CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (1955) -Última Parte-

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (1955) -Última Parte-

JOHN STURGES

 

 

5/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una dirección inconmensurable.

Sturges contrapone esos dos mundos. El libre y democrático que representa Tracy con el totalitario y opresivo de los lugareños del pueblo. Y lo hace desde la puesta en escena, el estilo, el encuadre…

Observen cómo encuadra Sturges a Spencer Tracy durante toda la película. Con una manifiesta sobriedad, siempre a la altura de su rostro, con una seguridad y estabilidad constante. Observen luego cómo lo hace con esos amenazantes lugareños desde el mismo inicio.

Fíjense en el contraste, sin angulaciones para Tracy, pero contrapicados inestables, que incitan a la tensión, en la presentación de Coley (Ernest Borgnine) y Hector (Lee Marvin), expectantes recibiendo a ese forastero. O acto seguido, con Tracy despreocupado y Hector a su espalda como una amenaza latente. Incluso en la conversación con el joven regente del hotel se marca la diferencia, más sutil, pero presente. Altura sin angulación en el plano a Macreedy (Spencer Tracy); de frente y ligerísimo contrapicado para el contraplano sobre el chico, en ambos casos incluyendo a los dos en el encuadre, incluso lo que hay a espaldas de Macreedy con la profundidad de foco (la presencia de Hector).

 

 

El uso del plano general que hace Sturges también es magistral. ¡Qué bien mostrados están todos los decorados! Sabemos en todo momento dónde está cada cosa, cada personaje, cada lugar en ese pueblo. No sólo sitúa la acción, sino que le da significación e intensidad dramática. Un ejemplo lo tenemos en ese momento donde Macreedy sube la escalera, con esa amenaza latente que supone Hector. Perfectamente escenificada y marcada la separación entre esos dos mundos en un decorado, la escalera, de transición. O en la habitación de Macreedy, con Hector tumbado en la cama y Macreedy tras la barra de pie. Con ello logra generar una sensación de incomodidad, extrañeza y tensión.

 

 

Con esos planos generales, Sturges enfatiza la amenaza, como si estuviéramos en un duelo del lejano oeste (de hecho se le menciona), marcando la mencionada confrontación de esos dos mundos. La democracia, la justicia, la verdad contra el totalitarismo, el abuso y la mentira.

Creía que la tradición del viejo oeste era la hospitalidad”.

Un uso del plano general y las angulaciones que es ejemplar. Otro ejemplo lo tenemos en la escena de Adobe Flat, cómo está mostrado, y la posterior persecución en coche, que termina, de nuevo, con un contrapicado resaltando la amenaza, esta vez personificada en Coley, tras sacar de la carretera a Macreedy. En Adobe Flat tenemos dos cebos que tendrán su eco, el de las flores que recoge y delatan la presencia de algo enterrado y el pozo, muy hondo, que explica lo que costó al desdichado japonés encontrar agua allí, una de las causas de su muerte…

 

 

Además se logra algo curioso y contradictorio. Planos oxigenadísimos que muestran toda la acción y el pueblo en su totalidad contrastando con el asfixiante y opresivo ambiente que allí soportamos.

La desestabilización de ese entorno, en contraste con la tranquilidad y seguridad que muestra el personaje interpretado por el gran Spencer Tracy, también es mostrada con movimientos de cámara, como esas amplias panorámicas en el hotel siguiendo al nervioso Hector (Lee Marvin).

Si Macreedy (Spencer Tracy) se mueve con la tranquilidad, decisión y descaro del que se sabe seguro en sus convicciones, principios, en lo que hace y ha ido a hacer, el resto se comporta con crispación, reticencias, inseguridad, dudas, incertidumbre, siembre a rebufo… Sobre todo porque Macreedy no ha hecho más que llegar y pedir una habitación…

 

 

Una escena, que es una obra maestra de la dirección en sí misma, retrata, escenifica y aglutina todo lo comentado en lo conceptual y lo estilístico. Una escena donde se aprecia cómo la firmeza de Macreedy va resquebrajando de manera inapelable la mascarada violenta y amenazante del pueblo, que va exponiéndose, hablando más de la cuenta, saliéndose del límite sin poder controlarlo, víctima de su mala conciencia, de su temor… Su racismo, su odio… Es la segunda escena en la gasolinera entre Tracy y Ryan.

 

 

-Lo que hace Sturges en esta secuencia es sencillamente sensacional. Un Tracy sentado, tranquilo, estable, inmóvil, y un Ryan de pie, moviéndose de un lado a otro nervioso, sin poder dejar de hablar, contando más de la cuenta, intentando justificarse, agachándose, inquieto… y siempre con esos contrapicados y angulaciones desde distintos posicionamientos de cámara que enfatizan su carácter violento, su perturbación (además de la tensión de la propia escena), mientras que en Tracy sólo veremos planos sobrios, estables, a su altura…

 

 

Observen la escena con detenimiento, cómo la altura de la cámara con Tracy siempre es frontal, sin angulación, solidaria con él, mientras con Ryan siempre es crispada, angulada, en contrapicados… El cine clásico contaba todo desde la más absoluta naturalidad y sencillez. Además de esos planos generales, con la cámara más al lado de Tracy, que engloba a los dos en la conversación.

 

 

-Otra de las escenas clave, obra maestra de la dirección cinematográfica, es el juicio sumarísimo que hacen en las vías del tren los jefecillos de ese pueblo. Un escenario perfectamente buscado, simbólico. Una encrucijada de vías de tren. Allí se reunirán los seis hombres con protagonismo a decidir si matan o no a ese incómodo forastero a los 23 minutos de película, a los pocos de haber llegado allí.

Observen cómo está rodada, ese manejo de los planos generales, con ellos en rondo, como en asamblea. Los múltiples posicionamientos de cámara, ejemplares, y casi siempre con los contrapicados amenazadores, crispados, que acompañan a estos personajes para retratarlos… El plan para ocultar sus culpas.

 

 

Lo de la cantidad y variedad de posicionamientos de cámara es otro de los ejemplares rasgos de estilo de la dirección de Sturges. Son de una extraordinaria perfección, como comprobamos en casi todas las secuencias, algunas comentadas u otras tan memorables con la del restaurante, el entorno dedicado a la violencia. Observen el cambio de plano para que veamos entrar a Ryan y Borgnine, generando ya un inicial suspense, que es absolutamente perfecto. Una tremebunda y tensísima escena, magistralmente modulada, haciendo crecer la tensión y la intensidad hasta la irremediable violencia. La provocación, la confrontación, la pelea final… Una violencia soterrada hasta ese momento, sugerida, hasta que allí todo se desenmascara, con Tracy explicitándolo verbalmente.

 

 

La secuencia con la confesión, ante el whisky, está rodada también de forma magistral. Mientras se nos va desvelando el asesinato de Komako y la ocultación del crimen, tendremos planos amplios, salvo alguno más reducido y cercano para el doctor que interpreta Brennan y nuestro protagonista encarnado por Tracy en la confesión. Lo mismo ocurre con Pete, el gerente del hotel, que tendrá un primer plano una vez inicie el relato de los hechos concretos…

 

 

 

Más detalles: en el edificio del veterinario, sepulturero y médico que encarna Walter Brennan, vemos cómo, al entrar Tracy, allí está, en plano, Hector. De nuevo un encuadre dividido entre esos dos mundos, que explicará su repentina irrupción posterior.

La resolución es impecable, con un estupendo clímax. De hecho, es inevitable respirar al irnos de ese enfermizo y expiado lugar en ese tren que no para nunca allí…

La segunda vez”.

 

 

Hay algún defecto sin excesiva importancia. Por ejemplo. No encajan bien los tiempos en la escena en la que Coley acosa con su vehículo a Macreedy tras ir éste a Adobe Flat. Vemos cómo Macreedy parte hacia allí tras alquilar el jeep a Liz. Luego el miedo se apodera de los del pueblo involucrados en el crimen, manteniendo varias conversaciones, incluida la analizada en la vía del tren. Vemos cómo llega Macreedy a Adobe Flat… pero casi al mismo tiempo vemos que también está allí Coley, que participó en la conversación en la vía… Macreedy salió bastante antes, por lo que encaja mal que él se encuentre allí, incluso aunque parara antes para hacer uso de sus prismáticos.

 

 

O que Liz aparezca oportunamente para alquilar su jeep a ese desconocido, uno de los pocos trucos de guión del film.

El reparto no puede estar mejor. Spencer Tracy clava su personaje, ese recio veterano de guerra que se mantiene firme ante los desmanes de ese pueblo totalitario y sin escrúpulos. Los villanos no pueden ser mejores. El siempre eficaz y a menudo brillante Robert Ryan, el duro Ernest Borgnine y Lee Marvin, que cuando se trata de ser despreciable, asqueroso y repelente no tiene igual. Además tenemos al gran Walter Brennan, uno de los mejores secundarios de la historia del cine, haciendo honor a su talento y que, además de todo lo mencionado, actúa de contrapunto irónico en la narración.

 

 

Conspiración de silencio” está muy cerca de ser una obra maestra, pero desde luego es una película ejemplar con una dirección sólo al alcance de los grandes talentos. Asfixiante, tensa, claustrofóbica, alegórica, reflexiva, de narrativa poderosa, irritante… Sencillamente excelente.

 

 

 

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

Leave a reply