CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS (2017) -Última Parte-

CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS (2017) -Última Parte-

JAMES FOLEY

 

 

 1/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grey.

Sobre Grey hay poco que decir, no resulta especialmente interesante y en la película se esmeran por dejarlo claro además. Debieron leer mi análisis anterior y le han cambiado un poco el look para hacerlo más sexy y que parezca menos garrulo e incómodo, por lo que le han dejado barba de dos días y han prescindido de vestirle de gala durante casi toda la narración. Más informal y distendido.

Se pretende insinuar que es un tipo muy posesivo, algo que en el libro está muy remarcado, pero que aquí no sabe uno muy bien lo que pretenden. Supongo que será el miedo de lo políticamente correcto, y exponerlo en su verdadera naturaleza iría contra los patrones feministas más dictatoriales.

 

 

 

Uno de los aspectos en los que parece querer hacerse hincapié es en los traumas de este muchacho, con esos sueños y pesadillas, como el que abre la película, quizá la causa de que no quiera dormir acompañado, para que no le oigan agitarse y decir “mamá, no me hagas eso”.

Como novedad, en esta segunda entrega descubrimos un extraño fetichismo o algo. A Grey le da por percutir más con pantalones que sin ellos. No sé qué tipo de fetichismo será ese, que a mí me da igual, pero a las señoritas quizá no les parezca tan bien. Y es que resulta extraño que use menos ropa para hacer gimnasia que para los asuntos del meter, como si fuera la versión erótica de Espinete, que siempre iba desnudo pero se ponía el gorro para la ducha… Bien es cierto que es un amante generoso, preocupado por los orgasmos de ella.

 

 

También sabemos que tiene una sonrisa horrorosa, algo que ya comenté en el anterior análisis, pero creo que se debe a que se ríe sin ganas, vamos, que está en estas películas el bueno de Jamie Dornan porque en teoría esto iba a lanzarle a la fama. Una sonrisa forzada, de simplón.

Es millonario y le gusta demostrarlo, eso no ha cambiado. Si un misterioso desconocido entra en el garaje privado de Grey y pinta y destroza el coche que allí tiene Anastasia, al joven millonario se le hace el culo pepsicola porque así le permite presumir de yate, que aún no se lo había enseñado a Anastasia… el yate.

 

 

El tipo tiene de todo, pero debo decir que me angustia mucho lo de los pisos con el ascensor como puerta. Cuando he comprado mansiones de este tipo y lo tenían siempre me he sentido vulnerable…

Bien es cierto que este supuestamente brillante empresario más bien parece un sucesor lejano de Tarzán, al que sólo falta en ocasiones emitir el legendario aullido del héroe selvático mientras lleva en volandas a Anastasia a la cama para amarrarla con las lianas.

Christian: Odio cuando peleamos.

Anastasia: Eso no fue una pelea. Eso fue una conversación. Ya sabes, cuando alguien habla, el otro escucha y se resuelve un problema.

El caso es que poco a poco el bueno de Grey va siendo educado por su novia, como le ocurría a Tarzán, por eso ya no se enfada tanto cuando se entera de que sale a tomar algo con sus amigos y estas cosas que antes no le sentaban del todo bien, sobre todo cuando iba con tíos…

¡Qué redención, qué superación de ese trauma que nunca apreciamos, qué psicología!

A Sean Connery le costó bastante más encauzar a Tippi  Hedren en “Marnie, la ladrona” (Alfred Hitchcock, 1964), y desde luego a ella sí que se la veía fatal de lo suyo…

Anastasia: Me duele mucho la muela, Christian. Llévame al dentista, ¡por favor!

Christian: ¿No prefieres que te la saque yo? Tengo aquí unas tenazas de dentista que siempre me han excitado muchísimo

Por cierto, deberían ponerse en bucle el momento en el que Anastasia, al ver que el coche víctima de vandalismo ha sido el suyo, dice: “¡Este es mi coche! ¿Qué le pasó a mi coche?”. Yo me lo pongo cuando estoy depre.

¡Qué naturalidad en las situaciones!

También sabemos que es fan de Apple, ya perdí la cuenta de cuantos móviles y portátiles le ha comprado a Anastasia de la marca creada por Steve Jobs. Y que de adolescente le gustaba la saga Riddick, ya que tiene un póster de “Las crónicas de Riddick” (David Twohy, 2004) en su habitación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La película es una reiterada sucesión de situaciones exactamente iguales que se repiten como el día de la marmota en una reiterada sucesión de situaciones exactamente iguales que se repiten como el día de la marmota, en una reiterada sucesión de situaciones exactamente iguales que se re…

Un enfadico de la muchacha con la misma historia (que en otras ocasiones no la enfadan en absoluto) con su novio y una reconciliación en tiempo récord. Él es posesivo y ella se queja un poco. Así una y otra vez… No puede ser más soporífera la relación y su desarrollo en busca de que Grey expíe sus pecados y se abra al sexo limpio y sin ataduras (chistaco).

Tal es el vicio de la reiteración que el tipo se declara ¡hasta tres o cuatro veces! Primero en la cama, tras despertarse, luego al día siguiente haciendo gimnasia para confirmar, luego en público el día de su cumpleaños para contárselo a toda la familia y luego una vez más en un idílico entorno y con fuegos artificiales en esa misma fiesta en la intimidad y con anillo…

 

¡Qué romanticismo, que reiteración, cómo nos aburren estos dos mentecatos!

 

 

Hay muchas referencias a la literatura, aunque muchas menos que en el libro, que aspira a engañar a los bobos nombrando muchos autores. Ahí radica el carácter supuestamente romántico de Anastasia, aunque no sé si ha leído a Donatien Alphonse François de Sade. Además de a Austen, Dante, Brontë… tenemos otro guiño con ese Jack Hyde que se convierte en villano de repente, un personaje elaboradísimo y complejo para otra trama muy meditada que nada tiene que ver con “rellenar la historia con algo porque nos estamos repitiendo”. Jack Hyde- Mr. Hyde (Eric Johnson), ¿lo pillan? Brillantísimo.

 

 

Además de Hyde, que al final tiene una pinta de yonqui que más parece el Dorian Gray que nunca fue Christian, tenemos otro elemento de suspense perfectamente modulado. Esos planos espía, esos segundos planos, esa intriga, ese desasosiego y la chica siniestra que poco a poco se va acercando a Anastasia para inquietar al ya de por sí subyugado espectador. Escondiéndose por la calle, detrás de ella en el autobús… velando el sueño de la pareja en su propio dormitorio. A esta chica parece que la han sacado por los pelos de “El sexto sentido” (M. Night Shyamalan, 1999). Aparece de repente por todos lados y en plan fantasmal, como en la casa de Anastasia. Cosicas normales de toda perturbada que nos pueden pasar a cualquiera…

 

 

Observen las caras de sospecha de Anastasia al ver las apariciones de la siniestra.

Hay varios personajes siniestros: el jefe de Anastasia, Elena y la chica sumisa. Personajes de los que no sabremos absolutamente nada y que salen en dos o tres escenas sueltas que se podían haber ahorrado sin que repercutiera en relación a la trama de la cinta, que tampoco se sabe muy bien cuál es. Personajes prescindibles, gratuitos, absurdos y ridículos, metidos con calzador para rellenar y ganar mucha pasta. Los tres pretenden dar un aire de thriller a la historia, ciertas dosis de suspense o intriga, si bien no sabemos para qué ni por qué y que, por supuesto, resultan patéticos.

 

 

Sabemos muy bien quién es ese fotógrafo misterioso enmascarado que aparece en el baile benéfico sin pensar mucho: El jefe de Anastasia, que hace una foto a una foto familiar de Grey… Una escena sacada de la nada y que pretende generar una nueva trama para la conclusión de la trilogía… Hablando de fotos, ni el photoshop se han currado en la habitación de Grey cuando le vemos en el Taj Mahal…

¡Qué manera de generar tensión y suspense! ¡Qué vigor y pulso narrativo, qué atmósfera!

 

 

¿Qué podemos decir de los rasgos de estilo e intenciones visuales? Pues nada. No hay nada que cualquiera con una mínima idea hiciera para salir del paso. Si acaso comentar que los momentos de sinceridad, al menos muchos de ellos, se hacen al aire libre, en parajes naturales, que cuando salen a esos exteriores la pareja se hace confidencias, acentúan su intimidad desvelando algunos secretos. Por ejemplo, en la soporífera escena en el yate con un montaje repetitivo y absurdo.

 

 

 

Bueno, también nos dedica dos especies de videoclips, en la citada escena del yate y con Anastasia paseando lánguidamente al amparo de la lluvia con su capucha en soledad mientras escuchamos una cancioncita que retrata su pesadumbre, lo mal que vive la pobre teniendo que soportar a un chófer, una limusina, una mansión y un fornido y atractivo novio que la hace orgasmizar varias veces al día.

Son varios temas Pop con gancho a explotar los que aparecen en la película, incluso uno de la anterior entrega tuvo nominación al Oscar…

Total, que con el siniestro ex jefe de Anastasia quemando la foto que hizo en casa de Grey justo donde Christian tiene la cabeza, nos dejan con ganas de la tercera… que además tiene un avance en medio de los títulos de crédito.

 

 

¿Y qué pasa con los polvos?

¿Cuándo una película erótica logra que se te quiten las ganas de percutir, qué sentido tiene? El único aliciente, visto lo visto, es disfrutar de alguna buena escena erótica, pero en esta trilogía este aspecto se ve que no interesa mucho…

 

 

Como ya sabéis, al chico sólo se le ve el culo en un par de ocasiones porque es más de penetrar con pantalón puesto. Le perdonamos el primero por aquello de las ganas, aunque todo lo que vemos y la manera en que está rodado parece salido de los años 60. Montaje típicamente ochentero con manos entrecruzadas, partes del cuerpo en primer plano difuso, caras de placer entre algún fugaz culo o pecho… Ella pide unas lamiditas que él parece darle con el cogote, una postura rarísima, para seguir con unos excitantes planos de manos entrelazadas y Grey haciendo unos fondos. Es cierto que se intuye un bamboleante pene en la habitación roja cuando va con el culo al aire, pero vete a saber…

Christian: ¿Te gusta… como se me marcan los bíceps en la postura del misionero?

Anastasia: ¡No me jodas, Christian!

Christian: ¿Paro?

Anastasia: Voy a tener que usar yo lo de las mordazas

El momento bolas chinas tiene su gracia, pero claro, se le saca el partido justo… La cosa terminará en polvo en la fiesta de disfraces subiendo a la habitación de infancia de Christian. Ella va salídisma, como es lógico, y lo manifiesta poniendo cara de perturbada la mayor parte del tiempo y pidiéndole que la azote el trasero, algo que Christian hace con calculado cuidado cuatro veces, no vaya a enrojecerse, que el pobre Grey sabe que como llegue a seis…

 

 

Habrá complicidad en la ducha y Anastasia nos enseñará los pechos gratuitamente en una escena intrascendente, pero no vamos a quejarnos, que ya que se ve poco… También tendrán su morbo de ascensor, que nunca puede faltar… Observen la cara de la señora de ojos azules, como si estuviera flipando.

 

 

 

La provocadora Anastasia quiere que le hagan cositas, porque entró en la habitación roja y le vinieron recuerdos… Un polvo en plan celebración y clímax con ducha, aceite y habitación roja…Total, que se nos ponen intensitos, pero todo acaba con 10 segundos de piernas atadas y abiertas, aspecto que suele ser habitual y recomendable en eso del copular, aunque no imprescindible.

Christian: Cuidadín, que a mí me dan una fusta y no respondo ¡eh!

Anastasia: ¡Qué miedo! ¡Mira como brinco!

Christian: ¡Pues voy yo y te la hinco!

Anastasia: ¡Yujuuuu!

 

 

 

Antes de acabar voy a citar algo que sí me gustó, y lo hago hablando en serio y sin saber si la idea es voluntaria, cosa que dudo. Hay una ausencia de orgullo, matizada a veces, en la pareja, en su relación, aspecto que me parece interesante, sobre todo porque el orgullo es uno de los principales problemas que se interponen entre las parejas, que tanto las perjudica, hasta terminar con ellas en muchas ocasiones. Esa manera de relacionarse que tienen sí resulta estimulante.

Sí, es un timo, un timo con mucha caradura. Una película horrorosa, que encima es una segunda parte que parece ejecutada para destruir a la industria del anticonceptivo y reducir la población, pero se la recomiendo a todo el mundo, porque escribir sobre ellas es divertídisimo. ¡Y ya está aquí la tercera!

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

 

sambo

Leave a reply