BON JOVI: This House Is Not For Sale (2016)

BON JOVI: This House Is Not For Sale (2016)

 

El que busque Hard Rock, el estilo ochentero del grupo,
riffs poderosos, coros grandilocuentes, sentimiento exacerbado y rockero en los
temas duros y las baladas, así como en general las demás características
clásicas de Bon Jovi, que deje de leer ahora y prescinda de la escucha del
disco.
Y una vez eliminados los radicales y sectarios, pongámonos
manos a la obra en el análisis del nuevo disco de una de las más grandes bandas
de Rock de todos los tiempos.
Catalogué al “What About Now” de 2013 como el peor álbum de
Bon Jovi, el último con un hastiado
y casi desaparecido Richie Sambora, en lo que era una evidente pista sobre lo
que bullía dentro de la banda y la postura del guitarrista ante la deriva del
grupo. 

 

Pues bien, este nuevo trabajo, ya sin el talentoso y
excepcional guitarrista, está al mismo nivel que aquel, dejando al gusto
personal cual es más flojo.
Hay, quizá, una mayor cohesión, una mayor regularidad en el
nivel general de este álbum, siendo además un disco más alegre, que mantiene
más constante su estilo Pop-Rock, que en “What About Now”, que tenía más
altibajos y que quedaba perjudicado por una serie de bonus extra en su versión
de lujo lentas y acústicas que lo hacían más aburrido. Pero también es cierto
que los puntos álgidos de aquel son superiores a los de este nuevo trabajo. Himnos
más que dignos y un estilo que insinuaba una senda que con elaboración, rodaje
y madurez podía marcar los pasos a seguir por la banda, cosa que no se ha
confirmado con esta nueva entrega, donde aquello sólo se atisba ocasionalmente.
Estilísticamente es mucho más deslavazado aún que aquel. Un disco desconcertante
y preocupante que deja a la banda en tierra de nadie, como si no supiera
definir hacia dónde va. 

 

Comenté en relación al “What About Now” que, con sus
defectos, se apreciaba en determinados temas la idea de un Rock moderno, acorde
a los nuevos tiempos, la forja de un nuevo estilo aún en pañales donde la banda
podría encontrar un personal camino a explorar, que siguió su senda con el
single que lanzaron con “Burning Brigdes”, “We Don’t Run”. La decepción ha
llegado cuando esa supuesta evolución ha quedado truncada, resultando un
trabajo sin una definición clara, desorientado, problema que no es la primera
vez que comento en relación al grupo desde 2000, que en su eclecticismo
estilístico termina por entregar trabajos faltos de cohesión y algo
deslavazados. No se sabe si querían ir hacia el Hard, hacia el Pop, hacia el
Modern… en una mezcolanza que resta personalidad al conjunto. Han vuelto a
transitar por caminos conocidos, apostando a diversas opciones sin centrarse en
una concreta, despistando sobre sus objetivos. Caminos manidos y en ocasiones
extraños que sólo levantan la cabeza gracias al talento para las melodías de
Jon y su facilidad para hacer temas que lleguen.

 

Esto nos lleva a cierta impersonalidad, donde se toman
recursos y tics de otros grupos como U2 o Coldplay (y algunos otros que
citaré), confiando a la voz de Jon, los característicos estribillos largos y
alguna estructura melódica la esencia de la personalidad del grupo. Sólo en
canciones sueltas se intuye ese logro de un estilo personal y auténtico que
parecen buscar, aunque a menudo resultan sobreproducidas y les faltan guitarras
con más peso, ese toque hardrockero que terminaría por sacar todo el partido a
estas composiciones. En este
álbum tenemos varios ejemplos (“Born Again Tomorrow”, “The Devil’s In TheTemple”…). 

 

El hecho es que caemos en lo mismo redundando y aumentando
los defectos, aunque todo ello no evite que haya un buen número de canciones
agradables, adictivas y con acertadas melodías, como es habitual en los discos
del grupo y en las composiciones de Bon Jovi, pero alejados, cada vez más
permanentemente, de la genialidad y la desgarrada emoción que desbordaba la
banda.
Una falta de fuerza y de garra, de esa emoción que ponía los
pelos de punta, que tiene que ver con esa evolución donde cada vez sobra más
lo rockero, especialmente lo que tiene que ver con las guitarras, cada vez más
asfixiadas y con menos protagonismo, convertidas en acompañamiento testimonial
y funcional. Se viene viendo a lo largo de la trayectoria del grupo, llegando a
su clímax con el anterior disco (me refiero a “What About Now«), que aquí
parecen confirmar un propósito al que sólo parecía resistirse Sambora, lo que
terminó por provocar su marcha, entre otras cosas.
Un disco que parece confirmar, si alguien lo dudaba, que los
Bon Jovi de antaño no volverán. Los hilos que quedaban como posibilidad fueron
cortados con la marcha del guitarrista. 

 

La ausencia del guitarrista es ensordecedora. ¿Cómo no se va
a notar la ausencia de un guitarrista que es puro sentimiento y que cuando está
en un escenario suena como si hubiera dos guitarristas más? Tan sólo tenemos
tres temas donde se incluyen punteos, de una brevedad que no hace raro pensar
que incluso se los podían haber ahorrado y haber insistido en esos ritmos de
transición como acompañamiento a los que suelen ceder.  Los riffs hardrockeros han desaparecido por
completo, salvo en un tema y sin grandes alardes, y el conjunto del trabajo
guitarrero es impersonal y convencional, de tal forma que podría ser ejecutado
por cualquier guitarrista.
Riffs sustituidos por acompañamientos tributarios de U2.
Sorprende que se hagan comparaciones con los irlandeses por estas cuestiones
más encendidamente con este álbum, ya que es un aspecto que he comentado en
este mismo blog en relación a trabajos anteriores, por ejemplo en “The Circle
o en “What About Now”, sin ir más lejos.
Un Sambora que quizá fue demasiado complaciente o lo fue
demasiado tiempo, pero que no podía ocultar ese conflicto iniciado en 2000
sobre hacia donde quería dirigirse el destino y sonido de la banda, por lo que sólo
podía acabar como acabó, salvo que uno se sometiera por completo. 

 

Suena duro, y más en un fan acérrimo de Bon Jovi, pero es
que yo he visto y oído hasta la saciedad su excelencia sacando partido a todas
sus virtudes características, a su estilo y al talento de sus músicos. Hay
buenas canciones, algunas notables, pero en otra onda que no vuela a la misma
altura que antes porque queda amordazada, más limitada, es menos rica de lo que
era antes, por lo que el potencial mismo que tienen las composiciones, que lo
tienen en ocasiones, aparece reducido y sepultado en excesos de producción y
timoratos miedos a lo instrumental por ser poco comercial. Sí, un solo de
guitarra o de teclado no lo es. 

 

Aquella sentimentalidad desbordada, aquella pasión o aquella
profundidad reflexiva que hundía sus raíces con firmeza en el Hard Rock
clásico, el Blues, el Soul, el Country… sin perder de vista todo estilo
moderno, el Pop, el Nu Metal, el Modern Rock, fue virando, desde el año 2000,
hacia sonidos más ligeros donde esas tendencias modernas pasaron a ser columna
vertebral, desde que Jon se empapara del Brit-Pop en sus excusiones a la isla
en la pausa que se tomó el grupo tras “These Days”.
Maldito el día en el que Jon se fue a Inglaterra y se empapó
del Brit-Pop de la época, con sus producciones orquestales que fueron
filtrándose cada vez más en el estilo del grupo junto a ese sonido oxigenado
que restaba autenticidad. Los solos de guitarra amenazaban con extinguirse, las
apariciones de Richie escaseaban, los riffs cada vez tenían menos cabida y, por
consiguiente, los directos eran cada vez menos ese oasis en los que exponer las
dotes instrumentales de los músicos, en especial Sambora, principal ejecutor de
solos, como bien podréis comprobar si los coleccionáis de todas las épocas. Yo
lo he hecho, como obsesivo fan del grupo que soy… 

 

Así hemos llegado a estribillos felices, alegres, blancos,
como de villancico, efectivos, pegadizos a menudo, pero superficiales, alejados
del sentimiento y el desgarro desaforado que siempre adornó al grupo. Esto no
significa anular o despreciar la tendencia actual, que ha funcionado en muchas
ocasiones y con muchas canciones como ejemplo que han logrado el éxito, que incluso
han conducido al grupo a explorar atmósferas distintas que, beneficiados del
talento para crear himnos de Jon y Richie, son triunfos de otro tipo que los
engrandecen, pero de alguna forma quedan lejos de sus mejores victorias y en
conjunto se presentan menos logrados.

 

Así, Jon ha ido adecuando a la banda a lo que lleva
persiguiendo desde la reunión de 2000, algo a lo que sólo parecía oponerse un
Sambora que aceptó y aguantó acurrucándose en pequeños refugios en forma de
canción, directos o momentos que cada vez escaseaban más, hasta que en un acto
de rebeldía artística decidió decir basta y aprovechar su madurez, una vez ha
logrado todo, en hacer lo que siente de verdad, algo que casaba mal con la
tendencia marcada por Jon. Las formas con las que Richie dejó la banda, según ha explicado Jon, dejan en mal lugar al guitarrista, para acentuar esta fastidiosa situación para todos los fans. No hay culpas, las dos posturas son entendibles,
pero irresolubles si no hay cesión y equilibrio.
Esto se hace evidente, porque con este disco tenemos lo más
cerca que la banda puede estar de un disco Pop de Jon sin desnaturalizar lo que
han sido del todo. Es una evidencia que si “These Days” se parecía más a
Undiscovered Soul” (1998) de Sambora en aquella época, este último álbum está
mucho más cercano a “Destination Anywhere” (1997)… Con todo, habrá opiniones
para todos los gustos, empezando por los que consideran que esa desnaturalización
se produjo hace tiempo, destrozando un legado, que los hechos obstinados se
empecinan en demostrar vigente.

Desde aquella potencia y con las condiciones en todo su
esplendor, la banda podía llegar a cualquier lado y acometer cualquier reto, donde
la voz de Jon no tenía límites. Con el paso de los años y las lógicas
limitaciones es normal que exista una readaptación, que Jon vio conveniente que
fuera estilística, para nuestra desgracia. Desde aquella potencia e intensidad
desbocada se han buscado otras formulas y estilos más suaves donde recurrir al
juego con las modulaciones, que resultan un éxito (como resultaban) cuando son
ricas (en este mismo disco hay ejemplos), pero que decepcionan en otros muchos
casos cuando esos míticos y largos estribillos que nos enamoraban se nos
presentan planos, monótonos e, incluso, aburridos, donde la emoción apenas
llega y todo se entrega al acierto melódico de la composición, que no suele ser
suficiente. De la agresividad melódica pasamos a la melosidad.

De las influencias hardrockeras de antaño a las influencias
del Pop en un amplio espectro, desde la New Wave británica más Pop-Rock, el New
Romantic y el Pop ochentero, a tendencias modernas como Coldplay, The Killers o
30 Seconds To Mars, pasando por unos toques Country, que nunca pueden faltar… 

Y aunque parezca una crítica dura, en realidad sólo es
exigente con un grupo que estuvo más de una década sumido en la excelencia, y
que después ha seguido dejando buenos trabajos y excelentes canciones. Y eso
también lo tenemos aquí, algunas buenas canciones, que en su estilo resultan
excelentes y eficaces, con menos altibajos que en su anterior trabajo, aunque
ninguna fascine tanto como las más destacadas de aquel (que ya dejaban que
desear), algo ya comentado. Las nueve primeras canciones funcionan bien y, sin
resultar algo sublime en líneas generales, definen un conjunto fresco, ágil y
agradable. En la parte final del disco, lo que sería la cara B de antes, la
cosa baja, aunque el estilo Pop-Rock se mantiene.
Por eso quiero dejar claro que no es que lo considere un mal
disco, no es eso, es un “mal disco comparado con…”
Buenas canciones, pero que difícilmente serán clásicos,
atractivas, que ganan con las escuchas en muchos casos, pero que en la mayoría
al poco tiempo dejarán de llamarte la atención, perdidas tras los grandes
clásicos o los temas más virtuosos. Ese es el gran problema, que el nivel
general queda muy lejos de los mejores temas que han ido entregando, hasta hace
poco, por lo que muchas veces se es algo injusto por culpa de su propio buen
hacer.
En los temas extra de la edición Deluxe, como he explicado,
se ha prescindido del aluvión de acústicas que hacía aquella parte del “What About Now” bastante soporífera, sustituidos por más temas Pop-Rock, aunque
menos inspirados. Así, tendríamos dos partes bien diferenciadas, con los
matices que queramos, donde la primera contiene las mejores canciones y la
segunda baja el nivel ostensiblemente.

Desde luego, queda claro que Bon Jovi es una banda que lleva
mucho tiempo haciendo lo que le da la gana, sin seguir estereotipos, críticas o
modas, acomodándose a los nuevos tiempos en base a su estilo, aunque eso
implique ir perdiendo capas, como una cebolla, en una clara demostración de
honestidad artística, muy reivindicada en este disco, e independencia creativa.
Aunque nos gusten menos.

Bon Jovi, como he explicado en muchas ocasiones, es una
banda de amplio espectro musical, aunque siempre se había vertebrado en el Hard
Rock melódico. Ahora eso se ha difuminado, por lo que no podemos encontrar un
estilo definido que lo vertebre. Sí, el Rock, pero de muy variados tipos. En
muchas ocasiones esto es muy placentero y además le sirve a Jon para fusionar
forma y fondo, el estilo de la canción y su tono con el sentido de sus letras,
eligiendo entre los muchos géneros en los que se ha zambullido. Aquí lo
volvemos a observar. Desde la senda de su propio estilo en algunos temas, con
todo el bagaje anterior, a guiños Country (por ejemplo a los Mumford &
Sons
), de un Rock moderno al estilo “The Killers” o “30 Seconds To Mars”, pasando
por el Pop de U2 o Coldplay… Un vaivén estilístico que apuesta por prescindir
de una definición estilística, paradójicamente, rizando el rizo, ya que a su
vez se busca en ello el propio camino.

Decepción, desconcierto y preocupación ante una banda, mi
banda, que dejando buenas canciones, parece perdida en el rumbo que pretende
tomar. Un disco difícil, con ruptura y reconciliación con el sello de toda la vida, Mercury Records.
Jon Bon Jovi a las voces, David Bryan al teclado, Tico
Torres
a la batería, Hugh McDonald al bajo, Phil X a la guitarra, John Shanks a
la guitarra, Lorenza Ponce con la viola y el violín.
This House Is Not For Sale: Los singles de Bon Jovi en los
últimos tiempos llevan una misma línea, que no es la de “It´s My Life”,
desgraciadamente, y eso que se criticó que los sucesivos singles que sacaron
tras “Crush” eran tributarios de aquel, aunque en absoluto se parecían. Singles
eficaces, pegadizos, bien resueltos, alegres, pero que son el perfecto ejemplo
de ese cambio melódico que he comentado en el grupo. Los estribillos buscando
los agudos en una progresión frenética, las melodías fieras y viscerales, de
agresivo poder rockero y sentimiento descarnado, han dado paso a una
positividad que aún siendo rockera resulta más naïf, simpática, incluso
monótona. Estos singles presentan características similares, el uso de
guitarras rockeras algo desnudas, que en ocasiones se mezclan con acústicas,
donde se prescinde del riff para centrarse en un acompañamiento alegre y vivo
sin más. El más destacado en esa tendencia fue “Have A Nice day”, que aún insinuaba
un riff. Luego vinieron los temas del “Lost Highway”, el mismo “Who Says You Can’t Go Home”, también del “Have A Nice Day” y en esa onda Country, “We Weren’t Born To Follow” y su polémica con el solo de guitarra, hasta “Because We Can”, que se
salía un tanto de esta tendencia, aunque mantenía ciertas características
guitarreras, para peor. Estribillos largos, elaborados, que en la acumulación
más o menos acertada de frases adquieren la intensidad que antes se sublimaba
con esa búsqueda progresiva de agudos en la melodía. Esa línea mantiene este
This House Is Not For Sale”, un tema positivo y alegre, eficaz, pero que no te
pondrá los pelos de punta, primo suave de “Have A Nice Day”. Y así comienza el
tema, con una base de guitarra característica, marca ya de la casa, que incluso
se autoplagia en este mismo disco en “God Bless This Mess”, definiendo todas
las intenciones. Rock melódico con calidad. Una guitarra con esa
característica amplificación que, solitaria, abre las puertas de este nuevo
trabajo. Una canción muy rítmica y con un interesante uso de los coros, que
cubren los espacios entre frase y frase de Jon, acentuando ese estilo rítmico
del tema. Estrofas rockeras sucediéndose con una buena base de ritmos donde
destaca, como durante todo el álbum, la batería. La guitarra lleva la base
melódica, pasando de latentes ritmos a acordes con más melodía en el puente que
nos introduce de inmediato en el estribillo, larguísimo, donde los coros
vuelven a destacar para rubricarlo. Un estribillo característico, de frase y título
del tema. Ese final a coro nos remite a himnos de estadio pretendidos para ser
coreados en concierto, al estilo de “Who Says You Can’t Go Home”, por ejemplo.
La estrofa alternativa, más lírica, da entrada al solo de guitarra, uno de los
pocos y de los más decentes del álbum, a cargo de Phil X. Reinicio con la
guitarra que abrió el tema y estribillo aplicándose concienzudamente hasta el
final, donde se incluyen improvisaciones de Jon en armonías. Un buen tema.
Efectivo.
Living With The Ghost: Este es un más que aceptable ejemplo
de ese juego acertado con las inflexiones vocales, que han sustituido al vigor
de antaño en Jon. Uno de esos temas que también os ganarán con las escuchas. Tiene esa producción «espacial» que hemos ido viendo en discos anteriores y
que también insinuaban un camino a seguir para el grupo, estilo al sonido de
The Circle”. Estupendo trabajo de los teclados dando el contraste y rellenando
los huecos melódicos de la base de guitarra y batería. Potente bajo atronador.
Suaves estrofas, juveniles, veraniegas, de Rock naïf, y magnífica progresión en
un puente que va creciendo con una guitarra que se incorpora para dar impulso y
marcar la melodía. Un tema muy ligero y vibrante, muy melódico, que juega
fantásticamente con las inflexiones en el estribillo, lo que puede recordar a
algunos momentos de discos como “Have A Nice Day”, “The Circle” o “What About Now”. Estribillo larguísimo y con una tonalidad de voz que contrasta sutilmente, en una interesante propuesta, con la luminosidad del conjunto. Una voz más
apagada, nostálgica, que se mantiene en tonos bajos. Las nuevas estrofas se
siguen acompañando con una base fresca y moderna, de una guitarra aguda y
rítmica destacada, una atmósfera hímnica al estilo de los crescendos de U2 pero
completamente distinta. También de Coldplay. Transición simulando una especie
de solo de sutil punteo repetitivo y muy efectivo, que nos lleva a un parón
comandado por el piano y una magistral recuperación que está entre lo más
brillante del disco. Escúchenla, porque en esto de recuperar temas Bon Jovi siempre han sido los maestros. El estribillo final nos lleva a una fase
instrumental con la banda a todo poder y los teclados destacando para despedir el tema. Un gran Pop-Rock, con toques de Power-AOR. Destacado.
Knockout: Me desconcertó este tema, quizá influido por unas
malas opiniones iniciales. Me dejó frío. Pero tras unas pocas escuchas merece
ser considerado uno de los mejores hits del grupo en los últimos tiempos,
ejemplo perfecto de esa línea que parecía buscarse con los anteriores trabajos.
Sólo echaría en falta un riff guitarrero contundente y un solo, porque lo demás
es excelente. Un tema sustentado en una poderosísima base rítmica, con una
batería que lo inunda todo, pletórico Tico Torres. Coros modernos, al estilo de
los que escuchamos en “We Don’t Run”. Una canción que ejemplificaría la
definición de un nuevo camino sin perder las esencias, pero a la que le falta
algo de valentía rockera. Esfrofas con Jon, la batería y algún coro y truco de
producción, avanzando hasta el puente donde van apareciendo los teclados y más coros. Soberbio estribillo, un mazazo pegadizo, contundente y rockero, que se
te pega irremediablemente. La segunda parte del estribillo es excelente,
alargándolo hasta lo imposible. Guitarras eclipsadas por una batería que
pretende noquear, como reza el título. Coros varoniles y rítmicos. Algún
detalle guitarrero se incorpora en las nuevas estrofas. Repetimos estructura
hasta llegar al gran estribillo, que desemboca en una transición de guitarra
breve y una estrofa alternativa que termina en unos bombos a lo “It’s My Life”, para enfilar el estribillo final. De nuevo nos despedimos con esos coros que
amenazan con ser marca de la casa, los iniciales, y la base instrumental. Seco,
contundente, un gran hit.
Labor Of Love: Si “Amen” fue la “Hallelujah” de Bon Jovi,
esta podríamos considerarla la “Wicked Game”, el tema de Chris Isaak. Una
mezcla de tono Elvis Presley, que también tiene Isaak, con la atmósfera
nostálgico playera de aquel tema, del que se calca hasta el video. No es la
primera vez que cito a Isaak en relación a la banda, en especial con respecto a
este tema, lo que confirma mi acierto. Una balada de sensual noche playera. En
esta canción se constatan una par de cosas comentadas. Es bonita, tiene una
buena melodía y juega con acierto con las inflexiones vocales, pero no tiene
ninguna sorpresa, y siendo uno de los temas más largos del disco acabará por
hacerse monótono, no ahora, quizá tampoco después de las primeras escuchas, que
en el mejor de los casos te harán no pasarla o incluso volver a ella, pero en
breve tiempo esa falta de alicientes es fácil que la condene. Contrasta con
tantas canciones de la banda que han sido acústicas o minimalistas, donde
siempre hay un cambio de ritmo, un solo de guitarra, una fase instrumental o de
transición que sorprende, revuelve emociones o hace vibrar. Ese es su
gran problema. El tono y la conseguida atmósfera se vertebran en el trabajo de
las desnudas eléctricas y los platillos de Tico Torres, sutiles y envolventes.
Jon desgrana las estrofas como si de caricias vocales se tratara, un íntimo
susurro de deseo añorado, constantes que se mantienen hasta el estribillo,
donde Jon hace delicadas inflexiones en cada frase, subiendo y bajando la intensidad
a su gusto, pero manteniendo siempre el tono sutil de una remembranza
nostálgica y amorosa. Las transiciones, con la mencionada base de guitarra y
platos, son las que definen a la canción. Hay mimo y una progresión melódica
conseguida, de ensimismamiento amoroso, caricias placenteras y semiadormecidas.
Bonito estribillo, largo, como es costumbre, que se repite por segunda vez
cayendo en una nueva transición que insinúa unos coros. Estrofa alternativa,
algo más intensa, que desemboca en un parón (aquí solía entrar un solo…), como en un
latido cesante. El estribillo nos despedirá repitiéndose con ciertos matices en
las inflexiones de Jon y la aparición de coros. Un liviano y bello soplo de
nostalgia.

 

Born Again Tomorrow: Este tema es paradigma de muchas de las
cosas comentadas, de muchos de los defectos del disco y de la banda en los últimos tiempo para los
fans de toda la vida. Una canción con un potencial tremendo, un tema que lo
tiene todo para ser un hit y que escuchada en directo tiene una gran contundencia rockera, pero a la que los múltiples arreglos de sintetizador y la
sobreproducción la convierten en una mezcolanza de difícil calificación.
Algunos han dicho que era música disco, algo incierto, pero determinados
aspectos y elementos de la producción y la mezcla dejan retazos y ramalazos de
ese estilo, mezclado con estructuras típicamente rockeras en la melodía, el
estribillo y la base, además de contener otro de los escasos solos de guitarra.
Esto debía haber sido un himno hardrockero que se queda en una peculiaridad indefinida
y eclipsada. En su comienzo, con la voz de Jon arrancando, me recuerda a un
tema de Joey Tempest, pero pasa rápido, enseguida quedamos inundados por efectos de
sonido, ecos y teclados, una melódica guitarra, una base repetitiva y
sintetizador… Estrofas latentes dan paso a ese acompañamiento discotequero y la
batería que lo entregan todo al exceso de producción, escondiendo la esencia
rockera. Estribillo de neones y luces intermitentes, corto, directo y eficaz,
lleno de sintetizador y algún eco vocal, también tributario de la música disco,
donde la melodía de transición funciona a pesar de todo. Un estribillo que casi
carece de acompañamiento, sólo de atmósfera de sintetizador acompañando a Jon.
Las nuevas estrofas se hacen algo más rockeras, aunque la base de batería sigue
algo sobreproducida. El nuevo estribillo ahora sí recibe acompañamiento, en un
imposible diálogo rockero discotequero. Un estribillo que ahora se alarga y
dobla hasta caer en el solo de guitarra. Parón con el estribillo y recuperación
para encarar el final donde dicho estribillo comparte protagonismo con la base
melódica. No es un mal tema, pero a los fans más rockeros les puede salir
sarpullidos. Juro que en directo la cosa cambia extraordinariamente. Es otro de
esos intentos de nuevo rumbo del grupo, pero en el que se les fue la mano con
la “modernez”…
Roller Coaster: Estupendo tema rockero, directo, acelerado,
vivo y melódico, ligero y agradable, ideal para botar en vivo, que recuerda a
algunos de los escuchados en “Have A Nice Day”. Rock melódico pegadizo que
coquetea con el Modern Rock al estilo de “Story Of My Life”, “Last Cigarrete” o
el “Thorn In My Side” del “The Circle”. Un inicio latente de eléctricas
desnudas y apuntes de piano, lento en apariencia, al que Jon no suelta las riendas
a pesar el empuje de la entrante batería desnudando las estrofas, dejando,
finalmente, que todo se desboque en esencia rockera en el estribillo. Los
apuntes de los coros en las estrofas y el puente son excelentes. El
estribillo, acelerado y frenético, es una maravilla que te taladrará la cabeza.
Lírico y acertado. Las intervenciones de David Bryan son un portento, como
siempre. Merecerían entrada aparte resaltar los sutiles apuntes de uno de los
mejores teclistas del Rock. Reiniciamos y marcamos con más fluidez la
progresión melódica hasta romper de nuevo con el estribillo, en puro goce, que
no cesa tan pronto como antes. Pequeñas variantes placenteras. Jon cantará el
estribillo en tono suave y acústico para volver a fracturar el tema en
magistral contraste, repitiéndolo de nuevo con todo el acompañamiento. Un gran
tema con el que no podrás evitar mover la pierna… o la cabeza.
New Year’s Day: Me encanta este tema, tributario del Pop
ochentero (british y escocés incluso) y las nuevas tendencias, estilo «30
Seconds To Mars
«. Una canción peculiar que en otro tiempo desquiciaría viniendo
de Bon Jovi, pero la costumbre y la obcecación de un servidor en eliminar
prejuicios me lleva a disfrutar como un enano. Lo que no perdonaré nunca a Jon
es que incluya los dichosos “sha lala” en un disco de Bon Jovi. No es la
primera vez y debería ser considerado sacrilegio. Se me revolvieron las tripas
al oírlo en su disco Pop “Destination Anywhere”, donde aparecieron por primera
vez, pero (un nuevo ejemplo de la desviación que Jon ha propiciado en el grupo),
cuando trasladó eso a la banda me di cabezazos contra la pared… Aquí también
tenemos el jodido “sha lala”, pero en fin, hago como que no lo oigo y disfruto
del resto… Su melodía me tiene entregado, tiene un algo adictivo, mezcla de
Rock, Pop añejo y sentimiento navideño visceral que la convierte en una de esas
rarezas indescriptibles de esta maravillosa banda. De nuevo guitarras melódicas
como base y una batería ágil y vigorosa dan inicio al tema con un buen bajo,
mezcla buscada de melodía y contundencia Pop-Rock. Las estrofas que Jon desvela
tienen el tono íntimo de una nana esperanzada, un cuento alegre antes de
dormir, que va tornando en plegaria luminosa y salvaje de un futuro
esperanzador, un himno a los buenos tiempos sublimado en el estribillo, donde
Jon desgarra y las guitarras reaparecen para dar fuerza al conjunto. Magníficos
los teclados por detrás sosteniendo la base y creando esa especial atmósfera,
que tiene algo de eclesiástica. La madurez compositiva de Jon es innegable,
fundiendo el espíritu de sus canciones en los más diversos estilos y atmósferas
con plena coherencia. Forma y fondo, prescindiendo de géneros. Las variantes de
la letra en los estribillos son otro elemento de goce. Tras el segundo, una
guitarra solista hará una transición hacia una estrofa alternativa, la del
maldito “sha lala”. Parón, siempre imprescindible, base latente y ruptura
frenética y contundente para que el estribillo nos cobije hasta el final junto
a la fase instrumental que sostiene la canción. Una canción con el mismo título
que una de U2. Tendrá tantos detractores como admiradores. A mí me encanta.
The Devil’s In The Temple: Lo más cercano al Hard Rock que
estaremos en todo el disco. Una canción que por fin se vertebra en un riff rockero,
sencillo y simple, pero eficaz y auténtico, y pasado por el filtro de la
producción moderna, claro. Al reclamo de la guitarra acude Jon, y juntos
desmembran las primeras estrofas. Me encanta el juego que se les saca a los
ritmos, con una particular cadencia más lenta de lo esperado en la caja y un
bombo omnipresente. Oscuro estribillo con coros sutiles y duros, de puro Hard
Rock. Dramática transición instrumental, donde destacan los teclados.
Estribillo en parón y arranque para concluir con un Jon forzando la voz en un
quejido angustioso. Un buen tema, corto pero efectivo.
Scars On This Guitar: Otro de los grandes temas del álbum,
una de esas baladas acústicas que sí honran el grupo y hacen recordar a los
buenos tiempos del “These Days” o a gloriosos ejemplos de la caja “100.000.000
Bon Jovi Fans Can’t Be Wrong
”. Una maravillosa declaración de amor a la
creación artística (cualquiera que escribe o compone se sentirá identificado),
a la música y a la guitarra, a la autenticidad del músico. Durante todo el
disco la reivindicación de la autenticidad y honestidad artística de Jon y la
banda es uno de los temas principales. Una canción a la que sólo le falta un
solo de guitarra para rematar la jugada, aunque contiene unos apuntes de piano,
incluida una transición, sencillamente maravillosos y que recuerdan a “Bitter Wine” del “These Days”. La progresión melódica y estructural es ejemplar, con
una melodía exquisita, cálida, sentida, desprendiendo feelling en cada nota.
Así avanzamos por las primeras estrofas, guitarra y piano mediante, por la
aparición de la suave batería y la esencia Country, por el sublime estribillo
eterno, largo, perfecto, lleno de matices. Realmente emocionante. Pero lo bueno
no termina ahí, ya que saliendo del perfecto estribillo caemos en una
sensacional estrofa alternativa que aumenta incluso la intensidad, en la que se
incluye una segunda voz acompañando a Jon (inevitable no echar de menos a
Sambora en estos momentos, porque hubiera sido de poner los pelos de punta), en
un crescendo estructural y melódico impecable. Un segundo estribillo, podría
ser tranquilamente. Y de ahí de vuelta al estribillo oficial. Aquí llega la
transición con el protagónico piano, breve, para reiniciar el último tramo del
camino. Magnífico David. Estrofa, estribillo casi desnudo y el estruendo
acústico y con coro para completarlo. Escúchenla con calma antes de dilapidar a
la banda. Una maravilla.
God Bless This Mess: A partir de aquí la cosa va para
abajo, aunque mantiene la vivacidad y no llega a aburrir en ningún momento.
Este décimo tema es rockero, otro Rock melódico que parece copiar su base de
guitarra de la inicial “This House Is Not For Sale”. Calcado. La cuestión es
que la melodía no funciona igual de bien. Una canción que transita por los
mismos parámetros que la mencionada, quizá algo más naïf y alegre, Pop, que la
que ha sido primer single del disco, algo que también se escenifica en la
ausencia de solo, sustituido por una de esas fases y transiciones de guitarra
rítmica y melódica. Voz solitaria y arranque guitarrero, estrofas cayendo y
vitalidad reinante hasta llegar al estribillo, positivo, festivo, divertido,
aunque algo insustancial e insulso. Transición guitarrera y vuelta a la andadas,
un nuevo estribillo y una nueva transición guitarrera. Estrofa alternativa y
estribillo con parón, piano y repentinos estruendos encarando el final, que
será para la guitarra y su consabida melodía. Movidito, pero olvidable.
Reunion: Con un inicio que parece sacado de “Whole Lot Of Leavin’” del “Lost Highway” comienza este agradable tema de guiño Country
mezclado con un Pop maduro, una fusión interesante. Muy pegadiza. Una acústica
y un bombo que llaman a un vaquero Jon. La ambientación sube con el
sintetizador de fondo y la batería incorpora matices en el puente para
cabalgar por el estribillo, que en su segunda mitad cede a un estilo más Pop,
de calidad. Los ritmos de caja se añaden a las estrofas, pero el tono general
se va inclinando hacia el Pop, aunque con la acústica de fondo y esos ritmos de
jinete. De nuevo por el estribillo, con mucho arreglo, largo y sabroso.
Transición melódica, estrofa y parón con el estribillo, que luego sigue con
todo el acompañamiento. Así nos vamos despidiendo, con algunas improvisaciones
de Jon y la melodía, comandada por la eléctrica popera. El final, circular, es
para la acústica incesante que despertó el tema. Peculiar, agradable, pero nada
del otro mundo.
Come On Up To Our House: Tema Pop con toque góspel. Una
canción para la camaradería, el buen rollo y el sano compañerismo, por la
convivencia civilizada, la unión y la comunión. Pegadizo y eficaz, pero
insulso, falto de garra en esa positividad exacerbada. Este es el tercer tema
con solo de guitarra, en extremo corto, por supuesto. Piano y voz la inician y
la melódica guitarra con la batería y el resto la precipitan a las primeras
estrofas. Tiene un punto de navideña vuelta a casa, como con El Almendro.
Puente y estribillo están perfectamente integrados, parecen todo uno, una
consecuencia lógica. Largo estribillo, como siempre, muy eficaz, pero no
brillante. Las acústicas destacan en el estribillo, también en el puente, en
los momentos álgidos. El piano lo hace en las partes más suaves, las estrofas.
Solo de guitarra, parón y arranque intermitente. Estribillo final al que se
incorporan los coros, perfecto para cantar con las manos unidas en alto, la
ideal comunión. Coros y voz en armonía para el final. En realidad, es un tema
perfecto en su esencia. Es con el que concluye el disco convencional, el que no
es versión Deluxe, con lo que resulta un apañado remate.
Y en la versión de lujo se añaden:
Real Love: Balada acústica, que hace temer que los bonus
sean como en el anterior “What About Now”, pero no es así. Además es un tema
bonito, preciosista, sostenido por las teclas de David Bryan y la cuerdas de la
viola y los violines (participa Lorenza Ponce, vieja conocida del grupo). Todo
ese acompañamiento abrigando sutilmente, como una suave sábana, a la sensual y cálida
voz de Jon. El estribillo es precioso, especialmente en su parte final. Ese “if
it can break your heart, it’s real love
”. Es en él donde aparecen las cuerdas en
su máximo esplendor para decorarlo bellamente. En el puente se insinúan.
Cuerdas que van cobrando protagonismo, se hacen rítmicas en las siguientes
estrofas, voz de apoyo en el nuevo estribillo (ay Sambora), aún más lírico
gracias a los violines. Estrofa alternativa, intensa. Nuevo estribillo, casi en
susurro, en lamento, sin más apoyo que el piano, y aparición de las cuerdas para
la segunda parte del mismo. Sin percusión. Es preciosa, ciertamente.
All Hail The Kings: Un tema bastante épico, entre el Power
Pop y el Rock melódico dramático, un Rock moderno que no queda mal, pero está algo sepultado en excesos de producción y un conjunto demasiado blando,
que con algo más de garra podría haber dado algo muy destacable. Batería y
ritmos entrecortados, guitarra de base casi desaparecida, coros de apoyo
ocasionales, latente melodía, subida de transición con más ritmos
entrecortados, arreglos de sintetizador, voz con cierto eco y el estribillo
épico con un Jon en tono algo apagado, lo que da cierto matiz melancólico al
conjunto. Los ritmos se mantienen y las guitarras aparecen, aunque eclipsadas
en el conjunto melódico. Estribillo largo y elaborado, como es costumbre. Algún
juego de guitarra, melódico, aparece en las nuevas estrofas mientras repetimos
estructuras. Solo de guitarra (el cuarto, el primero en los bonus) y base atronadora. Acústica en el parón y
recuperación paulatina con un bombo que crece hasta el estribillo, que
tiene mucho oxígeno en su épica melodía, que se mantendrá hasta el final. No es
un mal tema, tampoco especialmente brillante.
We Don’t Run: Un gran hit, que bien podría marcar el camino
y el sonido a seguir por la banda, depurando los excesos de producción. Me
remito a lo comentado sobre el tema en el análisis del “Burning Bridges”.
I Will Drive You Home: Otro tema lento de atmósfera Pop
ochentera, como mucho oxígeno, nocturna, que tiene un gozoso estribillo con un
Jon en tonos muy bajos acompañado por coros suaves, lo más destacado del mismo. Una batería que suena ahogada y sobreproducida, ecos y guitarra
con reverberaciones para esa onírica atmósfera. Un Jon cantando al volante en
la noche, pasando por heridas de luz provocadas por farolas aisladas y un
coro, el de sus pensamientos, como un eco, subrayando sus reflexiones en ese
estupendo estribillo. El piano la sostiene de inicio, con esa sorda batería,
que parece eléctrica. Estrofas sucediéndose, sintetizador apareciendo para
crear la atmósfera y estribillo, sin coros. Piano en las transiciones, con
arreglos de sintetizador por detrás. Guitarra apuntando en las nuevas
estrofas y estribillo, al que ahora sí se incorporan los coros. Repetimos
estribillo con inicio de puente más intenso. Guitarra de transición con la
melodía y la misma cadencia avanzando. Parón, Jon y fondo sutil de
sintetizador, para entrar de nuevo en el estribillo que desemboca en una
estrofa intensa que es soberbia, lo mejor del tema, cayendo de nuevo en el
nostálgico y ensoñado estribillo. Voces robóticas nos despiden junto al
acompañamiento… Una canción a la que buscándole su momento es un éxito, en su
peculiaridad.
Goodbye New York: Una guitarra calcada a los sonidos de «The
Edge
» abre el último tema, en un poco disimulado tributo al personal sonido del
guitarrista irlandés de U2. Otro Pop-Rock, más Pop que Rock, en la línea del
disco, que se pasea por estrofas movidas y alegres hasta llegar a otro
estribillo con esas mismas características. Buenos teclados punteando el
estribillo, largo y vitalista, pero no precisamente inolvidable. Otro tema de
intención luminosa y alegre, que tiene ese punto naïf que contienen demasiadas
composiciones de Jon últimamente. Falta de garra en su exceso de felicidad. No
acaba de coger el punto a esa integración. Sólo ocasionalmente. El tema es
incesante, con un ritmo constante en el que sólo varían los arreglos y la
intensidad del acompañamiento. Lo mejor, David cubriendo todo hueco y dando un
sutil contrapunto nostálgico con sus teclas. Estrofa alternativa con acústicas
presentes y ritmos entrecortados. De nuevo la guitarra a lo “The Edge” para
recuperar el tema y caída en el estribillo con coros. Agradable, pero
olvidable. 

Es un mal disco, el peor de la carrera del grupo junto a
What About Now” (no cuento Burning Bridges), pero sólo es malo comparado con
la trayectoria de la banda. En un sentido más objetivo resulta agradable,
aunque un fracaso en la aparente búsqueda de un nuevo sonido propio, que sólo
se alcanza en ocasiones, cayendo en un Pop naïf falto de garra y cobijándose en
demasía en temas resultones que saben eficaces, aunque no de la brillantez
añorada. El caso es que sí han alcanzado y ejecutado buenos temas en ese estilo
que parecen buscar, desde hace varios discos, pero o bien no acaban de definirlo
o bien su eclecticismo, una vez más, va en su contra, porque en la falta de
cohesión destaca la idea de inseguridad, divagación, indecisión, falta de
valentía y paso vacilante. Cuando apuesten por discos donde exploren ese nuevo Rock, Rock
moderno, aunque no tenga riffs, pero Rock con todas las letras, y se alejen de
guiños poperos insulsos, tendremos muy buenos trabajos. Pero pasa el tiempo y
los discos y no rematan, con lo que de la seguridad pasamos a la esperanza y de
la esperanza al escepticismo.

 

Lo bueno es que tendremos respuesta a estas incógnitas,
porque seguirán sacando trabajos que valoraremos… y el día que no suceda, será
otra respuesta. Como el regreso de Sambora, que estoy convencido que tarde o
temprano se producirá…

sambo

There are 3 comments on this post
  1. diciembre 01, 2016, 9:04 pm

    el disco es un pastelazo de tres pares de cojo…..lo que no tengo claro es para quien estaba dirigido este disco

    • diciembre 01, 2016, 9:21 pm

      Esa es la pregunta, hacia dónde quieren ir… Ni idea…

  2. Lu
    marzo 07, 2020, 5:42 am

    Creo que desde que John Shanks entró en la ecuación, los discos han estado sobreproducidos, sería bueno que hiciéramos un poco de barullo para que la situación cambiase
    https://www.change.org/p/bon-jovi-fans-jon-shanks-out-of-bon-jovi/dashboard

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