EDWARD BERGER
3/5
Es una de las pelis mejor valoradas y de las favoritas para los premios de este año. Hablan de giros y demás, pero, si bien es correcta, parece más bien ensimismada que intrigante. Lo mejor es Fiennes y el juego con el color, a mucha distancia de lo demás.
Siempre es atractivo ver una intriga vaticana, pero lo cierto es que aquí, durante más o menos la primera hora de metraje, apenas sucede nada, más allá de ir colocando ciertas piezas y alguna insinuación. Por lo que sea, ha caído en gracia lo que, quizá, otro año habría pasado desapercibido. Entiéndase “lo que sea” como ciertas temáticas de moda aún… o que pretenden imponerse como interés. Quizá su final haya tenido que ver en la atención prestada. A saber…
Es cualquier caso, es un trabajo depurado, con una dirección sobria de Edward Berger, una gran elegancia estética que aporta además al desarrollo de la trama, y unas correctas interpretaciones, destacando, como digo, la del protagonista, un Ralph Fiennes en sutil estado de gracia.
Mucha frontalidad, en planos fijos y travellings, elegancia cromática, escenarios oxigenados, solemnidad en los movimientos de cámara… La trama de intriga es poca cosa, un quiero y no puedo sin muchas sorpresas en busca de una resolución llamativa que, efectivamente, consigue la imprevisibilidad.
“Cónclave” es otro ejemplo, son muchos ya cada año, de película discreta, correcta, aseada, elevada a los altares por lo que sea. Ya sabéis. No me disgusta, ya que es un trabajo cuidado, pero…

La película comienza con la presentación del protagonista, cogido en distintos planos de espaldas (recurso bastante habitual y no siempre con un sentido concreto, aquí, quizá, para resaltar sus dudas), a través de objetos (maletín, solideo) y la circunstancia particular que desarrollará los acontecimientos. La muerte del papa y el cónclave subsiguiente (son 103, un número interesante. Uno y trino). Veremos la cara a Fiennes, que interpreta al cardenal Thomas Lawrence, a su llegada ante el cadáver del papa.






No será al único personaje al que se recoja de espaldas. Pasará lo mismo con Tedesco (Sergio Castellitto), italiano y visceral. Un tradicionalista. O Aldo (Stanley Tucci), el líder de los liberales…
Ya desde ese primer momento se aprecia el gusto por el detalle de Berger. Es más, la liturgia y los rituales religiosos parecen uno de los grandes intereses del director en la película, en los que a veces se ensimisma demasiado mientras pasan los minutos de metraje sin que suceda nada especial, sobre todo en la primera mitad, como digo. Es algo apreciable para aquellos a los que fascine todo este mundo, ciertamente, lo cual también se saborea.
Podría verse esta idea de manera reflexiva, ese orden y procedimiento que contrasta de alguna forma con los subterfugios y tejemanejes políticos de quienes dicen respetar esos rituales y símbolos, su contenido y esencia profunda, más allá de la pura pose y apariencia.
El solideo, el velo, la quitada del anillo papal y el sello, el lacrado de la habitación, la retirada del cuerpo… Luego, el cónclave con todos sus pasos, tiempos y matices…
Una escena poco después es un diálogo entre Aldo Bellini (Stanley Tucci) y Thomas ante un tablero de ajedrez, pequeño símbolo de esa lucha de poderes que acontecerá.



Los primeros planos de Fiennes en esta película son gloria bendita. Como dije, se le presenta de espaldas (su nuca varias veces en otros momentos), pero también lo veremos tenso, en un baño; entre sombras, preparando su homilía (no será la única vez que lo veamos entre sombras)… Son elementos estilísticos sutiles que retratan a un hombre repleto de dudas, teológicas, existencias, morales, que está sufriendo su calvario personal, deseando que ese cáliz pase para dejar Roma. Apoyará a Aldo Bellini, pero casi todos terminarán decepcionándole. Hasta encontrar una luz.
Y es que Thomas Lawrence tiene un aquel contradictorio. Parece luchar entre la fe y la política. Quizá por ello cree de entrada, sin más prueba, a Tremblay, para luego dudar. Dirá que las certezas son el peor enemigo de la unidad y la tolerancia, que la duda, el pecado y el perdón son las claves de la fe… pero no aplicará eso con Adeyemi (Lucian Msamati). Del mismo modo, dirá que se niega a investigar el pasado de Tremblay, pero por ese pasado condenará a Adeyemi…



Hasta dos personas, Aldo y Tremblay (John Lithgow), tachan de ambicioso a Thomas. Eso, ciertamente, no parece serlo. Esos que lo acusan, precisamente sí lo serán. Hará fotocopias del informe sobre Tremblay para que lo lean todos, pero no desvelará el nombre de los cardenales corruptos…
“Creí que estábamos aquí para servir a Dios, no a la curia”.



Tres semanas después, en la víspera del cónclave, se reanudará la narración con toda la trama de poder en las altas esferas de la iglesia. El cónclave. Un plano secuencia sinuoso sigue a Thomas con los preparativos del mismo. Esto contrasta con un montaje impresionista que muestra llegadas, estampas modernas de obispos apegados a la tecnología con móviles y maletas, preparativos de todo tipo…
El núcleo central de la lucha de poder tiene que ver con el enfrentamiento entre tradicionalistas o conservadores y liberales. Una lucha en la que Thomas se encontrará en medio, si bien tiene claras sus ideas y preferencias.










–¿El papa tenía dudas sobre Dios?
–No. Nunca sobre Dios. Perdió la fe en la iglesia.
La ceremonia con la homilía de Thomas, donde habla de la certeza y la duda, del error y el perdón, está rodada de forma muy solemne, con planos frontales que aíslan a Thomas y lo contrastan con los contraplanos, también frontales, del resto. Y, salvo algún sutil travelling, serán todo planos fijos. Cámaras lentas cuando acabe, enfatizando todo ello más.
Las votaciones se alargarán mucho, detalladas con mimo y precisión. Todo el procedimiento, los votos, cómo se hacen, cómo se cuentan, qué se hace con los resultados hasta llegar a la fumata… Momentos que pueden resultar pesados o ensimismados, de la misma forma que hipnóticos y adictivos…






Durante las votaciones abundarán los travellings frontales, las miradas inquisitivas, las angulaciones, las posiciones de cámara…
Tres lugares simbólicos: El palco. El pasillo. La Capilla Sixtina.
El pasillo donde están las habitaciones se presenta como un lugar de tránsito, de duda, de discusiones, de conversaciones, de decisiones en la encrucijada. Allí Aldo mostrará su verdadera cara acusando de ambicioso a Thomas. Agnes (Isabella Rossellini) dudará si abrir la puerta violentada del papa fallecido para descubrir dentro a Thomas. Por el pasillo, tras una aparente discusión, verá Thomas desaparecer a una monja…









El palco donde se reúnen los cardenales, de butacas azules, es también un entorno simbólico en evolución. Allí los veremos maquinar, desvelando las posiciones de los liberales contra los conservadores. Habrá muchas dudas… Finalmente, cuando el conflicto llegue al máximo, la aparición de Benítez (Carlos Diehz) terminará por lograr un consenso alrededor de su figura, en un momento muy significativo.





La Capilla Sixtina se descubre como un lugar divino. Allí veremos a Thomas mirando “El Juicio Final”, temeroso de ser llevado por el mal. Ocurren dos circunstancias curiosas. Unas turbulencias provocadas por la explosión en la Piazza Barberini que notarán cuando se mencione al cardenal Bellini… Parece un aviso.
Luego la cosa será más grave, cuando Thomas vote por sí mismo, creyéndose la única opción para impedir la subida de Tedesco. La explosión en la Piazza Risorgimento romperá una ventana de la Capilla, hiriendo a algunos cardenales incluso… En ese momento, volveremos a ver la figura demoniaca de “El Juicio Final”.
Se encuadrará a Thomas con el fresco de “El Juicio Final” de fondo. Sus turbulencias interiores. También mirará a las ventanas rotas, ya después de la explosión, el bueno de Thomas, viendo en ello una señal también.






Además aparecen muchos escenarios o elementos simbolizando el tránsito de esa meditación y esas intrigas de poder. Escaleras, autobuses, pasillos… En unas escaleras, Aldo estará dispuesto a ceder sus seguidores a Tremblay para evitar la subida de Tedesco.
–¿Y que Tremblay sea papa?
–Los tuvimos peores.
Los elementos religiosos son constantes y aparecen con sentido. Ya hablé de las apariciones de las pinturas de Miguel Ángel, de “El Juicio Final”, pero las cruces, desenfocadas de fondo, la puesta en escena donde aparecen los cardenales en determinadas ocasiones, así como gestos concretos, remiten a las esencias de la cristiandad y sus símbolos.



Cuando Aldo se disculpa con Thomas en un banco de un patio, asistimos a una especie de confesionario. Es donde Thomas desvelará que, de ser elegido papa, se llamaría Juan (John).
La soledad de Adeyemi en la Capilla Sixtina o los planos en el palco, especialmente ese donde vemos a Tremblay, oscurecido, en una hilera de asientos apartado del resto, del mismo modo que Benítez aparecerá completamente centrado, pero en sombras, antes de ser determinante, como una suerte de cuadro de “La Última Cena”… Volveremos a ver en soledad distintiva a Benítez, que de esta forma casi se le relaciona con Cristo, en un patio lleno de reuniones y corros de los demás.
Hay dos momentos y elementos interesantes que también parecen simbólicos. Esa apertura de ventanas y puertas final, así como las tortugas que vinculan al papa fallecido, a Benítez y a Thomas Lawrence. Una esperanzada apertura que iría más allá del cónclave, a la iglesia quizá.







Lamentablemente, en lo dramático, esa apertura no contrasta con la sensación de claustrofobia que nunca se transmite.
La tortuga es símbolo de serenidad, tranquilidad, sanación. También, obviamente, de lentitud. La misma lentitud, quizá, que esos pasos que da la iglesia con ese final. La primera mención a las tortugas se relaciona con los tres citados. Unas tortugas que eran un entretenimiento para el anterior papa y con las que juguetea Benítez ante la mirada de Thomas, que le explica que eran del Santo Padre, que le gustaban mucho… Benítez también las aprecia, le parecen inteligentes… Como Thomas…
Cuando todo se resuelve, Thomas guardará un secreto. Una tortuga aparece extraviada, como dijo que ocurría, en medio de una sala. Como él mismo. La cogerá cariñoso para devolverla al estanque, coincidiendo con la fumata blanca, como dando paso al plan del Santo Padre fallecido, que a su vez es un paso adelante para la iglesia. Y su sonrisa.
Es curioso que la película plantee el problemilla sexual de Benítez como progreso desde la ocultación. La ocultación como progreso.









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3/5





