ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS (2017) -Parte 1/3-

ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS (2017) -Parte 1/3-

KENNETH BRANAGH

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kenneth Branagh stars in Twentieth Century Fox’s “Murder on the Orient Express.”

Como bien sabréis, adoro a Kenneth Branagh. Es uno de los grandes talentos del cine actual, una de las personas, si no la única, nominada en cinco categorías distintas en los Oscar (George Clooney lo ha estado en seis). Me fascinan muchas cosas de él, pero más allá de su cultura y su talento diverso, siempre me sorprendió su dominio de los distintos lenguajes, cómo un hombre de teatro era capaz de ser tan cinematográfico, controlar el lenguaje del séptimo arte con tal potencia, ya que aunque con obvios elementos en común, son lenguajes muy distintos y el cambio suele resultar difícil. Que se lo digan a Lawrence Olivier, por ejemplo, demasiado rígido y académico en su paso al celuloide como director.

Aquí tenemos un nuevo ejemplo. Branagh ha tocado no pocos iconos, desde sus clásicos shakespearianos pasando por dioses nórdicos (Thor) o referentes góticos (Frankenstein de Mary Shelley)… Aquí lo hace con el Poirot de Agatha Christie en un remake que quizá sea innecesario, pero al que dota de las cualidades del blockbuster para hacer franquicia. La presentación de su Poirot no puede ser más brillante y cinematográfica. Podemos discutir cuál gusta más, si convence su visión y todo eso, pero no la calidad. Ni, desde luego, la presentación del personaje.

Lo hace en distintos niveles. Observen.

Primero lo hará desde su apariencia pública, la imagen que ven los demás. Pura pulcritud. ¿Cómo lo remarca desde el lenguaje cinematográfico? Con lo geométrico, la simetría, la frontalidad y el equilibrio. Un plano frontal de espaldas a Poirot, acto seguido otro frontal de frente y después uno frontal de perfil… mientras mide unos huevos (esto de los huevos tendrá un eco en el tren, en primera clase, que es donde Poirot se encuentra como en casa, lleno de pulcritud y precisión). Imagen de perfección, exactitud.

El orden, el método y las pequeñas células grises”.

No es la… es el desequilibrio de los…”.

 

 

Segundo lo hará desde lo profesional. Su capacidad y competencia detectivesca, deductiva y previsora. Una disputa, obviamente, tres religiones (estamos en 1934, en Jerusalén, ante el Muro de las Lamentaciones), un robo… Branagh recurre a picados que retratan la tensión y el desafío. Sus dotes deductivas se escenifican de una manera más tópica: con flashbacks en blanco y negro, su previsión con la colocación del bastón que será el objeto que detenga al culpable…

 

 

 

La tercera será la más brillante. La íntima, retrospectiva y reflexiva, el verdadero ser de Poirot. Lo logra con dos encuadres y su puesta en escena dando sentido a las palabras que declama.

Lo cierto es que tengo la ventaja de que únicamente veo el mundo como debería ser, y cuando no lo es, la más leve imperfección destaca”.

La vida así suele ser insoportable… pero es útil a la hora de detectar delitos”.

Cuando Poirot dice estas frases, sus planos lo encuadran ante un muro, su prisión obsesiva, su tormento talentoso e inevitable. En cambio, al otro lado, se ve el libre y luminoso mar, el retrato de su anhelo. Su contradicción, una normalidad que nunca logrará por culpa de su excepcionalidad. Su prisión y su anhelo de huida.

Usará un picado cuando hable del bien y el mal, una visión maniquea de la vida que corregirá al final del viaje, porque aquí Poirot cambia, aprende, corrige y modifica.

 

 

Con un solo plano, escindiendo el encuadre geométricamente de nuevo, logra la perfecta definición del personaje. Y en tres secuencias el retrato completo. En cinco minutos.

Y es que durante la narración, se retratará y encuadrará a Poirot simétricamente, en perfecto equilibrio, con planos frontales, donde primará la línea recta, en coherencia con la personalidad del protagonista. Pero esto irá variando conforme sus convicciones se pongan a prueba, introduciéndose poco a poco angulaciones sobre él. Esto será en contraste con el resto de personajes, a los que vemos en variados planos o desdoblándose en reflejos.

Me llamo Hercule Poirot. Soy, posiblemente, el mejor detective del mundo”.

El Hercule Poirot que presenta Branagh es perfectamente reconocible, pero hace algo con él que no queda tan bien expuesto en otros relatos o versiones. Evolución.

Si en un principio vemos al Poirot exitoso, famoso y seguro de sí mismo, ferviente creyente de sus principios y postulados, que parecen no haberle fallado nunca, un mundo de negros y blancos, donde el bien y el mal están definidos, a lo largo de esta historia todo eso comenzará a ser puesto en duda, le harán titubear hasta que, finalmente, esos principios se derrumben por completo en la conclusión.

 

 

Tras la primera secuencia, Poirot manifestará y explicará su habilidad: ver el mundo como debería ser, lo que le facilita ver las taras, las imperfecciones, lo que le ayuda en su labor como detective.

Siempre he estado muy seguro… en exceso”.

Cuando la trama avance, en la soledad de su compartimento, ante la foto de Katherine, manifestará su inquietud, sus dudas, su miedo, porque ese don parece fallarle, no termina de comprender o ver la imperfección, la “grieta en la pared”, como él la llama.

No encuentro la grieta en la pared”.

 

 

La conclusión, la revelación, la resolución, tendrá un sentido agridulce para Poirot. Dulce porque descubre cómo se hizo el crimen, pero agrio porque implica que todo aquello que sostenía se viene abajo. El bien y el mal a veces aparecen diluidos, los negros y los blancos se mezclan para formar grises, dando por cerrado su arco dramático.

Existía el bien y existía el mal. Ahora está usted. No puedo juzgar esto”.

“… y por una vez debo aprender a vivir con el desequilibrio”.

Que gente buena cometa un crimen tira por tierra todo prejuicio, el dolor provocado por un hombre deleznable (ese juego con la pistola donde comprueba que esas personas no son asesinos, termina decidiéndole)… Poirot manifiesta que por mala que sea una persona, las cosas no se resuelven así… Pero al final…

 

 

No consiento el asesinato, amigo mío. Hay personas de las que el mundo podría prescindir, pero no las matamos. Nosotros debemos ser mejores que las bestias”.

Con todo, cuesta creer, desde este planteamiento, que un detective de su talla, de su inteligencia, de su experiencia, no haya tenido más encuentros con esos “grises”, que no supiera de ellos…

 

 

Un progreso en el personaje que también se aprecia en la excelente interpretación de Branagh (más allá del ideal o prototipo que del icónico detective tenga cada uno), donde su arco es perfectamente mostrado. Vital y confiando al inicio (a la par que necesitado de vacaciones, como de costumbre), crispado y tenso en el desarrollo del caso para terminar decepcionado, resignado y afectado al final con la cura de humildad sufrida. Un Branagh que también se luce brevemente con el alemán.

A menudo lo encuadra con mucho aire a un lado del plano, recurso habitual del director que podemos ver en ciertos proyectos de su filmografía (La Huella, Jack Ryan, la reciente El Último Acto…). Este recurso lo vemos asociado a Poirot en varios momentos del film, un ligero picado con aire.

 

 

Solitario, maniático, preciso, obviamente egocéntrico. Insistirá en la pronunciación adecuada de su nombre haciendo mucho hincapié, usará sus palabras francesas intercalándolas en sus discursos, como manda el personaje…

A solas es mi estado ideal”.

Es pura excepcionalidad, distinción, un tipo raro en suma. Y fascinante.

Es usted bastante raro. Un hombre extraño y peculiar”.

Íntegro. Y gusta de Dickens, de quien está leyendo “Historia de dos ciudades”.

Bouc (Tom Bateman) sabe mentir, yo no”.

Por supuesto, le pillaremos deseoso de unas vacaciones que quedarán interrumpidas… y seguirán interrumpidas, ya que encadenaremos con “Muerte en el Nilo” al final del film…

Si fuera fácil, yo no sería famoso”.

Se cita un pasado amoroso, Katherine (Katherine Grey, la protagonista de “El Misterio del Tren Azul”, donde hace de alter ego del detective). Un subterfugio romántico para Poirot que permite a Branagh recitar monólogos que retraten y maticen al personaje, exponiendo inseguridades, lo que se enfatiza con ese plano en el exterior del tren que parece hundirse bajo el mismo, del picado al contrapicado (plano opuesto a uno anterior que ascendía hasta hacer un picado). Me parece un recurso algo forzado, quizá uno de los aspectos menos naturales o que podrían haberse tratado de otra manera desde el guión.

El amor nunca nos deja impuros”.

 

 

 

 

Lee aquí la 2ª Parte del análisis.

Lee aquí la Última Parte del análisis.

sambo

Leave a reply