Crítica: EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001)

Crítica: EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001)

TIM BURTON




 

 

 

La carrera de Tim Burton empezó a languidecer con esta película, sumergiéndose en un vicio por el remake y los sucedáneos que resulta cargante y decepcionante, casi ridículo. Este remake de “El planeta de los simios” no es que sea gratuito, es que no funciona de ninguna forma, ya la tomes independientemente, ya hayas visto o no la original o la consideres como un producto de puro espectáculo, es un trabajo francamente mediocre y ridículo en muchos momentos.

Desde la estación espacial OBERON se usan a chimpancés para tripular sus misiones de reconocimiento interestelar, pero cuando una de esas misiones pierde comunicación con la base y desaparece del radar, el astronauta Leo Davidson (Mark Wahlberg) se lanzará al rescate. En ese viaje su nave tendrá problemas y se verá obligado a aterrizar en un planeta similar a la Tierra, pero gobernado por simios. Estamos en el año 2029.

 

 

 

 

 

 

 

¿Para qué se hizo esta película? Pues no lo sé muy bien… Bueno sí, para sacar dinero sin más. No hay nada de las ideas habituales de Tim Burton, que tampoco es un director especialmente profundo conceptualmente. Tan sólo la idea de descubrimiento y el conflicto entre la realidad y la ficción parecen sugerir alguno de los temas habituales del director.

 

 

 

 

En la nave donde se inicia la película priman los blancos, la asepsia, que se supone contrastará con los parajes primitivistas donde se desarrollará el grueso de la narración. El problema es que es una película sin estilo alguno, especialmente en el aspecto estético, lo más reconocible de su autor, Tim Burton, lo que resulta más sonrojante.

 

 

 

 

 

Por supuesto, Leo es amigo de los monos, los comprende y entiende, empatiza con ellos, pero no porque esté poco evolucionado eh, no piensen mal, simplemente es un alma sensible. Así que cuando una nave desaparezca con un mono dentro, desobedecerá toda orden y robará otra nave para salir a su encuentro. Las motivaciones de Leo no están muy claras, no se sabe si es preocupación por el monito o su imperiosa necesidad de volar. Él es como Tom Cruise en “Top Gun” (Tony Scott, 1984): Sólo quiere volar.

 

 

 

 

 

Quizá Leo se sienta mal porque sus jefes prefieren a los monos antes que a él para volar y realizar esas misiones de reconocimiento, lo que debe generarle, al pobre, inseguridad y problemas de autoestima,… como a cualquiera… Claro, él pensará: «si lo puede hacer un mono yo también debería poder hacerlo», pero claro, viendo la decisión de sus jefes es comprensible que le entren dudas… Sus jefes alegan que es por seguridad, pero a Leo no se le ve convencido.

 

 

 

 

Total, que si el pobre Leo no quería sopa le van a dar 50 cazuelas llenas, porque en su viajecito va a parar a un mundo liderado por simios que le encarcelarán, someterán y pondrán a cocinar y fregar suelos… Yo soy Leo y me costaría levantarme por las mañanas.

 

 

 

 

 

 

El caso es que cuando Leo llega a un planeta que parece una jungla, con árboles con algún detallito burtoniano pero sin exagerar, y monos con armaduras, que no son especialmente burtonianas (recuerdan más a la estética de “La celda” de Tarsem Singh, 2000), persiguiendo  a unos humanos algo asilvestrados, remedos de Tarzán, el chico empieza a sospechar que pasa algo raro, aunque necesita confirmación.

 

 

 

 

Los monos chillan y hacen movimientos de mono, además de saltar mucho, muchísimo. Son como unos “yamakasis monescos ultramegadopados” practicando el “parkour” por la selva… o monos que usan trampolines ocultos, que también puede ser. Monos saltimbanquis, o sea…

Eso sí, no sólo hacen cosas vulgares, como colgarse y balancearse de lianas, aporrear pechos humanos y chillar, también montan a caballo para demostrar inteligencia. Hay un poco de “Mad Max” en todo ese conjunto estético, aunque con más flora y, desde luego, más fauna.

 

 

 

Ni siquiera la estética nos entrega al Burton más reconocible, y eso que tenía todo un universo para explorar. Unos arbolicos raros, unas armaduras que parecen sacadas de “La celda” o el “Drácula” de Coppola, pero nadie con ojeras ni looks siniestros. Además el poblado de los simios me desagradó, porque se parecía más al de los Ewoks que a algo amenazante u original. Sí que habrá alguna escena nocturna que sugiera esa estética de Burton, pero porque sabemos que es él el que la dirige, nada más. Los efectos especiales se los debieron comprar al que hizo “Lobo” (Mike Nichols, 1994), donde lo más destacados son los saltos de los simios…

 

 

 

 

 

 

En dicho poblado veremos un rudimentario mundo monesco, con barberos monos (una de las mayores chorradas que he visto en el cine moderno), monos feriantes, nenes mono jugadores de footbasket o algo así, e incluso monos sofisticados, todo con un toque medieval algo sospechoso. Jóvenes monos de juerga, pandilleros y un montón de chorradas monescas, también.

 

 

 

 

Poco cambio en ese mundo de los monos, primitivo, pero similar al nuestro hace unos siglos, con tratantes de esclavos.

Leo irá poniendo ojitos a una monita más civilizada y respetuosa con los humanos interpretada por Helena Bonham Carter, a la que algunos acusaron injustamente de que iba sin maquillaje monesco… ¡La gente no tiene vergüenza!

La simia que interpreta Bonham Carter es la voz de la sensatez y la bondad. Una intelectual sensible y comprensiva que desaprueba el trato que sus congéneres les dan a los humanos.

 

 

 

 

 

Es horrible como tratamos a los humanos, nos degrada tanto como a ellos”. Cuando dijo esta frase, solté mi bolsa de palomitas, me adecenté, me libré de alguna palomita suelta por mi camiseta, busqué apresuradamente el mando a distancia para dar al “pause” y grité: ”¡Ya era hora de que alguien lo dijera!” Tuve que aplaudirla, porque ya era hora de que alguien dijera lo que todos pensábamos. Me ofende profundamente cómo nos tratan los monos.

 

 

 

Estos simpáticos y musculosos monos, sugieren básicas y simplistas reflexiones sobre el racismo, para que lo pillen los más tontos, aspecto a valorar. Hablan de monos pro derechos humanos y existe una evidente lucha de clases monesca, con monos ricos que compran humanos para que les sirvan o les diviertan. La diversión es más física, que no sexual, o al menos no es sexual en general, creo, pero nunca verbalizada, no deben tener mucho sentido del humor, por lo que gente como Dani Rovira lo tendría chungo en esta película. Además hablan un fluido inglés con un acento extraordinario.

 

 

 

La mitología de los simios no está muy lograda, se trata de coger elementos conocidos y darle un toque irónico, cuando no calcarlos exactamente, pero en vez de un entorno humano pasarlo a ese gobernado por simios. Un dios, ¿Seymus?

Como en tantas películas mainstream, los militares serán los más malotes, brutos y los menos civilizados. Les ponen voces muy graves para que den más miedo, así como con eco, o rasgada, como al que se le queda algo ahí en la garganta, tipo gángster, y no puede quitárselo, además de poner cara de mosqueo en un atasco en la M-30 durante todo el metraje. También hacen cosas raras como olisquear a otros monos, pero bueno, eso también lo hacen los perros con la misma ausencia de pudor.

 

 

 

 

A la monita Ari (Helena Bonham Carter) le mola Leo (Mark Wahlberg) más que quitarse piojos del pelo, pero su relación estaría mal vista, por viciosa. Además al chico, en cambio, le gustan humanas, porque es un racista asqueroso, y se fija en una rubia maciza con poca ropa que corretea junto a él todo el rato, Daena (Estella Warren).

¡Lo sabía! Eres sensible. Es algo poco corriente en un macho.» Ari es una simia, pero también sutil, ¿eh?

 

 

 

 

Al menos Bonham Carter tuvo consuelo en esta película, ya que inició su relación con el director Tim Burton. Y es que la chica estaba muy seductora con su disfraz de mono, así que claro, ella vestida de mono y él con ese pelazo despeinado que parece que metió la cabeza en un tornado y luego decidió no lavársela más, el amor tenía que surgir… Me imagino las seductoras citas y veladas de la parejita, con el bueno de Tim pidiendo a Helena que le despioje para que se meta mejor en el papel… Con velas, eso sí.

 

 

 

 

 

El mono más malo estará interesado en Ari, como no podía ser de otra forma. Los opuestos se atraen.

La evasión de los humanos es de chiste, con un heroico Kris Kristofferson al que apenas oímos hablar… desde luego habla mucho menos que cualquier mono en la película. Nadie les ve, cuando van a escapar se paran a charlar tras un ejército de monos y una vez les descubren nadie corre a por ellos, miran como su jefe mata a Kristofferson… Como monos brincan bien, ahora, son vagos y torpes de narices. ¿Qué quieres? Son monos, me diréis… Bueno, y quizá tengáis razón…

 

 

 

 

Una vez han huido, el bueno de Leo tendrá su momentazo de ego satisfecho cuando enseñe a los simios lo que molan sus artilugios electrónicos. Es en plan: sí, me quitáis mi puesto de piloto, pero vosotros no tenéis este aparatito ni este Ipod. ¡Dichosos monos! ¡Hasta les enseñará su pistola! Es ahí cuando los monos ven lo verdaderamente guay que es Leo (Mark Wahlberg) y lo injustamente tratado que estaba.

 

No es brujería, es ciencia

 

 

 

Aquí todo el discurso, que ya es confuso de por sí, se vuelve infumable. Un simio anciano y convaleciente que parece muy sabio y sabe muchos secretos, le cuenta al simio psicópata interpretado por Tim Roth que en los orígenes los humanos mandaban, que tienen gran inteligencia, además de una gran capacidad tecnológica y destructora, que son crueles y retorcidos, por lo que le manda exterminar a ese nuevo humano que ha aparecido… Claro, se ve que no ha mirado alrededor o enfrente, a ese simio al que le pide ese encargo, que se obstina en dar pistas de que está fatal de lo suyo, con esos gestos, ese tono de voz y esas opiniones… Un psicópata a varios millares de kilómetros de la normalidad. También le explica que en “Calima” están los secretos de dichos orígenes.

 

 

 

 

 

Las escenas de acción están francamente mal rodadas, sorprendentemente mal rodadas, tanto que causa estupor. El ataque de los humanos al campamento formado por los simios, en plan western y la escena final de “Centauros del desierto” (John Ford, 1956), causa vergüenza ajena. Nunca sabes dónde está nada ni nadie, Burton recurre a planos cortos y detalle para los momentos más complicados, como en las películas cutres (el momento donde un simio hace tropezar el caballo que monta Wahlberg es bochornoso), en un reino de la confusión y la torpeza cinematográfica que deja anonadado y desconcertado. Los simios, antes atléticos saltarines, ahora se aparecen antes nuestros ojos como torpes soldados que a duras penas logran correr, literalmente… Además no saben nadar, para fortuna de nuestro héroe.

 

 

 

 

 

 

Cuando Leo y su grupo encuentran la nave que enviaba la señal que recibían, destrozada, y una calavera enterrada, pensé, por un momento, que Wahlberg iba a recitar a Shakespeare y el monólogo de Hamlet sobre la muerte en el cementerio con la calavera de Yorick en las manos, pero por fortuna sólo se limita a mirarla…

 

 

 

 

 

Y así pasamos al giro espacio-temporal, la nave de la que salió Leo es la clave de la inteligencia simia. Por los desfases temporales resulta que llegó allí mucho antes de lo que lo hizo el propio Leo, que salvó la vida, por lo que se ve. Una nave que se estrelló y sin ayuda terminaron siendo atacados por los simios que amaestraban, mucho más inteligentes de lo que suponían. Luego unas oportunas interferencias para no tener que explicar las cosas con mucho detalle, y listo…

 

 

 

 

 

 

Del mismo modo, la batalla final es tronchante. La supuesta emboscada haciendo consumir el combustible en una buena explosión sólo sirve para aturdir a una primera avanzada del ejército simio, así que acto seguido el resto del ejército atacará y veremos multitud de chorradas e incoherencias. Los simios que son capaces de pegar brincos que ni Serguéi Bubka sin pértiga y cargarse y lanzar humanos por los aires como si no costara, son abatidos por un quinceañero tirillas y se muestran impotentes ante la maciza rubia… Una cosa es el respeto al héroe y otra la sandez continuada.

 

 

 

 

 

 

 

Lo mismo pasa con el protagonista, al cual zurraban constantemente, que en la batalla va eliminando simios como si no costara, como el que juega a los marcianitos…hasta que llega Thade, claro. Ese momento es el oportuno para un buen Deus ex machina, donde aparecerá la nave con el chimpancé que mandaron al inicio de la película, Pericles, se llama… Se le confundirá con Seymus, su dios y creador.

Es extraña la intuición que tienen todos para mirar la oculta mano de la simia Ari donde tiene la marca que le hizo el psicópata Thade (Tim Roth).

 

 

 

Es divertido ver como en la nueva pelea el simio malo se dedica a dar azotes en el culo a Wahlberg, en un extraño guiño homoerótico, en vez de matarlo sin más.

 

 

 

 

Muy contentos estaban los productores con la nueva sorpresa final que idearon los guionistas, pero el fracaso artístico es evidente. «A la altura de la original», decían, pero lo que hacen es cargarse toda la esencia de la misma, desenmascarándose como un infausto remake.

 

 

 

En el viaje de vuelta a la Tierra, Leo descubre que lo que conoció no existe. La Tierra está repleta de monos, aunque es exactamente igual a la que conoció… El simio Thade, al que dejaron encerrado en una nave destruida, se las debió ingeniar para llegar allí y hacerse pasar por Lincoln, tan convincentemente que le hicieron una estatua exacta a la del presidente estadounidense… ¿Qué leches nos queréis contar con esto, Tim?

 

Además de los citados, también participan Paul Giamatti y Michael Clarke Duncan, unos más reconocibles que otros tras su disfraz de mono.

 

 

 

Un desastre que ofende en general a los cinéfilos que aprecian el título original de Franklin J. Schaffner de 1968, incluso a los de la nueva trilogía sobre los orígenes, que en sus dos primeras entregas resulta extraordinaria.

 

 

 

 

Mrsambo92: 4 Nov de 2015 @ 23:06

sambo

There are 4 comments on this post
  1. noviembre 07, 2015, 5:06 pm

    Sencillamente hilarante!!!
    El momento d encuentro Bonham Carter Burton es de carcajada.
    Me he reído muy a gusto!!
    Gracias por traernos joyitas así q hacen q vayamos por los suelos a la par q quedar advertidos de no ver semejantes bodrios!!
    Bss!!!

    • noviembre 07, 2015, 5:37 pm

      Jajajaja debo reconocer que yo también me reí repasándola, es bueno eso de dejarlas reposar tras escribirlas jajaja.

      Gracias, Reina.

  2. noviembre 09, 2015, 2:00 am

    Pues a pesar de algún fallo, a mi me pareció original y el final impactante.

    • noviembre 09, 2015, 9:19 am

      Me alegra encontrar una fan de la película. Un saludo.

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