Crítica CREED (2015) -Última Parte-

Crítica CREED (2015) -Última Parte-

RYAN COOGLER



 

 

Él es Rocky Balboa.

Sylvester Stallone interpreta por primera vez a Rocky en un rol secundario. Un papel crepuscular que podría darle su primer Oscar, en lo que sería un bonito premio a una carrera llena de éxitos por parte del actor, director y guionista, en el que ya no le veremos en el ring sino de entrenador de una futura estrella, hijo del que fue amigo suyo, Apollo Creed. Stallone es uno de los actores más inteligentes de Hollywood, literalmente, ya que según se dice tiene un cociente intelectual de 160…

 

El chico, buscando su origen, llegará a Rocky, como no podía ser de otra forma, y ahí empezará todo. El Adrian’s Restaurant, en honor a la inmortal mujer de Rocky, será el escenario de la presentación del personaje.

 

 

 

 

 

 

Se minimiza en cierta medida a Rocky Balboa. Es cierto que se le ve como una leyenda, conserva su estatua y todo el mundo parece conocerle y valorarle, pero de alguna manera queda en segundo plano con respecto al recuerdo de Apollo.

 

 

 

 

El siempre bondadoso Rocky, interpretado por un entrañable, sobrio y acertado Stallone, sigue tan transparente y luminoso como siempre. Es ingenuo y puro, no rehúye nunca el combate, ya sea vital, boxístico o verbal. En esta conversación inicial con Adonis, se balancea ante él, como el luchador que es, en sus momentos incómodos, en sus dudas, como evitando posibles golpes, buscando puntos débiles. Esos incontenibles gestos de boxeador en sus andares callejeros, su clásico juego con la pelota negra, son otros rasgos característicos del personaje que apreciamos mientras la complicidad con Adonis aumenta.

 

 

 

 

 

 

Hablarán del tercer combate que ganó Apollo y declinará la petición de Adonis de que le entrene. Sorprende el asombroso cuello/espalda, todo uno, de Stallone.

 

 

 

 

La evolución y progresión de la relación entre Rocky y Adonis vertebra el grueso dramático de “Creed”. Una relación paterno filial disfuncional donde Adonis busca una figura paterna y Rocky recuperar un hijo a quien cuidar y a quien legar su saber (se menciona a su hijo ausente). Una relación que va de la amistad al cariño absoluto. El primer paso será dar algunos ejercicios a Adonis para que mejore (aunque negándose a entrenarlo y con problemas con la gramática, en otro estupendo detalle). Modula con sabiduría los tempos el señor Stallone. Se beneficia de su veterano rostro y su aire crepuscular.

 

 

 

El siguiente paso será acceder a entrenarle y acogerle en su casa, con imitación previa al Marlon Brando de “El padrino” (Francis Ford Coppola, 1972), rompiendo sus soledades con contundencia.

 

 

 

 

Paulie era mi mejor amigo, aunque no era muy amigable”.

 

En esa escena donde Rocky accede a darle unas pautas y Adonis descarga su furgoneta de comida, hay una simpática broma sobre internet y “la nube” que marca el auge de los nuevos tiempos y define a Rocky como un ser del pasado, pero al cual se acude para adquirir sabiduría. Un Rocky dicharachero y simpático.

 

A Sylvester Stallone dan ganas de achucharle en la película, en realidad a Rocky, como digo, siempre han dado ganas de achucharle en su carácter afable, ingenuo, simple y sencillo. Verle en la escena del cementerio cogiendo su silla oculta en un árbol y hablando cotidianamente con las tumbas de Paulie y Adrian sobre las incidencias del día, es maravilloso. Retrato de ese tono crepuscular del personaje. Una escena desenfadada porque se siente cotidiana, informal, habitual. Leer el periódico junto a tus seres queridos mientras comentas tus cosas. Una de las escenas por las que merece la pena la película.

¿Sabes, Adrian? Cada vez me cuesta más subir la cuesta. ¿Por qué será?” “Tarde o temprano la edad no perdona”.

 

Con todo, esa escena golpea a Rocky, que siente la soledad, la falta de una réplica, lo que le impulsará a volver al gimnasio de Mick y entrenar a ese joven que apareció en su vida. Un gimnasio muy mejorado a la vista de Rocky.

Rocky es consciente de sus limitaciones y del paso del tiempo, lo manifiesta en varias ocasiones, incluso cuando entrena con su equipo.

El aire distraído, juguetón, disperso incluso, de Rocky en varias escenas, define muy bien a ese personaje transparente y honesto. Por ejemplo a su llegada al gimnasio, buscando poco disimuladamente a Adonis. Hay otra escena similar, en la habitación de un hotel en la previa al combate, mirando a una puerta que espera toque Bianca. Un celestino que provoca la reunión.

 

 

 

Las escenas de entrenamiento son estupendas, uno de los clásicos de la saga “Rocky”. También dejan momentos divertidos, ya sea en el gimnasio, al aire libre a la vieja usanza o en el hospital. Perseguir gallinas, correr por las calles, enfrentarse a la propia imagen ante el espejo, correr tras furgonetas… Las escenas del hospital son entrañables, así como los cuidados de Adonis a Rocky.

 

 

 

 

 

Nosotros las hacíamos con una mano (las flexiones)Yo no digo nada”. “Con la campana no acaban las clases, Doni. Con la campana empieza el infierno”. “Bastante bien… las gallinas no son lo que eran”. “No se aprende nada hablando. Mientras hablas no escuchas”. “Tuve una Harley pero me caí y desde entonces decidí ir a pie”. Rocky es como mi abuelo, no daba segundas oportunidades a cacharros o animales…

 

 

Adonis: ¿Está cerca?

Rocky: Relativamente.

 

Adonis: ¿No decías que estaba cerca?

Rocky: Sí, pero no tanto

 

 

 

 

Adonis irá aprendiendo tanto la técnica como la psicología. Broncas, orgullos, testosterona… trabajando la fuerza física, la velocidad y la fuerza mental.

Si estuviera otro en mi esquina… no lo haría. Pero te tengo a ti”.

 

 

 

 

 

El tema de la enfermedad de Rocky es el gran punto dramático de la película. Ver a Rocky luchar otra batalla que no se produce en el ring. Stallone está magnífico en su reacción a la noticia, más perturbado por el recuerdo de lo sucedido con Adrian que por la noticia en sí, lo que le lleva a rendirse en primera instancia. Igualmente estupendo está cuando disimula con Adonis.

Detrás es pasado”.

 

 

Hay un punto de egoísmo en su negativa a tratarse, como le hace ver Adonis, ya que desprecia el vínculo y el cariño que el chico le tiene y que él tiene al chico. Desprecia esa nueva familia que se ha gestado. Es el momento más cruel de Rocky, aunque se arrepiente inmediatamente, víctima de la tensión.

Si yo lucho, tú también”.

 

 

Toda la estructura del film y muchos de sus giros y fundamentos esenciales nos remiten al “Rocky” original. Incluso la chica, una joven cantante que también es un ser roto. Quizá no un patito feo como Adrian, en esa hermosísima relación que protagonizó con Stallone, donde dos seres en apariencia mediocres, del montón, demuestran que no lo son, especialmente juntos. En esta ocasión, Bianca, que es la chica, tiene un problema auditivo, una pérdida de audición progresiva, en una cruel ironía con lo que es su pasión: cantar y componer. Dos seres vulnerables que se encuentran y comprenden. Como vulnerable era Adrian.

 

 

 

Cantando acabará seduciendo a Adonis, en una coincidencia que parece marcada por el destino. Bianca es algo maleducada y debe tener fama de arisca…”Buena suerte, tío”.

 

 

 

 

Su relación evolucionará con algún altibajo sin muchos problemas, encontrando la complicidad en la música de ella. Música y besitos… Se enfadarán cuando Bianca descubra de quién es hijo Adonis y también por la bronca que monta el día de su concierto, con un cruel rechazo quitándose los audífonos tras la puerta.

 

 

 

Cuando Adonis obtenga su primer triunfo se filtrará su identidad. En el previo al combate tendremos una escena en pantalla partida por el decorado, donde en un lado del encuadre observamos el calentamiento previo y en el otro las gestiones y tratos a cuenta del combate.

 

 

 

El humor salpica la narración, desde las intervenciones de Rocky al apretón de Adonis previo a un combate… También le quita trascendencia al asunto el chico motero tras conocer que Adonis es hijo de Apollo.

 

 

 

 

Volvemos al gimnasio de Mick; los entrenamientos; esa escena de la carrera de Adonis en chándal gris hasta el gimnasio, donde le espera Rocky en la ventana insinuándose la banda sonora clásica; las menciones a Apollo, sus combates con RockyAdrian, Paulie; el novato que combate contra el número uno… continuos homenajes a la saga y en especial a la cinta original, de la que es casi un calco.

 

 

 

 

Tras el combate frustrado entre el número uno y el número dos, Conlan contra Wheeler, por una pelea previa, le llegará la oportunidad a Adonis. Es el gran combate. Una estupenda secuencia de acción. Primer asalto para Conlan, Adonis que se rehace, tercero para Conlan, los siguientes igualándose… Cayendo y levantándose, recibiendo pero aguantando… La emoción “testosterónica”.

 

 

 

 

 

Luchas contra ti mismo, él sólo está en medio… ¡Quítalo de en medio!” “Tiene el corazón de su padre”. «Tengo que demostrarlo… Que no soy un error«.

Un gran combate que reivindica, aunque de manera mucho menos convincente que la original, la mítica del perdedor.

 

 

Es lamentable y un desgraciado error el uso que se hace de la banda sonora, abusando del Hip Hop, esa música que, respetando a los que les guste, no soporto y además parece el antídoto perfecto para lo que requiere el film, adrenalina épica, renunciando casi absolutamente a su banda sonora clásica, que aparece fugazmente en la parte final y desaparece casi inmediatamente cuando la cosa iba a ponerse intensa… Todo el mundo sabe que las apariciones de la banda sonora de Bill Conti pone los pelos de punta a todo amante de la saga o el Séptimo Arte. Una de las bandas sonoras deportivas más célebres, junto a la de “Carros de fuego” (Hugh Hudson, 1981) y, desde luego, la más épica.

 

 

 

 

 

 

En cualquier caso, “Creed” ha resultado un éxito de crítica y público, justificado, ya que se trata de una buena película, un reboot que ha funcionado a la perfección recogiendo la trama de la original y modernizándola un poco. Tanto es así que ya está en preparación su secuela, “Creed 2”, para 2017, que contará con Michael B. Jordan, y que podría traernos a Carl Weathers de regreso a la saga y que en flashback lo viéramos junto a Rocky de nuevo, al estilo “El padrino 2” (Francis Ford Coppola, 1974).

 

 

 

Una buena película de aliento clásico, narrada con solvencia, sin prisas ni pausas y con virtuosismo en la cámara, aunque aporte poco y no entregue nada especialmente novedoso, resultando previsible aunque entrañable.

 

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

There are 2 comments on this post
  1. febrero 22, 2016, 7:57 pm

    Pues oye, igual hasta le doy una oportunidad.
    Hay una cosa (entre tantas!) q me gusta de esta casa tuya y tus análisis: eres justo. Lo que está bien, se dice. Mainstream aparte. He de reconocer q no le había hecho mucho caso a la peli, pede a la nominación.
    Y lo que no está bien, también se dice. Y a veces hace q llore de risa…
    Gracias, pues, como siempre.
    Bss

    • febrero 22, 2016, 8:00 pm

      Muchas gracias, se intenta serlo. Es complicado quitarse prejuicios siempre. Me divierte hacer reír, en cuanto puedo intento practicarlo jaja. Esta no era muy humorística jaja

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