BLACK PANTHER (2018)

BLACK PANTHER (2018)

RYAN COOGLER

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Discreta y mediocre cinta Marvel, de las más flojas del estudio, que, curiosamente, y contra todo sentido, se ha convertido en una de las más taquilleras. ¿Por qué ha sucedido semejante cosa? Pues es una evidencia que por un concienzudo trabajo de propaganda y publicidad, que convenía elevar a los altares a este título por circunstancias ajenas a sus virtudes cinematográficas, es decir, por su mensaje confusamente antiTrump y su relevancia como cinta de superhéroes con protagonista afroamericano.

 

 

Los evidentes paralelismos que se pretenden entre esa Wakanda de estética ultramoderna y tribal africana con los Estados Unidos y las políticas de Trump son bastante burdos y, sobre todo, confusos y contradictorios. Pullitas al presidente americano de un simplismo atroz que se han querido vender como la máxima genialidad a través de una película taquillera aprovechando el tirón Marvel.

 

 

Un Black Panther que aboga por una política aislacionista, que es la que había tenido su pueblo hasta ese momento, en el que apenas le da tiempo a tratar el tema, ya que vemos su coronación. Aislacionismo mezclado con cierta humildad, ya que argumenta que erigirse en juez de los problemas del mundo debido a su mejor tecnología y medios es prepotente… de hecho, a los Estados Unidos se les ha acusado precisamente de querer ser juez mundial; pero una vez rectifique al final de la película y abra su oculto país al mundo se verá obligado a ello, precisamente, a intervenir y ser juez ante las injusticias… ¿Y todo por qué? Porque abrirse implica ayudar, aceptar refugiados y defender a pueblos desvalidos… Total, ¿en qué quedamos?

No es nuestro estilo ser juez, jurado y verdugo de personas ajenas a nuestra nación”.

 

Es evidente que se pretende criticar las políticas de inmigración del presidente estadounidense, pero con una torpeza en los paralelismos buscados, obviando las anteriores críticas cuando conviene y centrándose en otras a conveniencia, que hubiera sido mejor se trabajaran el guión y las sosas escenas de acción para al menos hacer pasar mejor el rato.

La misma personificación del villano encarnado por Michael B. Jordan, en este poco disimulado subtexto, sería consecuencia de las propias políticas aislacionistas de Wakanda… si bien no es por las políticas, ya que mantienen una neutralidad, sino por un conflicto interno y familiar… con lo que la reflexión y dicho subtexto tienen un calado cuanto menos cuestionable una vez más. De alguna manera, las tesis defendidas por Killmonger (Michael B. Jordan), son las que acaba asumiendo T’Challa (Chadwick Woseman), pero con matices. Killmonger quiere la apertura, como algunos propugnan, pero desde una perspectiva belicosa, dominadora, haciendo hincapié en la superioridad tecnológica y militar. T’Challa al final cederá a esa apertura, a la que se oponía respetando la visión de su padre y anteriores reyes, quizá por cierto temor a perder la excepcionalidad que los adorna y los hace especiales, para hacerla colaborativa, humanitaria…

Él es un monstruo creado por nosotros”.

 

 

No son las únicas referencias políticas. Se hacen insinuaciones y reproches al pasado colonizador británico en la presentación del villano, y se habla del propósito del grupo de este mismo villano, buscando desestabilizar estados, algo muy actual.

Más allá de eso, el mensaje pretende ser sano, como no podía ser de otra forma, apostando por un término medio en el que se presta la ayuda adecuada y conveniente, sin ser invasivo ni impositivo, pero abierto a todos etc. Un término medio donde haya compromiso, pero sin odio ni violencias. Un buenismo ingenuo y ridículo, pero ante el que tampoco vamos a cebarnos…

 

 

Sí es interesante, en cambio, la reflexión racial, esa especie de rencor racial personificado en el villano y que se supera en el protagonista. También lo son ciertas metáforas utilizadas, como el fuego regenerador que supone el cambio político al que asistiremos durante la trama, primero con la subida al poder de Killmonger y, finalmente, con la recuperación y apertura comandada por T’Challa. Una Wakanda activa.

También tenemos cierta referencia religiosa en esa especie de “resurrección” de T’Challa, con esa sábana sobre la cabeza que nos remite a Cristo, y que tiene algo de regeneración también.

 

 

La mencionada idea de aislamiento se relaciona en la trama con la de lo escondido y las mascaradas. Así está Wakanda, escondido y camuflado para mantenerse al margen del mundo, desde su mismo origen, como narran en el epílogo unas voces over. Así se mantienen los agentes enviados al resto del mundo, los espías wakandianos, incluso el amigo del hermano del antiguo rey mantiene su identidad oculta, como descubriremos posteriormente (es la escena inicial, a la que volveremos posteriormente para descubrir la identidad del personaje que interpreta Forest Whitaker, así como la del villano, hijo del hermano traidor, primo del protagonista) en las escenas en Oakland (California), en 1992. Un camuflaje tecnológico oculta Wakanda. Nuestros protagonistas se harán pasar por acaudalados jugadores en el casino para interceptar a “Cable”, mintiendo a conveniencia… También las naves están camufladas tecnológicamente. Es lo que usarán los villanos, mascaradas (por ejemplo cuando se hacen pasar por médicos en una falsa ambulancia).

Teníamos que mantener la farsa”.

 

 

Absolutamente convencional, poco meritoria y original como presentación de superhéroes, que tampoco sería tal, ya que lo vimos en “Civil War”, sin vigor ni fuerza, con discretas escenas de acción, todas ellas del montón. Recordaremos “Civil War”, de hecho, con la muerte del anterior rey wakandiano, en lo que fue la presentación de este héroe.

 

 

 

 

No rueda de una manera especialmente brillante el bueno de Ryan Coogler. Su trabajo en las escenas de acción carece de imaginación, es insulso, cuando no confuso, abusando del corte y el plano en exceso cercano en líneas generales. La primera secuencia de acción es del montón, correcta, con Black Panther dando buena cuenta de un comando militar sin mucho esmero y sin muchos problemas, insinuando ya su enamoramiento hacia Nakia (Lupita Nyong’o). Luego hay tiroteos típicos muy de thriller, peleas con coreografías más que discretas y nada que se salga de lo convencional. No está mal la desfasada persecución por Busan, en Corea.

 

 

 

Los puntos álgidos se supone que son los duelos en los rituales de coronación, a parte del clímax, claro, que tiene algún buen plano, aunque poco más. Pretenden ser los momentos más intensos, donde se eliminan los elementos fantásticos y los poderes. En realidad son redundantes y rodados de aquella manera, con vulgares coreografías y planos muy cortos. Un rey que es el Black Panther, despojado de su poder de superhéroe, para luchar al borde de una cascada contra quien lo rete. La tribu rebelde se lanzará con ganas, pero su candidato perderá, reivindicándose nuestro protagonista a duras penas.

 

 

 

El duelo contra el villano principal, Erik Killmonger (Michael B. Jordan), es previsible, sobre todo cuando se considera lo que queda de película al producirse. Una victoria de nuestro héroe terminaría el film, así que… previsible una vez más. Así se puede iniciar el último tercio con la necesaria redención y alzamiento del héroe, que, por otra parte, sin sus poderes es más bien discretito y mediocre… No extraña que su amigo, W’Kabi (Daniel Kaluuya), termine decepcionado con él ante su incompetencia para capturar a Ulises Klaw (Andy Serkis)… porque si se le resiste éste, que tiene tela, está como para luchar contra Thanos

 

 

Su estilo es pausado, sobrio, va desarrollando la trama con calma, lo que suele ser placentero (ejemplo en ese inicio con ese largo plano de los chicos jugando al basket), aunque no sabe atrapar al espectador con esta historia que remite más al universo Bond que al de superhéroes. Una trama de espionaje, tráfico de material que pretende ser interceptado, una infiltración en un casino para capturar al villano, una hermana que surte de material tecnológico al protagonista, en plan Q… En la escena del casino es donde Stan Lee tendrá su cameo, por cierto. Una buena escena, muy thriller, como digo, donde se estira bien la tensión y se presenta a algún otro personaje, como el de Everett K. Ross (Martin Freeman), antes de dispararse de nuevo la acción, donde encontraremos algún plano suelto brillante o alargado.

 

 

Por si fuera poco tenemos momentos trascendentes y espirituales con esas “resurrecciones” para dotar de poder a los reyes, convertirlos en Black Panther. Diálogos del protagonista con su padre, con el que se lleva bien, llevando la contraria al tópico del cómic, pero con el que tendrá que arreglar unas cosicas, para que no se diga (le reprocha sus secretos y que matara a su hermano, causando la venida del villano). Hasta el villano charlará con su padre fallecido cuando reciba los poderes de Black Panther… Se pretende así un nuevo guiño a la cultura africana, sus rituales, tradiciones y creencias, en una fusión que no está mal plasmada, pero que resulta insulsa.

 

 

 

Y como en Bond, tendremos una película vagamente saltarina. Wakanda en África, Londres en Gran Bretaña, Busan en Corea del Sur…

Desgraciadamente el ritmo se hace moroso porque los alivios de acción son, como digo, poco llamativos. Incluso las supuestas gracias y bromas familiares buscando aligerar su agarrotado y rígido desarrollo no funcionan.

Se pretende un sorpresivo giro de guión al hacer creer que Klaw (Andy Serkis) es el villano principal, un malote presentado como un descerebrado macarra sin luces (que parece alejado del doctor en física del cómic), cuando en realidad será Killmonger.

 

 

La mencionada estética de Wakanda, donde pasamos la mayor parte del tiempo, mezclando modernidad de ciencia ficción y look tribal y africano en las decoraciones y detalles, cumple con lo esperado… Modernidad étnica atractiva, presente en todo momento. Es la escenificación de los contrastes referidos a ese país, ultramoderno y rico, al contrario que el resto o buena parte del continente. Es el personaje de Nakia el que lucha para aliviar, en cierta medida, las diferencias. Conciencia final del protagonista…

Me resultó curiosa una frase recitada por el villano en la que señala que la vida no comenzó en ese continente, el africano se supone, cuando ciertamente, y salvo hallazgo más novedoso que desconozca aún, la vida humana comenzaría en África.

Los efectos especiales no son, precisamente, los mejores del mundo, cantando de vez en cuando con tanto uso del ordenador. Algunas de las escenas de acción se salvan o nos consuelan con algún detalle de humor, como ese asiento que rueda por la carretera al finalizar la persecución automovilística por Busan, en Corea. Se pretende cierta calidad y espectacularidad, pero todo es discreto.

 

 

Además de la convencionalidad y lo corriente que suena todo, hay momentos bastante absurdos, como cuando vemos a Klaw confesándose ante Everett… vale que sea un mercenario sin mucho más, que lo presenten como un macarra, pero su “chivatazo” resulta incomprensible y arbitrario. Lo mismo que Killmonger matando a Klaw y al resto de su grupo de malotes justo después de pedirle que le lleven a Wakanda… O se regodea en la crueldad o no se entiende mucho una petición que podía acometer él mismo en teoría. Es decir, si dependía de ellos para ir, ¿por qué los mata? Si no dependía de ellos, ¿por qué no va sin más?

 

 

Hay muchos personajes de poca trascendencia (la familia del protagonista, madre y hermana; Everett K. Ross y su aportación, que de no estar no pasaría nada…), cuando no directamente absurdos, así como un insufrible tono políticamente correcto. Las motivaciones, además, son confusas y mal desarrolladas. Interpretaciones que no pasan de correctas.

La película nos habla de la lealtad y sus distintas formas. Personal, política, referida a la amistad, a la familia y también a la concepción de pueblo.

 

 

Por supuesto hay escena extra, dos concretamente, y en una sale Bucky, al que recuperamos para “Infinity War”.

En definitiva, de lo más discreto de Marvel. Por más que se le da vueltas resulta difícil saber por qué ha sido tan taquillera, más allá de la propaganda y manipulación mediática a su favor, aparte del prestigio y bagaje conseguido con los anteriores títulos Marvel y del que también se habrá beneficiado. Lo afroamericano y el toque antiTrump parecen un claro motivo, como lo fue el tema feminista para los desmesurados elogios a “Wonder Woman”, otra cinta que no pasa de correcta.

 

 

 

sambo

There are 2 comments on this post
  1. Yo
    marzo 04, 2019, 10:43 pm

    «los desmesurados elogios a “Wonder Woman”, otra cinta que no pasa de correcta.»

    Lo de Wonder Woman es más fácil de explicar: El tuerto en el país De los Ciegos (DC). No es lo mismo compararse con Batman vs Superman que con es Los Vengadores o El soldado de invierno.

    • sambo
      marzo 05, 2019, 10:27 pm

      Bueno, los elogios a Wonder Woman no eran comparativos, la postulaban para el Oscar como finalmente terminaron logrando con esta…

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