Crítica DUNKERQUE (2017) -Última Parte-

Crítica DUNKERQUE (2017) -Última Parte-

CHRISTOPHER NOLAN

 

 



 

 

Lo sensitivo como hijo de la abstracción.

Y esa búsqueda de la abstracción debe basarse, desde la forma, en la emoción, la sensación. De ahí que apenas se hable, que el silencio parezca reinarlo todo, regentado por la música de Zimmer, para que cuando llega el sonido, los gritos, los disparos, las bombas, los choques, impacten más. Ese temblor en los aviones, la voz que vibra de los pilotos, los barcos que chirrían y crujen al hundirse, al golpear con el espigón, los cuerpos impactando con el agua, el sonido de los aviones invisibles acercándose… la angustia, el miedo.

Un terrorífico sonido siempre, especialmente el de los aviones. Casi cada sonido tiene la intención de provocar pavor, especialmente cuando es en off. Un ejemplo perfecto lo tenemos en ese soberbio plano con las reacciones de los soldados en la barcaza cuando oyen a lo lejos la venida de un avión, agachándose inmediatamente.

 

 

 

 

 

 

Nolan apuesta por lo claustrofóbico especialmente para desarrollar ese concepto sensitivo. Asfixiante. El piloto tras amerizar intentando romper la cabina mientras se hunde, el barco sumergiéndose ahogando a los soldados atrapados en su interior, los soldados esperando encerrados en ese barco hasta que comience a flotar… y la liberación: la cabina del avión que se abre, la puerta del barco que hace lo mismo, el rescate a los soldados que saltan…

 

 

 

 

Tensas y claustrofóbicas situaciones creadas por el director, reales, verosímiles, convirtiendo el conflicto en una especie de guerra miniaturizada, minimalista, sin dejar de ser maximalista, como escenifica en planos como ese de la pequeña barcaza que pasa al lado de un gigantesco acorazado. Son las pequeñas hazañas, las pequeñas mezquindades, las grandes heroicidades, los grandes pecados…

 

 

 

 

Se apoya además Nolan para transmitir esas sensaciones, agobiantes, tensas, en la banda sonora, con ese reloj que se escucha en determinados momentos, como una incesante y apremiante cuenta atrás.

Valores y mezquindades en la guerra.

Toda esta estructura, mucho más compleja de lo que parece, como pueden comprobar, le sirve a Nolan para exponer una gran cantidad se sentimientos, valores y mezquindades, en un entorno que se presta a ello, porque pone al límite a las personas, que lejos de conocerse, en un entorno de estrés muestran su verdadera cara, siempre con el concepto de supervivencia sobrevolándolo todo.

El heroísmo: con George sumándose a la expedición que pretende Mark Rylance con su pequeño barco, con la intención de hacer algo notable, o la del piloto que se sacrifica para proteger a sus compañeros en la playa, cayendo prisionero.

 

 

 

 

 

 

La camaradería: con esas pequeñas victorias que parecen no significar nada, pero que son puro sentimiento hacia tus compañeros (jalear el paso por una precaria tabla para llevar a un herido en camilla, el rescate a un compañero…); amistades y afinidades abstractas, con desconocidos: como la que se profesan el protagonista, Tommy (Fionn Whitehead), y el silencioso francés, Gibson (Aneurin Barnard).

 

 

 

 

Un heroísmo y unos héroes que dejan momentos emotivos. Héroes fallecidos, héroes que se sacrifican (Hardy)…

La mentira: a veces ruin, otras bella, como en el homenaje que se le hace a George, el chaval que muere en la embarcación de Rylance, que casi es una escenificación del manejo propagandístico británico.

 

 

 

 

 

 

La mezquindad: cuando vemos robar a cadáveres o usar a un herido para colarse en un barco que los lleve a casa…

El miedo, la desesperación: en ese trauma del personaje encarnado por Cillian Murphy que le lleva a matar a un chico por accidente ante la idea de volver a Dunkerque…

La angustia: con esos soldados intentando salir de los barcos para evitar ahogarse (cruel muerte la del soldado francés ahogado), buscando una salida o cayendo en la desolación o la locura suicidándose en la playa…

Ruindades, vilezas y cobardías: hacer grupo para echar al francés del barco en lo que era casi una condena de muerte simplemente por el miedo, por el afán de supervivencia y por ser de la misma compañía…

Y finalmente la supervivencia, ya saben, que de alguna manera provoca todo lo demás.

 

 

Es el Nolan de siempre.

Aunque al ser su primer título en un contexto histórico y basado en hechos reales podría pensarse que el director se alejaría de sus temas y obsesiones, lo cierto es que nada de esto ocurre y se las ingenia de manera asombrosa y brillante para adaptarlas a su universo con plena naturalidad.

«Las guerras no se ganan con evacuaciones, pero en esta liberación ha habido una victoria que no hay que pasar por alto. Nuestra gratitud por la salvación de nuestro ejército no debe hacernos olvidar que lo que ha ocurrido en Francia y en Bélgica es un colosal desastre militar. Debemos esperar que nos asesten un nuevo golpe casi de inmediato. Seguiremos hasta el final. Combatiremos en Francia. Combatiremos en los mares y océanos. Combatiremos cada vez con mayor confianza y fuerza en el aire. Defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, combatiremos en los aeródromos, en los campos y en las calles. Combatiremos en las colinas. No nos rendiremos jamás. Y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota Británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el nuevo mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al viejo«.

Ese es un fragmento del afamado discurso de Churchill que podemos oír al final de la película, así como en “El instante más oscuro” (Joe Wright, 2017), también nominada este año. Un fragmento donde se cita la lucha por tierra, mar y aire… De ahí que Nolan vertebre así su narración. No hay nada al azar. Por cierto, me encanta la referencia a los Estados Unidos en este discurso de Churchill.

-Quien conozca el blog y haya leído los sucesivos análisis sobre películas de Nolan, tendrá una noción amplia de los rasgos, conceptos y temáticas de su universo. Uno de los más resaltados y evidentes es su gusto por la fragmentación, tanto narrativa como temporal. Era difícil diseñar una cinta bélica en un contexto concreto y limitado donde esa fragmentación cuadrase y tuviera sentido, pero el director británico se las apaña.

Nolan dividirá la historia en tres apartados que de alguna forma confluirán. La tierra, con el espigón como núcleo central, junto a Branagh; el mar, con los barcos que van a ayudar a los soldados, representados en el que comanda Mark Rylance; el aire, con ese heroico piloto que encarna Tom Hardy.

 

 

 

 

 

 

 

Y a su vez cada una de esas divisiones, tendrá su ritmo temporal particular. En tierra se nos contará lo sucedido durante una semana. En el mar lo que sucede durante un día. En el aire lo que sucede durante una hora.

 

 

 

Subraya esta fragmentación temporal Nolan con un par de detalles, como son la aparición del personaje que interpreta Cillian Murphy rescatando soldados cerca de la playa tras verle siendo rescatado a él por el barquito de Mark Rylance, y juegos con el punto de vista y la perspectiva, la fragmentación narrativa en el momento que dos líneas temporales se cruzan, por ejemplo en ese tiroteo aéreo que primero vemos por el aire y luego desde el barco de Rylance de nuevo, o donde lo que parecía un saludo para al avión de Hardy en realidad eran intentos desesperados por abrir la cabina del siniestrado avión de su compañero piloto…

 

 

 

-Otro rasgo habitual del cine de Nolan es el desdoblamiento de personalidades, rasgo que aquí volvía a ser complicado de aplicar al ser una cinta realista e histórica, pero que el director logra con su particular concepción. Es, evidentemente, más complicado llegar al concepto porque antes se ha tenido que desenmarañan la ambición de Nolan en su idea de abstracción, en la cual cada soldado, cada parte del ejército que vemos, en los que divide la película, forman un todo. Es ahí donde el desdoblamiento tiene sentido, un desdoblamiento que aparecería de otro modo al habitual en Nolan, con las distintas personificaciones de ese mismo cuerpo, el ejército, en los que los miedos y valores son representados en las mencionadas abstracciones. Un tanto como la Santísima Trinidad.

 

 

 

-El montaje, principal aliado de Nolan, en especial para esa idea de fragmentación, utiliza los paralelismos, los enlaces y los ecos para vincular situaciones, para definir ese todo que antes expliqué. Observen como enlaza dos escenas: un barco cargando heridos, otro civil cargando salvavidas en el muelle; el rescate en el mar al personaje interpretado por Cillian Murphy enlazado con el avión que cae al mar… O esos planos que nos llevan del pie desnudo del chico que entierran a la bota que se ata el francés al inicio del film, explicando sin palabras lo ocurrido. La vida y la muerte.

 

 

 

Paralelismos como el encierro a los soldados que suben al acorazado, sintiéndose a salvo por fin, con el encierro que sufre Cillian Murphy en la pequeña barcaza de Rylance. Un avión hundiéndose y siendo rescatado, como ocurre con un barco en otra escena… Combustible derramándose en las aguas, el que le falta al avión de Hardy… Son muchísimos, detalles para la delectación.

 

 

 

 

-Como en el último cine de Nolan, la música, la banda sonora, es clave en la creación de sus universos, de las emociones de los mismos, con su aliado Hans Zimmer especialmente. La célebre escala Shepard, que Nolan usa con devoción, aparece aquí de nuevo en una banda sonora más abstracta (en consonancia con la película), donde se prescinde de la melodía para hacer hincapié en el ritmo. Es un recurso ideal para esos clímax alargados, infinitos, que tanto gustan al director, además de para crear esa tensión asfixiante pretendida.

La escala Shepard es una ilusión auditiva en la que se superponen tres escalas de notas con separación de una octava entre ellas, que reiteradas da esa sensación de que la música sube y sube o baja y baja progresivamente, hasta el infinito. El sonido de reloj o los violines rítmicos son pieza clave en la atmósfera pretendida en el film.

 

 

 

Además tiene detalles y matices, como cuando cesa la banda sonora, que en ocasiones es una señal de que llega el enemigo. O ese silencio que sobreviene cuando el chico protagonista llega a la playa, a la tensa espera, en la primera secuencia…

Así conforma Nolan el todo buscado, desde una aparente sencillez que esconde una compleja y coherente tela de araña.

 

Christopher Nolan es un director irregular, por no decir discreto o mediocre, rodando escenas de acción, pero cuando lo hace bien se sale (recordemos aquella escena en “Origen” (2010) en un pasillo que perdía la gravedad). Aquí las escenas de acción y suspense dejan momentos realmente tensos y espectaculares. Destaco especialmente los duelos aéreos, donde muestra la táctica de los pilotos para derribar a los enemigos con gran claridad y brillantez.

 

 

 

 

Un enemigo menos”.

Es cierto que ni en la playa ni en las embarcaciones que vemos, se aprecia el número que dicen había o se movilizó en esta historia. Supongo que tiene que ver con esa aspiración siempre artesanal, clásica, de hacer las cosas en Nolan, sin usar el ordenador ni los efectos digitales, en general, que le gustan más bien poco, utilizando extras y barcos reales. En el único plano que dedica “El instante más oscuro” (Joe Wright, 2017), también nominada a mejor película este año, a dicha movilización de barcos para rescatar a los soldados atrapados, se observa más cantidad de los mismos. Eso sí, es meritorio que llegara a tener hasta 62 barcos en funcionamiento durante la película.

 

 

 

Las interpretaciones son acertadas y complicadas, al carecer los personajes de una individualización o carácter personal sobre el que indagar, basándose en la tan señalada abstracción emocional para acometerlas. Soberbio Branagh, que deja un plano antológico con una mirada que se va crispando, que teme lo peor, que se pone a merced de los acontecimientos, que renace y que termina vidriosa por la emoción, diciéndolo todo sin decir nada. ¡Qué bueno es Kenneth Branagh! Sus miradas al horizonte cambiando su expresión radicalmente, transmitiendo todas las emociones sin necesidad de corte, conteniendo sus ojos vidriosos por la emoción. Soberbio Hardy, una vez más enmascarado, algo que Nolan ya le obligó a hacer en “El caballero oscuro: La leyenda renace” (2012), y que también hizo en “Mad Max: Furia en la carretera” (George Miller, 2015), sabiendo dotar de expresividad a su personaje a pesar de todo. Soberbio Rylance, en su determinación y vulnerabilidad. Muy bien los chicos jóvenes, con mención especial para ese Harry Styles, cantante de “One Direction”, y Fionn Whitehead, así como para Aneurin Barnard

 

 

 

Es una de las grandes películas de este año, sobre la que algunos, como ocurre con todas, han intentado reseñar ciertos defectos, tanto desde el punto de vista histórico, como desde el punto de vista dramático, algo que ya expliqué y rebatí en el preanálisis, el que podéis pinchar desde aquí. Más allá de eso, es posible que a algunos les sepa a poco, que se pierdan en la abstracción o no “empaticen” si no captan toda su esencia, que se quede corta como título bélico en ciertos aspectos, pero nadie puede dudar de su calidad.

Otra gran obra de Nolan.

 

 

 

Lee aquí el PreAnálisis.

Lee aquí la 1ª parte del análisis.

sambo

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