BON JOVI: 2020 (2020)

BON JOVI: 2020 (2020)

MÚSICA

 

 

7/10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez asumidos los fundamentos de esta tercera etapa de la banda, que comenzaría con “What About Now” (2013), último trabajo con Richie Sambora, cogiendo una deriva ecléctica desde lo conceptual y estilístico, como una búsqueda de un tono que no ha terminado de cuajar en algo concreto (quizá tampoco lo pretenda), tenemos el contexto para enfrentar este “2020”.

Es cierto que discos como “Bounce” (2002) o “Crush” (2000) tenían cierta falta de homogeneidad, pero también lo es que marcaban su tono hardrockero sin fisuras, incluyendo nuevas influencias. Luego llegaron trabajos bastante notables que sí definían un tono y estilo más homogéneo. Desde el Modern Rock de “Have a Nice Day” (2005) pasando por el Country Rock de “Lost Highway” (2007) y llegando al Rock melódico actualizado de “The Circle” (2009).

A partir de ahí, en una búsqueda difusa, comenzó a intuirse un tira y aflora artístico, donde quedaban reminiscencias del Rock pretendido por Sambora y una deriva que se alejaba decididamente del sonido clásico hardrockero del grupo, aunque manteniendo el estilo reconocible en aspectos irrenunciables e insustituibles.

Con la marcha de Sambora, el grupo perdió personalidad, con un trabajo de guitarra cada vez más escaso e impersonal (que además iba siendo paulatinamente más encorsetado y rígido), rutinario y de estudio, que, en realidad, podría ejecutar cualquiera, pero donde había atisbos de un sonido propio, actualización y viaje hacia un camino definido con un Rock moderno en la línea del “We Don’t Run” del “Burning Bridges” o el “Knockout” del “This House Is Not For Sale”. Un Hard Rock adelgazado, pero muchas influencias diversas añadiéndose, dentro del Rock y del Pop, desde la New Wave británica más Pop-Rock, el New Romantic y el Pop ochentero, a tendencias modernas de grupos como ColdplayThe Killers o 30 Seconds To Mars, sin olvidar un deje Country, ya saben…

Ahora, con este “2020” tenemos un disco que recuerda a muchas cosas de la historia completa de Bon Jovi. Una excepcionalidad. Un trabajo con atractivos, pero de nuevo lejos de provocar entusiasmos ni pasiones arrebatadas. Correcto, pero en la línea de los anteriores, donde han facturado algunas de sus peores obras. Ojo, que sean sus peores obras no significa que sean malos, ni mucho menos.

 

 

Este “2020” es un disco sui generis, bastante bien recibido por la crítica, especialmente en Europa, por ese componente social que tienen sus letras, excelentes en muchos casos. Yo lo he reivindicado siempre, pero me alegra mucho que se vaya reconociendo la labor como autor y letrista de Jon Bon Jovi. Abundan el compromiso y la realidad de un año que con sólo nombrarlo todos sabemos lo que conlleva y lo que ha supuesto. Un título, por tanto, que no puede ser más adecuado. Temáticas sociales, sobre la pandemia, el racismo, George Floyd, las problemáticas con las armas, los más necesitados, los veteranos, la familia… desde un prisma que no pretende ser político, sino reflexivo.

Un disco que no tiene una continuidad con lo anterior de la banda, sino que más bien es una mezcolanza de detalles de su carrera y, a la vez, un verso libre. De alguna manera es uno de esos discos burbuja que ha realizado la banda en la última década, sin ser exactamente uno de esos discos burbuja. Una rareza muy acorde con este año surrealista y catastrófico. Especial.

2020” es introspectivo y reflexivo. No sigue la línea de ese Rock moderno que parecían insinuar temas de los trabajos anteriores, como los que he citado, aunque se incluye alguno de esa línea. No contiene esos himnos rotundos y redondos, épicos, que les hicieron grandes, pero sí recuperan temas de Hard Rock y baladas a la vieja usanza, en una mezcolanza plena, en la que a todo ello se añaden lentas tonadas reivindicativas o como homenaje y pegadizos temas de deje Country. Y eso que son sólo 10 canciones las que componen el trabajo, cada una de su padre y su madre, pero con cierto hilo conductor que las hace reconocibles como obra de Bon Jovi.

Un disco que iba a salir mucho antes, con otros temas, pero que la pandemia fue retrasando e inspirando a Jon nuevas canciones, que en algunos casos sustituyeron a otras previstas.

Aunque es obvio que se asume la ausencia de Sambora, esta es atronadora para el fan clásico del grupo, el que tiene un conocimiento global y pleno de la banda. Los dos guitarristas que lo sustituyen, Shanks y Phil X, están a años luz de él en todos los sentidos, técnica y sentimiento, si bien esto no es su culpa. Es natural que la baja de uno de los grandes guitarristas, y más infravalorados, del Rock se notara, pero es que no sólo lo hace en las seis cuerdas, también es ensordecedora su ausencia en los coros, incluso en las composiciones.

Hay coros, bastantes, pero carentes de personalidad. Cuando escuchabas a Bon Jovi por primera vez, te llamaban la atención los coros, las apariciones repentinas de Sambora, una voz desgarrada que rompía con lo habitual, una seña de distinción que no tenía ningún otro grupo. Ahora son casi mecánicos, impersonales, aunque lujosos y bien facturados.

 

 

Casi no hay riffs, que vienen escaseando desde hace muchos años, apenas hay solos y los que hay son un suspiro. Es un proyecto a la medida de Jon. Esto no es malo, simplemente es otra cosa con reminiscencias nada desdeñables de lo que fue aquella banda en sus orígenes, en su madurez y también en su transformación durante el nuevo milenio, lo que también es sabroso. Pero no pasa de guiños.

Y es que la salida de Sambora limitó las sorpresas en las estructuras y los aportes instrumentales, deriva que ya se veía incluso con él presente desde la segunda resurrección venida en el nuevo milenio. Me refiero, especialmente, a los directos. La presentación en vivo (detalle de la banda en esta difícil época), de este nuevo trabajo nos mostró una actuación limpia e impecable que clavaba y calcaba el álbum nota por nota, sin una improvisación admitida… No hace falta recordar los innumerables ejemplos donde las canciones añadían elementos, solos o detalles, algo recurrente en cada gira, que hacía de la banda una de las mejores en vivo, pero que poco a poco fueron limitándose, quedando reductos en algunas de las canciones fijas del repertorio o en las interpretadas a la voz por Sambora (“Lay Your Hands On Me”, “I’ll Be There For You” o “Homebound Train”). Ahora lo académico es norma, salvo en ecos samborianos de nuevo (solo doble en “Always” o “Keep the Faith”) o alguna excepción (la apertura en la última gira con “This House Is Not For Sale”, por ejemplo, que alarga un poco el tema con un sabroso epílogo).

No puede estar mejor elegido el título de este álbum. Otra excepcionalidad, burbuja, en la discografía de la banda. Es un trabajo muy concreto, dedicado a este año único en la historia, un paréntesis creativo, un paréntesis, como ha sido este año para casi todos nosotros. Un trabajo introspectivo, íntimo, como explicó el propio Jon, donde casi todos los temas están escritos por él en solitario, que bien podría pasar por un disco suyo más que de la banda. Un disco tranquilo, pero, sobre todo, comprometido, reflexivo con la actualidad, quizá el que más (no en plan canción protesta setentera), que se concreta, circunscribe, en este año tan particular. Un disco de este 2020 para este 2020.

Es un disco de actualidad, no político. No tomo partido”.

Y con todo, y como siempre, no deja de ser un álbum de Bon Jovi, reconocible en su actual estilo Pop-Rock, con dosis de Rock y guiños al Hard pretérito que tanto añoramos algunos. Con los mismos defectos, algunas píldoras esperanzadoras y los muchos huecos dejados por el que no está…

Rock Moderno con “Limitless”; toque de Country ligero con “Do What You Can”; un himno solemne en “American Reckoning”, balada que recuerda a George Floyd y su muerte a manos de un policía, que despertó miles de protestas raciales por todos los Estados Unidos; una balada a la vieja usanza con “Blood On The Water”; un poderoso y moderno Rock con “Beautiful Drug”; otro más alegre y springsteeniano con “Let It Rain”; acústicas reflexivas con “Lower The Flag”; un hardrock de tintes clásicos en “Brothers In Arms”; tema lento de tintes épicos en “Unbroken”; una acústica lírica en “Story Of Love”. Es decir, una amalgama de estilos reconocidos en el grupo dentro de su última etapa, con guiños a anteriores. Dentro de esa mezcolanza mencionada, tenemos detalles muy apreciables, grandes momentos y alguna sorpresa, que es algo que siempre se valora aunque, como dije, escaseen o no tengan el impacto de antaño. Epílogos sorpresivos instrumentales (“Story of Love”), melodías que reencarnan a los antiguos Jovi (“Blood on the Water”), ritmos hardrockeros (“Brothers in Arms”)… Hay temas muy decentes, pero dudo que ninguno se convierta en clásico del grupo o fijo en sus directos.

Salvo alguna excepción, queda poco de ese sentimiento exacerbado que tenían los temas de la banda, algo lógico, en este tono más sereno y con un Jon padeciendo problemas vocales. Pero una serenidad y reflexión que nada tienen que ver con el tono, densidad, profundidad e intensidad de un “These Days”, por ejemplo.

Con sus diferencias, este “2020” tiene interesantes nexos en común con un disco maldito de Bon Jovi, que a su vez, por supuesto, es uno de esos discos burbuja que comento. Se trata de “Burning Bridges”. Es, quizá, con el que más paralelismos encontraríamos en su tono y estilo, aunque, como digo, haya guiños a su discografía anterior.

Una de las grandes virtudes, de las que más se han valorado, son las estupendas letras, punto fuerte del disco, aunque siempre es uno de los puntos que menos me interesan en esto de la música. Aún así siempre reivindico, como he comentado, el talento de Jon al respecto.

Es un trabajo bastante meditado y meditabundo, donde todo está pensado dentro del concepto buscado. Un disco reflexivo, como marca la misma portada, homenaje a la foto de Michael Ochs a John Fitzgerald Kennedy en agosto del 62.

El mayor regalo de un artista es la capacidad para usar su voz para abordar asuntos que nos conmueven”.

 

 

El disco ha ido variando de lo previsto para mayo, fecha inicial de su lanzamiento, añadiendo dos temas que finalmente se han incluido en la versión definitiva, dejando otras fuera que también incluiré en el análisis. “Do What You Can” ha sido todo un himno de la cuarentena. “Unbroken”, también lanzado antes de la publicación del disco, ha sido un sentido homenaje a los veteranos de guerra.

Jon Bon Jovi a la voz, en la guitarra acústica y con la armónica. David Bryan a los teclados. Tico Torres en la batería. Hugh MacDonald en el bajo. Phil X y John Shanks en las guitarras. Everett Bradley también en la percusión.

 

 

Limitless: Un tema positivo para estos duros momentos… Fue el primer single del disco, que salió con la pandemia en lo alto. Un tema prototípico de la banda en esta nueva época. Un Rock moderno, pegadizo, aunque más plano que otros del mismo corte.  Guitarra melódica y coros modernos muy de los Jovi de ahora inician la canción junto a unos ritmos crecientes. El bajo suena contundente y trepidante, impulsando el tema. Jon entra con unas aceleradas estrofas. El estribillo es más lírico, pero menos acelerado. Ese contraste me gusta. Es un cambio en el estilo, que siempre apostó por la pasión exacerbada, aumentando la intensidad en los estribillos hasta el máximo y la extenuación. Aquí, con estos temas, como el “We Don’t Run”, se hace al revés, estrofas muy rítmicas y un estribillo más melódico y lírico, pero menos agitado. Ese rever que ambienta y moderniza, ampuloso y espacial, muy típico de las nuevas producciones de la banda, me repatea un poco. Repetimos la estructura dos veces. Estrofas muy aceleradas con Jon aguatando el tirón. La primera parte del estribillo funciona bien, pero la reiterada repetición del título rebaja su impacto. Estrofa con parón y producción con mucho arreglo y toque onírico. Buena recuperación con la percusión creciente y entrada en el estribillo del clímax. Coros finales de fondo haciendo armonías. Esos coros que son muy habituales en la banda actualmente, algo impersonales, pero efectivos.

 

 

Do What You Can: Un pretendido himno del confinamiento, al que se invitó a componer a los fans, que mandaron sus letras bajo la melodía marcada por Jon. Himno de comunión y esperanza, conceptos muy “jovicos”. Este prometedor tema se convierte en algo banal, fútil, tan ligero que acaba diluido, cuando podía haber pegado de verdad con otros arreglos, otro estilo. Unos riff, un espíritu más rockero, incluso un tempo algo más lento o pesado, habría hecho relucir mucho más su melodía y potencial. Un canto a la solidaridad y a dar lo que podamos en los peores  momentos… Conceptos perfectos para la tragedia del 2020. Es uno de los temas que más me han decepcionado porque tiene grandes mimbres. Uno de los himnos del confinamiento. Un Country-Rock de los que han ido trayendo en los últimos años, del estilo de “Who Says You Can’t Go Home” o “I Love This Town”. Melodía agradable y demasiado ligera guiada por la guitarra. Ritmos vivos y estrofas alegres. El bajo vuelve a destacar y a llevar el peso en las estrofas, muy melódicas. Guitarra en transición recordando la melodía principal. Acústicas de fondo. Buen puente que nos lleva al pegadizo estribillo. Un estribillo que es un acierto pero que, como digo, le falta pujanza dentro del tono ligero del tema. Todo se queda blando cuando podía haber sido un temazo. Repetición estructural para el segundo estribillo. Estrofa alternativa, parón, acústica y batería con redoble… Recuperación abrupta para el clímax final. Nos despedimos con la melodía que define la guitarra. Si, no hay solo. Himno de comunión.

 

 

American Reckoning: Es la balada que recuerda el trágico fallecimiento de George Floyd a manos de un policía. Un suceso que movilizó a buena parte de la sociedad estadounidense. Un tema donde forma y fondo se unen. Acústica y un fondo grave de sintetizador. El bajo presente. Estrofas suaves. Una balada muy serena. Bombo acelerando, como un latido, acompañando las siguientes estrofas. Estribillo muy desnudo con batería latente y acústicas. Hay algo de rever que da un tono épico y sentido a la vez. Nueva estrofa con fondo que cobra intensidad gracias al sintetizador. Los acompañamientos se van haciendo más ricos. Nuevo estribillo. Solo de armónica y entrada de la batería con los graves. Este solo de armónica sí supone una sorpresa, si bien Jon la usaba ya en sus inicios. Vuelven las estrofas con la acústica y el bajo casi a pelo. De nuevo una progresión rítmica. Transición y estribillo con un fondo de sintetizador ambiental más intenso en esta segunda aparición. Ese bombo que se desvanece como un latido también. Es la clave del tema. Como el latido de George Floyd. No es un tema especialmente bello en cuanto a su melodía, pero efectivo en cuanto a su contenido, letra y elementos musicales.

Beautiful Drug: Vuelve la energía con uno de los temas más movidos del álbum. Eléctrica y acústicas llamando a la batería. Coros de los modernos, de la onda que estilan los Jovi en sus últimos discos. Distorsiones en acompañamientos y la voz de Jon entrando. Ritmos entrecortados y vivos. Puente enérgico. Estribillo con coros. Un estribillo que sin tener la intensidad exacerbada de los clásicos Jovi, posee energía, cambios de tono, velocidad en la melodía y una tremenda vitalidad que pone a tono. Buen tema de tintes hardrockeros. Repetimos estructura con la guitarra apoyando de fondo como base. Más estrofas y distorsión. Estribillo. En este tema tenemos el primer solo de guitarra del disco. Algo es algo. Estrofa con cambios de ritmo, acelerada, como transición hacia el clímax. Estribillo que se alarga. Me gusta cómo entra la guitarra en la parte donde Jon acelera las estrofas en dicho estribillo. La guitarra y los coros despiden. Un tema muy apreciable.

 

Story Of Love: Sobre la paternidad y el amor de padres y madres a sus hijos y viceversa. Una canción con una bonita melodía, positiva y nostálgica a la vez, que también ha sido single del disco, si bien en el video se nos ha cercenado el epílogo instrumental. No, no hay desgarro ni sentimentalidad exacerbada, pero sí un buen feelling. Acústica introductoria, que ya define la melodía, que seguirá acompañando a las estrofas con Jon. En realidad es un largo estribillo toda la canción, donde no hay grandes altibajos ni cambios en la melodía principal, siempre en un punto alto emocional. Es todo una gran estrofa estribillada. Esta continuidad vuelve a ser un acierto conceptual, ya que la historia relata una vida y su progreso, el del amor de padres e hijos y el crecimiento. De las estrofas acústicas desnudas vamos progresando, recitando con más intensidad y añadiendo nuevos instrumentos. Bajo, batería… piano en transición. Es una canción bella, plana en general, aunque va subiendo. Coros en transición, de esos recursitos cursis que no me gustan demasiado (lairairirirai). El sintetizador decora de fondo dando más lirismo e intensidad. El piano de David siempre rellenando, dando en cada hueco la nota precisa. Sube… tercera estrofa con el mismo progreso… y sube… y sube… en perfecto lirismo potenciando la bella melodía. Y vuelve a subir… y cuando parece que acaba… tenemos una grata sorpresa. Un epílogo musical cuando el piano parece despedir el tema, languideciendo. Piano y soberbia entrada de la guitarra, abrupta, de esas que ponen los pelos de punta, pero desperdiciada en un solo melódico con el que Sambora podría haber hecho maravillas (o el Shanks de Fingerprints). Ese arreglo de sintetizador junto a la guitarra, armónico, es precioso. Bello, épico y lírico final que emociona si te adentras en él.

 

 

Let It Rain: Un clásico temático de la banda. El aliento positivo y de ánimo, de tolerancia. Un tema que recuerda a viejos tiempos bonjoveros, pero con una actualización, no diría moderna, pero sí de ahora en cuanto a producción y aroma. Una canción que recuerda al espíritu Springsteen y a los propios Jovi de “Blood on Blood”, guardando las distancias, o “Just Older”, mucho más cercano. Vitalidad, sin el desgarro descarnado de los temas ochenteros, pero energético. Un tema guitarrero, como vemos desde el mismo inicio, con un bombo latente, la batería de ritmo entrecortado y la melódica guitarra. No es trepidante este arranque, pero si vaticina pasión. La acústica decora las primeras estrofas antes del inicio de una batería de sonido sordo. El bajo también entra. Arranque poderoso en el puente. Pop-Rock enérgico. Se desgranan más estrofas hasta llegar en perfecta progresión al estribillo. Un estribillo perfecto y redondo, vitalista, donde Jon no tiene que elevarse como en los ejemplos mencionados anteriormente (la sapiencia de la edad), pero que logra su propósito con efectividad. Repetimos estructura para llegar al segundo estribillo. Una vez salgamos tendremos un estrofa alternativa, un clásico. Parón con teclado y las gloriosas recuperaciones de los Jovi con un bajo protagonista y la progresión de la batería y la guitarra… Un gran momento. Llegamos al clímax con el estribillo alargado y más desgarrado, con cambios de ritmo ocasionales. Nos despedimos con una transición melódica donde la guitarra es protagonista definiendo la melodía principal. Un Pop-Rock con toque de Rock melódico agradable y con energía.

Lower The Flag: Canción que denuncia las tragedias producidas en distintos lugares de Estados Unidos por el uso indiscriminado de las armas, que cualquiera puede poseer. Un recuerdo a esas víctimas y esos lamentables sucesos. Una balada de tono melancólico, lastimero, como un duelo. Y tras ello, como de costumbre, un canto de reivindicación vital. Las acústicas inician el tema junto a un sintetizador mientras Jon entra con las primeras estrofas. Fantásticos coros de transición y un apunte sutil de guitarra. Nuevas estrofas en el mismo tono sereno nos llevan al estribillo, que tampoco altera los ingredientes acústicos, salvo por un mayor énfasis del sintetizador de fondo. Transición con coros y elementos de producción/percusión. Nuevo paso por las estrofas con esa acústica predominante y nuevo paso por el estribillo sin cambios. Saliendo de él nos embarcamos en una estrofa alterna más agresiva, siempre acústica, con percusión intermitente de fondo y el sintetizador ambientando. El tema se frena y tenemos una recuperación excelente con coros y armonías vocales en creciente musicalidad que da épica a la denuncia de la canción. Esa enumeración de Jon, con los coros de fondo, de los lugares de muerte… Tras esta ruptura volvemos a la estructura original que desemboca en el estribillo. Un tema muy acústico y reivindicativo, de emotiva atmósfera.

Blood In The Water: Un tema que ha gustado mucho a los fans clásicos de la banda. Metafórica, que hay que leer en evidente clave política. Una balada que recuerda a otros tiempos. Es cierto que queda lejos de las grandes baladas del grupo, pero también lo es que desde “Make a Memory” (que va en otra onda), es de lo mejor que han hecho en los últimos tiempos en el estilo. Quizá desde “Bells Of Freedom” del “Have A Nice Day”. Una balada clásica que en su melodía y tono recuerdan en ciertos fragmentos, y muy claramente, a “Dry County”, sin la épica y fuerza atronadora e instrumental de aquella. El tema comienza con un atmosférico sintetizador y unos punteos bluseros que nos llevan a la época del “Keep The Faith” y el “These Days”, donde Sambora era pilar esencial. Acto seguido entra también la acústica definiéndose la melodía. Su proceder es lento y cadencioso, saboreándose sobremanera en esta intro. Una sutil batería acompaña en las primeras estrofas. Transición como en el inicio y ligera subida con la batería más firme, entrando la caja, y la guitarra de fondo rellenando. Creciendo en el puente y rompiendo con el estribillo, exquisito y perfecto. Estribillo épico sensacional. Vuelve la transición de base para repetir estructura. La guitarra sigue en armonías suaves. Caemos por segunda vez en el estribillo, que añade coros sutiles realmente conseguidos. Tanto el final del puente, como la entrada tras el estribillo y parte del propio estribillo son muy “Dry County”. El inicio también. Tras el segundo estribillo tenemos solo de guitarra. Muy melódico. El parón, con ese redoble, es también muy “Dry County”. Acompañamiento aviolinado y lírico y recuperación excelente del tema. Estribillo y final épico con mucho sintetizador aviolinado y la guitarra con la melodía principal, más los mencionados coros. Lástima que no arranque con un solo final, como hacía “Dry County”. Punteitos bluseros de despedida y redoble. Es un temazo, una gran balada a la vieja usanza.

Brothers In Arms: La canción es un guiño a un jugador de la NFL, Colin Keapernick, que se arrodilló como protesta contra la injusticia racial…  Otra referencia social y política a la actualidad de estos tiempos. Tema hardrockero muy rollo setentero con unos ritmos muy vivos desde el mismo comienzo. Gamberrete. Riff de guitarra con mucho sabor, batería frenética, bajo contundente y coros alegres antes de las primeras estrofas con el Jon más macarrilla. Coros fiesteros y mucha caja. Tras la segunda estrofa llegamos a un marcado puente y un potente estribillo. Sí, con Jon midiendo el tono. Repetimos estructura por las poderosas y movidas estrofas, el puente y el estribillo. La parte guitarrera es fiera y enérgica, rifera, ya que no se puede considerar solo de guitarra. Puente alargado e intenso que cae maravillosamente en el estribillo del clímax. A la fase de transición rítmica, que aparece al inicio y tras cada estribillo, se le añade la guitarra y el riff solitario en un esplendoroso final. Buen tema hardrockero.

 

 

Unbroken: Esta canción también salió antes del disco. Un tema más allá de su integración en el mismo. Un homenaje a los veteranos, que incluso tuvo distintas versiones, algunas muy emotivas, y la participación del “Príncipe Harry (grabada en los míticos estudios Abbey Road para esa versión benéfica, de la que la recaudación iría a la Fundación Invictus Games)… Balada solemne. Épica de guitarra de fondo, eléctrica. Acústica que se suma. Acústica que sirve para marcar el ritmo. Jon entra pronto con las primeras estrofas. Hay bastante linealidad en el tema. Transición con guitarra melódica y entrada de la batería. Nuevas estrofas con la batería, también solemne, con un redoble particular, marcando el paso. Como un bombardeo lejano constante, rememorado. El estribillo sigue los mismos patrones, con el peso de la instrumentación, pero guardando la linealidad general. La canción ciertamente sube en épica. Nuevas transiciones de guitarra melódica y estrofas. Una estructura que se repite hasta el segundo estribillo. Parón. Jon casi en solitario en largas estrofas y ligeros acompañamientos de sintetizador y cuerda. Una fase que se hace larga. Rompemos recuperando con la música y coros del propio Jon, en un momento épico conseguido que contrasta con lo anterior. Final dramático. Redobles casi militaristas para el final, en el que es un bonito tema homenaje, donde el estilo y la forma se complementan bien con el fondo. No entusiasma.

 

 

Y dos bonus para las ediciones especiales, dos canciones que dejaron fuera, pero que estuvieron en el plan original del disco. No se quedaron fuera por falta de calidad, sino por encajar peor con el concepto.

Luv Can: Esta es una de las canciones que dejaron fuera del plan original del disco. Una preciosa balada poprockera sobre el amor, la impotencia y la esperanza, con grandes momentos y otros que hubieran dado instantes sublimes en otra época. Una mezcla entre nostalgia, impotencia y esperanza, un tono otoñal muy acertado. Sintetizador y efectos de percusión despiertan el tema, con unas acústicas y una eléctrica casi desnuda que lo despereza. Con este fondo Jon desgrana unas bellas estrofas de impotencia. Incluye unos sutiles agudos en el puente, un matiz exquisito melódico de resignación. Es en el puente, con la subida de intensidad, la entrada de la caja, los acordes guitarreros, donde llega la esperanza, ese amor que todo lo puede. El rever, ese ligero eco en la voz de Jon, da una especial dimensión al estribillo. La caja redoblante y el Charlie se quedan para las nuevas estrofas. El fondo se mantiene, como en el primer paso en general, con la batería y detalles de sintetizador decorando. El segundo estribillo está alargado, con nuevas frases, que dan una emotividad extra previa al solo de guitarra, que es sencillo. Tenemos un parón, clásico, donde recordamos el puente, la percusión cesa, quedamos con la eléctrica sutil y la acústica, pero recuperamos inmediatamente para el estribillo de nuevo. Un clímax excepcional, donde al alargado y lírico estribillo, donde sube el sintetizador, se suman unos poderosos coros, atronadores, que hacen una perfecta armonía convirtiendo esta plegaría esperanzada en todo un éxito. Jon está soberbio en este tema. Una pena que quedara fuera, si bien es otro tema lento a añadir, pero lo cierto es que es mejor que muchas de las incluidas en el disco.

Shine: Esta es la otra canción que dejaron fuera. Una bonita balada Pop, un canto al amor con una atmosférica ambientación, muy espacial, y esa progresión melódica que gusta tanto a Jon en los últimos tiempos. Con el sintetizador ambiental se inicia todo, acompañado de una guitarra con mucho rever y producción espacial. Acústica para la entrada de Jon, que va desgranando las primeras estrofas en bellas letras. El puente sigue el mismo tono desnudo, con un matiz ligeramente más agudo y cierto toque en el sintetizador. El estribillo, muy bonito, sigue pautas semejantes. Jon sube, pero las acústicas desaparecen, hay una percusión sorda latente y el sintetizador cobra protagonismo ambiental. Unas acústicas que vuelven al final del estribillo, como el sintetizador con toques aviolinados. La percusión se incorpora con calma, junto con toques de cuerdas, a las nuevas estrofas, en una subida primera de intensidad. En el puente la guitarra melódica coge la base y la batería se define definitivamente. El estribillo mantiene estos elementos, incorporando otros con más énfasis e intensidad. Coros doblados sobre Jon al final de este segundo estribillo. Una nueva subida de intensidad. Parte de guitarra de transición melódica, sustitutivo del solo. Muy rollo U2. Parón que nos devuelve la desnudez y las acústicas. Ruptura y subida para el estribillo del clímax. Acústicas, sintetizador y eléctrica melódica acompañando a un Jon lírico. La parte final es instrumental, como en el “solo”. Un tema muy bonito, que tampoco desmerece a los incluidos en el álbum en cuanto a calidad (mejora a muchos), pero que entroncaba peor en lo conceptual.

Un disco para un año que, desgraciadamente, no se olvidará. El año del COVID-19.Un trabajo, por tanto, distinto, excepcional, que teniendo la calidad habitual de los trabajos de la banda, del propio Jon, estaría dentro del grupo de los más flojos, sin lugar a dudas, donde se engloban casi todos los de esta última etapa. Nada que ver con el estilo con el que la banda pasó a la historia, se convirtieron en referente y se les relaciona como pioneros (aunque muchos lo nieguen, ellos son el Hard melódico de los 80).

Muy pocos tienen el talento melódico de esta banda, y menos sostenido en el tiempo durante tantas décadas, pero teniendo grandes melodías y buenos momentos en este disco, casi nunca llegamos a algo verdaderamente genial o significativo, como en épocas anteriores, predominando lo discreto, diluido entre la antigua gloria y las nuevas modas, pero del que se pueden aprovechar los matices de ese talento que sigue presente y palpable.

 

sambo

Leave a reply