AMERICAN FICTION (2023)

AMERICAN FICTION (2023)

CORD JEFFERSON

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como bien sabréis los habituales de la web, me encanta la metaficción, el metalingüismo y ese tipo de juegos narrativos, aspectos que vertebran este buen título de Cord Jefferson, comedia dramática mordaz que adapta la novela de Percival Everett.

Casi todas las virtudes hay que reducirlas al texto de Everett, y a las buenas interpretaciones, bien es cierto, ya que el resto es bastante académico y convencional, pero no funciona mal.

La película destaca por sus diálogos, si bien es cierto que tiene altibajos en todos los sentidos. La película empieza muy bien, con fuerza y definiendo al protagonista y sus matices en pocos minutos. Luego, con los añadidos y los cambios de tono, la cosa pierde algo de su frescura.

La reflexión que proponen Everett y Jefferson es interesante. Una sociedad en cambio que vive en la impostura, en la falsedad y el postureo, en la simpleza… y ante la que parece que hay que ceder para que se te tenga en cuenta. Un poco lo de toda la vida en cada época.

Monk, el protagonista, es un tipo culto, erudito, un escritor notable que practica su labor ajeno a modas y estereotipos, especialmente los que tienen que ver con su raza. Una raza que sólo parece contar y tener visibilidad desde la lástima o el cliché, algo que repele a Monk.

La cuestión es que, ¿y si la única forma de que te tengan en cuenta es recurriendo a eso que llama la atención del que tiene el altavoz? Y si la única forma de que se visibilicen las historias negras es recurriendo a eso que da mercado entre los blancos… pero también entre los negros.

Monk, que no encaja en el mundo actual de estupideces y ofensas eternas por cualquier chorrada, entiende que su raza, y toda raza, es mucho más que sus estereotipos. Su cotidianeidad, sus cuitas, como las que nos cuenta la propia historia personal de Monk, también importan y pueden ser interesantes sin necesidad de recurrir al esclavismo, los raperos o el crack…

Y para ello, en lo que comenzará siendo una sutil protesta literaria, se desdoblará en dos personalidades, hasta el punto de que vida y obra se le vayan de las manos en ese mundo que no entiende y, en el fondo, tampoco quiere entender.

 

 

 

Literatura y vida. La metaficción.

Nuestro protagonista es Thelonious Ellison, “Monk” (Jeffrey Wright) para amigos y familiares. Un escritor talentoso y erudito que no encaja en el mundo actual de progres y ofendidos. O eso parece.

Su presentación es excelente, hasta las narices de estupideces de alumnos ofendiditos y redichos que pretenden explicarle a él épocas pasadas o cómo debe sentirse su raza o por qué debe ofenderse. La lucha del sentido común en estos tiempos. El plano de la alumna saliendo de la clase llorando, antes de rematar con un grito de Monk es off, es un gran momento.

Monk pasa de chorradas estereotipadas y discursos victimistas. Quiere contar algo, escribir sin más, sin etiquetas ni supuestos. Pasa de estupideces estereotipadas y chorras y propuestas de diseño… pero es lo que hay.

Quieren un libro negro”.

Obviamente, al no encajar y no aceptar ese mundo de delicados plastas, tendrá que tomarse unas vacaciones forzosas…

 

 

Monk permanece en una burbuja erudita que está necesariamente obligada a colapsar con la vida que se desarrolla en sus márgenes, unas veces para bien y otras para mal. Se alejó de familia y estupideces sociales, pero esta crisis le obligará a enfrentar todo eso de cara.

¿Cuándo se han vuelto todos tan sensibles?”.

Uno de los conflictos con esa nueva realidad de la que se mantiene al margen, lo tendrá con los nuevos tiempos literarios (vitales y artísticos en general), obvios, simplistas, representados en el best seller de Sintara Golden (Issa Rae), una escritora de moda y éxito.

No dará crédito a que lo que escucha pueda valorarse no ya por el público, sino también por la crítica… Tiempos que le dan asco, básicamente, y a los que mira con cinismo. Su libro será una manifestación de eso, una burla a ese mundo superficial y simple que ni siquiera lo capta. Es más, lo venerará.

Yo ni siquiera creo en la raza.

Ya. El problema es que todos los demás sí.

 

 

Estos nuevos tiempos lo alejan de la literatura, como si fuera algo que comienza a carecer de sentido para él. Manifestará que ya no se siente escritor a Coraline (Erika Alexander). Comparará su actividad con la de su hermana, viéndola banal en comparación con la practicidad de la medicina…

La escena en la que encuentra sus libros mal colocados en la tienda franquicia que los vende, es el ejemplo perfecto de su situación en ese mundo. El vital y el literario. Un escritor negro es inmediatamente etiquetado como autor de estudios afroamericanos… ¿De qué si no iba a escribir un afroamericano?

Aquí los del gueto”. Sintara Golden.

Nuestras historias”.

 

 

El libro de Sintara ocupa el puesto que cree debería ocupar el suyo en la tienda. Completamente desconectado de la familia y, por supuesto, del mundo nuevo que ha emergido. Quizá porque está anclado en el sentido común.

Se documentará sobre esos movimientos simplistas, casi adolescentes, viendo pelis que dan ese pienso que desprecia a los de su raza y a los blancos con ganas de ser indultados. Clichés y tópicos sobre los que rezongar. Historias negras para gente negra… o blanca. Referencias a “Los Chicos del Barrio” (1991), “Precious” (2009), “Straight Outta Compton” (2015), “Get Rich o Die Tryin’” (2005), “Antebellum” (2020)…

Los blancos creen que quieren la verdad, pero no es así, quieren sentir que se les absuelve”.

Las personas son algo más que su peor acto”. “Las ranas”. “El Enigma de Haas”.

 

 

De alguna forma, Sintara y su libro serán los que saquen a Monk de su letargo. Su desprecio a ese libro y su autora, lo movilizará y acercará irremediablemente a ellos de forma paulatina. Del rechazo inicial oyéndola leer un fragmento de su libro (y fastidiándole el minifestival del libro al que acude), pasará al rechazo leyendo entrevistas y fragmentos de su libro él mismo. Pero cuando coincidan en el jurado de los Premios de las Letras, verá que tienen opiniones bastante afines.

Desde luego, el mundo literario, industria y clientes, no queda nada bien parado en la película. 100 páginas y damos el libro por leído para juzgarlo… Un erudito libro que nadie quiere editar ni comprar. 750 mil dólares por el libro parodia y 4 millones por sus derechos cinematográficos…

 

 

Monk se encuentra con gente muy lúcida a su alrededor que le darán luz en su ceguera. Uno de ellos es su representante, Arthur (John Ortiz). Su metáfora con los whiskies, el “red” y el “blue” de Johnnie Walker, es divertida. Sobre todo, cuando, al terminarla y celebrar el futuro acuerdo, los dos beben del “red”, que es el malo… Es el sentido común.

Intento vender libros, no formar parte de una cruzada”.

Y es que Monk sí parece haber emprendido una cruzada contra ese mundo absurdo, al cual gana sin querer… y pierde utilizándolo. Aceptará ser jurado del Premio de las Letras sólo por la posibilidad de juzgar a otros autores.

He roto la primera norma de las ventas. No subestimes lo estúpido que es el mundo”.

 

 

Mención especial para Carl Brunt, interpretado por J. C. MacKenzie, que lleva lo del Premio de las Letras, que está muy divertido también con esa pasota corrección política a la que se somete con casi absoluta indiferencia.

Sólo porque hagas un “red”, no significa que no puedas hacer un “blue”. Puedes hacer todos. Como Johnnie Walker”.

El té bueno, el de los invitados”. “Claro que no, no eres idiota”.

Toda la ciudad funciona con informes”.

Monk irá mezclando, quizá de manera no del todo consciente, su vida en su obra. Esa escena que escribe, recreada con dos personajes que recitan sus diálogos según los va creando, retrata el conflicto de un hijo con su padre, al que mata, precisamente.

 

 

Mi Proflemática”. El libro parodia de Monk recibirá los elogios de crítica, público y editores.

Joder”. Por cierto, el título definitivo del libro, es un latiguillo que Monk dice en repetidas ocasiones a lo largo de la película.

El otro gran momento de metaficción lo tenemos al final, con el premio concedido a Stagg R. Leigh, o sea, Monk. Un final que veremos tres veces distintas. Uno con fundido a negro justo cuando dice tener algo que confesar… Un final que se nos hurta al ser representación del guión pretendido por Monk para la película que quiere hacer… Un final que no gusta… y por lo que dará dos opciones más, uno en plan comedia romántica (con espectacular dron final), que sirve para saber que Coraline, a pesar de presentarse a la entrega de premios, ahora no le habla (suponemos que por mentir), y otro en plan “auténtico” según los patrones de la industria, con Leigh siendo acribillado a balazos por la policía al recoger el mencionado premio. Un divertido juego.

Espera, espera, ¿corte a negro?”. “¡Joder!”.

Cuánto más imbécil más rico seré”. “El Día de la Liberación”.

 

 

Monk no logrará vender su esmerada obra donde reescribe “Los Persas” de Esquilo en clave afroamericana, pero se forrará con un libro que hizo como burla al sistema.

No digo que eso no sea real, pero nosotros somos más que eso. Es como si los escritores como tú no pudierais vernos sin que un blanco nos pisara el cuello”.

Monk está harto de la realidad que se manifiesta en las obras de negros o para negros. Los estereotipos, el sometimiento, el sufrimiento. Independientemente de la realidad que tengan, se rebela a que se los limite a eso. Sintara dice que el problema entonces lo tendrá con la gente blanca que sólo los ve así, no con los negros que escriben sobre ello. No es cierto…

Pretende satisfacer los gustos de los blancos con sentimiento de culpabilidad”.

El tipo de libro que los críticos dicen que es necesario, pero está mal escrito”.

 

 

 

¿Hasta qué punto se vende Monk haciendo ese juego de metaficción, haciéndose pasar por un prófugo de la justicia y talentoso literato? Llevará su mascarada hasta el final, pasando por la televisión incluso… en el “Kenya Dunston Show”.

Parece como si se quisiera dar como vencedora a Sintara en ese debate, siendo un cúmulo de contradicciones que critica el libro que parodia los suyos sin que nadie parezca darse cuenta.

Lo que le parece a ella es que carece de alma, considerando el suyo muy auténtico y documentado. Cediendo al mercado dominado por editores blancos, vendiendo el estereotipo de drogatas y raperos violentos o sufridos esclavos reivindicando autenticidad…

Sintara: Me parece bien darle al mercado lo que quiere.

Monk: Así se justifican los traficantes de droga.

Sintara: Y la droga debería ser legal.

Hay aquí entonces una reflexión sobre el estereotipo, su necesidad, el punto de realidad que pueda tener, lo limitado de su reflejo…

 

 

Su propia insatisfacción le lleva a romper lazos hasta con su pareja, Coraline, por el hecho de leer un libro que escribió, precisamente, para que se leyera. Le frustra que la gente no lo valore como él quiere. Y que no valoren igual o mejor el que él sí quiere. Siendo, además, deshonesto con ella, ocultando su autoría.

Monk, que no sé si lo defenderá al final, pretende contar historias y hacer reflexiones sin que la raza esté en primer término para valorar a su autor o a la obra en sí. De hecho, querrá hacer otro tipo de película al final de la nuestra. Con sus concesiones, pero…

“… no hay moraleja, esa es la idea. Me gusta la ambigüedad”.

El potencial es lo que la gente ve cuando lo que tiene delante no es lo bastante bueno”.

 

 

Ante un mural de un niño negro frente a dos muñecos, uno blanco (al que parece elegir) y otro negro, Monk intentará pedir disculpas a Coraline… que amaga con una respuesta. Es tras su discusión con Sintara, de la que saca una especie de término medio en el que lanzar su mensaje aunque tenga que hacer concesiones. La idea para otra película.

Monk cree que un negro, como cualquier persona, es más que un conflicto racial, que el peor de sus actos o la mayor de sus desgracias. Lo demuestra su propia historia.

El pretencioso productor, Wiley Valdespino (Adam Brody), personaje divertido también, da rúbrica a esa pedantería falseada, esa autenticidad fingida, pero muy lucrativa, que Monk usará a su conveniencia finalmente. Hay mucho de desnaturalización, de conformidad revoltosa en la decisión de Monk de meterse en la industria del cine y usarla para lanzar su mensaje… con ciertas concesiones…

Porque sí, a Monk le repele de verdad que la gente lo valore por ese libro, al que considera, básicamente, una mierda, pero trincará todos los réditos que le da. Mala conciencia y complejo… pero menos. Dinero, nominaciones, premios… No hay más que ver el cochazo del hermano al final.

 

 

De hecho, ese plano final, con el actor negro caracterizado de esclavo, comercialización del victimismo, al que Monk saluda, da triste constatación de la derrota de Monk, banalizado y reducido al cliché establecido y querido por toda una sociedad, que unos dan con gusto y otros reciben con entusiasmo… Y mucho dinero.

 

 

Familia.

Porque odio Boston. Mi familia vive allí”.

American Fiction” cuenta una historia normal de una familia negra normal, o más bien triunfadora. Nada de víctimas de clase y raza. Eso sí, con sus defectos, problemas y conflictos, tan interesantes, o no, como los de cualquiera.

Sus dos hermanos son doctores. Uno cirujano estético, la otra médica, siguiendo la senda familiar. Él es la oveja negra. Un creativo. Escritor…

El retrato de la familia también es muy acertado, no en balde la película tiene en la base literaria su gran baza.

La crisis existencial de Monk se agudiza con el alzhéimer de la madre y el repentino fallecimiento de la hermana.

Lisa (Tracee Ellis Ross) es inteligente, sensible, divertida, directa, abnegada y generosa. Un gran personaje que en dos o tres escenas se hace con el espectador para que sienta su pérdida. Es ella la que cuida y se preocupa por su madre… como por todos los demás. Es médica.

 

 

La madre no es como la yaya, más complaciente, es directa como la hija. Una madre que irá padeciendo un deterioro cognitivo progresivo a lo largo del film. La llevarán a una residencia contra su voluntad…

Estás gordo”.

Madre (Leslie Uggams): Me alegra que no seas blanca.

Coraline: ¡Y a mí!

Monk entabla con su familia un viaje de descubrimiento, cerrado, como estaba, a los cambios. La infidelidad del padre, a quien adoraba y de la que no sabía nada. El distanciamiento de sus hermanos, que afianzaron lazos por la preferencia del padre hacia Monk

Los enemigos se conocen mejor que los amigos”.

Lamento haber sido tan distante”.

Su desapego es tal que no cae en los deberes que deja su hermana al fallecer. Facturas, cuidados…

 

 

El hermano, Clifford (Sterling K. Brown), es otro gran personaje. Descubrió tarde su homosexualidad, por lo que se ve. Es excesivo y poco cerebral. Emocional. Su mujer lo pilló con un tío en la cama y el divorcio le está costando caro. Superficial y divertido.

Hace nada que soy gay. Quiero recuperar el tiempo perdido”. “Siempre supe que no eras marica”.

En la boda, tendremos una escena muy hermosa entre hermanos donde se escenifica lo que le cuesta a Monk encajar. En la celebración por la boda de Lorraine, él se alejará en el porche, mirará nostálgico a la casa de Coraline, con la que discutió, y recibirá a su hermano para que le dé unos buenos consejos. Es una de las grandes escenas del film, por cierto, con un gran Sterling K. Brown.

La gente quiere quererte, Monk”. “Deberías dejar que te quisieran”.

Clifford se hace con la mayoría de las escenas. Un personaje que tiene apariciones hilarantes y sensibles. Y va casi siempre sin camiseta.

 

 

Es casi el opuesto de Monk, todo lo que él no es o tiene reprimido de algún modo. Clifford, que también establece paralelismos entre Monk y su padre, se lamenta de que su progenitor muriera sin saber cómo era realmente, aunque rechazara su condición homosexual.

Madre: Monkie, ¿conoces a estos hombres?

Monk: No, madre, y no es por el alzhéimer. Son desconocidos de verdad.

 

 

Lorraine (Myra Lucretia Taylor), algo así como la yaya de la familia, estará siempre presente en los momentos importantes. Es, de alguna forma, la fuerza cohesionadora de esa familia, el cariño.

Si os dais cuenta, Lisa, Clifford, Lorraine y Agnes, la madre, parecen representar cada uno un aspecto del ser de Monk. En ese sentido, que Lisa muera parece indicar que las características que la adornaban, que ya mencioné, son las que Monk busca porque las ha perdido.

La historia de Lorraine, el ama de la familia, con ese compromiso y matrimonio con el policía que aparece de repente, tiene la intención de simbolizar el compromiso, que es, exactamente, lo que representa Lorraine.

Fijaos que, justo cuando Monk rompe con Coraline, Lorraine se despedirá de él para marcharse con su marido.

 

 

Todo ellos verán el parecido de Monk con su padre, el vínculo, que de alguna forma él trata de gestionar cuando se da de bruces con esa crisis existencial y artística. Asumirá sus defectos como deberá hacerlo con los del padre.

Monk, por lo que se ve, tiende a relacionarse con mujeres blancas. Conocerá a Coraline, que es negra. Abogada de oficio, lúcida, sensible. Ella es lectora de él, lo que será un buen alimento para su ego.

Mi vida es un desastre, pero no como pensarías si lees esta mierda. Estas cosas nos rebajan, y lo hacen una y otra vez”.

Pensarás que ser enigmático es muy artístico, pero para mí te convierte en un gilipollas”.

Y es que la película nos muestra una buena gama de personajes negros que son triunfadores, donde la mayoría son doctores, abogados o representantes, que han oído y han vivido lo del crack y la esclavitud de otra forma.

 

 

Usted no molesta nunca, es de la familia”. “Esta familia te hará llorar”.

Es más fácil lidiar con la familia de otros que con la tuya”.

Habría estado aún más solo sin mí”. “Los genios están solos porque son incapaces de conectar con los demás”.

El peso de la película lo lleva Jeffrey Wright, en un destacado trabajo.

 

 

Académico.

No hay grandes rasgos de estilo que destacar. La dirección es muy convencional y básica, al servicio del trabajo de los actores y los diálogos. Sólo sale de la zona de confort cuando el propio texto la obliga, lo que no tiene por qué ser un defecto.

Vemos que Jefferson usa mucho la frontalidad con Monk, sobre todo al inicio de la película, retratándolo visualmente como férreo en sus postulados, algo intransigente. En una de las primeras escenas vemos bien la diferencia. Frontalidad para él, diagonal para Mendel (Patrick Fischler).

Un gran plano, es ese en el que Monk asiste a la presentación del libro de Sintara. Perplejo ante la breve lectura que hace la autora de un diálogo estúpido, una mujer blanca muy entusiasmada se le pondrá delante, tapándolo, en una perfecta metáfora de esos tiempos que le dan asco.

 

 

Jefferson es muy sobrio, incluso las escenas que resuelve sin cortes o sin apenas ellos, manifiestan un estilo casi invisible, lo que, ojo, es de agradecer. La llegada y entrada de Monk en su casa familiar es ejemplo de esto, sin corte hasta la extrañeza de Lisa por el olvido de su madre…

Se utilizará la playa como elemento simbólico. Gracias a esa zona costera y la casita junto al mar, se plantearán varias escenas allí. Se esparcirán las cenizas de Lisa allí, en un simpático funeral con la familia reunida, presentándonos además a Clifford, con un divertido texto de la fallecida que incluye recurrentes lascivias con Idris Elba y Russell Crowe… y donde tendremos a otro de esos ofendiditos… El vecino que se escandaliza de que lancen cenizas humanas al agua… Un tal Phillip (Dustin Tucker).

Por la orilla se escapará Agnes, la madre, buscando a la fallecida Lisa, dando un sustico a todos. En la playa se casará Lorraine

 

 

El estilo en general, sobrio la mayor parte de las veces, como he comentado, se vertebra en el plano-contraplano para las conversaciones, con algún picado general de situación ocasional. En otras ocasiones, con un plano fijo, marca las conversaciones usando el desenfocado sucesivamente a uno y otro personaje, como con Monk y Arthur en el baño hablando de la reunión con el productor cinematográfico.

Un detalle interesante. Monk se despide en dos ocasiones de Coraline. En las dos bebe vino. Primero blanco, luego tinto. En la primera ocasión la despedida será temporal, en la segunda definitiva.

 

 

Espejos. Hay un par reseñables, aunque no sé si con alguna intención real. Ese donde vemos a Lorraine, Agnes y Monk situando la escena ante la llegada de Coraline para comer y que conozca a la familia. Coraline dará dalias, blancas y amarillas, a Agnes, que simbolizan seducción y fidelidad.

Hay otro espejo donde vemos a Agnes borrosa. Es cuando le dice a Monk que es como su padre, un genio… llamándole luego Clifford… Y reconoce ser sabedora de las infidelidades sufridas.

 

 

Tenemos plano tarantiniano desde el interior del capó de un coche. Es para los hermanos, preparando la marcha de Clifford

Las bromas sobre Tyler Perry serán recurrentes. Además, hay referencias, algunas ya citadas, a Russel Crowe, Idris Elba, Michael B. Jordan, Irvine Welsh, Ryan Reynolds

Sin que sea algo novedoso, Jefferson juega con acierto con los cambios de tono. Es habitual que de la comedia se pase al drama o al revés, pero aquí hay algunos interesantes, como ese emotivo momento entre madre e hijo, Clifford, bailando, que se rompe abruptamente por el comentario de la madre.

Siempre supe que no eras marica”.

No es una gran película, pero sí una película interesante que propone agudas críticas y reflexiones, no siempre de las manidas y a favor de corriente, lo que se agradece.

 

 

 

sambo

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