, correcta, sin ningún rasgo reseñable. Además es una
película corta, no llega a la hora y media. Un western rutinario y cotidiano,
sin garra ni emoción, y la que podía tener queda difuminada por el tratamiento
simplista final de los principales conflictos.
Tiene una aceptable fotografía, que se disfruta en las
escenas nocturnas.

 

Por lo demás todo resulta edulcorado y tremendamente blando,
quizá por eso no deba sorprender la mediocre resolución.

La estampida provocada seguramente es una de las escenas más
espectaculares del film, nocturna además.
El mayor conflicto que plantea la película es entre la
aplicación de la justicia o la amistad. Es el tema principal. Pues bien, aquí
el conflicto está resuelto en unos cinco minutos, el protagonista pone alguna
cara de circunstancias y mira un tanto triste cómo ahorcan a su amigo. Otro
conflicto importante está en cómo influye la decisión de «El Virginiano» con respecto a su novia. Bien, esto es más tronchante aún…
dura otros cinco minutos, si llega. El debate que suscita la pena de muerte
está casi obviado, aquí debemos suponer que es por el signo de los tiempos, pero
nuestro protagonista lo acepta sin pestañear. La justicia, en este caso, es
aplicar la pena de muerte a un amigo, cosa que «El Virginiano» aplica,
por robar ganado… Esta situación, evidentemente, crea en su novia rechazo, lo
que la impulsa a marcharse de su lado, este «pequeño» enfado es
resuelto en tres minutos con una breve conversación ¡con otro personaje! Cosas
de las prisas, supongo. No se puede ser más cutre a la hora de tratar estos
temas, simplismo, ligereza, falta de tacto, lamentable desarrollo dramático…

 

Nuestra chica se ofusca porque no puede aceptar a un hombre
que entrega a su amigo por aplicar la ley, cuando esa ley es la pena de muerte,
pero según sale se encuentra con otro personaje que le dice un par de cosas y
se le pasan todas las penas, ¡cómo pudo parecerle mal algo que hizo Joel
McCrea
!

Resulta casi obsceno la superficialidad con la que se trata
semejante tema y que las pretensiones sobre un tema así se resuelvan de esa
forma. Es ahí donde está el principal problema de estructura, que esos grandes
conflictos son planteados y resueltos sin sentido y con prisas, mientras que el
resto de la película se hace morosa y anodina en espera del duelo final. El
resto, un cortejo sin la más mínima gracia de los dos amigos a la maestra
recién llegada, una historia de amor insulsa y previsible y una trama más
sencilla que el mecanismo de un sonajero.

 

 

Joel McCrea recrea como nadie al hombre íntegro, pero en
esta película no llega ni a rozar la complejidad y el conflicto interno de su
personaje, que sólo muestra algo de pesar en el momento antes de la muerte de
su amigo, para luego olvidarse de todo y seguir con su aire de honestidad
permanente.
Al menos tenemos duelo final, con mucho viento y polvo
enmarcándolo, que sin ser nada del otro mundo no está mal.
Mala y fallida.

sambo

There are 6 comments on this post
  1. octubre 01, 2013, 2:01 pm

    Lo "bueno" de las malas películas es que luego valoras y disfrutas mucho más las buenas de verdad:-) Si el otro día era Elektra, hoy le ha tocado al Virginiano.
    Saluditos y abracitos a lo Flanders,
    Patricia

    • octubre 01, 2013, 5:01 pm

      Así es Patricia, hoy zurro menos, pero algo también. Lo bueno que tienen es que ayudan a darse cuenta de donde están las fisuras y errores, los defectos, lo cual también es interesante.

      Saluditos y abracitos Patricita jajaja

  2. octubre 01, 2013, 8:40 pm

    Pues de la serie me acuerdo!!
    Trampas era Dough mcLure!!!!

    La peli…no me acuerdo de la original y con semejantes referencias, pues como q el remake no lo voy a ver a menos q lo pasen x la tele un domingo q esté tan aburrida como para no cambiar el canal!!

    Gracias por avisaaaar!!

    Muacks!!

    • octubre 01, 2013, 9:56 pm

      Es bastante soso, aunque para pasar el rato si no piensas mucho… Un beso Reina.

      PD.Yo creo que sólo he visto ésta.

  3. mayo 30, 2014, 3:51 pm

    Hoy de manera accidental me he topado con ella….y querido darle una nueva oportunidad….pero vaya….que no consigo sacarle nada….creo que es de los pocos western que consiguen aburrirme…..pero aburrirme de verdad….

    • mayo 30, 2014, 9:37 pm

      Es que soso y anodino con ganas, además de todo lo mencionado, no me extraña, Sara. Un besazo.

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