CODA: LOS SONIDOS DEL SILENCIO (2021) -Parte 1/2-

CODA: LOS SONIDOS DEL SILENCIO (2021) -Parte 1/2-

SIAN HEDER

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una película que me ha gustado mucho, y eso que no es una gran película. No, no es una gran película, es convencional, previsible incluso, pero no pretende otra cosa. Es más, esos términos, que muchos consideran defectos (pecado en el que caigo también), no lo son per se. Es convencional, y previsible incluso en los momentos emotivos álgidos, al menos para mí, que los visualicé con agrado antes de que fueran ocurriendo, pero hay que dejar de demonizar esos conceptos, porque desde ellos se logran grandes cosas, simples emociones genuinas. El hecho es que funciona. Es cálida, bonita, agradable, divierte y emociona. Funciona, en suma. Y Emilia Jones está espléndida.

Calidez, esa es la palabra que define al film. Te arropa de inmediato y te acompaña hasta el final, como un amigo de toda la vida con el que estás cómodo, tranquilo, con el que eres tú mismo.

Una película amigable. Amiga. Familiar. De esas de las que te gustaría conocer a los personajes, que formaran parte de tu entorno…

Remake de la cinta francesa “La Familia Bélier” (Eric Lartigau, 2014), es una película bonita (adjetivo que hace huir a muchos y que yo reivindico con fuerza), muy bonita, tierna, cálida, entrañable y emotiva, divertida y fresca, que sin ser una gran obra y a pesar de sus defectos da más que otras que sí lo son gracias a esa calidez especial que ha tocado la fibra de tanta gente. Si entras sin buscar obras maestras virtuosas, te atrapará y conquistará, por lo que sólo hay que dejarse llevar por lo bien conseguido que está todo, aunque sepas los caminos.

Soledad, inseguridad, aislamiento, crecimiento personal y madurez.

CODA” es una típica película de madurez y crecimiento personal en la adolescencia y desde una circunstancia complicada, como es ser la única que oye de toda tu familia.

Seguimos a Rubi Rossi, una adolescente que tiene unos padres y un hermano sordos. Su pasión es cantar. Es tímida, insegura, responsable, solitaria y soñadora. Su vida en el instituto es prototípica en estos casos, sufriendo burlas y bullying mientras sueña con ser cantante y llamar la atención del chico que le gusta.

Trabaja con su padre y su hermano como pescadora. Ella es su nexo y vínculo con el mundo. El olor a pescado es uno de los motivos de burlas en el instituto, al que acude después de trabajar en tremendos madrugones… Estudiante y trabajadora eternamente cansada.

 

 

 

 

 

Bernardo Villalobos será el mentor de Rubi. En estas pelis siempre hay un mentor, ya sabéis. Profesor de música. Él es el que abrirá a la chica. Irá eliminando sus inseguridades con su confianza, haciéndola hacer el ridículo, acompañándola, obligándola a cantar feo y soltarlo todo, provocando un dueto con el chico que le gusta, que a su vez irá evolucionando… Un poco como hacía Robin Williams con el personaje de Ethan Hawke en “El Club de los Poetas Muertos” (Peter Weir, 1989).

¿Tú eres la chica de la familia sorda?”.

 

 

 

Rubi se siente atrapada porque asume que tiene un deber y una responsabilidad hacia su familia, deber y responsabilidad agudizados por su circunstancia. Dependen de ella, es su gran nexo con el resto del mundo. Son su responsabilidad. Junto a su profesor y Miles irá liberándose, encontrando otro camino, el suyo propio, independiente, que quiere cruzar. Su primer beso, su día de evasión renunciando a ir a trabajar con su padre y su hermano… son pasos en ese camino que la tienta.

 

 

 

Rubi suena bonito, pero no auténtico. Su profesor se lo hará entender. Cuando era pequeña sonaba y hablaba con el deje típico de los sordos. Como lógica rebelión a ello, depuró su voz como cantante, haciéndola preciosista, como tantas, pero no sonaba auténtico. Bernardo le hará examinar su interior, sus sentimientos, ya sabéis, para expresarlos en su arte.

Rubi superará también la traición. Perdonará. El chico que le gusta comentará lo que vivió en casa de Rubi, lo que ella interpreta como una burla y una humillación, traición a su confianza. Una indiscreción que, quizá, Miles no hizo con mala voluntad, sino como un detalle de admiración y diversión ante una familia que le fascina y una chica que le gusta. Pero la corrupción de instituto y el ansia de aceptación pervertirán aquello, dando impulso a las inseguridades establecidas.

 

 

Miles se disculpará incansablemente. El perdón de Rubi llegará con su desarrollo personal y su madurez, la superación de esas inseguridades.

Es interesante que la primera mirada que Rubi recibe de Miles es en la primera clase de coro. Antes la vimos a ella mirándole a él, pero nunca al revés. Allí quedará superada por la presión.

 

 

Y es interesante porque luego descubriremos que él la había estado observando junto a su familia, recordaba anécdotas incluso. Explicará que envidia la relación que ella tiene con los suyos, lo que la liberará, hará que Rubi mire a su familia y su vida de otra forma y saldrá de su burbuja y su soledad, como también le ocurrirá al propio Miles.

 

 

Una confianza y seguridad que antes sólo encontraba en la soledad y la naturaleza, ese rincón al que acude a escuchar música, cantar y bañarse… que luego compartirá con Miles, por supuesto. Gran momento ese “Cumpleaños Feliz” que no logra cantar en la clase, pero luego se lo dedica al silencio de la naturaleza.

 

 

Y es que casi todos los personajes sufren la soledad de un modo u otro. Leo con ese deseo constante de ser aceptado y ese sueño de encontrar a alguien en Tinder… Gertie (Amy Forsyth), promiscua, pero es la única amiga de Rubi que terminará emparejada con Leo… La propia familia, aislada del mundo “que oye”… Miles, incómodo con su familia, con unos padres que se detestan y viven de la apariencia, deseoso de encontrar alguien con quien compartir todo eso que oculta o calla…

 

 

 

 

Familia. Ancla y lastre.

Las inseguridades no sólo aparecen por el instituto, en el seno familia también florecerán para Rubi.

Porque el Tinder podemos hacerlo en familia”.

La maduración no sólo corresponde a Rubi. Su familia también emprenderá un proceso de reivindicación, maduración y aprendizaje. Un tira y afloja, un duelo de generosidades y responsabilidades. El conflicto entre la responsabilidad de Rubi hacia su familia y la necesidad de su individualidad e independencia, ante la que su familia muestra generosidad y comprensión.

La familia de Rubi asume ciertas cosas, las da por hechas. Es lógico, han ido creciendo y adaptándose así, por tanto cuando llegan los cambios (el crecimiento de los hijos), les pilla con el pie cambiado. Por eso, en un principio, la familia es una responsabilidad para Rubi, pero también un lastre que la impide crecer.

 

 

Han delegado en Rubi una responsabilidad exagerada que no debería corresponderle, que ella misma ha aceptado como normal, convirtiéndose en guía, protectora y responsable de todos ellos porque oye lo que su familia no puede, el nexo con el resto del mundo. Se muestran ignorantes a sus gustos, a sus sueños o anhelos. Asumen que su vida debe estar supeditada a ellos, ser su intérprete con el mundo. Esto es palpable en especial con la madre, que desprecia esas ideas musicales en un principio. El padre ni siquiera parece consciente, le pilla aquello por sorpresa.

 

 

La propia familia ha asumido su aislamiento por su condición, pero es feliz junta y unida con su rutina cotidiana. Lo aceptan con resignación, humor y cierto agrado, amparándose en el cariño que se tienen, pero sin ver más allá, sin ver las posibles frustraciones que van cultivando algunos de ellos (los dos hermanos). Son los jóvenes los que van rebelándose. Leo intentando integrarse con sus compañeros, buscando novia en Tinder, Rubi buscando su camino como cantante…

La madre, Jackie Rossi, está interpretada por Marlee Matlin, actriz ganadora del Oscar en 1986 por “Hijos de un Dios Menor” (Randa Haines), que perdió la capacidad auditiva casi por completo por una enfermedad (roséola) a los 18 meses.

Ella es la que más desprecia, seguramente sin mala intención, los objetivos de su hija. Su anhelo por cantar resulta en cierta manera incomprensible a alguien que no la oye, lógicamente. Está cómoda en el statu quo que tiene y no concibe que su hija se salga de ese camino. Tiene miedo de perderla, del cambio, se niega a todo cambio.

 

 

En una encantadora escena en la cama de Rubi, la madre se sincerará con su hija. Allí explicará sus miedos, vulnerabilidades e inseguridades. Rezó para que también fuera sorda, porque sentía que de no serlo quizá no la aceptaría. Para ella aquel estado es como debe ser, no concibe otra cosa. Cuando comprende el talento de su hija y sus sentimientos, todo cambiará, obviamente. Se dejará el egoísmo a un lado.

Me preocupaba que no conectáramos. Como mi madre y yo, que no estamos unidas. Creía que te fallaría. Que ser sorda me convertiría en una mala madre”.

Eres valiente. No como yo”.

 

 

Leo (Daniel Durant), el hermano mayor de Rubi, se siente despreciado. Quiere una normalidad, pero su condición se lo impide. Esto lleva a la frustración. Ve cómo su hermana menor es la que dirige todo, pero él siente que como hermano mayor puede hacerlo. Intentará integrarse con el resto de compañeros pescadores, tomar cerveza con ellos, pero sus conversaciones y risas le son ajenos… Esto lleva a la ira y a la soledad.

Leo necesita saber que puede como hermano mayor que es, reafirmarse. Lo expresará explícitamente a su hermana en una simbólica playa (la playa suele representar el comienzo o el fin de algo, un cambio…). Quiere una independencia que parece vetada para él por su condición y por la presencia de su hermana, su dependencia… Quiere dejar de sentirse inferior. Quiere que su hermana siga su propio camino, por egoísmo y por amor.

 

 

El padre, Frank Rossi (Troy Kotsur), no puede ser más encantador (y divertido). Merecida nominación como actor de reparto.

Frank no comprende qué pasa. También se había acostumbrado a una forma de proceder donde eran felices. El crecimiento de su hija y su distinta condición lo sorprenden, como no deja de ser lógico. Poco a poco se irá poniendo en su situación y comprenderá.

 

 

 

 

Al contrario que la madre, Frank no se opone nunca a los deseos de Rubi, sólo le desconciertan, pero tras la actuación del instituto, tras ver lo que transmite al público, todo cambia en él, necesita saber más, necesita acercarse en la medida de lo posible a ese talento de su hija que se le niega. Ahí tenemos esa preciosa escena donde coloca las manos en la garganta de Rubi mientras canta.

El tema familiar no se circunscribe sólo a Rubi. También hay un complemento con Miles. Él comenta que sus padres son muy controladores, que no le dejan hacer nada apenas, que se odian. Desprecios y problemas paternos. Si bien Rubi se avergüenza y lleva a cuestas el peso familiar, Miles ve fascinante todo eso.

 

 

Vemos en los otros algo fascinante o normal que ellos no ven o que no aprecian en lo que tienen cerca muy a menudo… Lo ajeno.

Todas estas circunstancias, obviamente, y como predica la estructura habitual de estas películas, desembocará en enfrentamiento familiar. La catarsis. Los sueños contrapuestos de los miembros de la familia, los cambios perturbadores, las comodidades rotas, los sueños, las responsabilidades y las servidumbres…

 

 

El acto emprendedor al que se lanza la familia con su negocio independiente, no es más que una metáfora o refuerzo desde el subtexto de todo esto. La independencia y la madurez de todos ellos una vez dejan de lado sus miedos.

El final, con la familia asumiendo el camino que emprende Rubi y ella despegándose de responsabilidades que, quizá, no le corresponden, da término a la evolución y progreso desarrollado en el film, el de la madurez de todos, con esa piña que encontró el camino. Y ese signo final: «Os amo para siempre».

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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