Crítica: THE ARTIST (2011) -Parte 2/4-

Crítica: THE ARTIST (2011) -Parte 2/4-

MICHEL HAZANAVICIUS

El montaje del film es otro de los elementos a destacar, de una agilidad y calidad deslumbrantes. Perfecto. Los intertítulos, de diseño perfecto clavando los de la época muda, son otro detalle más en esta reconstrucción minuciosa y en el afán por dar texturas, sabor y profundidad a esta maravillosa cinta.
Es indudable que el cine mudo es el cine en su estado más puro, una historia contada con imágenes, imágenes en movimiento. Igual de cierto es que si el cine era mudo o en blanco y negro era porque no había los medios adecuados para que fuera de otra manera, pero esta circunstancia en nada resta la evidente pureza del mudo o la belleza sin igual del blanco y negro. De hecho al blanco y negro vuelven muchos cineastas aunque sólo sea porque su estética, textura y profundidad visual les encanta y saben que queda genial y que funciona. Ese conocimiento del pasado estético, narrativo y formal que lejos de ir contra lo moderno lo enriquece, lejos de provocar prejuicios debe asumirse para crecer. Un conocimiento que hará irrenunciable dicha herencia al que sabe apreciarla.
Espejos con trasfondo.
Como he dicho “The artist” es un juego constante de espejos, pero es que además éstos estarán muy presentes durante todo el metraje, simbolizando y mostrando visualmente muy distintos aspectos de los personajes o la propia trama. En casa de Valentin vimos uno grande y en su camerino el actor se mira satisfecho de lo que ve, complacido con el reflejo que su espejo le devuelve, seguro y orgulloso de sí mismo. Un ego en plena forma. Un ego sólo matizado por la presencia de la foto de la mujer, que le cambia su alegre rostro al ser consciente de que las cosas no van bien en su vida privada. Una vez más el juego de espejos, de las bambalinas de la primera escena, a las bambalinas de la vida privada, de la felicidad externa a los claroscuros privados.
Clifton, James Cromwell, uno de esos secundarios que vemos en miles de películas, será un aliado fiel, casi como Alfred para Batman, un personaje que siempre se mantendrá al lado del actor hasta que éste le haga marcharse por su bien y por su propio orgullo y descenso sin frenos al infierno. Un chófer que es hombre para todo.
La escena mencionada en el camerino y con el espejo se cerrará, precisamente, con un plano del espejo y una suave panorámica vertical hacia abajo para mostrarnos una foto suya y de su perro, evidentemente no podía salir sin él. Valentin sale por la puerta mientras lo vemos reflejado, en ese juego de espejos se nos empieza a señalar que el sueño ideal va a empezar a desvanecerse.
La siguiente escena redunda en lo comentado, la ficción, la apariencia, esa realidad que no existe. Un plano de un cielo nublado nos hace pensar que estamos al aire libre para desmentirlo ipso facto al ver que no es más que un decorado, fachada, como el éxito de nuestro protagonista que aparece justo en ese momento al lado del citado decorado. Ideas visuales sublimes. Sublimando el metalingüismo.
Ese mismo decorado será además funcional para la escena en la que nuestros dos protagonistas, sin saber quien está al otro lado de ese mismo decorado, bromean haciendo pasos de baile. Nosotros, como Valentin, no vemos de quien son las piernas que aparecen bajo el decorado del cielo nublado, pero disfrutamos de su juego de espejos, una vez más, en una escena que nos puede recordar a la de los hermanos Marx en “Sopa de ganso” (1933).
La construcción de la relación es una obra maestra en sí misma, es una pena que no se capten todos los matices, porque si se logra la experiencia es alucinante. Una relación construida con objetos, pequeños detalles, recuerdos, y sutiles gestos. Lo iré desgranado poco a poco pero para empezar, el primer encuentro y cómo sucedió tendrá un eco posteriormente, y la escena donde dan pasos de baile también lo tendrá en la conclusión. Este es el segundo encuentro de los protagonistas.
Ante la airada reacción del personaje interpretado por John Goodman, el productor, será Valentin quien intercederá por ella, algo que Peppy Miller nunca olvidará. También tendrá su eco y su contraprestación, rodada de forma muy similar.
Maravillosa la escena del enamoramiento, puro metalingüismo y puro cine. En base a tomas falsas de una escena intrascendente donde el protagonista baila por un momento con la aspirante a actriz, Peppy Miller, se va desarrollando un vínculo que no se romperá jamás. Las escenas van saliendo cada vez peor pero la relación va poco a poco desarrollándose, descubriéndose, una escena que parece desaparecer entre tanto error y un amor que aparece sin lugar a dudas, para desconcierto de ambos protagonistas. Un momento absolutamente magistral que también tendrá un hermosísimo eco.
A través de la ficción un enamoramiento real. Pura verdad.
Fascinante Dujardin en esta escena, aquí no hay Actor’s Studio, era la época pre-Actor’s. Unos prefieren las interpretaciones intensas y atormentadas que ofrecen los seguidores del ”Método”, otros en cambio gustan más de la naturalidad, frescura y ligereza de las interpretaciones menos psicológicas. Aquí Dujardin, con un sutil cambio de gesto en el entrecejo para mostrar su intención vigilante y espía, va distrayéndose poco a poco ante la encantadora fascinación que le provoca esa joven con la que no para de coincidir.
Numerosos encuentros de los dos protagonistas, un destino que nos recordará al cine negro, pero un destino que finalmente no será fatalista.
El fetichismo, perfectamente retratado en la escena del vestuario de Valentin, donde irrumpe Miiller secretamente, y poder tocar e inventar una seducción ella sola rodeada del universo personal el actor, es otra muestra más del talento de Hazanavicius para los detalles, no sólo ya del discurso del film sino de sus personajes, desarrollando su personalidad y psicología con mano maestra y ritmo perfecto. Valentin descubrirá a la joven actriz viviendo una fantasía con su traje y él tendrá un conflicto entre la fascinación y el florecimiento sin pausa del amor hacia esa chica y sus deberes matrimoniales. Controlándose la ayudará a sacar partido a todo su potencial creándole un sello distintivo, el falso lunar, nueva referencia, en esta ocasión al falso lunar del mayor icono de la historia del cine, Marilyn Monroe.
Nuevamente aparecerá un espejo. En el sucederán varias cosas, ella escribirá “Thank you”, que leeremos cuando el cuerpo de él se refleje en el espejo y serán conscientes al mirarse ambos en él, para ver cómo le sienta el lunar que Valentin le ha pintado, de lo que sienten el uno por el otro, reflejándoles por tanto su verdadero interior… Una realidad desnuda que irá de un espejo a otro, en una brillante solución visual. Otra más.

El gesto pudoroso del perro, además de una simpática broma, puede entenderse como la reacción lógica de la conciencia en ese momento previo al beso con quien no es su esposa. Ya he señalado que el divertido “perrete” es uno con Valentin y simboliza eso mismo. Como detalle que lo confirma, el perro hace el truco de que cuando lo disparan cae como muerto, al hacérselo Valentin a sí mismo simulando un suicidio, algo que también tendrá eco al final, el perro hará el truco.

Si soberbio es el recurso de la escena de los desayunos de Valentin y su mujer igualmente soberbias son las escenas donde vemos la progresión de Peppy Miller, cómo de figurante pasa a decir su primera frase, cómo de eso pasa a tener un papel secundario y de ahí poco a poco al estrellato. Todo esto lo vemos en un montaje paralelo, del matrimonio y de la chica, uno cayendo poco a poco y la otra subiendo como la espuma. El aumento de prestigio de la carrera de ella se irá mostrando además en los escuetos títulos de crédito, donde la vemos situada cada vez más arriba del reparto. Un ejemplo más de brillantez, concisión, talento, recursos y hallazgos visuales.
Si George Valentin es un Douglas Fairbanks o un Rodolfo Valentino, Peppy Miller es una Claudette Colbert o una Paulette Goddard, por ejemplo.
De 1927 pasamos a 1929, el año del crack económico.
Del cine clásico de aventuras y espadachines con un George Valentin todavía estrella pasamos al inicio del crepúsculo. El productor, Al Zimmer (John Goodman) enseñará a Valentin una audición de una actriz que empieza a usar el nuevo “invento”. El sonido. Zimmer le dirá que eso es el futuro, está en lo correcto, pero Valentin no lo ve venir, se ríe como si estuviera diciendo una barbaridad.
Valentin representa aquí el estatismo conservador que no concibe que nada nuevo pueda ser mejor. “Si me va genial ¿por qué cambiar las cosas? Menuda tontería, sonido en las películas, si lo importante es la imagen….” Este planteamiento se dio en no pocas productoras y con no pocos actores y directores, que ni entendían ni concebían el cambio. Una obcecación y orgullo que les llevó al fracaso. En la adaptación está el progreso, desde ahí podrás hacer lo que sea, incluso una peli muda como “The artist” en pleno siglo XXI.
En este caso el protagonista no se adapta a los nuevos tiempos por orgullo, no por falta de talento o deficiencias en la voz como ocurría en “Cantando bajo la lluvia” (Stanley Donen, 1952), un punto de vista distinto para una idea similar. Fueron muchísimos los profesionales que se vieron fuera del negocio, totalmente desubicados con la irrupción del cine sonoro.
George Valentin con esa vanidad sigue poco a poco su descenso.
La inadaptación o rechazo al sonoro provocó muchos juguetes rotos y estrellas absolutas que cayeron en el ostracismo y hacia un declive, en ocasiones, no muy bien llevado. Unas veces fue producto del ego de estrellas, el orgullo, como es el caso de esta película, donde cuando quisieron darse cuenta estaban obsoletos para la industria. En otras la falta de talento o capacidades para el sonoro por el tema de la voz, como suceden en “Cantando bajo la lluvia”, y en otras por inadaptación a las nuevas formas interpretativas que exigía el sonoro, de la mayor mímica y expresividad necesarias para transmitir todo lo necesario en la películas mudas se llega a un mayor minimalismo interpretativo con la aparición del sonoro, donde gracias al verbo se hacía innecesaria la sobreactuación. El cambio en ese método se hizo imposible para muchos actores.
Nueva escena inolvidable la que acontece con Valentin en su camerino mientras se cambia y desmaquilla. Al posar un vaso de agua en la mesa se produce un sonido, el espectador queda en ese momento tan sorprendido como el propio personaje, que mira extrañado al hecho que se acaba de producir. La vuelta de tuerca al discurso metalingüístico es sencillamente genial. Nos extrañamos tanto por el sonido, como porque el personaje se extrañe. ¿Cómo puede ser? ¿Ahora nuestro protagonista es consciente de que es un personaje de una película muda? ¿Se trata de un personaje que no sabe que lo es? Todo suena a su alrededor, todos los efectos de sonido, todo el mundo que le rodea tiene voz propia pero cuando él intenta gritar nada se oye. Un personaje castrado, fuera del mundo, ajeno al universo que creía reinar. Su desesperación se hace patente, quiere gritar y nadie le oye mientras el escucha el más mínimo ruido. Las imágenes empiezan a hacerse más extrañas y surrealistas lo que nos indica que en realidad estamos en un sueño… La maestra muestra de metacine concluye con la caída de una pluma que resuena como una bomba. Absolutamente memorable. Todo empieza con un simple vaso.
Esa escena del sueño muestra todas las cartas de “The artist”, si es que quedaban dudas. La cinta de Hazanavicius es una reflexión cinéfila y de ficción, sobre la caleidoscópica naturaleza de la realidad y su falta de contenido, por ello el recurso del mudo es un medio y no un fin, lo que dota a dicho recurso de dignidad y legitimidad aplicable en cualquier momento. ¡Qué sonoros y ruidosos son los silencios en el cine en muchas ocasiones! ¡Qué cinematográficos! Por ello usará a conveniencia los efectos sonoros de forma maestra.
Con el nacimiento de las “talkies” (películas sonoras), la decisión del estudio se deja ver inmediatamente. Tras el sueño, la llegada de la gran estrella George Valentin al estudio no será como la primera que vimos, ya no es una llegada tan feliz, su estatus ha cambiado. Decorados desnudos y desiertos que contrastan con la vitalidad de la primera vez que vimos llegar al actor. No más cine mudo, ahora todo sonoro.
El gran actor del cine mudo no cuenta para los nuevos tiempos del cine sonoro. El ave en la mesa de Al Zimmer es un buen símbolo sobre esos nuevos tiempos.
Un maravilloso decorado sirve de escenario para una de las grandes y más simbólicas escenas, varios pisos de escaleras con personajes que suben y bajan donde veremos a nuestro protagonista descender, como siempre, y a nuestra estrella en ciernes subirlas (es el edificio Bradbury, famoso para los cinéfilos gracias a Blade Runner, especialmente). Uno desciende hacia el declive de “El crepúsculos de los dioses” (Billy Wilder, 1950), la otra se alza hacia “Ha nacido una estrella” (William A. Wellman, 1937). Se encontrarán en el medio en un cruce de caminos de esas escaleras, él la mirará embelesado como Rhett Butler miraba a Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó” (Victor Fleming, 1939), no será la única referencia al personaje, mientras ella le mira a él deseosa. Un dolorosa despedida, uno hacia el abismo y otra hacia el estrellato. Ese plano bien puede recordar a “El séptimo cielo” (Frank Borzage, 1927). Sin calificativos.
Dedicada a Parisina, que seguro tendrá algo que decir, y a O’Flint, que espero le guste.

sambo

There are 17 comments on this post
  1. Parisina
    febrero 07, 2012, 1:23 am

    Pues si, tengo algo que decir, jajaja. Si la vista no me engaña, la actriz de la pelicula sonora que el productor le enseña a Valentin es la misma a la que habia humillado en la escena inicial de la pelicula. Otra referencia dentro de las referencias…

    Maravillosa pelicula.

  2. febrero 07, 2012, 8:21 am

    Yeahh, pues no estaba seguro y por eso no lo he mencionado, pero me parecía sí. Más, más jajaja

  3. febrero 07, 2012, 1:32 pm

    Pues la vi ayer y la primera parte me gusto, la chica sin ser guapa te enamora, el perro muy divertido, pero cuando empieza el cine sonoro y el ocaso de George se me hace muy pesada.
    Me recuerra mucho a Bailando bajo la lluvia que tb trata del cambio del cine mudo al sonoro, las peliculas que hacia George y Kelly son muy parecidos, solo que Kelly triunfa en el sonoro, la escena de reirse de la rubia tb sale.

  4. febrero 07, 2012, 2:36 pm

    Vaya, siento que se te hiciera pesada esa segunda parte. La peli es un cúmulo de referencias, es su razón de ser desde luego, esas que señalas las apunto en le crítica. Kelly "cantaba", aunque también bailaba, bajo la lluvia jejeje

  5. Osiris
    febrero 07, 2012, 4:14 pm

    Sambo, estoy buscando la peliculita pero no la encuentro. ¿No tendrás algún enlace donde pueda pillarla, verdad?

  6. febrero 07, 2012, 6:25 pm

    La bajé del emule, te puedo decir el archivo en concreto pero Parisina tiene un enlace. Voy a preguntarle.

  7. febrero 07, 2012, 6:31 pm

    Listo, por Twitter Parisina te manda un privado.

  8. Parisina
    febrero 07, 2012, 6:31 pm

    Osiris, te he mandado el enlace por MD en Twitter. Que la disfrutes!

  9. Osiris
    febrero 07, 2012, 6:45 pm

    ¡Gracias!

    Ahora lo miro

  10. bipancho
    febrero 13, 2012, 9:45 pm

    Es evidente la referencia a "Cantando bajo la lluvia" que a su vez tiene relación con la mujer de Kane cantando ópera. De hecho, en "Cantando bajo la lluvia" tienen que doblar a la actriz porque tiene una voz horrible, parecida a la de la secuencia sonora de The Artist. La mujer de Kane cantaba ópera horriblemente mal.

    La secuencia del sueño con los sonido es simplemente magistral.

  11. febrero 13, 2012, 9:58 pm

    Sí, ciertamente tiene esa relación la amante de Kane y la chica de Cantando bajo la lluvia, muy bien visto.

  12. febrero 23, 2012, 3:17 pm

    Sin duda,para mi,uno de los momentos "mágicos" de la película es el momento que él le pinta el lunar, es como estar escribiendo el futuro,cómo decir que a partir de ese momento ya todo será diferente, acaba de cambiar su vida…

    Momento "shock" cuando,de repente,empieza a oír ruidos,él se queda perplejo y a mi se me puso la piel de gallina!
    Es un querer y no poder,una angustia que te ahoga,que te mortifica,no tener voz,no poder gritar… Ese momento angustioso del personaje traspasó la pantalla y me lo hizo pasar a mi.
    También he de decir que de repente se oiga un ruido,uno tan simple como el de arrastrar una silla, en una película así,es increíble.

    Gracias…seguiremos leyendo

  13. febrero 23, 2012, 6:32 pm

    Grandiosos momentos sin duda, el del sueño una vuelta de tuerca maestra. Me alegra mucho que te gustase, no es la típica película y que guste siempre es especial. Gracias a ti.

  14. febrero 24, 2012, 9:27 pm

    Muy buena crítica!

  15. febrero 24, 2012, 9:33 pm

    Muchas gracias Javier, estás en tu casa. Un abrazo.

  16. febrero 25, 2012, 8:46 am

    Bueno, me parece vergonzoso que os paseis el link de la peli. Si es tan buena id a verla al cine!!! 😉

  17. febrero 25, 2012, 9:35 am

    Hay que administrarse joerlll jaja

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