ANATOMÍA DE UNA CAÍDA (2023) -Parte 1/2-

ANATOMÍA DE UNA CAÍDA (2023) -Parte 1/2-

JUSTINE TRIET

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las grandes películas del año. La cinta francesa ha sido valorada en todo festival al que se ha presentado y ha logrado una enorme cantidad de premios. Una reflexión profunda y aguda sobre la culpa y el juicio, el prejuicio, entre otras muchas cosas.

Justine Triet es una directora de corta filmografía. Tras una serie de documentales, sus films anteriores, espaciados en el tiempo, no lograron, ni de lejos, la repercusión de este, que es, con diferencia, su mejor trabajo.

Con un estilo documentalista y detallado (como corresponde a una anatomía), con una cámara casual y, a la vez, planos cortos de entomólogo. Un estudio de personajes y relaciones a través de un crimen y un juicio, todo jugando con la ambigüedad y el matiz, profundizando al detalle, donde el fondo tiene correspondencia con la forma de una manera muy acertada.

Sí, el juicio y el crimen sólo es una pequeña parte del film, la menos importante. La excusa perfecta para desentrañar la descomposición de una familia y una pareja, para examinar a unos personajes llenos de debilidades, defectos, complejos y cosas que preferirían ocultar.

Los juicios, las relaciones tumultuosas, la literatura o los escritores, ya habían aparecido en el universo de Triet, pero nunca de una forma tan completa, compleja y acertada.

Anatomía de una Caída” es, a su vez, una película sobre la insatisfacción y el desencanto, que se va tornando cada vez más descarnado según avanza la narración y salen a la luz todas las miserias de esa pareja. Engaños, sacrificios, infidelidades, rivalidad… Y un retrato sobre la asunción de la muerte.

Sandra (Sandra Hüller) es una escritora y hace traducciones. Se ha ido a vivir a la ciudad natal de su marido. Lleva allí casi dos años.

Samuel (Samuel Theis) es músico y también escritor. Se dedica a la enseñanza. Le agobian las deudas, le atormenta el accidente que dejó sin vista a Daniel, su hijo, sufre la indiferencia de su editor ante sus escritos…

 

 

Tienen un hijo de 11 años, Daniel (Milo Machado-Graner), que perdió casi toda la vista en un accidente de coche. Va al colegio dos veces por semana debido a su problema visual y a la zona en la que viven. Sus padres, al menos eso dice su madre que es la prioridad, pretenden normalizar su vida como máximo objetivo.

Samuel aparecerá muerto en la nieve, víctima, aparentemente, de una caída desde el ático de la casa, donde componía. Aislaba el ático para hacer su música, pero todavía faltaba. Sandra lo describe como meticuloso y cauteloso. Jamás bebía cuando trabajaba y se aislaba.

La víctima final es el hijo, que debe elegir entre el suicidio de un padre, que no lograba agarrarse a la vida ni por él, o el asesinato de la madre… Un hijo que descubrirá la cara oculta de sus padres junto a nosotros. Es el hijo y su mirada el que debe dictar sentencia, que para él siempre será condenatoria.

Que Daniel sea ciego, como la justicia, es un elemento simbólico evidente. Lo de la tal Mónica, madrina de Daniel, proponiendo la ayuda de videntes para el crío también tiene su cosa.

 

 

Es interesante que no sólo conozcamos a Sandra y Daniel por lo que van manifestando y lo que se ven obligados a decir en el juicio, así como su relación, sino que hacemos un retrato completo de la víctima, Samuel, a través del testimonio de los demás y grabaciones.

No son baladís las referencias a “Anatomía de un Asesinato” (Otto Preminger, 1959) o “12 Hombres sin Piedad” (Sidney Lumet, 1957), dos dramas judiciales con ciertos elementos en común, además de esa referencia al título de Preminger.

 

 

Fondo y forma.

La puesta en escena de la película expone visualmente muchas de las ideas sobre las que reflexiona. El uso del primer plano, del plano corto o detalle, el estilo documentalista, con una cámara casual, que parece moverse como si fuera un curioso que pasa por allí…

Desde los planos cortos iremos, poco a poco, ampliando nuestras miras para encontrar un mayor sentido a lo sucedido. Mismo concepto de la película en general. De hecho, es uno de los signos de estilo, el plano corto que aísla al personaje. Personajes a los que, en muchas ocasiones, se les escucha en off.

La película empieza así, con un primer plano de una escalera por la que cae una pelota. Un perro baja a recogerla. Un grifo, un barreño, un perro que aparece de nuevo… el niño. Va a bañar al animal. Las escaleras aparecen en varias ocasiones, unas escaleras que dan al ático de la tragedia, por las que veremos bajar a Snoop al principio y a Sandra al final del film.

 

 

En la conversación, la cámara divaga, muy natural, como cuando perdemos la vista por nuestro entorno. Primeros planos que son más bien primerísimos planos. Así vamos desentrañando, poco a poco, el sentido de la conversación. Distendida, o pretende serlo, tomando vino, pero también con cierta sensación de incomodidad ante el acercamiento de la entrevistada preguntando a su entrevistadora y las apariciones ruidosas del marido con su música en el ático. Una extraña entrevista.

La chica, la estudiante, que entrevistaba a Sandra, se irá de allí tras aplazarla por el ruido que sale del ático donde está Samuel, el marido. Una chica a la que le gusta correr, según cuenta, y que vemos desenfocada en su despedida, para luego seguirla fuera hasta su coche. Así se marcan ciertos tiempos que tendrán sus ecos en el juicio.

Son muchas las escenas que se inician con planos de objetos o lugares. Una escalera, un grifo, una lámpara en la sala de autopsias… para luego descubrir los entornos y contextos.

 

 

Cuando Daniel regresa y descubre a su padre muerto en la nieve, le suceden una serie de planos de lugares vacíos, la escalera, el ático, el Pc donde el padre trabajaba en su música, una música que sigue atronando… Todo es un estilo algo confuso, desorientado, con desenfocados, planos demasiado cortos y una cámara quizá errática. Las cámaras erráticas, casi de grabación casera, marcan también el desconcierto en las situaciones que retrata.

Los títulos de crédito aparecen a los 11 minutos. Y con planos más lejanos, amplios, generales. Son para la llegada de Vincent (Swann Arlaud), el abogado y amigo de Sandra. La planificación parece cambiar.

En esta transición, desde la introducción al inicio del film en sí tras los créditos, vemos fotos de la familia mientras salen esos títulos de crédito.

 

 

 

Un abrazo en plano general y, en el interior, una planificación que se vuelve clásica en extremo. Plano de situación con ambos en cuadro y posterior plano-contraplano en el interrogatorio. Eso sí, tenemos un inserto sobre el niño, tumbado en su cama y encuadrado desde fuera de la habitación, justo antes de hablar de él.

Cuando Vincent explica la teoría que pueden defender, la caída desde el ático, y los aspectos que la ponen en duda, se los incluye a ambos en plano. Todo explicado muy didácticamente en un dibujo. En cambio, cuando hable de la dificultad de alegar una caída accidental, donde Sandra se ve juzgada, asegurando que ella no lo mató y dilucidando que la mejor estrategia de defensa es el suicidio, nunca los veremos juntos en cuadro.

Cuando Sandra llama a Vincent para comentarle un intento de suicidio anterior de su marido, vemos a Daniel dentro, tocando el piano, como honrando a su padre. Aparece difuminado desde el plano exterior cuando lo vemos tocar, desde el punto de vista de su madre.

 

 

Esta idea de escisión y parte del todo, la tenemos también en esa escena donde se interroga a Daniel. Se le encuadra en una pantalla de video, pero luego saldremos de ella para ampliar los datos en un plano-contraplano con su interlocutor.

Esto de las grabaciones, captando la parte de un todo donde el contexto puede ser manipulado, sesgado u omitido, es importante en el concepto de la película. Y es que a Daniel se le cortó y escindió mucho de la vida de sus padres que irá saliendo a la luz.

En la escena donde se pretende recrear el momento en el que Daniel habría oído hablar a sus padres antes de irse a dar una vuelta con su perro, tenemos planos de grabación casera, encuadres que se desestabilizan, zooms repentinos, correcciones…

 

 

 

El zoom es un recurso que aparece en varias ocasiones, tanto en las recreaciones y pruebas de lo que pudo suceder, como en la preparación a la testigo, Sandra, donde del zoom pasaremos a planos cortos, detalle, una vez se mencione a Daniel, de la boca, por ejemplo. Planos sueltos nos van situando, como esa ayudante del abogado que aparece en esa preparación… Triet también usa la dirección de las miradas para situar al espectador.

Hablando de las miradas. Sandra lanzará miradas a Daniel en el juicio, aunque a veces no logra sostenerlas ya sea por vergüenza o por discreción. Fugaces, incómodas, no correspondidas, claro.

Aunque la película pretende un estilo documental y la naturalidad, no renuncia a los encuadres dramáticos ni los planos artísticos o metafóricos, como ya he señalado en alguna idea y seguiré haciéndolo. Un ejemplo lo tenemos en esos planos con el abogado y el testigo interrogado desenfocados y Daniel nítido, junto al público, escuchando. Es esa idea del punto subjetivo de Daniel que es tan importante.

 

 

Daniel y el azul. En su trauma por el impacto, Daniel se refugia en su cama bajo un edredón azul. Aparece varias veces vinculado al azul. Aunque en su declaración definitiva ante el juez aparecerá de rojo, en un cambio significativo. Eso sí, al final de su declaración, en el juicio, aparecerá el azul a nuestra derecha, al fondo, como su manta en casa, justo cuando reflexione sobre la idea de que lo que le decía su padre sobre la muerte, se refería a él mismo. Azul: duelo y reflexión. Rojo: Acción y decisión.

El perro (Snoop en la película, Messi en la vida real) es una presencia inquietante. La primera vez que lo vemos es bajando a coger una pelota. Se para cuando oye que hablan o se refieren a Daniel indirectamente, para volver a subir la escalera. Daniel lava, saca a pasear y juega con él. Mirará la escena con la desolación de madre e hijo llamando para que vengan las ambulancias y la policía. Siguiéndolo, llegaremos a una foto de Samuel

 

 

Snoop es un perro guía que no se separará de Daniel, incluso le servirá de conejillo de indias para su reflexión definitiva, pero el momento clave es al final, cuando la película finaliza y Sandra ha regresado a casa. Sandra cena y se emborracha con Vincent, con sus momentos depresivos, cariñosos, decepcionados…. Y un amago de beso. Ella sabe que se han roto muchas cosas. Cuando regresa, Daniel está dormido. Lo meterá en su cama y, al despertarse el chico, el silencio de un abrazo lo llenará todo. Al bajar y tumbarse en el sofá, Snoop aparecerá para dormir con ella. Y es que es Sandra la que va a necesitar guía desde ese momento.

En la película, además tenemos momentos puramente subjetivos, donde vemos a los personajes en soledad, por lo que no deberían engañar, como cuando Sandra ve videos de su marido con sonrisas. O cuando Daniel se culpa por no recordar bien en una conversación con su madre.

 

 

 

Lee aquí la Última Parte del análisis.

 

sambo

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