Crítica: EL FUNERAL (1996) -Parte 1/3-

Crítica: EL FUNERAL (1996) -Parte 1/3-

ABEL FERRARA

 

Abel Ferrera es de esos directores que no dejan
indiferente, provocadores y de imágenes tan efectistas como impactantes. Su
obsesión por la culpa, la expiación, el castigo, la depuración, unas veces
vinculado a la religión y otras no, hacen de él un director excesivo. Son temas
recurrentes en su filmografía, repleta de personajes al límite, que albergan en
sí una culpa original en ocasiones o sobrevenida, y que de forma inconsciente
unas veces y consciente otras, asumen esa culpa y ese castigo, que les llegará
por inercia, por un inconsciente deseo o de forma buscada voluntariamente. A veces
a través de un proceso autodestructivo y otras de forma radical y directa.
Personajes torturados y sufridos, siempre angustiados.
Teniente corrupto” (1992) pasa por ser la mejor película de
su director, así como una de las que mejor exponen su particular universo. En
El funeral”, Ferrera acierta con su visión del mundo mafioso, poniendo
un punto de vista original al manido mundo gansteril. Por supuesto no faltarán
muchas de estas obsesiones.

 

Uno de los tres hermanos Tempio ha sido asesinado. Veremos
su funeral, al que asiste toda la familia, y reviviremos a través de flashbacks
sucesos que pudieron llevar a esa muerte. El líder de un clan mafioso rival,
Gaspare Spaglia (Benicio del Toro) parece el principal sospechoso del
asesinato. Se buscará la habitual venganza.

 

Ferrera estructura su película en base a flashbacks, o quizá
flashfowards, ya que lo primero que vemos en la cinta es a Vincent Gallo en un
cine, mientras que el grueso de la cinta se mantiene en un supuesto presente
que sería su funeral, viajes adelante y atrás en el tiempo con el funeral como
ancla del engranaje. Un relato episódico, elíptico, que muestra distintos
momentos importantes en la vida de los tres hermanos, hechos significativos que
nos permiten entender por qué suceden los hechos y describir al personaje
difunto. Los otros dos hermanos, los otros dos pilares de la cinta, se
desarrollan más en el presente, salvo un flashback de Ray.
Tres hermanos.
Vincent Gallo es un chico comprometido, hijo de su tiempo,
comunista, apoya a los sindicalistas, le gusta leer y el cine, por eso lo vemos
disfrutando de Bogart en “El bosque petrificado” (Archie Mayo, 1936), lugar y
momento previos a su muerte. Su espíritu sobrevolará toda la película, indicando
que no hay esperanza para ella, un espíritu fatalista. De alguna manera él es
el personaje más idealista, pero igual de despreciable y criminal que los
demás. Su muerte anuncia una fatalista opresión de la que sus hermanos no
lograrán salir, sumidos en una espiral de angustia y tortura personal enraizada
en la culpa. Su presencia será constante, incluso sin estar en plano, y así se
resalta con la primera escena, la llegada del féretro y su imagen en el ataúd
al abrirse éste. Cuando todo concluya veremos el mismo plano, el rostro muerto
de Vincent Gallo, de Johnny, en el ataúd, que es cerrado, como si ese espíritu
de fatalismo, de muerte, ya hubiera cumplido su misión y pudiera descansar en
paz. Un espíritu enfermizo, o quizá muy lúcido, que escapa al abrirse el
féretro para mostrar recuerdos y provocar una catarsis final que una vez
cumplida le permite el descanso.

 

Otro plano del rostro difunto de Johnny nos introducirá en el
flashback, amplio, donde descubriremos su personalidad, sus intereses y una
trama vaga con mafiosos y sindicalistas.
El funeral” tiene ciertos paralelismos con “El padrino
(Francis Ford Coppola, 1972) en cuanto a ritmo y atmósfera, también cuando se
muestran ciertas estampas cotidianas, algo que también puede verse en cintas de
Scorsese sobre el tema, pero el punto de vista de Ferrera es otro, no
se centra en las actividades mafiosas, sino en el impacto que la muerte de
Johnny (Vincent Gallo) tiene psicológicamente en sus hermanos, en esa familia,
cómo afecta, cómo reaccionan y por qué reaccionan así.
Aquí vemos la trastienda, niños jugando y sobre todo una
gran presencia del mundo femenino, siempre desplazado a un segundo plano en el
mundo mafioso así como en su retrato cinematográfico. La presencia del personaje de
Annabella Sciorra, Jean, es básica, y el cuarto pilar de la cinta. El
dramatismo y la exageración en la muestra de sentimientos de la mujer italiana
no faltarán en la cinta, especialmente en las más veteranas como vemos al
inicio.

Chez (Chris Penn), el hermano mediano, tiene esquizofrenia,
pasa de la calma a la ira en décimas de segundo. En él se manifiestan todas las
contradicciones de su familia. En él sí calan las enseñanzas y educación
religiosas, por ello sufre y se siente culpable con muchas de las cosas que hace, un
conflicto interno que sale en forma de ira. Al mismo tiempo está perfectamente
integrado en su familia, consciente de lo que hace y participante de ella. Con
la muerte de su hermano este conflicto interno se hace insoportable, no sabe
gestionar esa muerte ni mantener al margen unas creencias que le influyen, no
sabe, como Ray (Christopher Walken), mantener la religión en los límites de su
vida, valorarla como mera cuestión de apariencia, un elemento que dota de
respetabilidad a la familia, pero del que procura mantenerse impermeable. Su
presentación, su afabilidad al llegar que torna en ira incontenible al ver el
cadáver de su hermano, es el retrato perfecto del personaje.

Una escena, hacia el final de la película, nos da otra
vertiente del personaje. Chez es como un termómetro, acumula temperatura y
cuando llega a un límite estalla. Los estallidos son generalmente manifestados con violencia,
para él liberadora, catártica, pero el sexo será otro medio de escape. Chez se
irá de paseo para intentar olvidar la muerte de su hermano, pero los recuerdos
lo atenazan. Cuando llegue a casa querrá tener sexo con su mujer, necesita una
liberación. Es una escena terrible, oímos como se desnuda en off, no hace caso
al diálogo que su mujer le propone, se siente la tremenda amenaza que supone y
el tremendo miedo que le transmite a ella por las posibles consecuencias que podría tener una negativa. Ferrara
encuadrará en casi todo momento el rostro de Isabella Rossellini durante el
acto, un acto breve. Chez estalla tan rápido en la violencia como en el sexo,
lo vemos en sus dos escenas sexuales, con la prostituta y con su mujer,
brevísimas. Tras esta liberación se derrumba, se vuelve sensible, indefenso
casi, lo vimos en la primera escena de sexo con los besos a la prostituta al
terminar y tras haberse comportado de forma agresiva, y en esta escena en cuestión
cuando rompe a llorar tras hacerlo con su esposa. Violencia y sexo son sus
mecanismos de fuga, su única forma de gestionar sus sentimientos y conflictos
internos… pero ha llegado a tal límite que ya sólo lo alivian momentáneamente,
de ahí su llanto junto a su mujer.

 

Ray (Christopher Walken) no es completamente impermeable a
sus creencias y educación católica. La diferencia es que Ray lo gestiona
rebelándose, sufre pero reacciona enfrentándose a ellas, despreciándolas.
Veremos como el cura comienza a oficiar el funeral y luego lo oiremos sobre el
rostro de Ray (Christopher Walken), vinculando al personaje con la religión,
para acto seguido pasar a un flashback, su iniciación, una escalofriante escena
en la que Ray de niño ajusticia a un hombre ante la mirada de otros niños. De
esta forma Ferrara cierra el círculo, las dos vías que colisionan en los
personajes, religión y violencia. Chez no soportará dicho conflicto,
rindiéndose a una expiación violenta. Ray prefiere renunciar a la religión en
aras de una libertad de elección que no es tal. Se cree condenado y que haga lo
que haga lo estará, él culpabiliza a Dios de sus actos por no impedirlos o
evitar que sienta esos impulsos, se justifica así para hacer lo que de verdad
quiere, algo que de alguna forma le esclaviza, porque actúa como respuesta o
rebeldía hacia esas creencias.

La ceremonia de iniciación dejará la bala del asesinato como
recuerdo, algo que Ray conservará hasta que la coloque en el bolsillo del
difunto Johnny. Tradiciones, siempre tradiciones y costumbres.

Religión y crucifijos.

La religión y la mafia siempre han dado buen juego, lo
italiano y lo católico. Una relación sabrosa. Estamos ante un vehemente
católico según las propias palabras del director. En “El funeral” la religión también lo
sobrevuela todo, las creencias de los personajes, de los hermanos, su
catolicismo, crea en ellos un conflicto interno insalvable, una combustión que
debe liberarse de alguna forma. Ferrara encuadrará multitud de crucifijos
durante el metraje, otra idea que pretende que sobrevuele en todo momento. Los
personajes son católicos y les gusta guardar esa apariencia, respetarla de cara
a la galería, pero su vida, su comportamiento y las dedicaciones de la familia
son opuestas a los postulados católicos, no son compatibles con dichas creencias. El problema es que han
crecido con ellas, y aunque las dan de lado o creen olvidarlas, les atormentan en
soledad.

 

-Vemos crucifijos encuadrados en el ataúd de Johnny,
presidiendo la cama de Chez y su mujer, Clara (Isabella Rossellini), en las
cadenas que llevan los hermanos… La religión y los crucifijos siempre están
presentes de una forma u otra.
Esta idea tiene mucho que ver con la catarsis final, con esa
idea de expiación, de sacrificio casi ritual con el personaje de Chris Penn
como protagonista, como ángel exterminador.
-La mafia, la familia, está siempre muy apegada a las
tradiciones, a las jerarquías, a las costumbres, a unas reglas muy definidas, es
un mundo donde la apariencia es una coraza que los protege y sirve para
engañarse y tener cierto aire de respetabilidad, una aspiración romántica que
ha sido muy explotada en el cine. Fanáticos tradicionales. Dentro de estas
tradiciones se instala la religión en un lugar importante. En “El funeral
veremos cómo se respetan las formas y las ceremonias, con escrupulosidad máxima,
les gusta y ven importante respetarlas, pero a la vez Ferrara marca el
contraste, la esencia de la religión y su mensaje es pura fachada para esa
familia, así lo manifestará el propio Ray (Christopher Walken), cuando le diga
a su mujer que no soporta la presencia del cura que ha ido a celebrar una
ceremonia en honor a su hermano a su casa.
-La visión de Ferrara hacia el cura es positiva, por ello
las palabras del cura a Jean (Annabella Sciorra) son sensatas y ponen el dedo
en la llaga, retratando lo que ocurre en esa familia. Jean es consciente, su
papel es mediador, pero sabe que puede hacer poco, es una mujer resignada. El
cura hará hincapié en la importancia de la religión para reconducir el
comportamiento de la familia.
-Este contraste entre el verdadero mensaje católico y su
incompatibilidad con los comportamientos de los hermanos, así como el uso de la
religión como mero envoltorio, mera apariencia, tiene en el personaje de Chris
Penn
la perfecta personificación.
-La historia que cuenta Jean sobre Santa Inés es un nuevo
ejemplo de la presencia contante de la religión y, una vez más, desvirtuada por
la actitud de esa familia, del mundo masculino. Explicará que fue degollada con
12 años por negarse a acostarse con un hombre, es la patrona de la pureza, pero
ella la tiene presente para recordar lo que ocurre si se dice que no, no para
rezarla. No es la pureza sino el miedo y la advertencia el mensaje que transmite
la santa a nuestra protagonista. Oiremos la voz de Helen antes de que se ilumine
el altar de la santa.

 

 “Quédate tumbada,
como Johnny
”.
-Del mismo modo, ver a Ray mirar las cicatrices de los
agujeros de bala en el cuerpo de su hermano Johnny, casi nos remite a Santo
Tomás
y su incredulidad sobre la resurrección de Cristo, de hecho Ray habla de
su incredulidad ante la muerte.
-La escena de sexo, infiel y violento, de Chez con la joven
prostituta se encadena con el plano de un crucifijo en la habitación de su
mujer… La culpa, su sentimiento, los valores simbolizados en ese crucifijo no
respetados… Del mismo modo la mujer de Chez hablará de Santa Dimpna de Gheel,
que curaba trastornos mentales. De esta forma Clara saca el tema del trastorno
de Chez, algo por lo que siente culpa, que le perturba e incita al suicidio.
Clara muestra un vínculo religioso fuerte, auténtico, e intenta poner
soluciones a la perturbada alma de su marido.

 

Ray y Jean hablarán de Dios, una conversación en el porche
cuando Ray decide cargar contra Gaspare (Benicio del  Toro), vengarse de él. Jamás los encuadrará juntos en esta escena, resaltando así su enorme distanciamiento.
Dedicada a J. J. Jacobo y a su pequeño.

sambo

There are 4 comments on this post
  1. octubre 08, 2013, 6:49 pm

    Recuerdo ver esta película con una intebsa sensación de opresión y angustia. Adoro a Walken, está siempre perfecto con esa imagen tan perturbadora. Y Gallo me resulta odioso. El pobre…
    A por la 2/3!!

    • octubre 08, 2013, 8:42 pm

      Es normal, tiene un punto claustrofóbico. Comparto tu gusto, Walken es magnífco y Gallo tiene un rostro verdaderamente repulsivo jaja

  2. Keyser
    octubre 13, 2013, 8:20 pm

    MrSambo, como en este tipo de críticas, se admiten spoilers (tus críticas lo son), te adelanto que estoy deseando ver como describes la reacción de Cristopher Walken cuando descubre que Benicio del Toro no ha matado alhermanito. Es lo que más me chocó de la película, para mí, simplemente ¡no hubo ninguna reacción! En fin, leyendo tu crónica empiezo a ver más profundidad en el personaje y seguro que cambias mi impresión de Cristopher Walken "me la pela todo, alguien tenía que pagarlo".

    • octubre 14, 2013, 9:54 am

      Pues a ver si ha quedado bien y te convence, en realidad puedes leerlo ya, el análisis completo está colgado, puedes buscarlo en la lista. En realidad lo de "alguien tenía que pagarlo" motiva bastante al personaje, pero hay algunas cosillas más

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