BOHEMIAN RHAPSODY (2018) -Última Parte-

BOHEMIAN RHAPSODY (2018) -Última Parte-

BRYAN SINGER

 

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amor. Mary Austin.

Desde el punto de vista dramático, una de las subtramas más interesantes y emotivas es la de la relación de Freddie (Rami Malek) con Mary Austin (Lucy Boynton). Es más, quizá se le saque menos partido del que se podría. Por supuesto la manera en la que se conocen no se corresponde exactamente con la realidad, aunque las diferencias son baladíes, además es muy simpático el guiño de la mención al abrigo de ella de Freddie cuando surge el flechazo la primera vez que se ven, habida cuenta de que se conocieron en la boutique (Biba, que sale en la película) donde trabajaba la chica. Una Mary Austin que había tenido una relación con May poco antes.

Mi padre lee los labios”.

 

 

 

Un amor sincero y verdadero, más allá de cualquier otra consideración. Es cierto que en la cinta también está simplificada la idea, recurrente viraje hacia el tópico para hacerlo más eficaz desde lo emocional, pero sirve igual. Una relación que va tambaleándose al mismo ritmo que Freddie alcanza el estrellato y va conociendo o reconociendo su verdadero ser, experimentando la homosexualidad/bisexualidad.

Y un punto de inflexión. Ese “Love of my Life” que Freddie escribe para ella, que toda una multitud canta al unísono y que a la vez es testigo de su ruptura.

 

 

La estructura es de nuevo la misma. Entusiasmo amoroso, caída con la asunción de la sexualidad de Freddie y su desenfreno (tratada con tacto y de forma elíptica, como en esa conversación telefónica donde vemos una puerta que se abre por un camionero en un baño mientras parece ir cerrando otra con Mary), y redenciones. De hecho, otro punto de inflexión, donde Freddie despide a Paul Prenter (Allen Leech), está muy bien rodado.

 

 

 

 

“… te habías quedado sin voz”. El sueño de Mary.

Bajo la lluvia y ante Mary, a punto de marcharse en el taxi tras su frustrada visita. Freddie entre dos mundos, el que fue y el que es. Entre Mary y entre Prenter, el asistente maquiavélico. Terminará con el despido de esa descrita cucaracha. Ese siniestro asistente al fondo, Mary marchándose en taxi y él en medio para una toma de decisión. Finalmente Freddie marchará en la misma dirección por donde se fue el taxi, pero no con ella. Una buena planificación desde la puesta en escena.

Freddie, me parece que te estás quemando”. “Vuelve a casa”.

 

 

Los compromisos de Mary no son bien aceptados por Freddie, al que le cuesta asumirlos. Una sensación de abandono y traición para un romántico empedernido en este retrato fílmico… y como romántico, algo egoísta. Por supuesto alcanzará una redención al final y a través de Jim Hutton.

 

 

 

 

 

Son bellos detalles los juegos con las luces, donde Freddie oculta su dolor en una fachada entusiasta, hasta no recibir respuesta…

Lo que queda claro con esta relación de amor y amistad es que daría para otra película exclusivamente centrada en ellos. Hay buenos mimbres para hacerlo. Lo mejor que podemos decir de ello en el film, es que la forma en la que se trata invita a querer ver esa supuesta película.

 

 

El talento.

Hay en “El Buscavidas” (Robert Rossen, 1961) un momento en el que Paul Newman reflexiona sobre su talento, una reflexión que cualquiera que ha tenido talento en algo entenderá a la perfección y se sentirá identificado. Es un momento que tengo grabado a fuego. Explica esos instantes donde ejerciendo eso que tanto le gusta, el billar, había días en los que pasara lo que pasara sabía que no podía fallar, rodeado de un halo especial en el que se sentía en plenitud consigo mismo, en el lugar que quería estar haciendo lo que quería hacer… En “Bohemian Rhapsody” hay otro momento parecido que explica el personaje de Freddie, uno de los grandes momentos del film.

Cuando sé que me escuchan, cuando sé que los tengo en mi poder, ni aunque quisiera podría desafinar”. “Sólo lo siento en el escenario y cuando estoy contigo (con Mary)”. “Tengo la certeza absoluta de que soy la persona que debería ser”.

Muchos confunden esa convicción, esa seguridad, esa certeza, con altanería y egocentrismo, o lo consideran un defecto. Es evidente ego, pero en absoluto negativo, más que nada porque es una verdad, plasmación sincera de un sentir, del sentir más íntimo.

Así que sois Queen”.

Todas las bandas no son Queen”.

Es divertido ver como en esos momentos de intimidad sale la creatividad, por ejemplo para pintar el logo de Queen

 

 

Ese talento que alguien siempre cuestionará o cree que puede modificar, cercenar o conducir porque son ellos los que tienen la clave de todo, o son ellos los que tienen el verdadero talento. Un talento que se abrirá paso a través de la denostada Bohemian Rhapsody, pero por otros lares.

 

Ninguna radio programa nada que dure más de tres minutos. Punto”.

Cuando acabe el año nadie recordará el nombre de Queen”. ¡Cuántas veces han dicho esto a los artistas! Bien es cierto que aquí está exagerado y no deja de ser una frase socorrida y muy citada en las historias de los mitos.

 

 

 

El productor villano, el ciego adinerado que pretende limitar el talento y la expresión de la banda, no existió en realidad. El tipo de la película es una invención, como explicaré.

Si seis minutos se te hacen eternos, compadezco a tu mujer”.

Y pensar que yo he trabajado con Hendrix…”.

 

 

La idea de familia.

La idea de familia, de su necesidad sobre todo, es un tema que se reitera durante el film. Familias que provocan desarraigo por la incomprensión y generan un anhelo, un vacío que hay que cubrir. De ahí que Freddie, y la banda, insista en considerar al grupo como una familia continuamente, el lugar donde puede ser él y expresarse con libertad, esa que de alguna forma quedaba coartada con su padre.

 

 

Veremos escenas donde la banda al completo come en casa de Freddie con sus padres (cumpleaños de Freddie), entre bromas y camaradería, con plena confianza. Allí conoceremos el cambio de nombre de Freddie, con la asunción del apellido artístico Mercury, la noticia del contrato y las ambivalencias en esas dos familias. La felicidad del grupo, la mirada en reto de Freddie a su padre y la decepción y nostalgia de este último mirando una infantil foto de un Freddie boxeador… Una buena secuencia que aglutina todos estos temas y conflictos.

El astrofísico May, el odontólogo Taylor, el ingeniero electrónico Deacon

 

 

 

Somos cuatro inadaptados que no pegamos, que tocamos para los inadaptados, los marginados del fondo de la sala que saben que tampoco encajan con la sociedad. Tocamos para ellos”.

Somos una familia. Y las familias se pelean y discuten a menudo”. “Nos necesitas, Freddie, más de lo que crees”.

 

 

 

 

 

 

Es magnífico ese detalle en la primera escena del film en el que vemos encuadrada una foto de la reina de Inglaterra en la casa de Freddie antes de convertirse en estrella y ni siquiera conocer a los que serán sus compañeros en Queen.

La lucha de egos típica en toda banda, aquí acaba centrándose en Freddie, al que se pone como causante de todos los males de la formación, que son exagerados dramáticamente. Es uno de los reproches que se han hecho a la cinta por parte de algunos fans.

A Queen le irá lo que yo diga”. “No necesito a nadie”.

Se fuerzan, manipulan y exageran los conflictos de la banda para lograr el impacto dramático al final de la cinta (tanto la reconciliación como la confesión de su enfermedad). Además, los discursos con los que deben llegar las reconciliaciones no son nada del otro mundo, precisamente, salvo algún buen punto.

Lamentablemente el tópico termina su desarrollo de la forma más simplista, infantil y superficial posible. Esa reconciliación, forzada y estirada buscando el impacto dramático, diciéndose “os necesito” y “me necesitáis”, resulta obvia, incluso vulgar, por lo previsible y manida.

 

 

 

Desde luego son eficaces desde lo dramático todas estas reconciliaciones, en algunos casos muy drásticas o faltas de elaboración, pero eficaces como set pieces. Por ejemplo con su padres, evidentemente.

Y bautizar como “Miami” al abogado es otro signo de esa camaradería formada en ese equipo…

 

 

 

 

 

Otro gran momento emotivo que me llegó es ese “eeoo” que le lanza un enfermo de Sida a Freddie a la salida del médico, que será contestado por éste.

 

 

Licencias o cambios.

Hay muchos aspectos polémicos, destinados a embellecer el periplo vital de Freddie. Cambios que algunos no han comprendido, pero que van destinados a aumentar el impacto emocional y dejar en todo lo alto la imagen del icono. Pero ojo, voluntarios y buscados, lo que no sé hasta qué punto alivia la crítica o la agudiza, ya que May y Taylor son productores y saben muy bien qué puntos son inventados o cambiados, y lo permitieron.

 

Por ejemplo, ese encuentro fortuito y ocasional que une los caminos de Freddie con Brian y Roger, que quedan asombrados repentinamente por la voz del chico que aparece justo cuando se han quedado sin cantante, no tiene que ver mucho con la realidad.

Freddie era un gran seguidor de Smile, y mantenía relación y amistad con sus integrantes, incluso vivieron juntos en un apartamento, por lo que su incorporación al grupo fue una consecuencia lógica tras la marcha de Tim Staffell. Además, John Deacon tardó un año en incorporarse al resto, cuando ya eran Queen.

Freddie ya tenía experiencia, desde luego no fue con Smile la primera vez que se subió a un escenario…

Como ya comenté, Freddie conoce a Mary Austin en la tienda de ropa a la que iba con May. Es Brian May el primero que tuvo una relación sin mucho compromiso con ella, y casi actuó de celestino con Freddie una vez su historia quedó en nada.

Seven Seas of Rhye” pertenece a “Queen II”, posterior al momento en el que se ve en la película.

Como ya comenté, Ray Foster, el productor interpretado por Mike Myers que rechaza “Bohemian Rhapsody”, no existió. Sería una personificación de distintos directivos y ejecutivos de EMI que se negaban a esa canción. Es divertida la mención a los chicos que jamás moverían la cabeza en sus coches con “Bohemian Rhapsody” ya que es, precisamente, lo que él hace en “Wayne’s World ¡Qué desparrame!” (Penelope Spheeris, 1992) escuchando ese tema. Un fantástico guiño del personaje en una película que ayudó mucho a devolver el tema a la actualidad y le inyectó un auge que ya no ha perdido.

 

 

 

La manera en la que la banda se las ingenió para que sonara en las radios “Bohemian Rhapsody” es divertida y forzó a EMI a incluirá en el disco. La canción le llegó misteriosa y sorpresivamente a un DJ, Kenny Everett, de gran éxito, con la orden explícita de no retransmitir la canción bajo ningún concepto. Por supuesto, aunque lo advirtió en antena, no cumplió la orden y puso el tema sucesivas veces, con un atronador éxito entre el público que llamaba insistentemente para escuchar la joya de Queen.

Las giras por América fueron años después respecto a cuando se muestran en la película. Así como hay ciertas divergencias entre los cambios de look y las fechas, por ejemplo en la época del “We Will Rock You” aún no tenía bigote ni pelo corto.

 

 

Por supuesto, la relación con Jim Hutton no fue como se muestra en la película. Ni él era camarero ni se conocieron en una fiesta privada. Era peluquero y se conocieron en un bar de ambiente en 1985. Desde luego, el adornado romanticismo de las llamadas y búsqueda de ese camarero por una profunda conversación una noche de borrachera no sucedió…

Las trifulcas por los discos en solitario de Freddie no ocurrieron. De hecho fueron básicamente en paralelo con Queen y no acarreaba problemas (Mr. Bad Guy, 1984; Barcelona, 1988), sobre todo porque Roger Taylor (Fun in Space, 1981; Strange Frontier, 1984…) y Brian May (el mini LP Star Fleet Project, 1983) ya habían hecho lo mismo años antes. Todo con el beneplácito de todos.

Por supuesto, esa separación de la banda a principios de los 80, con el regreso de un Freddie arrepentidísimo y apelando al cariño, la familia y lo mucho que se necesitan no ocurrió así. La banda seguía componiendo, sacando discos juntos y en solitario y haciendo giras en todo momento, independientemente de las disputas creativas y enfados que tuvieran.

 

 

 

La gran licencia o invención radica en el diagnóstico del SIDA, su fecha y manipulación de esta idea, los motivos del cambio para utilizarlos dramáticamente. En la película, para terminar por todo lo alto con fuerza dramática, se dice que Freddie confiesa a la banda su enfermedad antes del Live AID, en 1985, pero todas las fuentes, con ciertas variaciones, mantienen que el diagnóstico fue posterior, entre 1986 y 1987, en la gira del “Magic Tour”, aunque la banda no lo supo de inmediato.

Ni que decir tiene que esos problemas vocales que amenazan con dar al traste el festival de Queen y Freddie están también exagerados, sobre todo viendo cómo se las gastó el cantante en Wembley al año siguiente.

 

 

 

En definitiva. Una buena película, entretenida, que se ve con agrado, con buenos momentos, pero que se aleja poco de innumerables películas con estas mismas cualidades (Bird, The Doors, Amadeus). Es decir, nada excepcional, salvo la figura tratada. Ninguna obra maestra o de referencia, simplemente una cinta cumplidora.

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

sambo

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