BARBIE (2023) -Parte 1/2-

BARBIE (2023) -Parte 1/2-

GRETA GERWIG

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los grandes éxitos del año. Alzada y lastrada por sus ambiciones y aspiraciones ideológicas, tan demagogas, simplistas y maniqueas como absurdas, infantiles y obvias, ha servido para venderla como algo original y brillante, aunque no pase de mediocre, pero con el suficiente altavoz para volver a lanzar el mensaje interesado. Con sus virtudes, estamos ante un mecanismo de propaganda, lo que no es malo de entrada, que va tropezándose con sus propias ideas conforme avanza el metraje. Nada problemático, porque la película ha dejado un buen dinero y ha ayudado a los cines, que están muy necesitados.

Barbie” está lejos de ser una de las mejores películas del año, muy lejos de hecho, pero me parece bien reivindicar a los grandes taquillazos que han tenido el beneplácito del público en su año.

La película es dinámica, tiene buen ritmo y cierta frescura. Los medios se han esmerado mucho en realzar su prestigio, afianzado en el tremendo éxito de taquilla, hablando de originalidad de la propuesta. Una supuesta originalidad que se reduce a coger, por enésima vez, el Mito de la Caverna platónico y llevarlo al terreno feminista decorándolo con toda la demagogia, sectarismo y victimismo posible.

No es ya que su didactismo demagógico y doctrinario parezca el de un cursillo a chavalines torpes de un colegio cualquiera, eso es el menor de sus problemas. El gran problema es que su voluntarioso esfuerzo por resultar divertida y graciosa nunca llega a puerto, salvo para caer en la vergüenza ajena y el bochorno la mayor parte de las veces.

Se puede intentar ver la película sin que todos esos mensajes constantes, donde se dice feminismo y patriarcado cada dos frases, se obvien o se oigan como un eco cotidiano que significa más bien poco o resulta paródico, pero lo grave es que los esforzados intentos por resultar graciosa no funcionan casi nunca.

Digresiones metalingüísticas que aspiran a la risa, pero, salvo en contadas ocasiones, no lo logran… Quizá en estas nuevas generaciones ese humor simple, previsible y obvio funcione mejor. De ser así, bien por su acierto.

Nota para la directora: Margot Robbie no es la actriz adecuada si se quiere que esto sea creíble”.

Bromas blancas entre madre e hija, como ese comentario sobre el chico malo que enseñó a conducir agresivo a Gloria (America Ferrera), que disimula refiriéndose al padre para ocultar un pasado díscolo…

 

 

El gestito con el que madre e hija confirman su complicidad recuperada, movimiento sincronizado de melena… que supongo hará gracia a algunos críos, pero personalmente… un humor que quizá sea eficaz con el estado de ánimo adecuado.

 

 

Además, en sus indisimuladas aspiraciones ideológicas y dogmáticas, va haciendo trampas constantemente en su coherencia interna, donde las Barbies y los Kens se van comportando como muñecos o como humanos según conviene, adquiriendo conocimientos o perdiéndolos cuando se necesita para el discurso. Kens que de repente se convierten en culturetas expertos en cine, música, coches, informática, economía… o pasan a no saber hacer la O con un canuto.

Una película que, aunque no es su propósito, termina ridiculizando más su propia visión del heteropatriarcado que a ese heteropatriarcado que quieren combatir.

No comparto, en cambio, esas críticas hacia la película por su hipócrita crítica al capitalismo mientras se vale de él para llevar al éxito la película, con una promoción brutal y un merchandising abrumador, más que nada porque si tu objetivo al final es lanzar un mensaje, el que sea, es lógico intentar usar las mismas armas que todos o las más eficaces, incluso aunque choquen en ese momento, más que nada porque si no parece que sólo queda la invisibilidad… Dicho eso, el fondo ya es otra cosa…

El problema aquí es que ese mensaje viene averiado de fábrica, por muy imperante que sea y esté dando grandes réditos. Al menos en la forma pretendida o donde han puesto el foco.

Al final hay un mensaje liberal, reivindicando al individuo y su independencia, que tiene cierto sentido, pero todo el proceso es errático, confuso y vertebrado torticeramente desde el sexismo.

Eres Barbie estereotípica, ¿no?”.

Virtudes y defectos.

Hay muy buena intención de inicio, con un ritmo que pretende y logra frescura, pero cuando se llega al gag acaba resultando melifluo, obvio y sin pegada, aunque si hay gente a la que sus chistes y gags físicos les hicieron reír seguro disfrutarían decentemente la película, ya que esto es muy personal.

No es la única virtud de la película. El comienzo, con ese homenaje a “2001: Una Odisea del Espacio” (Stanley Kubrick, 1968), resulta divertido, aunque todo rezume sexismo, si bien de forma bastante acertada. El gris y triste mundo del juguete infantil para niñas, donde todo se dirigía hacia la maternidad y las amas de casa. Barbie es ese monolito que vino a cambiarlo todo.

Su dirección artística, el diseño de producción, con todo el estilismo y los decorados, son brillantes, recreando ese universo que tantas generaciones de niños conocen bien. Todo muy rosa para ese idealizado mundo de Barbie. Además, a través de ello, se remeda, un poco como “Toy Story” (John Lasseter, 1995), el juego que hacen las niñas con ellas.

 

 

Es un acierto su tono de sátira, con cinismo light, que ridiculiza muchos eslóganes feministas y frases hechas de todos estos movimientos. Barbilandia, esa mentira… Las bromas sobre lo inclusivo forzado, así como sobre las gordas o paralíticas…

Para Barbie, todos los días son espectaculares, pero para Ken eso sólo ocurre si Barbie lo mira”.

Vas a ser una heroína para ellas”. “Para todas esas mujeres empoderadas que le deben su maravillosa vida a Barbie”.

Desconozco bastante el universo de Barbie, pero se saca buen partido al mismo, esa cantidad de Barbies diferentes, de distintas razas y looks, empoderadas idílicamente, con infinitas profesiones, modelos y complementos. Presidentas, premios Nobel, científicas, juezas, pilotos, astronautas… Vemos una gran cantidad distinta de Barbies, algunas fugaces, que, seguramente, tienen su paralelo o referencia real en muchos casos. Delgadas, rollizas, embarazadas, blancas, negras, latinas… Todo muy inclusivo y bien queda… Una crítica que no va por el concepto, sino por la hipocresía que no tiene equiparación en el mundo real, según la película.

Es buena la idea de ridiculizar a los hombres, colocándoles, de forma sarcástica, en la situación en la que el cine, y la sociedad en su día, ponía a la mujer, viviendo por el hombre, para su atención y bienestar. Ken es una parodia de todo eso. Aquí los Kens compiten por Barbie y sus atenciones.

Eh, Barbie, mírame”. “Soy playero”.

Entre sus virtudes tenemos varias interpretaciones. No es que nadie esté especialmente mal, dado lo que se requería de ellos, pero lo cierto es que los papeles masculinos brillan mucho más que los femeninos. Esto, como es corriente en estos tiempos, algunos lo están usando ya como ejemplo de estructura machista sin solución, como si por el hecho de que una película que lleva su bandera feminista como única esencia tuviera que ser premiada sólo si una mujer está presente en la categoría que sea.

 

 

Ryan Gosling es uno de los puntos fuertes de Barbie, se come a su compañera y se hace con la película. El actor está muy divertido. Ahora le sobran los postureos cuando le nominan o premian a cosas por esta cinta. Un gran actor al que aquí se ha defendido siempre desde sus inicios. Encima sale sin camiseta y marcando músculo, que supongo que no está mal, ¿no?

Pero es que no sólo destaca él. Michael Cera como Allan está muy bien y Kingsley Ben-Adir está espléndido. Atentos a este último, porque en lo que le he visto, suele estar muy acertado siempre.

No, Margot Robbie no es, ni de lejos, una de las mejores interpretaciones femeninas del año. Cualquiera de las nominadas está muy por encima. Además, aquí no termina de resultar creíble en su exceso nunca, al contrario de lo que ocurre con Gosling. No es culpa suya, esa diatriba que supone su doble naturaleza, de humana y de idea, no termina nunca de equilibrarla. Sus guiñitos y gestitos resultan artificiales aunque deban ser artificiales… Es lo que la pidieron, está claro, pero…

La canción “I’m Just Ken”, que interpreta Gosling junto a los otros Kens, así como toda esa secuencia musical, es uno de los mejores momentos de la película. Y un temazo. Y el resto de canciones también termina destacando.

Sexismo y feminismo en vena.

Barbie como un absoluto. Todas las razas y profesiones son Barbie.

Son tal la cantidad de frases sobre feminismo y heteropatriarcado para que a las niñas se les quede grabada la pegadiza melodía que son difíciles de recopilar. Un mundo visto, precisamente, por gente que sólo ve el sexo de las personas y en función del mismo justifican o victimizan.

Como Barbie puede ser lo que quiera, las mujeres pueden ser lo que quieran”. “Las niñas pueden llegar a ser mujeres capaces de conseguir todo cuanto se propongan”.

Ese feminismo que se supone que lo que pretende eliminar y que se obvie es que se juzgue o valore a alguien por su sexo, pero que sólo se fija en el sexo para juzgar y valorar cada problema que tiene una mujer. Eliminar los millones de motivos que pueda haber para no elegir a una persona, hombre o mujer, reduciéndolo a una cuestión de machismo, es decir, del sexo de esa persona, sobre la que se hace cualquier prejuicio o juicio de valor. Eliminar la vida, en suma. Contradicción pura.

 

 

Barbie existe sólo como reivindicación feminista. Y así deben interpretarlo y considerarlo cada una de las niñas que juegan con ellas. Que jugar, sin más, es una vulgaridad…

Gracias a Barbie, todos los problemas de feminismo e igualdad de derechos se han solucionado”.

Todo es muy rosa, raro es quien no lleva algo rosa, especialmente si es chica.

Una sátira que se hace trampas al solitario, siguiendo la farsa cuando conviene, revirtiéndola cuando interesa u obviando cuando se complica…

Las Barbies creen que cambiaron el mundo femenino con su ejemplo, aunque no sabemos qué perspectiva anterior tenían para esa reflexión. Es otro de los grandes puntos débiles conceptuales de la película. Interpretar que las niñas juegan en clave de género o feminista, y no dejando volar su imaginación como quieran. De hecho, una vez se ve contrastado el mundo idílico de Barbie con el real que nos presentan, uno prefiere el segundo, mucho más ecléctico, libre y variado… ¿De verdad pretenden que el mundo sea como Barbilandia? Todo un poco nazi… Hasta descubrirán que, por lo que sea, el gremio de la construcción es, básicamente, masculino…

 

 

Barbie se sentirá insegura de sí misma con las miradas masculinas, descubriendo la sexualidad inhibida en Barbieland. Ken, por el contrario, las interpreta de otra forma, por lo que sea, sintiéndose admirado, aunque sin lujuria…

Tenemos que detener a los Kens”.

Me esfuerzo muchísimo. Me lo merezco”. “Para mí no supone ningún problema ser lógica y sensible a la vez. Y no merma mis capacidades… las expande”.

Un insufrible victimismo.

Todo el mundo odia a las mujeres, las mujeres, los hombres… Es lo único en lo que estamos de acuerdo”.

Barbie sale de Barbilandia, donde es admirada y peloteada por todos, para descubrir en el mundo real que sigue siendo admirada y peloteada por todos, sólo que con el añadido de la sexualización. El sexo, eso tan repulsivo e inhumano…

 

 

Barbie no comprende que la llamen fascista, pero sí la perturba sentir que la admiración y las miradas masculinas son distintas a las de la pureza de Ken en un rapto de intuición repentino. La miran como a un objeto.

El “famoso” discursito de America Ferrera entusiasmará a los que entren de lleno en la esencia panfletaria pretendida por la película, su objetivo esencial y principal, y causará cierto bochorno al que no. A las personas, sean mujeres u hombres, que piensen y sientan así, lo que les hace falta es tratamiento para lidiar con sus insatisfacciones, complejos y limitaciones, no pretender hacer sentir así a la gente que sale adelante, logra sus objetivos, son independientes, no vinculan su proceder a lo que piensen los demás ni culpan de lo que no son o no logran a cualquier cosa menos a ellos.

Es literalmente imposible ser mujer”.

Un discurso demagogo y victimista, donde lo único importante, según expone el personaje, es el sexo. Me causó cierta vergüenza ajena en su pretendido didactismo ideológico, que ya manda narices, en un desesperante cúmulo de prejuicios y obsesiones sexistas.

 

 

Un discurso que a toda persona a la que le haya costado esfuerzo ser aceptada o lograr sus éxitos debería frustrarle, que no hace más que poner excusas por el mero hecho de ser mujer, donde un hombre jamás tuvo un universo competitivo en el que se esperara que fuera el mejor, que liderara, donde jamás ha sufrido el juicio de otros, ni ha sido insultado por su físico, sus relaciones o su cuenta bancaria… A nadie, salvo a las mujeres, y por ser mujeres, les ha costado nada conseguir las cosas. Y las mujeres, por el hecho de serlo, deben vivir angustiadas, insatisfechas y desesperadas en este mundo nuestro. Así que, si conocéis a alguna feliz, que haya logrado sus objetivos con su esfuerzo, como todos, que haya logrado alcanzar los mejores puestos o haya elegido la vida que haya querido, que esté feliz con su vida, su familia, su trabajo o su físico, es sospechosa o miente…

 

 

Es de una obviedad bochornosa y estereotipada. Barbie, ya dentro de Mattel, con una pequeña mirada a lo que allí se cuece, se da cuenta de que la mujer no tiene el dominio. Con un par de preguntas muy naturales, desnudará la hipocresía de esos mandamases varones, que se justifican patéticamente en otro momento de vergüencilla ajena…

Conversaciones naturales…

¿Hay alguna mujer que sea jefa?”. Una pregunta y una inquietud muy natural…

El contraste entre Kenlandia y el mundo real, pretende mostrar cómo se sienten las mujeres, y de donde vienen… Mujeres a las que se les restringía el acceso a su desarrollo pleno en lo profesional, social, intelectual… cuando sus derechos eran verdaderamente limitados, y siguen siéndolo en muchísimos lugares de oriente, entre otros, donde son sometidas.

Desde ese momento comienza su huida, asumiendo que el patriarcado no trae nada bueno y debe destruirse. Esa huida de Mattel, por cierto, que alcanza cotas ilimitadas de ridículo y vergüenza ajena, una vez más.

Los distraerás haciéndoles creer que no sabes hacer algo. Los Kens no pueden resistirse a una dama en apuros”.

Tenéis que hacerles creer que sois complacientes, que ellos tienen el poder, y cuando bajen la guardia recuperáis el poder”.

Por cierto, que, en medio de su escapada, tendrá tiempo para encontrarse con Ruth Handler (Rhea Perlman) o su fantasma, que se lamenta de cómo se ha desvirtuado su idea y demás por culpa del capitalismo y el machismo…

 

 

Colonizadas por el heteropatriarcado que lleva Ken, planearán liberarse del mismo fingiendo el rol donde los hombres se sienten cómodos y luego creando la división entre ellos.

Que los Kens se enfrenten entre ellos”.

Has salvado a Barbieland del patriarcado”.

En su firme propósito de lavar cerebros, desprogramarán a las Barbies de sus cerebros lavados por el patriarcado para alcanzar la liberación definitiva.

Y es que, curiosamente, Barbie elegirá el mundo real, ese que parecía no gustarle porque era lo contrario de aquel que la idealizaba. Por tanto, como dije algo más arriba, ella también percibió que ese mundo real que nos mostraban era bastante más atractivo que el feminista y matriarcal en el que estaba metida… Reivindicando, además, una Barbie normal, una Barbie ordinaria, como si jugar al tenis, llevar un vestido o ser abogada fuera de otro planeta, pero bueno…

Vengo a ver a mi ginecóloga”. Es una buena frase final.

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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