BOHEMIAN RHAPSODY (2018) -Parte 1/2

BOHEMIAN RHAPSODY (2018) -Parte 1/2

BRYAN SINGER

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi primera gran pasión cultural fue la música. Una pasión que cultivé al margen de tendencias, listas de éxitos y radios de moda. Me sumergí en el Rock e investigué y busqué grupos desconocidos para mí y luego desconocidos para casi todo el mundo, una vez fui definiendo mis gustos. Una pasión obsesiva y concienzuda, formas que me han acompañado en todas mis pasiones posteriores. Conocía músicos y productores, los de sesión y las formaciones, el segundo exacto en el que se producía un detalle en un tema perdido de un disco que sólo conocíamos tres, clavar solos de air guitar, saber el momento exacto de la entrada del solo, el segundo exacto, la duración de los temas…

Por eso entiendo perfectamente que ver a tu banda favorita o a una de ellas en un film, donde se la reivindica y sublima lo emocional de sus canciones y trayectoria, con un clímax de recreación excepcional en un concierto, entusiasme hasta el paroxismo. Lo entiendo, pero eso no implica, tras un análisis, que dicha película sea una obra maestra o algo que se le parezca.

Bohemian Rhapsody” es un buen film, pero dista muchísimo de esa obra maestra que algunos pregonan, ganando premios por doquier. Es un buen film porque es una buena historia con un protagonista carismático que además es leyenda. Y todo ello lo era de antes. El mayor problema que tiene es que Singer, que es un artesano eficaz, es incapaz de dar algo más que una buena (en ocasiones magnífica), recreación de época y acontecimientos, sin capacidad para crear un subtexto o de al menos enriquecer el texto desde el lenguaje cinematográfico.

Hace un buen trabajo, algo que en Hollywood se les cae de los dedos, en su desarrollo dramático que culmina con buenos momentos climáticos o emotivos… ¡lo que no es poco!

 

 

 

Pero. Ver usar el váter a nuestro hijo para hacer sus necesidades puede que lo creamos una proeza, quizá nos haga sentir cosas increíbles y realmente especiales que, desde luego, si se la vemos hacer a otros nenes que no son nuestros hijos, en el mejor de los casos, nos provocará indiferencia por ser una descomunal vulgaridad. Algo así es lo que ocurre aquí. Un trabajo que no tiene nada de excepcional, que muchos de los que lo elogian han desechado o consumido sin más otros que puede que fueran incluso mejores en esta línea, pero que en este caso se centra en una figura que es mítica y muchos tenemos muy cercana. Él es el excepcional, pero lo era por lo que hacía, no por esta película que en absoluto lo es. Una película que no es excepcional ni una obra maestra, pero que hará sentir grandes cosas a los fans.

La emotividad que desprende la pasión por los protagonistas, por la banda y su líder, hace que la predisposición sea buena de entrada. Si luego además la película se cuenta con eficacia, como es el caso, es fácil que el aficionado tienda a mitificarla. Como también ha sido el caso.

No hay que confundir el hecho de que una película esté basada en hechos reales con que sea buena o su guión sea bueno… ni lo contrario. Ni siquiera en los casos en los que esos hechos reales estén modificados, cambiados o manipulados, desde el punto de vista artístico. Desde luego, lo recomendable es que se ajusten al hecho, pero esto es arte y los intereses suelen ir por otro lado distinto a los documentalistas, de hecho, para eso están los documentales. Por ello películas como “Murieron con las botas puestas” (Raoul Walsh, 1941), que manipulan y, directamente, cambian la esencia del personaje protagonista y los hechos contados, es y seguirá siendo una película excepcional y un clásico. Y por eso los múltiples telefilms (y no telefilms) que podemos ver, por ejemplo, en las televisiones generalistas los fines de semana por la tarde y que se basan en hechos reales, más o menos fidedignos, suelen ser tremendamente mediocres.

Los defectos de “Bohemian Rhpasody” no tienen que ver con sus licencias cronológicas o invención en los hechos, sino en que muchos de esos recursos se usan para caer en el manido tópico de este tipo de historias. Satisfacen, sí, sobre todo, como digo, si hablan de tus ídolos, pero desde luego no vamos tener esa obra de referencia ni maestra que algunos quieren ver.

Bohemian Rhapsody” (que ha tenido de productores a Brian May y Roger Taylor) es el típico y tópico biopic hagiográfico de su protagonista, que además cruza un periplo también muy tópico y clásico, la subida al cielo del éxito y la posterior caída a los infiernos, con su redención.

Esta cinta cuenta, en esencia, la misma historia que “Ha nacido una estrella”, siendo esta última un clásico mucho más complejo y rico que ha tenido cuatro versiones (1937, 1954, 1976, 2018) distintas al ser casi un icono universal de influencia evidente, de hecho, este tipo de estructura ambientada en el mundo del arte de subidas y hundimientos le debe mucho a la cinta de Wellman de 1937. Y es que la historia que cuenta “Ha nacido una estrella” es realmente buena. Vamos, que “Bohemian Rhapsody” es prima de ella, como lo era, por ejemplo “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011) y otros cientos. Y, ojo, no es un desdoro, en absoluto.

La gran diferencia es que en “Ha nacido una estrella” la subida y la bajada están escenificadas en dos personajes distintos. Vemos el alzamiento en una novata actriz o cantante y la decadencia en un actor o músico, lo que favorece y enriquece el drama y los conflictos, así como la emotividad e intensidad.

Eso es lo que veremos en este estupendo film de Bryan Singer, la subida a los cielos de Freddie Mercury y su caída en un infierno personal al que se le saca partido con ciertas manipulaciones dramáticas para ser más efectista y eficaz, lógicamente.

 

 

 

Un biopic hagiográfico (más allá de algunos aspectos criticados que comentaré posteriormente), donde se quiere enaltecer la figura de ese genio nacido en Zanzíbar, líder de una de las más grandes bandas de Rock de todos los tiempos.

La figura del genio, de la leyenda, escenificada muy bien en los primeros planos, que lo recogen de espaldas o con sus rasgos más característicos (su atuendo, su cazadora, su bigote…), mientras escuchamos el “Somebody to Love” antes de la entrada en el que para muchos fue el mejor momento de la banda en vivo, el Live AID de 1985. Momento, esa subida al escenario, que se rueda en un breve plano secuencia que escenifica con acierto aquella grandeza…

 

 

Lo que veremos a continuación es el camino hasta ese momento, momento bonito, pero neutro, ya que el espectador está al otro lado de las bambalinas, desconocedor de muchas cosas. Cuando volvamos a llegar a ese momento, al final del film, no seremos los mismos ni sentiremos igual.

 

 

 

El genio

La personalidad a desarrollar es la de Freddie Mercury. De Farrokh Bulsara. De Freddie Bulsara. La del resto de la banda está difuminada y siempre subordinada al trabajo musical y en relación a Freddie.

Se nos aparece Freddie en la película como un hombre que trata de huir, que se avergüenza de sus orígenes, que se niega a sí mismo, a su pasado. De ahí sus cambios de aspecto, sus cambios de nombre, su lucha por no parecer de allí de donde procede. Debo reconocer que me sorprendió cuando me enteré en su día que era de Zanzíbar.

Hay algo de desarraigo en él, sobre todo cuando se aleja de su “familia”, de sus amigos. Como si estuviera en un limbo de excesos, alcohol, drogas e insatisfacciones que le sumen en una aterradora soledad, con esos románticos y/o patéticos intentos de sentir cerca a Mary (Lucy Boynton).

Una caída a los infiernos que Singer muestra con planos distorsionados, especialmente sobre el rostro del Freddie. También usa reflejos (las gafas de Freddie) y espejos para escenificar esa mascarada que procuraba siempre el genial cantante. Y una vez está cayendo, cuando está cerca del fondo del pozo, aparece la necesidad de cobijarse en aquello donde nos sentimos a salvo, protegidos, seguros, nosotros mismos… que en su caso es con Mary y su banda. De hecho Mary le dirá, literalmente, “vuelve a casa”.

 

 

 

 

O buscando en aquel que se muestra mínimamente cercano o sincero, como ocurre con Jim Hutton (aunque su encuentro y demás son inventados, como ya explicaré). Infructuosas y necesitadas búsquedas, a Jim (Aaron McCusker), a Mary, de la que queda aislado por Paul Prenter (Allen Leech), su asistente, las peticiones a sus compañeros para que se queden a cenar y sus excesos.

Sentirá y padecerá la soledad, que se vincula a la confesión de su sexualidad, en medio de multitudes y fiestas, intentando, como digo, que no se rompa ese lazo con Mary que parece deshilacharse… Fiestas para suplir ausencias. Una soledad que Prenter menciona en su mezquina aparición en los medios.

“… que teme la soledad”.

 

 

Es interesante la escena donde Prenter besa a Freddie mientras éste, en el aislamiento creativo junto a la banda para crear “A Night at the Opera” en el 75, lo ignora casi de pleno. Freddie creando y Prenter embelesado… sin que el genio lo mire (salvo en dos momentos donde le apela directamente). Una escena bien resuelta.

 

 

 

 

 

 

La redención parece sumirle en una plena madurez, que le lleva a una asunción de su destino vitalista, fiel a su vida. Un personaje independiente, libre, que parece identificarse con esos gatos que vemos recurrentemente en el film.

 

 

 

Hay un aspecto curioso. El uso de la televisión, elemento objetivo de fama y difusión de ella, que en la cinta y relacionada con Freddie parece impulsarle o atacarle emocionalmente. Así vemos en la televisión un concierto de Queen que será el marco para la ruptura con Mary; en la televisión saldrá Prenter vendiendo su historia con Freddie; las menciones al Sida…

 

 

 

 

La fama

1970. Trabajo en un aeropuerto, madre comprensiva y padre que no lo es tanto. La excentricidad de Freddie, alguien con un toque inseguro pero con lo necesario para sobreponerse a ello, genera las reticencias en ese hombre que quiere rectitud y un camino más convencional en su hijo.

En realidad los dos padres quieren que su hijo, comprensiblemente, siga un camino más convencional: la madre centrándolo en lo personal (le pregunta por una novia), mientras que su padre lo focaliza más en lo laboral. Observad cómo el plano junto a su madre los engloba a los dos, mientras que con su padre será un plano-contraplano que resalta su distancia.

 

 

Se nos presenta la historia de Freddie como la de “El Patito Feo”, un tipo raro de dentadura imposible, consciente de su excepcionalidad, que no está dispuesto a dejarse vencer por complejos ni prejuicios, aunque debe luchar contra ello. Es decir, este Freddie no es inmune a todo eso, se da cuenta de cómo lo ven y lo miran, de cómo es, pero se rebela. Es lo meritorio, ese esfuerzo por vencerse a sí mismo.

¿Con esos dientes? Ni de coña”.

 

 

Así se sobrepone a las burlas para convencer a sus admirados “Smile”, en una breve demostración vocal, algo muy eficaz en el cine, para incorporarse al grupo. Presumirá de capacidad vocal gracias a esos dientes que tanto llaman la atención, y no tendrá complejos en exhibir su particular look.

No hay nadie más extravagante que yo”.

Por supuesto, también se lucirá en su primera actuación, ya con Deacon (Joseph Mazzello) al bajo, y con ese micrófono que se resiste y que luego sería seña de identidad en los directos, sin la base.

Se hace hincapié en el carácter de Freddie, su liderazgo, que de alguna forma la banda aceptó de buen grado, como si intuyeran que siguiéndole irían por el buen camino, reticencias aparte (sobre todo con el batería, Roger Taylor, interpretado por Ben Hardy).

Cielitos, estáis grabando un álbum”.

Es él el que cambia el estilo y dota a la banda de sus grandes rasgos distintivos, como esas orquestaciones y coros operísticos, así como ese ansia innovadora que hizo de Queen una banda ecléctica dentro del Rock, capaz de triunfar en cantidad de registros distintos, una de las pocas bandas capaces de moverse con acierto y éxito por una amplia gama de matices y estilos (Hard, Rock, Pop, Tecno, Jazz, Funky…).

Desde este punto de vista es muy gratificante esa sesión de estudio donde la banda cambia su zona de confort y se dedican a innovar, a improvisar, a crear, surgiendo esos coros imposibles y operísticos tan característicos, así como la inclusión de multitud de recursos y arreglos… También en la creación del Bohemian, con esos atisbos a piano y su crecimiento… luego el piano, el solo de guitarra, los “Galileos”…

Lo que no queremos es repetirnos la misma fórmula una y otra vez”. “Mezclaremos géneros, cruzaremos fronteras…”. “Nuestro estilo va más allá de cualquier etiqueta”. “Nadie sabe lo que es Queen porque no es una sola cosa”.

 

 

 

Este es uno de los grandes puntos del film, que muestra muy bien las intenciones y la calidad musical de Queen en su amplitud de miras y variedad musical, desarrollada a lo largo del tiempo. Ese Hard Rock salvaje, ese AOR de excelsas melodías, ese Pop de calidad, esos arreglos operísticos, esos toques funkys, Blues o jazzísticos… Esa inclusión de sintetizadores y coqueteos Tecno en los 80. Esas evoluciones tan criticadas en otros grupos. A ellos mismos.

La subida a la fama y el paso por los exitosos años, por la televisión, el éxito americano en las listas y la gira, aunque con licencias cronológicas, está bien mostrados.

¡Estamos en las listas de Estados Unidos!”.

Killer Queen”, el “We Will Rock You” creado por May (Gwilym Lee); las derivas Tecno y Disco con sintetizadores y efectos sustituyendo guitarras en “Another One Bites the Dust”; el “I Want to Break Free” en el 84 y su mítico video; “Under Pressure”, aunque sin Bowie; el “Somebody to Love” que enmarca los prolegómenos del concierto final; el “Who Wants to Live Forever” tan emotivo… “Keep Yourself Alive”, “Seven Seas of Rhye”, “Lazing on a Sunday Afternoon”, “Fat Bottomed Girls”, “You’re my Best Friend”, “Now I’m Here”, “Crazy Little Thing Called Love”, “Spread Your Wings”, “I Was Born to Love You”, “Mr. Bad Guy”, “Radio Ga Ga”, “Don’t Stop me Now”, “The Show Must Go On”…

El punto culminante, el clímax, es con el Live AID, del que se muestra buena parte (Bohemian Rhapsody, Hammer to Fall, We Are the Champions), en una recreación sensacional. Podéis ver la actuación original en YouTube dando al enlace de arriba (donde pone Live AID) para comprobarlo. Pero además expone el poder del cine y la dramaturgia para sublimar el de la música al poner ese momento en un contexto, un trasfondo, cogiendo algo excepcional y consiguiendo más capas de profundidad y emotividad.

Además de a Queen, oímos a Cream en la banda sonora con el “Sunshine of your love”. También se escucha a “Dire Straits”, y se cita a Michael Jackson, Elton John, Reo Speedwagon, David Bowie

Y ya puestos, citar a Marlene Dietrich y “El Expreso de Shanghái” (Josef von Sternberg, 1930), que vemos en casa de Freddie.

 

 

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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