EDWARD BERGER

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Colores.

Desde el mismo inicio, con ese mimo y sobriedad en la dirección, con elegantes movimientos de cámara, reluce especialmente el uso del color, uno de los grandes detalles de la película.

“Conclave” es una película en blanco, negro y rojo, donde esos colores irán variando según avancemos. Es fantástico ese plano casi enlutado, con toques rojos, con el cuerpo del papa presente en la cama. Es todo de negro, donde la figura papal resalta especialmente de blanco.

Habrá un fondo rojo, en la pared, enmarcando la confesión de Thomas a Aldo sobre su falta de fe, que será respondida con la confesión de Aldo sobre la falta de fe del papa… en la iglesia. Habrá blancos en los trajes de papa como elemento particular. Su vestuario sigue siendo negro, claro. Las fumatas con los resultados de los escrutinios siempre serán negras hasta que haya elección, claro.

 

 

De rojo aparecerá el decano Lawrence el primer día de cónclave, en lo alto, enfatizado con picados y contrapicados. Unos rojos que van cobrando protagonismo en el proceso.

En las votaciones, los cardenales vestirán de rojo, por supuesto, dando un colorido especial a la Capilla Sixtina en sus deliberaciones.

En rojo se enfatizará la soledad de Adeyemi en la Capilla Sixtina cuando quede fuera de la carrera por el papado.

Thomas pedirá la renuncia a Tremblay en un plano fijo frontal donde la cámara se irá acercando durante la conversación. Tremblay de rojo, Thomas Lawrence de negro, con toques rojos.

 

 

De los negros, y la paulatina mezcla de los negros con los rojos, pasaremos a los blancos, que irán apareciendo más en la parte final de la película. Tornando cromáticamente. Blancos y rojos… A la vez que desaparecen los negros. Veremos un patio repleto de paraguas blancos, que darán paso a la definitiva fumata blanca con la elección de papa. Benítez, que se llamará Inocencio.

Blancos también son los trajes del papa, con mención especial al de Juan XXIII. Rojos y blancos destacan en la cocina, en especial cuando Thomas desvela el informe sobre Tremblay.

De azul irán las monjas, con Agnes, interpretada por Isabella Rossellini, como principal representante. Agnes, que pretende mantener su carácter neutral, invisible y protector, se convertirá en una aliada silenciosa de Thomas. Será la que dé las claves sobre Tremblay en el asunto de Adeyemi y la monja enviada, lo mismo que desnudará las mentiras de Tremblay en público y dejará hacer a Thomas en la habitación del papa.

 

 

Azules también son las butacas del palco donde vemos reunidos a los cardenales en varias ocasiones. Negro muerte, rojo política, blanco liberación. Azul neutralidad y/o justicia…

 

 

 

Intrigas en el cónclave.

Hay algo que rezuma simbolismo en la aparentemente intrascendente intriga vaticana que cuenta la película. Un encierro simbólico, un aislacionismo respecto a la sociedad que describiría a la iglesia con esos debates internos, ajena a lo que ocurre fuera.

El guión de Peter Straughan adapta la novela de Robert Harris y enmascara bien sus cartas. La intriga y lucha de poder no es que tenga un especial atractivo, más bien tópica, centrada en el conflicto entre tradicionalistas y liberales, pero todo ello distrae bien de las últimas intenciones, de la sorpresa. Una buena vuelta de tuerca, con temática de moda, despistando con el thriller. Y es que veo bastante respeto en la película hacia la iglesia, hacia sus valores esenciales, sin omitir la crítica, pero con esperanza.

La tolerancia o no con el Islam, la liberación de los idiomas o el uso del latín, la homosexualidad o la mayor presencia de la mujer, el conflicto y la lucha en vez de la integración y la solución de cada problema… Esto se irá exponiendo ocasionalmente en las intervenciones de los obispos y cardenales, representados especialmente al final por Tedesco y Benítez. Un Benítez liberal, que aboga por el caso de cada persona en concreto, no en bandos.

“Lo que necesitamos es un líder que luche contra estos animales”.

“Si hablamos de bandos en vez de hablar por cada hombre y cada mujer…”.

 

 

Thomas Lawrence, decano, se encargará de guiar el cónclave a pesar de sus dudas teológicas, su insatisfacción y su pesar por la muerte del Santo Padre, a quien tenía un afecto sincero.

Podría pensarse que, en ese encierro de los obispos para elegir al nuevo papa, se lograría una atmósfera claustrofóbica, pero lo cierto es que los tiros no van por ahí. La pulcritud de todo, el tono mesurado, minimizan la tensión y eliminan casi por completo el suspense, con muy leves excepciones.

Hay una única escena de puro suspense. Es la entrada de Thomas por la puerta lacrada de la habitación del papa difunto. La música se interrumpirá con la rotura del lacrado. Allí descubriremos al afecto sincero que Thomas sentía por el Santo Padre y el informe que escondía en la cama involucrando a Tremblay en un delito de simonía. Agnes (Isabella Rossellini), escuchará desde fuera viendo la puerta violada, pero decidirá no entrar definitivamente. Una escena sobria y sin música.

 

 

Una lucha por el poder donde el secretismo y la búsqueda de alianzas se irán mostrando con tranquilidad. Un papa que conocía bien el mundo en el que vivía; una enfermedad ocultada para evitar rumores sobre su posible renuncia de la curia; el padre Janusz Wozniak (Jacek Koman), angustiado, que no avisó en el momento de encontrar el cuerpo por orden de otro obispo, Tremblay (John Lithgow)…

Berger encuadra esa escena centrándose en Janusz y Aldo, sentados, mientras que deja las cabezas de los que se levantan fuera del encuadre.

La desazón de Janusz señala a Tremblay como protagonista de una posible conspiración o algo extraño, ya que, aunque las versiones serán contrapuestas, se pone sobre la mesa que el papa habría echado a Tremblay. Un Tremblay que negará que el papa pidiera su renuncia. Se lo negará a Thomas, en una escena donde los planos se irán haciendo más cercanos a ambos.

 

 

Existe un informe que delataría los tejemanejes de Tremblay, causa por la que el papa no lo querría allí. La investigación de este tema lleva gran parte de la intriga. El informe lo encontrará Thomas oculto en la cama del papa, generando ambigüedad.

Además, Tremblay es quien trajo a la monja con la que Adeyemi tuvo la relación 30 años antes, para dejarlo fuera de la carrera. Tremblay también culpará al anterior papa de ello, argumentando que él no sabía nada del asunto, que accedió a una petición del Santo Padre.

Aldo es el favorito de los liberales, el que recibirá el apoyo de Thomas. Un falso. Dice no ambicionar el papado… pero sí. Se excusa en la idea de que no salga Tedesco. Más mujeres, familias sin tantos hijos, el divorcio, la homosexualidad, otras creencias…

“Apoyo a todo lo que Tedesco no apoya”. “Los hombres peligrosos son los que lo quieren (el papado)”.

El talante moderado y falsamente humilde de Aldo, al que también se encuadrará desde la nuca, se desenmascarará pronto, cuando vea que se aleja de la elección. Un ambicioso embustero que, en realidad, sí desea ser papa, abroncando a Thomas por los votos que le han dado (como si tuviera culpa). Todos serán malos menos él. Sólo una vez se vea sin opciones, aceptará sumar sus votos para la elección de Tremblay. Incluso preferirá ocultar el tema del informe sobre la simonía de Tremblay por intereses y favores de aquel.

Tedesco, con capa roja, presentado de espaldas, es el tradicionalista ante el que los demás pretenden luchar. Hay mal rollo con él. Ni Thomas, ni Aldo, ni siquiera Adeyemi (Lucian Msamati) lo quieren. Alertará de la división idiomática, apelando al unificador latín. Recibirá la cara de desprecio de Thomas…

Adeyemi, el más destacado en las votaciones, pero visto también con muchas reticencias por los liberales, quedará fuera de la carrera por un suceso de su pasado, de hace 30 años, cuando una monja que tuvo, supuestamente, un hijo suyo, aparezca por sorpresa en el cónclave. Será otro nombre que Thomas deberá eliminar. Un montaje paralelo muestra la caída de Adeyemi, su oración arrepentida con Thomas y la votación en el cónclave. Hablando del montaje, observad el detalle, al inicio de la película (detalle sólo apreciable para la mayoría en una revisión), con la presentación de Adeyemi, cómo Berger inserta el plano de una monja antes de la aparición del cardenal. Es la monja que provocará su caída… Un plano sin aparente sentido que, en realidad, lo tiene todo. Estas sutilezas que elevan la peli.

 

 

Con Adeyemi parece que la homilía del error y el perdón que hizo Thomas no vale… De alguna manera, es una especie de “Los Inmortales” (Russell Mulcahy, 1986) en El Vaticano, donde sólo puede quedar uno.

“Jamás vas a ser papa”.

 

 

Las votaciones se sucederán a lo largo de tres días, con resultados fluctuantes. El elegido debe alcanzar la mayoría de 72 votos. Adeyemi es el más desatacado en las primeras votaciones. Tradicionalista también, pero parece más aceptado que Tedesco, salvo por Aldo, que cuando le vea con opciones lo considerará peor, aunque antes nunca lo había mencionado. Tedesco también es destacado, con Bellini y Tremblay siguiendo cerca. Sorprenden los votos que va sacando el propio Lawrence, que no quiere ese honor. Son pocos, pero son.

La distancia irá aumentando de los dos primeros a los dos segundos. Thomas sube y baja, pero aparece otro nombre con más de un voto. Benítez, que no dejará de subir. Despacio, pero sin pausa.

La aparición repentina y sorpresiva de un nuevo cardenal mexicano, Vincent Benítez, desde Kabul, generará dudas e incertidumbres, pero al espectador avispado le dará algunas pistas. Benítez será la voz de la sensatez. Incluso hablará en español y será el único que tendrá una mención a la labor de las monjas.

 

 

Se investigará a Benítez por el secretismo de su aparición y ciertos aspectos misteriosos, pero parece ser el protegido del anterior papa… Es el único que parece tener principios firmes y consistentes. Siempre votará por Lawrence, hasta donde sabemos.

“Soy lo que Dios me hizo ser”. “Sé lo que es existir entre las certezas del mundo”.

Todo acaba pareciendo una jugada de ajedrez creada por el difunto papa para conservar un legado y hacer avanzar a la iglesia en un buen camino.

Benítez será elegido papa. Se llamará Inocencio. El primer papa hombre y mujer. Órganos femeninos que decidió no quitarse por un argumento lógico. Así lo hizo Dios.

 

 

“Cónclave” no es un mal film, pero tampoco un film que sobresalga de la media de manera especial. Tiene aspectos brillantes, como he comentado, en un conjunto depurado, sobrio y bastante corrientito. Al menos tendremos el recuerdo del gran trabajo de Ralph Fiennes.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

 

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