CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS (2017) -Parte 1/3-

CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS (2017) -Parte 1/3-

JAMES FOLEY

 

 

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¿Por dónde nos habíamos quedado? Ah sí, a nuestra joven lasciva le dieron seis golpes con un cinturón en el culete a petición propia y salió espantada…

Uno la ve huir de la lujosa casa de Christian y piensa que la chica acaba de pasar por el casting de “12 años de esclavitud” (Steve McQueen, 2013) o algo así, aterrada con tanto latigazo, pero no, la chica pidió a Grey que le hiciera lo más fuerte, se recostó sobre la mesa, como anteriormente hizo sobre las piernas de su pareja para recibir azotes a mano abierta, varias decenas, según el libro, el día de su cumpleaños, y una vez recibidos los seis golpecicos de cinturón se vistió dignamente y empezó a gimotear y sollozar ofendidísima y sorprendida…

 

 

 

Vamos a ver, Anastasia, hija de mis entretelas… Debo volver a recordarte que fuiste tú la que le pidió a Christian que te mostrase sus “sombras”, sus traumas y sus peculiares gustos, y que él, considerado (porque si creéis que lo que pasó es lo más extremo en BDSM es que los dos estáis fatal de lo vuestro), se limita a darte unos pocos golpes sin saña con el cinturón, por lo que no creo que sea para armar el pollo que armaste. Es más, lo confirmas tú misma al reconciliarte con él tras una conversación de 26 segundos… ¿No has pensado que quizá eras un poco absurda? Concretamente, ¿qué es lo que pensabas que era eso que le mola a Christian? Ah, y una revelación: que te gusten según qué prácticas, y más siendo consentidas, no implica que seas un depravado con problemas psicológicos al que hay que encerrar, ¡almas de cántaro!

En realidad, esto es lo de menos. Es que esta muchachuela le dice a la cara y sin rubor alguno, porque la vergüenza la perdió antes del primer polvo, más o menos cuando vio su despacho, y léase con tono sollozante y gimoteando, “¡que no se esperaba que hiciera aquello!”, “¡qué le sorprendió!”, y, por si fuera poco, “que lo que más le había dolido no eran los latigazos (lo sospechábamos), ¡sino que le había visto gozar, que le gustaba el hecho de hacerla daño!”.

Sin entrar en la cuestión de cómo es posible que le viera gozar o no estando de espaldas a él, cosas mías, yo aquí me caí de mi confortable sillón con masaje. No sé cómo pasó, porque tiene gran respaldo y reposabrazos, pero me vi con la cabeza del revés y la cara pegada al suelo. Esta chica se pone a gimotear porque le da seis golpes a media fuerza con el cinturón, ¡a pesar de que el chico tiene más cachivaches que Toys “R” Us!

Lo primero es que esta chica parece la versión pseudo erótica de Dory, la de Nemo, el pececillo que perdía la memoria cada pocos segundos, porque hay que volver a recordarla ¡que fue ella quién se lo pidió!

Vamos a ver, hija de la gran… puja, sí, puja, no piensen mal. No sólo le gusta, sino que le excita, de eso va el rollo, ¿cómo leches te lo tiene que decir? Tú, que te pasas la vida en internet por ahí navegando con la fibra óptica de Christian, ¿aún no te has enterado de qué va el sado, el BDSM y esas cosas? ¡Sorpresa! ¡A Christian Grey le va el sado!

Querida Anastasia, otra cosa no, pero Grey no fue especialmente discreto contigo respecto a esto. ¿En serio no captaste las sutiles pistas que fue dejando? No sé, por poner algún ejemplo, cuando fue a comprarte cinta aislante y cuerdas, cuando te decía que tenía unos gustos sexuales peculiares, cuando se le ponía esa cara de lascivia al ver unas tenazas, cuando te enseñó esa especie de cuadra con más instrumental que un dentista y un taller mecánico juntos, cuando te dio una somanta de azotes en el culo el día de tu cumpleaños o te amarraba y te daba ligeros latigazos en las manos en la habitación roja… ¡O cuando te hace firmar un contrato más largo que el Quijote con todas las actividades sado que le gusta hacer y en el cual tu rechazaste cosas como que te metiera el puño por…! En serio, ¿¡qué leches tenía que hacer este muchacho para que te dieras por enterada?!

A Anastasia le va la marcha, y esto queda meridianamente claro, especialmente en la película, donde queda retratada como una trepa de pura cepa. También queda claro en la película que Grey es mucho más dependiente, que está más enamorado e interesado en la relación que ella.

Te necesito más a ti”.

Christian: Anastasia, ¿quieres leche?

Anastasia: ¿Aquí, ahora, en medio del bar? ¡Ah, perdona, que te refieres al vaso de Puleva!

 

 

 

Así que tenemos a esta inocente y joven muchacha completamente decepcionada y espantada ante tamaña revelación, despertando de una mala pesadilla al conocer el verdadero ser de su novio, algo absolutamente irreparable y sin solución alguna, por lo que emprende una huida que la aleje todo lo posible de Christian… pero es que todo le recuerda a él.

Como alma en pena vaga por su casa y al mirar el rodillo o el mortero de la cocina no puede evitar añorar… y humedecerse; cuando va en autobús y ve esos comercios, esos talleres con sus martillos y sus llaves inglesas no puede evitar anhelar… y humedecerse; cuando pasea con fantasmal cadencia por los pasillos de su lugar de trabajo y ve las grapadoras y la pinzas no puede evitar rememorar… y humedecerse; no puede evitar visitar ferreterías y cuadras para saciar su vacío, cabalgar, acariciar lo que allí observa… y humedecerse… A esto dedica los primeros diez minutos de película.

Anastasia: Te he echado mucho de menos. Todo me recordaba a ti. Cada cosa que veía o hacia me hacía rememorarte. Te veía en mis pensamientos quitándote la cera de los oídos con el destornillador, haciéndonos piercings con la grapadora de la oficina, depilándote con pegamento

Christian: Lo sé, cariño, me pasaba igual. Me sentía solo y cada vez que me dedicaba a mis aficiones sólo te veía a ti. Si pasaba el rato abriendo agujeros en la pared con la taladradora recodaba nuestros polvos, cuando entrenaba golpeando el saco de boxeo con mi pala de paddle se me aparecía tu hermoso culo, cuando estallaba las burbujas de plástico que traen las piezas embaladas visualizaba cuando pellizcaba tus pezones con las tenazas

Anastasia: Jo, Christian, cuánto te quiero.

 

 

Porque Anastasia no es de guardar rencor, no es capaz de conservar odio en su corazón… respecto a millonarios sexys y musculosos que la ponen como una moto. Tiene cierto resquemor porque le gusta hacerse la digna, que no piense que sólo le gusta su dinero, los coches que la regala, los accesos profesionales que le proporciona, la gama de productos Apple con los que la obsequia y lo caliente que la pone… Así que amaga con tirar las flores que le manda, pero no lo hace.

 

 

Tal es su frustración y resistencia a esa persona tóxica, depravada, pervertida y oscura, que tardará 17 segundos en aceptar su propuesta de cena y 34 en perdonarle. Eso sí, demostrará su carácter independiente pidiendo su propia cena. No se vaya a creer… que una cosa es ir húmeda perdida y dejarse regalar coches y otra que le pidan la cena…

 

 

Siento no hacer siempre lo que me dices”.

¡Qué rebeldía, qué independencia!

Ella se resiste cuanto puede, pero cuando quedan y se ponen a preparar la cena juntos, le ve manejar los cuchillos y comprar editoriales, se le acaban cayendo las bragas… Todo muy sutil. Vamos, que desde la reconciliación tardan unos 10 minutos en practicar un desenfrenado fornicio. Porque ella es así, espontánea, fresca, imprevisible, no lerda ni falta de un hervor o una marea como algunos la acusan torticeramente (¿por qué demonios me miráis así?), aparte de una trepa de primer nivel.

Él es controlador y ella muy digna. Tan digna que sus quejas duran unos 30 segundos, en una redundancia soporífera que desquiciaría incluso a Buda. Si Christian le da un cheque de 24 mil dólares, ella, pura dignidad, lo romperá en su cara; si él ingresa ese montante en su cuenta, ella emitirá una lánguida queja, pondrá morritos y abrirá las piernas… Se ofende ferozmente, de hecho, observen su ofensa en la cama y su sonriente cara en el siguiente plano, en la cafetería. Puro odio.

 

 

 

Christian: Me pasaba las horas muertas acariciando mi colección de llaves inglesas, se me saltaban las lágrimas cuando veía colgados los látigos… Sin ti no es lo mismo, Anastasia. No vuelvas a dejarme.

Anastasia: No cariño, jamás. Nadie me ha retorcido el clítoris como tú, y yo sola no se darme calambres en los pezones. Te amo.

Sí, Anastasia es esa chica que se pone digna porque su novio le da un cheque con 24.000 dólares, pero se pone como una loca cuando le han pintarrajeado el coche que ese mismo novio le regaló. Claro, en el caso del coche era por el cumpleaños…

En ella todo es impostado y falso. Esta chica, que con ese flequillo parece siempre peinada por una inmigrante vasca perezosa, se hace la ofendida, la digna, habla de tomarse tiempo, pero en realidad va cachonda perdida y pretende ponerlo cachondo a él… como si hiciera falta. ¡Pero hija mía, si él ya va!

 

 

Se quejaba de su afición morbosa, de la habitación roja, pero se adentrará en ella y lo provocará para que use sus jueguecitos. Le dice que se lo tomen con calma pero mientras hacen la cena no para de provocarlo… Me parece genial, de hecho, pero no se entiende ni ella…

Anastasia: Christian, ¿te acuerdas cuando compramos aquella fresadora…? ¡Lo bien que nos lo pasamos!

Christian: ¿Me estás insinuando algo?

Anastasia: ¡No, para nada!

 

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. R
    agosto 06, 2018, 9:13 am

    Q bien q han vuelto los análisis!!!
    Y q geniales esos diálogos!! Me he reído a gusto!!!
    Graciasss!!
    Bss

    • sambo
      agosto 06, 2018, 6:41 pm

      Jajaja me alegra que te diviertan. me lo pasé muy bien, he de reconocer.

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