BELFAST (2021) -Parte 2/3-

BELFAST (2021) -Parte 2/3-

KENNETH BRANAGH

 

 

 

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Prisiones

Branagh retrata un entorno opresivo, amenazante, violento, tenso. Incluso en lo cotidiano que sirve de protección. Esa es la concepción de su puesta en escena en “Belfast”, donde los encuadres siempre transmiten esa sensación. En las casas, siempre los personajes aparecen enmarcados o separados por elementos del decorado, incluso por efecto visual (un desenfocado, por ejemplo).

 

 

 

 

En la calle, hay que observar el contraste. De la libertad con la que vuela la cámara en la primera secuencia, a la irrupción de la violencia. Desde ahí, los planos cambian y la felicidad siempre tiene un elemento opresivo. Los veremos bailar, jugar al fútbol, tomar unas cervezas, pintar, pero siempre enmarcados ya por las barricadas, los muros y los alambres de espino…

 

 

Observad cómo encuadra Branagh en muchas ocasiones a sus personajes. A la madre (Caitriona Balfe), por ejemplo, tras las barras de la escalera.

 

 

A Buddy (Jude Hill) con su amiga Moira (Lara McDonnell), tras las rejas de un parque, o las rejas del colegio (o antes de intentar cometer un pequeño hurto…). Incluso cuando juegan al fútbol o bailan, encuadrados tras alambre de espino… Siempre el elemento opresivo.

 

 

El mencionado “atraco” resultará un desastre, como cabía esperar. Branagh lo rueda en off y sin corte. Si observáis, cuando huyan y aparezcan los cortes, siempre habrá rejas o verjas tras Buddy y Moira… Una libertad ficticia.

Tras más rejas veremos el duelo de machitos entre el mafioso con ínfulas y el padre de Buddy. Los veremos tras ellas desde el punto de vista de Buddy, claro. Esto contrasta con el paseo que, justo antes, dan padre e hijo hablando de sus cosas en paraje natural. De nuevo la puesta en escena, el uso de los entornos y los decorados con sentido narrativo y conceptual desde la absoluta sencillez, y manejando los contrastes para darles más sentido aún.

Barrotes, verjas, enrejados, redes… Son innumerables los planos en los que Branagh integra estos elementos con los personajes. Fijaos en ese entrañable abrazo, hacia el final de la película, entre Buddy y su abuelo, donde vemos el reflejo de un muro de ladrillos.

 

 

O ese autobús donde el padre apela a decidir a la madre, con Buddy fuera escuchando. Prisión y ultimátum cuando se pone todo encima de la mesa, la necesidad de las raíces, la dificultad de dejarlas atrás y la necesidad de huir de ellas ante una situación que se hace insostenible… Un autobús que los separa.

 

 

Ese ambiente opresivo, esa asfixia, es difícil de gestionar tal y como muestra la película, porque esa prisión de la que se plantean la posibilidad de huida a Inglaterra por un mejor sueldo, casa y trabajo, un día fue su hogar, un hogar convertido en celda. De ahí el debate entre marido y mujer, donde uno sólo ve la opción de la huida y otra se niega a asumirlo por el apego emocional, la felicidad pasada, el lugar donde echaron raíces, donde crecieron y maduraron junto a su gente. Y una casa con jardín no cambia eso porque su jardín era la calle, que rezumaba vida, alegría y diversión en el primer plano del film.

¡No quiero irme de Belfast!”.

Será el último conflicto violento, donde lo que más quiere peligre realmente, el que motive la marcha de la madre, que se había negado a huir de aquel hogar que se convirtió en celda.

 

 

Seguro que os habéis fijado muchos en ese omnipresente helicóptero, que vemos en muchos planos, a veces sólo reflejado, otras simplemente lo oímos, como un amenazante Gran Hermano que vigila a todos en su prisión.

 

 

El plano final, excepcional, sobre el rostro de la abuela, magnífica Judi Dench como siempre, con esa despedida en la distancia, vuelve a plasmar todas estas ideas, pero en su pleno dolor consumado. Despedida en la distancia de la abuela y la mirada de los dos niños. Las raíces despidiendo al futuro, que se aleja de ellas, porque, como le explicó el abuelo, en realidad, si esas raíces son firmes se conservarán donde quiera que estén. No se abandonan del todo porque se necesitan… Pero esa separación duele.

El gran plano final de Dench tras el cristal es el de otra prisión, esa a la que se somete la abuela voluntariamente porque allí está su vida.

 

 

Evasiones

Y con cada prisión suele haber un sueño de evasión. Es una de las ideas brillantes de la película dentro de sus sutilezas y su sencilla y fluida narrativa. Branagh muestra con orgullo a su comunidad, que aprovecha cualquier momento o excusa para disfrutar, para vivir, para tener esos pequeños momentos que poder recordar. Por eso los vemos jugando a menudo, o bailando… Los juegos, los bailes, el cine, el teatro, la televisión, el arte, la ilusión de viajar lejos de allí… La felicidad y la vida de un grupo de personas en su calle, bailando o jugando… con barricadas o alambres de espino como espectadores.

Las series televisivas, como Star Trek, serán una de las grandes evasiones, como el cine. Y esas evasiones artísticas las retratará Branagh en color (la de la tele no, claro).

 

 

Cuando nuestros amigos asistan al cine o al teatro, la pantalla y el escenario se verán en intenso color, en una estupenda idea generada por el contraste donde el arte es la evasión y la libertad, un bálsamo para el alma, para la asfixia opresiva, y una ventana para la imaginación. Allí veremos a Raquel Welch en “Hace un Millón de Años” (Don Chaffey, 1966); la mítica “Chitty Chitty Bang Bang” (Ken Hughes, 1968) y el impacto de los efectos especiales y el color; o la obra “Cuento de Navidad” sobre el texto de Dickens, con Buddy y su abuela, donde la escena además se refleja en los cristales fascinados de las gafas de la anciana. Un gran concepto.

No había caminos hacia Shangri-La desde nuestra parte de Belfast”.

 

 

Una ruta de escape”.

Esa mención a Shangri-La de “Horizontes Perdidos” (Frank Capra, 1937), que vuelve a sugerir la huida y la escapada…

La pantalla, los escenarios, como un camino hacia algo mejor. Aunque a veces los personajes parecen preferir vivir en la ilusión que en la consumación.

La película está enmarcada por planos a color, de construcción en muchos casos, donde ya no aparecen muros ni elementos opresivos, donde reina una paz costosa. Aquello de lo que la familia protagonista tuvo que alejarse…

 

 

El cine. El cine como la principal evasión y entretenimiento. El gran plan de ocio. Hay numerosas referencias, además de interesantes, al cine. “Cuatro Gángsters de Chicago” (Gordon Douglas, 1964), el cine Capitol, Steve McQueen, Fred Astaire, Ginger Rogers, “Horizontes Perdidos” (Frank Capra, 1937)…

Pero hay unas referencias especialmente interesantes. Son al Western. “El Hombre que Mató a Liberty Valance” (John Ford, 1962), “Solo Ante el Peligro” (Fred Zinnemann, 1952)… Y ese clímax casi bélico entre el mafioso y el padre de Buddy (idealización de nuestro protagonista, que ve esas películas con fascinación). Vemos pequeñas secuencias de todas estas películas citadas en el cine o la televisión.

 

 

El Western, por tanto, tiene aquí una función idealizadora para Buddy. Reflexionando sobre su sentido, parece clara la inteligente intención de Branagh dándole enjundia. Un género cinematográfico, el más completo, creado de unos pocos años de historia americana… a menudo idealizada. Buddy idealiza a su padre como a un gran hombre del oeste que se enfrenta solo a los villanos, resistiendo con entereza las presiones sin temor.

Escuchad, por ejemplo, ese tren que se oye al inicio del film en off, como el del viejo oeste que traía la ley o te alejaba del horror, en una sutil metáfora.

 

 

 

El viaje a la Luna, por supuesto. Es el año de la llegada, 1969, por lo que la idea se vuelve a relacionar con los sueños y la evasión de un mundo mejor y posible. Uno de los trabajos de Buddy, el que le unirá a la chica que le gusta, estará relacionado con ello (será además el tema de la primera conversación que veamos entre Buddy y la chica).

 

 

 

 

 

Los bailes son una constante, manifestación incontenible de una sociedad, de unas gentes que quieren vivir y ser libres. Fijaos, ligado con el encuadre que analizaré posteriormente, el que tienen los abuelos en su casa. Tras una charla sobre la Luna (ese elemento mencionado de evasión), el abuelo (Ciarán Hinds) cantará y animará a su mujer (Judi Dench) a bailar, pero el encuadre cambia, del frontal que incluía a los tres en el sofá, pasamos a otro donde Buddy se mantiene sentado tras un cristal, mientras los dos ancianos bailan sin nada ante ellos… Es una de las escenas más encantadoras del film, por cierto.

En Irlanda nacimos para marcharnos. De lo contrario no habría tabernas en el mundo”.

Un irlandés sobrevive con un teléfono, una Guinness y la hoja de música de Danny Boy”.

 

 

También los veremos bailar en la calle, con Jamie Dornan y Caitriona Balfe imitando a Fred Astaire y Ginger Rogers… O en el funeral del abuelo, al ritmo de “Everlasting Love”…

 

 

También la “pintura”. Veremos a los chavales pintar los muros… con la barricada en plano en esa especie de estado militar, advertidos además de la llegada de la “autoridad”.

 

 

La televisión, que aparece en múltiples ocasiones, será un medio de evasión, pero también informativo, amenazante… Hay algo de tangencial y algo de ajenidad paulatina hacia los noticiarios de radio y televisión, ignorados cada vez más por la familia según avanza el metraje. La familia buscará su lado de evasión, con películas o series, pero no podrá evitar que se filtren noticias con conflictos… El gesto que tienen de apagarla cuando habla el Primer Ministro es significativo respecto a esta idea…

 

 

En relación a esta idea de libertad y evasión tenemos ese otro personaje femenino, esa amiga, Moira (Lara McDonnell), que sería o representaría el lado travieso y transgresor de Buddy. Es ella la que incitará a Buddy al robo en Mr. Singh’s…

La evasión se concretará con varios lugares. Londres, Vancouver, Sidney…

Mamá dice que si nos vamos a Londres nadie entenderá cómo hablamos.

Eso no es problema. Llevo con tu abuela 50 años y nunca he entendido nada de lo que dice.

 

 

La Navidad será un camino de evasión también. Esos regalos que aglutinan toda la felicidad creada. Pistolas imposibles o de vaqueros, fútbol (ese subbuteo), coches de James Bond, libros de Agatha ChristieBranagh se rinde dos tributos, la mención a Agatha Christie con el libro “Las Manzanas” y a Thor, con el cómic que lee Buddy, dos universos que el actor y director ha dirigido.

 

 

 

 

 

La mirada de Buddy en clase hacia la nada, que llama la atención de su enamorada, es otro pequeño pedazo de vida simbólico que señala esa añoranza, ese anhelo de evasión y libertad.

 

 

El irlandés, que tiene sus parecidos con el español, es un pueblo alegre y acogedor. Esa evasión es un anhelo por ser felices y vivir la vida, incluso ante la muerte. Por eso, tras la muerte del abuelo, lo que habrá será una fiesta.

 

 

Encuadre

Desde el encuadre se desarrollan visualmente los principales temas de la película. Esas prisiones, esos anhelos de libertad.

Me encantan esos planos caseros, tan naturales, pero donde la familia siempre está presente. Siempre enmarcados (o reflejados en un espejo, de pasada, a un lado, como la televisión), retratando esa prisión que los protege y, a la vez, los asfixia. Fijaos cómo encuadra, en serio. Departamentos estanco que definen esa sociedad asfixiante hasta en lo cotidiano, que justifica la necesidad de evasión, así como la protección que concede ese mismo entorno cotidiano paradójicamente.

 

 

Maravilloso ese plano casero con los chicos (padre e hijos) en la escalera y la madre en la cocina, separada, enmarcada. Y el plano anterior, donde sobre el hijo mayor tenemos el reflejo de la madre desde el espejo.

 

 

Otro. Los padres de confidencias enmarcados en la puerta y Buddy bajando las escaleras en una angulación picada. Y luego la madre en primer plano, a un lado del encuadre, con Buddy de fondo subiendo la escalera desenfocado, en las que los barrotes lo enmarcan también. Como veis, esos enmarcados van desarrollando esa idea de opresión creciente, de prisión.

 

 

De nuevo en contexto cotidiano, la madre (en un principio con el cuerpo semi oculto tras una puerta) y los hijos separados, bien por el propio decorado en el mismo encuadre o con una parte del plano desenfocado. Ella leyendo una carta y ellos comiendo…

 

 

Más. Abuelo y nieto charlando, en un retrate exterior, con la abuela en el interior, atenta a la conversación desde la ventana, al otro lado del encuadre. O ese otro con abuelo y nieto hablando de matemáticas y la posibilidad de irse de Belfast, con la abuela al fondo, separada por una ventana y su marco…

 

 

Enmarcados están los hermanos en sus confidencias religiosas nocturnas (sólo vemos a Buddy). O la madre, en un gran picado, junto a la escalera, que la enmarca dividiendo el encuadre mientras habla por teléfono al otro lado…

 

 

Sensacional también ese encuadre jugando con las distintas alturas y la profundidad de foco, con la televisión contando conflictos, pero ignorada por toda la familia, los niños dedicados a sus juegos y los padres al fondo en la cocina hablando de sus propios problemas…

 

 

Enmarcados quedan padre e hijos mientras hablan, bola del mundo presente, sobre Sidney y la posibilidad de vivir allí. Enmarcada estará el objeto de deseo de Buddy, su compañera de colegio, en su casa, mientras la peinan.

 

 

Separados se hablan madre e hijo al final del film tras los nuevos altercados, ella en una ventana en lo alto, él abajo en la puerta, visto en plano general. De nuevo marco y departamentos estanco…

 

 

La bronca marital será encuadrada por Branagh en una ventana al llegar Buddy. La cámara entrará en la casa tímidamente (esto me recuerda a algún Kubrick, genialidad conceptual), donde de nuevo vemos una separación mediante el decorado, con los padres en la cocina y Buddy escuchando en la salita adjunta.

 

 

Si os fijáis, en muchas ocasiones, estas divisiones del encuadre con elementos del decorado separan a hombres y mujeres.

 

 

Me encanta cómo maneja las distintas alturas, como Welles, medios, primeros y planos de fondo, con personajes apareciendo en distintas alturas constantemente, independientemente de donde se centre el foco. Primer plano, al fondo saldrá alguien por una puerta, o estará observando. Plano general, alguien aparece en primer plano, cerca de la cámara…

 

 

Observad también ese plano “muy Welles” donde, de nuevo enmarcados en diagonal, padre e hijo mayor charlan antes de la aparición de Buddy, nuestro punto de vista, que queda tras la ventana en un lateral, en primer término, separado por el decorado de los otros dos, al fondo… Mantiene en todo momento la coherencia de la división de los planos, del punto de vista y de la puesta en escena en una dirección soberbia.

 

 

Y esto es muy Welles, pero también muy Mizoguchi. Esas diagonales con tres alturas. Fijaos en ese plano que recuerda a aquel legendario de “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941), aunque invertido: Navidad, la resaca de la apertura de los regalos y la posibilidad de marcharse de Belfast. Entonces Branagh planifica la escena sin corte y en plano fijo con un dormido Buddy en primer plano, bajo (el hermano también duerme a su lado), al que desenfocará acto seguido para que los padres tengan una conversación en plano medio. Ellos, los niños, son el tema de conversación, su futuro a decidir… Cuando termine la conversación, el padre se alejará, quedando al fondo y definiendo tres alturas, a lo Mizoguchi, con el bello reconocimiento hacia ella (recordar que Mizoguchi es uno de los grandes director del universo femenino)…

 

 

En la misma línea Mizoguchi-Welles es la despedida de Buddy de su amada. Esa diagonal que se forma en tres alturas o distancias, con el padre al fondo, Buddy en tránsito y la chica en primer término en su puerta.

En ese contexto, se van desarrollando una serie de sentimientos y sensaciones que movilizan a las gentes y que Branagh retrata magistralmente desde el encuadre. Observad ese en la casa de los protagonistas, con la madre ante el televisor, empequeñecida, a un lado del cuarto, agarrándose las piernas, que muestra a la perfección su vulnerabilidad.

 

 

O esos planos, muy característicos en Branagh desde hace cierto tiempo, frontales con mucho aire a un lado del encuadre, que denotan desconfianza o definen a alguien poco de fiar: observad cómo presenta a los “mafiosos protectores”, primero con un contrapicado frontal y luego con un plano sobre su rostro al lado derecho del cuadro con mucho aire al izquierdo. Perfecto. Contrastan con otros frontales puros, como ese para el padre contando un chiste, enfatizando su carisma y protagonismo (con esas bocas que sobresalen en la parte de arriba del plano, en un estilo de puro Welles, cobijándolo).

 

 

 

De alguna manera, la frontalidad queda ligada a la autenticidad y a la familia. Así vemos a Buddy en un sofá con sus padres hablándole de la marcha de Belfast o con sus abuelos hablando de la Luna…

 

 

Y el dominio del lenguaje clásico, de hecho toda la cinta rezuma clasicismo estilístico. Observad cómo va del plano general al plano-contraplano (con aire al lado, como expliqué más arriba, encuadre querido por Branagh) cuando nos metemos en un tema más íntimo en esa conversación entre nieto y abuelo, de las matemáticas a la posibilidad de irse de Belfast.

Pero entonces, ¿sólo hay una respuesta correcta?

Si así fuera no habría gente matándose por toda la ciudad.

 

 

El punto de vista también se marca a menudo con el encuadre, especialmente con lo que se deja en off. Observad como en muchas ocasiones, centrándose la cámara en Buddy, se omiten a los demás intervinientes en las conversaciones. Ese vecino en la calle en su presentación, el padre en la escena de la cocina, limitando el encuadre, eliminando el contraplano. Interesante detalle de dirección.

 

 

Nos enteramos de todo en el momento y medida en que lo hace Buddy, de ahí lo tangencial del relato respecto al tema político que algunos ansían y que sólo es de relativo interés para la historia que plantea Branagh. Así, aunque se ve alguna cosa que Buddy no (una conversación de los abuelos, otra de los padres con él dormido), la mayoría de las veces sólo se terminará de entender cuando él atienda.

Un ejemplo, la llegada de Buddy a casa cuando se entera del regreso del padre. Marido y mujer discuten, pero nosotros nos enteramos de lo que ocurre según va llegando nuestro protagonista… O cuando el padre habla con el hijo mayor y Buddy llega después asomándose a la ventana, en una escena ya analizada.

 

 

 

Lee aquí la 1ª Parte del análisis.

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sambo

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